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El
lado rentable de las guerras del Despacho Oval Nuestra reacción puede comportar lanzamientos de mísiles de
cruceros hacia blancos militares en alguna parte del mundo; asimismo podemos
lanzarnos en una lucha electrónica para despistar y detener las inversiones que
intentan pasar por centros bancarios deslocalizados. Los trajes de mil rayas de
los banqueros y los vestidos raídos de los programadores constituirán los
uniformes de este conflicto tanto como seguramente lo serán los trajes de
camuflaje del desierto. Donald Ramsfeld, secretario de Defensa de
USA. George
Walker Bush, hijo de un ex presidente y ex director de la CIA, socios todos de
la familia Ben Laden en más de un negocio petrolero lícito (Arbusto Oil Co.) y
en más de uno turbio (Iran Gate o Afganistán-Talibán-CIA-Al Qaeda), entró a
la Casa Blanca por la ventana, empujado por un fraude, en una nada democrática
elección que no se diferenció en sustancia de los ilícitos electorales de
Colombia, Perú o Paraguay o de las llamadas repúblicas bananeras. Su
legitimidad estaba seriamente cuestionada. Y la recesión le pisaba los talones.
Los hechos del 11S le cayeron como anillo al dedo a la ilegitimidad del mediocre
presidente, a la maltrecha economía imperial, a la recalcitrante derecha
estadounidense y mundial y por su puesto a los halcones de la guerra que mueven
los Complejos Militares Industriales de EE.UU., Europa y Japón. Es
saludable saber que antes del derrumbe de las Torres y la misteriosa caída del
quinto lado del Pentágono, economistas y estudiosos, muchos de ellos sin ningún
atisbo izquierdista, señalaban que la recesión económica, de la que "no
se salvaba ni Europa", se avecinaba a pasos acelerados. La
crisis anunciada era la más seria tras la II Guerra Mundial. El espejismo de
bonanza financiera estaba por terminar. Estados Unidos había creado un sistema
financiero internacional "sin ley ni gobierno". Su economía era próspera
y salvaba más de una crisis con el movimiento ilícito del capital financiero y
con la activación de su Complejo Militar Industrial (CMI). Una alza moderada en
el gasto militar no habría solucionado la crisis que sobrevenía. En
mayo de 2001 bajaron por quinta ocasión los tipos de interés, para enfrentar
una recesión que estaba en marcha, según un economista francés sólo
"dopó por un momento los mercados bursátiles". El espejismo creado
en las bolsas neoyorquinas sólo se reactivaba gracias a la afluencia de
capitales de origen foráneo que provenían del lavado de dinero sucio en los
bancos norteamericanos. Los
positivos índices macro-económicos no eran resultado de un progresivo
crecimiento productivo que se manifestara en la elevación del nivel de vida y
la mayor capacidad adquisitiva de los consumidores, sino del enriquecimiento ilícito
de una minoría de accionistas de corporaciones transnacionales. La crisis
anunciada por todos los expertos, puso a temblar a los capos financieros del
Planeta. No tenía salidas de emergencia, sólo continuar con la especulación
monetaria, la emisión inorgánica de dólares, el lavado de dinero sucio, etc.
