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_____________________ De
la ocupación a la reconstrucción Carlos
Fuentes
Como era previsible, Bush ganó la guerra de Irak. Como era igualmente
previsible, Bush está perdiendo la paz de Irak. La ciega voluntad bélica del
presidente, un hombre de escasas luces y maniqueas certezas, azuzado por su
consejo de neoconservadores (muchos de ellos trotskistas juveniles) y por el
afiebrado secretario de la Defensa, Donald Rumsfeld, privó sobre políticas más
cautelosas propuestas por el Departamento de Estado y la propia CIA. El
resultado está a la vista. La guerra de Troya, oh Giraudoux, tuvo lugar.
Pero a ella ha sucedido la victoria de Pirro. Ha
caído un detestable tirano, Sadam Husein, niño mimado de Reagan y Rumsfeld en
los años ochenta. Pero la razón del ataque a Irak no era derrumbar a Husein.
Era despojarlo de sus armas de destrucción masiva (ADM). Éstas no aparecen por
ningún lado. A cinco meses de la conquista de la Mesopotamia, el pretexto para
la guerra se vuelve, más que pretexto, mentira. Bush y sus cohortes engañaron
a la opinión mundial. Sólo que ésta no se dejó engañar y rechazó,
masivamente, la aventura del petropoder Bush-Cheney en Irak. Ganada la
guerra, vemos día con día cómo se pierde la paz. Bush no previó que el
derrumbe de Sadam iría acompañado de la pérdida de toda semblanza de orden y
legalidad. Las fallas de inteligencia han sido escandalosas (tan escandalosas
como la falla para detectar e impedir el ataque del 11 de septiembre que una
funcionaria secundaria de la CIA envió a la Casa Blanca en agosto de 2001. Bush
estaba de vacaciones en su rancho). Disfrazado
de Snoopy, Bush proclamó desde un portaaviones el primero de mayo que la
operación militar en Irak había concluido. Menos de cinco meses más tarde,
uno o dos soldados norteamericanos mueren diariamente en Irak. Más militares
USA han muerto en el periodo de la posguerra que durante la guerra misma. Los féretros
empiezan a regresar a los hogares de California, Missouri y Maryland, y ya
sabemos lo que esto significó para Lyndon B. Johnson cuando se empantanó en
Vietnam. Bush tiene que pensar en su reelección dentro de un año. Su fracaso
en Irak, a medida que se acentúa, vulnerará a un presidente que muchos
norteamericanos, pasada la euforia de la victoria, comienzan a ver bajo la luz
de su endeble y debatida elección sin mandato de la mayoría de los electores.
Un presidente, en rigor, ilegítimo. Irak
se hunde en el caos. Era previsible que la caída del régimen de Sadam
resucitaría la pugna secular entre suníes, chiíes y kurdos. La ausencia de
orden es escandalosa. Thomas Friedman, de The New York Times, da cuenta
de los ciudadanos comunes y corrientes que se lanzan a dirigir el tráfico en
Bagdad, dada la ausencia de una mínima fuerza policial. Las tropas
norteamericanas están, mayoritariamente, atrincheradas en sus cuarteles.
(Ciento cuarenta y ocho mil tropas USA se hallan en Irak). Los servicios de
salud y agua potable no existen. La inseguridad personal y económica crece día
con día. No hay seguridad. No hay autoridad. Victoria pírrica: Bush jamás
previó el colapso del orden interno, ni cómo remediarlo. Nada anuncia el
arribo de la democracia. Todo pronostica la inminencia de la guerra civil. Desbandado
el Ejército iraquí, los EE UU ahora reclutan a los espías de Sadam para su
servicio. Pero, como dice Joseph Sommers, presidente de Harvard: "Jamás en
la historia nadie ha lavado un coche alquilado". Entretanto -otra imprevisión-,
los gastos de la ocupación aumentan día a día. Reconstruir la red eléctrica
va a requerir una inversión de trece mil millones de dólares en cuatro años.
