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Claves para entender la situación 
de los refugiados palestinos

Karma Nabulsi*

  Más de la mitad de los refugiados palestinos son niños menores de 15 años. Sus padres y abuelos nacieron en campos de refugiados. Al principio, estas familias vivieron en tiendas de campaña: no pensaban que su situación se prolongaría durante mucho tiempo, pues confiaban en poder volver a sus propias casas, ciudades y aldeas. Actualmente, después de más de 50 años, viven aún en los mismos campos esperando una solución al conflicto en tanto  sus vidas penden de un hilo aguardando una solución por parte de la comunidad internacional.

Los campos de refugiados palestinos de crearon durante e inmediatamente después de la creación del Estado de Israel hace más de 55 años. Sigue siendo la faceta más incomprensible de la vida y sociedad palestinas a los ojos del exterior: ¿cuántos palestinos son refugiados? ¿Por qué viven dispersos aquí y allá? Un estudio reciente de una universidad británica ha revelado que sólo el 9 por ciento de la población en este país sabe que Cisjordania y Gaza viven actualmente bajo ocupación militar. Sin embargo, los refugiados representan un grupo de población de mayor importancia y significado para la identidad palestina que el hecho de la ocupación militar de Cisjordania y Gaza por parte de Israel desde 1967, donde está previsto el emplazamiento del Estado palestino. De hecho, la expulsión y permanente desarraigo de sus hogares –en 1948- y el desgraciado destino de la mayoría de los palestinos –siempre ha sido una constante- constituyen el núcleo del conflicto y siguen siendo realidades prácticamente desconocidas.

Los refugiados palestinos constituyen un tercio de la población refugiada del mundo y son asimismo uno de los grupos de población refugiada más antiguos. En la actualidad, hay alrededor de cinco millones de refugiados, que conforman la mayoría del pueblo palestino –sobrepasan apenas los dos tercios- e incluyen población refugiada de la guerra de 1948 y de la guerra de los Seis Días de 1967, que provocó otro medio millón de refugiados Palestinos. Consiguientemente, puede hablarse de varias generaciones distintas y de diferentes clases de refugiados, algunos de los cuales viven dispersos en los 59 campos de refugiados de las Naciones Unidas a lo largo y ancho de Cisjordania y Gaza, Jordania, siria y Líbano. Sin embargo, la mayoría de los refugiados cuyas familiar constan en los registros de las Naciones Unidas posteriormente a 1948 (más de cuatro millones en la actualidad) ni tan sólo vive en los campos y –lo que reviste mayor importancia- muchos refugiados nunca llegaron a constar siquiera en los registros de la ONU. Otros viven en el resto del mundo árabe, desde Bagdad a El Cairo; algunos, más recientemente, se establecieron tanto en Europa como en América; un grupo numeroso ha accedido incluso a la ciudadanía israelí y vive en aldeas no reconocidas no distantes de sus hogares arrasados en territorio de Israel.

Cabe atribuir en gran medida el origen de las crisis de los refugiados a los dramáticos acontecimientos que persisten en la memoria palestina, como la Nakba (la “catástrofe”); la fragmentación, devastación y fractura total de la sociedad palestina en 1948. Las aldeas palestinas, tanto en Galilea como en otros lugares, fueron arrasadas por las autoridades del nuevo Estado de Israel después de que sus primeros habitantes fueran expulsados o huyeran en el curso de los combates. Esta sociedad fundamentalmente agraria se vio entonces confinada en campos de refugiados no demasiado lejos de sus propios hogares, en donde han seguido hasta la actualidad.

LA RESPUESTA INSTITUCIONAL E INTERNACIONAL A LA CRISIS.

La comunidad internacional juzgaba en aquella época que las Naciones Unidas tenían una responsabilidad singular para con los refugiados palestinos, dado que su terrible odisea se originó como consecuencia de la decisión de la ONU relativa a la partición de Palestina. De hecho, la resolución de las Naciones Unidas relativa a la apremiante crisis de los refugiados, la resolución número 194 de la Asamblea General, de 1948, aguarda aún la hora de su aplicación en tanto Israel se niega a cumplirla. Todo refugiado palestino sabe hoy día el significado de esta resolución relativa a su destino y sus derechos, exigiendo el retorno de aquellos refugiados que así lo deseen a sus casas, así como una indemnización.