En
los Estados Unidos y los países bajo su dependencia los parámetros económicos
eran los de una crisis de magnitud: superproducción, precios a la baja de las
tecnologías de punta, disminución de las importaciones, mercado accionario en
caída, restricción creciente del consumo, abatimiento del mercado de la
construcción, disminución del crecimiento crediticio. Además,
los nuevos Cruzados del fundamentalismo norteamericano gozan del privilegio
imperial de pagar sus compras con reconocimientos de deuda, endeudándose
potencia su dólar y nos lo impone a todos. Como un drogadicto, depende de ese
endeudamiento, además se engulle el 80% del ahorro mundial y aún así no es
suficiente, porque ha llegado al límite de usurpación del mismo". El
neoliberalismo y la globalización, sacrosantas teorías del imperio, empezaban
su derrumbe junto a los inoperantes FMI, BM y OMC. Las vastas movilizaciones y
populares de EE.UU. (Seattle), Canadá (Québec) y Europa (Praga y Génova)
expresaban no solamente el sentimiento de los pobres de la Tierra, sino de
importantes segmentos del empresariado, que veía venir un derrumbe catastrófico
general, que le arrastraría junto a los billetes verdes al abismo. Y
ahora el vicepresidente Cheney esperando a Irak La
empresa que construye las barracas, limpia las letrinas y da de comer a los
soldados en las guerras de Estados Unidos alrededor del mundo es la misma que
dirigió el vicepresidente Dick Cheney hasta que asumió su cargo. El Pentágono
le ha otorgado contratos de miles de millones de dólares sin tener que pasar
por un proceso normal de licitación, y además en unas condiciones
inexplicablemente ventajosas, contrarias a la política de control
presupuestario del Gobierno: cuanto más gasten, más les pagan. La
empresa de servicios Brown & Root, subsidiaria de la petrolera Halliburton
-de la que Cheney fue consejero delegado-, fue elegida a pesar de que la estaban
investigando en California por fraude y de que la Oficina de Control del
Congreso (GAO, en sus siglas en inglés) recomendara al Pentágono que no se lo
dieran porque anteriormente había pasado facturas infladas en decenas de
millones de dólares. Por ejemplo, la factura de luz de las tropas
estadounidense estacionadas en Kosovo ha ascendido anualmente a 17 millones de dólares,
el doble de lo necesario, según un informe de los investigadores del Congreso. Tanto
los altos mandos militares como la propia compañía Brown & Root afirman
que los dos contratos actuales, con el Ejército y la Marina no los han
conseguido con tráfico de influencias, sino por su experiencia y calidad de
servicio. La portavoz de la empresa, Zelma Branch, dice que ni ellos se pusieron
en contacto con Cheney cuando su propuesta la estaba evaluando el departamento
de intendencia del Pentágono ni Cheney les llamó. "Nadie
en su sano juicio concede un contrato así", opinaba en una reciente
entrevista el profesor de la Universidad de Georgetown Steven Schooner,
especialista en contratos del Gobierno. "Básicamente equivale a decir:
busqué formas creativas de gastar mi dinero". El contrato con el Ejército
es prorrogable automáticamente por 10 años y no impone límite de gastos. El
único requisito es mantener contentas a las tropas. Con
ese objetivo en mente, Brown & Root ha estado limpiando las instalaciones
militares un promedio de cuatro veces al día. El cálculo preliminar del coste
hasta el año 2004 es de 2.200 millones de dólares sin tener en cuenta los
imprevistos que surjan, para los que tienen carta blanca. Actualmente
Brown & Root está construyendo las nuevas instalaciones carcelarias para
los detenidos en la base naval de Guantánamo, a un coste de 37,3 millones de dólares.
También atiende a los soldados en Uzbekistán y otros frentes donde hay
destacadas, abierta o encubiertamente, tropas norteamericanas, aunque el Pentágono
rehúsa revelar las ubicaciones específicas "por razones de
seguridad". De
hecho, los contratos convierten a Brown & Root en el único proveedor de
servicios del sector privado para la próxima década. Es algo anómalo,
"casi sin precedentes", en palabras del profesor Schooner. Lo normal,
según él, son contratos de cinco años como máximo, y eso en los casos en los
que la empresa tenga un historial impecable. Brown
& Root no lo tiene, según la Oficina de Control del Congreso. Además de
las millonarias facturas de luz, el contratista pasó otra de 5,2 millones de dólares
de muebles para las tiendas militares acampadas en los Balcanes. GAO también ha
acusado a los gestores de Brown & Root de emplear el doble de personal del
necesario y pagarles además como si trabajaran 24 horas al día. Semanas
después de que Cheney dejara el puesto de ministro de Defensa con el primer
presidente y ex director general de la CIA George Bush padre, a comienzos del año
1992, Brown & Root ya obtuvo el primer contrato. Los contactos con sus ex
subordinados siempre han sido sólidos. Al poco de ser nombrado consejero
delegado de Halliburton (empresa matriz de Brown & Root), en 1995, Cheney
obtuvo el contrato de apoyo logístico en Kosovo, que ha pasado a conocerse como
la más cara de la historia militar de Estados Unidos. En
abril del año 2000, siendo ya vicepresidente Cheney, el Pentágono otorgó a
Brown & Root otro contrato de 300 millones de dólares para proveer
servicios en la Marina. Y el pasado febrero, sin pasar por licitación, obtuvo
el del Ejército. Ese mismo mes se cerró en California una investigación
contra Brown & Root por haber inflado las facturas de construcción,
mantenimiento y reparación de la base militar de Fort Ord, en Monterrey. La
empresa accedió a pagar dos millones de dólares para zanjar el asunto. Era,
sin duda, una cantidad insignificante en comparación con lo que le iba a
reportar el contrato que le acababan de dar. |
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