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Palestina: el lugar de todas las luchas

III
Palestina: un campo de 
concentración permanente

Andrés Piqueras Infante*  

Los últimos 55 años los palestinos están viviendo en el campo de concentración en que han convertido a su tierra, en condiciones de insospechada barbarie. Superando en tiempo con creces,  al holocausto que junto a muchas otras poblaciones, padecieron los judíos durante el nazismo europeo.

Decenas de miles de palestinos llevan toda su vida en “campos de refugiados”. Imagínense usted condenado de por vida a vivir en esos campos, hechos con chabolas prefabricadas de hormigón, o poblados con tiendas semicaídas y sucias, sin agua potable, ni luz. Con un hacinamiento que en algunos casos sobrepasa lo físicamente aceptable: hasta dos familias de 10 personas en 60 metros cuadrados.

Gaza en conjunto tiene probablemente la densidad de población más alta del mundo, y si para el total de los Territorios Ocupados se estima que se necesitan entre .000 y 350.000 nuevas viviendas, basándose en una ratio de una unidad por cada cinco personas, la necesidad proporcional mayor se encuentra en Gaza.

Los campos de refugiados, cada vez más parecidos a “campos de concentración”, se convierten también frecuentemente en campos de exterminio. Cada “incursión” del Ejército israelí deja en condiciones aún más inhumanas a éstos, como también a las propias ciudades, aldeas o pueblos de los Territorios Ocupados, cuando son asaltadas. Es proverbial en este sentido, el ejemplo de la matanza de Jenin, perpetrada por el Ejército israelí en 2002: cadáveres abandonados para pudrirse en las calles, heridos dejados morir en las esquinas, imposibilidad de salir de las casas ni para enterrar a los muertos aun si estaban en la propia vivienda (por lo que muchas personas, ya sean adultos o niños, tuvieron que ver cómo sus más directos familiares se descomponían delante de ellos). Tampoco para procurarse alimentos, ni ninguna atención sanitaria. La matanza indiscriminada de civiles que se produjo tanto en las calles como en los propios domicilios, está todavía pendiente de ser juzgada por la Humanidad.  

Pero los asesinatos, las muertes por palizas a detenidos, las torturas en prisión o en campos de detención son el pan nuestro de cada día para los palestinos (fuentes externas estiman que más del 45% de los detenidos, son torturados).

Llevar un manifiesto apoyando la independencia o la creación de un Estado palestino, puede costar 10 años de cárcel. Los palestinos de Gaza y Cisjordania no tienen derechos sociales de ningún tipo. Apenas existen como seres humanos para el Estado de Israel. Lo que constituye un auténtico apartheid de hecho.

Examinemos algunos otros aspectos de la vida allí.

A buena parte de la población trabajadora de los Territorios Ocupados, para ir a trabajar a  la zona israelí, le hacen pasar por pasillos de alambradas, es recogida cada madrugada en camiones o autobuses del Ejército y trasladada al lugar de trabajo, hasta la noche, que es devuelta a sus pueblos o ciudades, o a su “campo de refugiados”.

El salario miserable que reciben apenas sirve para cubrir sus necesidades más básicas, por eso Israel devuelve todos los anocheceres los trabajadores a sus Territorios, para que sea toda la “familia palestina” la que tenga que mirar por su supervivencia (ahorrándose así el empresariado israelí gran parte de los costos de la reproducción de la fuerza de trabajo).

También cientos de niños palestinos menores de 15 años trabajan en Israel, especialmente en el sector agrícola, largas jornadas con salarios muy bajos y sin ningún derecho, puesto que son “ilegales”.

Claro que eso se está acabando porque Israel ha decidido suplantar la mano de obra palestina (extra-barata), por otra también muy baratita venida de fuera (judíos soviéticos, africanos y de otros países, considerados como judíos de segunda o tercera fila). Así por ejemplo, la prostitución ha sido el destino final de una buena parte de las judías de las ex-repúblicas soviéticas.

Pero eso poco importa a los neonazis que están al frente de la política israelí, dado que su objetivo es la judeización de toda Palestina (con la consecuente substitución de la mano de obra árabe). De ahí que se reiteren las llamadas a emigrar a la población judía de todo el mundo, a continuar la colonización (como si de un territorio “virgen” se tratara, sin gentes que lo hubieran habitado por siglos). En 1978, Mattityahu Drobles, Director del Departamento de Implantaciones de la Organización Sionista Mundial (el nombre lo dice todo), elabora el Plan para el Desarrollo de la Colonización de Judea y Samaria, por el que se considera que los asentamientos cívico-militares judíos debían extenderse por todos lados, con la intención de sitiar a las poblaciones árabes, destrozar la continuidad territorial palestina e impedir sus posibilidades de autogobierno.

Y es que esos asentamientos, entre otras muchas funciones, han servido históricamente de avanzadas militares. Fuertemente armados, muchos de ellos han protagonizado continuas ofensivas contra la población palestina. Los colonos hebreos tienen competencias policiales y militares, no solamente al interior de sus asentamientos, sino también en las poblaciones árabes vecinas. La vigilancia de la vida palestina será una de sus “sagradas” misiones.

Durante los años 80, comienzan a formarse entre esos colonos grupos clandestinos que están detrás de todo tipo de acciones terroristas contra la casi siempre indefensa población palestina. Entre ellas se encuentran los asesinatos, selectivos o indiscriminados, atentados, asaltos físicos por la calle o a los domicilios, amenazas continuas, humillaciones arbitrarias a hombres, mujeres, niñas y niños palestinos. Todo ello con la práctica impunidad, o lo que es lo mismo, el respaldo de las autoridades civiles y militares israelíes. Mientras, tirar una piedra puede costar a un adolescente palestino años de cárcel.

Especial atención merece el caso de Jerusalén. Jerusalén Este es anexada oficialmente, contra las numerosas resoluciones de la ONU al respecto, en 1980. Posteriormente, el Estado de Israel trata de separarla físicamente de Cisjordania, mediante todo un cordón de asentamientos judíos ilegales, que la rodean completamente. El deterioro de las condiciones de vida de los habitantes palestinos forma parte también de su estrategia de judeización de la “ciudad santa”...Continuará

  Palestina: el lugar de todas las luchas. I

    Palestina: el lugar de todas las luchas II.

 

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 * Andrés Piqueras Infante: Profesor Titular d'Universitat Jaume I. Departament Filosofia, Sociologia i Comunicació. 

Ha publicado: 
 1- La identidad valenciana: la difícil construcción de una identidad colectiva.

  2- Movimientos sociales y capitalismos: historias de una mutua influencia.

3- Conciencia, sujetos colectivos y praxis transformadora en el mundo actual. 

 

 

 

Editor Ahmed Hijazi
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