Las Naciones Unidas tuvieron más éxito al lograr la creación de una institución encargada de solucionar las permanente crisis humanitaria de los refugiados: la UNRWA (United Nations Relief and Works Agency for Palestine Refugees in the Near East, Agencia de Asistencia de la ONU para los Refugiados Palestinos en Próximo Oriente), que empezó sus actuaciones en 1950 y que sigue funcionando en la actualidad. Después del conflicto árabe-israelí en 1948, se creó la UNRWA mediante la resolución 302 (IV) de la asamblea General de la ONU del día 8 de diciembre de 1949, con el mandato de desarrollar programas de asistencia y ayuda directas a los refugiados palestinos, tarea que ha seguido desarrollando desde que la agencia comenzó sus actuaciones el 1 de mayo de 1950. Cientos de miles de refugiados palestinos huyeron o fueron obligados a abandonar sus casas en 1948, cuando se creó Israel. La UNRWA les ha alimentado, dado vivienda y vestido y, al mismo tiempo, ha proporcionado educación y atención sanitaria a cientos de miles de jóvenes refugiados. Sin que se diera solución al problema de los refugiados de Palestina, la Asamblea General ha renovado repetidamente el mandato de la UNRWA, prolongándolo recientemente hasta el 30 de junio de 2005. La UNRWA ha proporcionado y proporciona la mayor parte de la ayuda asistencial y humanitaria a largo plazo a un total de cuatro generaciones de refugiados de Palestina.

LA UNRWA PROPORCIONA EDUCACIÓN, atención sanitaria, ayuda humanitaria y servicios sociales a personas que reúnen los requisitos exigidos para la condición de refugiado y se hallan entre los 4.082.300 refugiados palestinos registrados, en sus cinco áreas de actuación: Jordania, Líbano, Siria, Cisjordania y la Franja de Gaza. La UNRWA ha proporcionado asimismo ayuda urgente a los refugiados palestinos y sus vecinos en numerosas ocasiones a lo largo de sus 50 años de actividad. Durante el largo conflicto civil de Líbano de los años 70 y la invasión de este país por parte de Israel en 1982, la UNRWA proporcionó reiteradamente vivienda, atención sanitaria y alimentación a miles de refugiados sin casa que habían huido a consecuencia de estos sucesos. Durante la primera intifada (1987-1993) en Cisjordania y la Franja de Gaza, la agencia proporcionó atención médica urgente a los heridos -así como comida- a los refugiados y la población huida de ambas áreas. Desde septiembre de 2000, la UNRWA ha proporcionado ayuda urgente a miles de refugiados afectados por el continuado conflicto en Cisjordania y Gaza.

La agencia, inicialmente considerada como una organización de carácter temporal, ha desarrollado y acomodado gradualmente sus programas para responder a las cambiantes necesidades de los refugiados. Actualmente, la UNRWA es el principal proveedor de servicios básicos en materia de educación, atención sanitaria, ayuda humanitaria y servicios sociales. Sin embargo, su mandato es limitado: no se extiende más allá de la ayuda humanitaria imprescindible; no puede dotar de representación a los refugiados ni ofrecer la protección jurídica esencial que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ofrece al resto de poblaciones refugiadas. La organización política de los campos, a cargo de movimientos de resistencia popular de mediados de los 60- Fatah, el Frente Popular, el Frente Democrático, etcétera-, brotó como consecuencia de la desesperación general por estos fracasos; y, aunque los palestinos tenían ocasión de oír todos los años que la comunidad internacional y los estados árabes insistían en el derecho de retorno de los refugiados, nada se hizo al respecto. Durante los años 60, 70 y 80, el movimiento palestino actuó de hecho bajo variadas formas en los campos: organizando en ellos sindicatos y hospitales, creando fábricas y empleo y coordinando y colaborando con otros movimientos de liberación nacional, tales como SWAPO y la ANC, así como con instituciones y organismos internacionales.

En aquella época se crearon grupos guerrilleros en los campos de refugiados situados en Gaza, Jordania y Líbano, de donde se nutrían los primeros. En 1970, estos distintos grupos estaban federados en la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que formó un gobierno en el exilio, abrió embajadas y estableció relaciones diplomáticas en todo el mundo. Se hallaba integrada por un Consejo Nacional con representación de los distintos paridos, sindicatos  y circunscripciones electorales en el exilio. Gran parte de los conflictos regionales que surgieron en los 70 y 80 fueron consecuencia no sólo del intento de Israel de aplastar la mencionada infraestructura política –como en el caso de la invasión de 1982-, sino del reiterado intento de los estados árabes de controlar la independencia política palestina y de la desestabilización que ello provocó en todo el mundo árabe. Esta situación estalló en forma de diversos combates como los librados en Jordania en 1970 y en Líbano en 1985 y 1986 en la denominada “guerra de los campos”.