El mismo tiempo y dieciséis mil millones de dólares más costará restaurar
los servicios de agua. En cuanto a la ocupación militar, su costo es
imprevisible salvo en un capítulo: aumentará, más allá de las capacidades
del presupuesto norteamericano. De
allí que Bush, con gran cinismo y contrición ninguna, apele ahora a la ayuda
internacional para un Irak destruido sólo por Bush. Las advertencias y los
votos de México, Chile, Francia, Alemania y Rusia no fueron escuchados y, a
veces, fueron satanizados. ¿Con qué cara pide ahora Bush ayuda para legalizar
una aventura bélica que prosperó seguida de una aventura política que fracasó,
llevándose entre las patas toda semblanza de juridicidad internacional? Irak
fue la bandera misma de la política unilateral de Bush. ¿Se trata ahora de
regresar al orden multilateral que mantuvo la paz durante los pasados cincuenta
años? Así, de buena fe, pueden considerarlo algunos miembros del Consejo de
Seguridad, pero a condición de que sean las Naciones Unidas, y no los Estados
Unidos, quienes conduzcan el proceso de reconstrucción iraquí. El
delegado alterno de Francia en el Consejo, Michel Duclos, lo ha explicado de
manera tan clara que requiere una cita textual: "Francia está convencida
de que la transición política tendrá más probabilidades de éxito si la
conducen los propios iraquíes, con la ayuda, no de las fuerzas de ocupación,
sino de la comunidad internacional en su conjunto, encabezada por las Naciones
Unidas...". La reconstrucción, añade, "sólo será posible si las
autoridades de la coalición admiten que no pueden tener éxito por sí
solas". Es
este mundo de "naciones iguales y soberanas" evocado por el Gobierno
francés, el único que puede reconstruir Irak siempre y cuando la llamada
"coalición" (coalición de un solo miembro) "admita que no
puede, por sí sola, tener éxito". Añado a estas palabras las del
brillante ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Dominique de Villepin:
"Si sistemáticamente la fuerza se impone al derecho, si la opinión de los
pueblos no es tomada en cuenta, entonces los factores de desorden saldrán
fortalecidos". Puedo
imaginar que estos razonamientos encuentren eco en algunos sectores del
Departamento de Estado, pero no en las impregnables mentalidades del
vicepresidente Cheney, el secretario Rumsfeld y la cábala neoconservadora. Para
ellos, hay un interés desnudo. Las terribles e inexistentes armas de Sadam
fueron el pretexto inicial. Construir la democracia en Irak, el segundo. El
tercero y auténtico ya salió a relucir. En la pugna por controlar las reservas
petrolíferas de Irak -las segundas del mundo- han ganado las licitaciones la
Halliburton y su subsidiaria Kellog Brown
and Root. Son
estas compañías estrechamente ligadas al vicepresidente Cheney, ejecutivo
durante años de la Halliburton, que tan favorecidas salen en esta petroguerra.
¿Son
estos mercaderes de la muerte quienes ahora solicitan cooperación para salir
del berenjenal en que se metieron? ¿Se compadece un gasto de decenas de miles
de millones de dólares para respaldar una acción unilateral que el mundo
rechazó? Porque Bush se enfrenta al dilema de enviar más fuerzas
norteamericanas a Irak o contar con más fuerzas extranjeras. Y éstas, en la
visión de poder de la Casa Blanca, de ninguna manera podrían ser fuerzas al
mando de la ONU o de potencia alguna que no sean los Estados Unidos de América.
Crece
la queja de las tropas norteamericanas en Irak. Ya pasan de doscientos los
soldados yanquis caídos después de la ilusa promesa de Bush el primero de
mayo. "¿Cuál es la política en Irak?", pregunta el senador Edward
M. Kennedy, añadiendo: "La gente quiere saber hasta cuándo sus hijos serán
blancos de ataque dentro de Irak". Sí, sombras de Vietnam en año
electoral. ¡Pobre Bush! Ni se hallaron las ADM, ni hay paz en Irak, ni su
reelección está asegurada. Y,
sin embargo, a partir de este desastre, es más urgente que nunca plantearse la
necesidad de reconstruir un orden internacional fundado en derecho. Felipe González
lo ha definido perfectamente: "... Aspiramos a un orden internacional
construido entre todos, a una gobernanza de la globalización que no venga de la
hegemonía sin complejos que nos ofrecen los ideólogos de la Casa Blanca"
(EL PAÍS, 3 de mayo). El
forcejeo diplomático apenas se inicia. Veremos qué concesiones a Bush siente
Kofi Annan que son indispensables y qué concesiones hace la cábala
neoconservadora a Colin Powell. Pero la pregunta mayor está allí, en el
centro: mundo unilateral o mundo multilateral. Mundo unipolar o mundo bipolar.
No multipolar, aberración física, sino bipolar en beneficio, aunque Bush jamás
lo entienda, en favor del ejercicio moderado y provechoso del poder
norteamericano. Así lo entendió Bill Clinton. Ojalá así lo entendiera un
sucesor demócrata del malhadado Bush en la Casa Blanca dentro de año y medio. *
El País.
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Editor Ahmed
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