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La primavera árabe
que emergió en el
Cercano Oriente y el
norte de África
podría representar
también este año una
oportunidad de
comenzar de nuevo
para el cine de la
región.
Los cineastas de
países como Egipto y
Túnez, que hasta
hace poco estaban
sometidos a un
fuerte control
gubernamental,
disfrutan de repente
de una nueva
sensación de
libertad, después de
que levantamientos
populares acabase
con décadas de
líderes
autoritarios.
"Estamos avanzando
hacia una nueva era
en nuestras
películas", dijo el
productor egipcio
Hisham Abdel Khalek
la semana pasada en
el Festival de
Cannes. "Nuestras
películas tendrán un
nuevo estilo.
Tenemos la
oportunidad de
comenzar a romper
tabúes", añadió.
Khalek relató que
las autoridades en
El Cairo han
prometido eliminar
la censura, lo que
permitirá a los
directores explorar
una serie de temas,
que van desde lo
social, sexual o
religioso hasta lo
político.
A pesar de ser una
de las potencias más
destacadas en cine
en árabe, los
grandes festivales
de cine apenas
prestan atención a
las producciones de
Egipto, en su
abrumadora mayoría
dramas, comedias y
películas de acción.
Sin embargo, este
año el Festival de
Cannes ha querido
reconocer los
acontecimientos que
desembocaron en
febrero en la
renuncia del
presidente egipcio
Hosni Mubarak
haciendo de Egipto
el invitado de
honor. Un gesto
inédito por parte
del veterano
certamen francés.
En el marco del
tributo que el
Festival de Cannes
rindió al país, se
proyectaó la pasada
semana '18 days', un
trabajo colectivo
compuesto por cortos
de 10 cineastas
egipcios, 20 actores
y seis guionistas
sobre la revolución
en Egipto.
Cannes también
proyectó un
documental sobre la
denominada
'revolución de los
jazmines' en Túnez,
que tuvo lugar en
enero y que acabó
poniendo fin a la
dictadura de Zine El
Abidine Ben Ali,
tras un cuarto de
siglo en el poder.
Esta revolución tuvo
un efecto dominó en
los países vecinos,
alentando las
revueltas en todo el
mundo árabe.
En el documental 'No
More Fear', el
director tunecino
Mourad Ben Sheij
deja que sea la
gente de la calle la
que hable, pues
fueron ellos los que
los arriesgaron todo
para hacer caer al
odiado régimen de
Ben Ali. "Es la
revolución de la
devoción de un
pueblo", asegura un
manifestante en la
película de Sheij.
"Nunca más
deberíamos tener
miedo en la nueva
Túnez", agrega.
A pesar de que hubo
cineastas que
marcharon a Egipto,
Túnez o Libia para
grabar las
protestas, muchas
personas
involucradas en el
mundo del cine en
Egipto son reacios a
comenzar a ahondar
en los
acontecimientos que
llevaron al fin del
régimen de Mubarak."Es
demasiado pronto
para analizar la
revolución", asegura
Khalek. "Todavía hay
muchos hechos sobre
lo ocurrido que no
se han esclarecido",
añadió.
El fin de Ben Ali
podrá haber
conducido a un nuevo
sentido de libertad
entre los cineastas
de Túnez, pero ahora
se enfrentan a otros
problemas.
"La censura se ha
apagado por ahora",
comenta el director
de Túnez Nawfel
Saheb Ettaba. "Ahora
nos sentimos libres
para hablar de todo
aquello que
queremos", agrega.
Su última película
es la comunidad
negra en Túnez.
"Pero el cine no es
lo primero en los
que los tunecinos
tienen que pensar
ahora", dijo en
Cannes. "La gente
joven necesita
encontrar un
trabajo", agregó.
Con todo en Túnez se
espera que se rueden
cinco películas este
año.
Hay otros problemas
para los cineastas
en el nuevo cine de
Oriente Medio. El
director tunecino
Nouri Bouzid recibió
una paliza en la
calle porque su
película fue
denostada por los
integristas
islámicos.
A todo el revuelo
dentro de la
industria del cine
en estos países se
suma grandes
estrellas de cine
están asociadas con
los viejos regímenes
y se les acusa de
respaldar a las
autoridades durante
las revueltas. Todo
ello tuvo un efecto
inmediato en la
taquilla, pues sus
películas han dejado
de contar con el
público.
Con todo, mucha
gente de la
industria considera
que los problemas ya
existían mucho antes
de las revoluciones
de este año, debido
a la falta de fondos
para el cine y las
repercusiones en el
sector de la crisis
económica global que
estalló en 2008.
Eso ha llevado a que
muchas productoras
tuviesen que reducir
sus presupuestos
para las películas,
lo que por otra
parte podría
beneficiar a los
realizadores
independientes. "El
cine independiente
está saliendo
bastante bien
parado", dijo Sherif
Mondour, un cineasta
independiente de El
Cairo, productor de
la controvertida "Exit",
un drama al estilo
Romeo y Julieta
entre una cristiana
y un musulmán, que
casi le lleva a la
cárcel. "Me gusta
explorar los
tabúes", dijo en
Cannes, "es casi una
obligación para mí".
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