LOS PUNTOS DE VISTA SOBRE EL PROCESO DE PAZ

En la primera mitad de 2000, unos meses antes de que diera comienzo la intifada actual, un grupo de disputados del arco parlamentario creó la Comisión Británica de Investigación –representación parlamentaria de Oriente Medio- con el propósito de investigar la situación de los refugiados palestinos. La descripción de la difícil situación de estas personas llegaba, sin embargo, deformada a quienes iniciaban la investigación, a través de la dilatada evolución del proceso de paz de los acuerdos de Oslo. Se había convertido en el “último factor”, en una mera variable entre las otras numerosas cuestiones de imposible consideración entonces, tales como la relativa a los recursos hídricos o el trazado en un mapa sobre la cuestión de las “fronteras”. Pudo comprobarse, en efecto, que se eliminó todo posible tratamiento de un calendario político: de hecho, se les robó de forma que se vieron reducidos a ojos del mundo a la consideración de una desesperada y desgraciada odisea en el plano humanitario, convertido, sencillamente, en un problema monumental para los negociadores que entonces intentaban solucionar el conflicto entre los palestinos e Israel.

 El objetivo de la comisión consistía en preguntarles de qué modo podía aplicarse su derecho legal de retorno, así como conocer su perspectiva sobre el suelo patrio. La comisión se desplazó a Siria, Jordania, Líbano, Cisjordania y Gaza –allí donde vivían palestinos- y entrevistó a cientos y cientos de personas, a representantes de comités populares en campos de refugiados y a personas procedentes de un abanico tan amplio como pudieron. La importante aportación de este informe radica en que consta fundamentalmente de pruebas orales y testimonios recogidos fielmente palabra por palabra procedentes de personas excluidas en la mayoría de los informes y comunicaciones relativas al exilio palestino: estos testimonios han sido transcritos ahora fielmente en las versiones inglesa y árabe del informe. Se trata de la aportación de refugiados que se han visto excluidos del proceso de decisión en los últimos años.

En el mismo informe resalta claramente el hecho de que las ideas de la mayoría de los palestinos sobre lo que representa un retorno a sus hogares no contemplan una guerra violenta ni el aniquilamiento de quienes han ocupado su tierra en su lugar. Haifa Jamal, un refugiado palestino en Líbano, afirmó: “No pensamos repetir el mismo error que cometieron los israelíes, de modo que nuestra existencia en nuestra tierra dependa de la inexistencia de los que ya viven aquí. Los israelíes creyeron que su existencia sobre el suelo de Palestina significaba la inexistencia de los demás. Nosotros no lo vemos de esta manera. No pretendemos decirles que se vayan. “ Se advierte un notable optimismo sobre las posibilidades de un futuro susceptible de ser compartido con sus expoliadores; incluso una persona que ha vivido toda su vida como refugiado en un campamento, como es el caso particular de Ibrahim Abu Hashash, manifiesta: ”No nos importa convivir con nuestros vecinos judíos, unos junto a otros. Nos preguntaron: “si se diera el caso de que un asentamiento se hallara en el mismo emplazamiento de una aldea palestina, ¿qué os gustaría hacer con él?” Y nuestra respuesta fue muy sencilla: nos limitamos a decir que aceptaríamos la convivencia con los israelíes”.

¿CÓMO SE ARTICULARÍA UNA AUTENTICA PAZ

Cada vez se ha ido poniendo de manifiesto de forma más patente sobre la cuestión de los refugiados el hecho de que es menester situarla en lugar central del proceso de paz, del que enigmáticamente ha desaparecido. Todos los protagonistas involucrados en la solución de este conflicto han de tener la abierta valentía de afrontar como es debido el rechazo israelí a considerar la cuestión de la expulsión y la limpieza étnica como perteneciente al núcleo mismo del problema de los refugiados. Este factor sigue siendo el mayor obstáculo situado en medio del camino que bloquea el avance hacia una paz duradera entre ambos pueblos.

Una de las consecuencias de esta situación es que los refugiados han sido excluidos del proceso que iba precisamente a determinar su propio destino, cosa que sólo puede contribuir a provocar más intransigencia y desesperación. ¿Cómo podemos avanzar en el mencionado proceso? Muy sencillo. Mediante la introducción de ciertos principios democráticos consolidados: libertad, participación, justicia, representación, elecciones libres y ciudadanía. No es posible construir una paz sin los ciudadanos a quienes atañe. Sin embargo, ninguno de los actores actualmente responsables del proceso de paz en Oriente Medio parece dispuesto a adoptar principios democráticos a la hora de abordar la cuestión de los refugiados.

Hace casi diez años, en Oslo, se dijo que era menester inclinarse por una solución técnica dejando aparte los principios. Actualmente se afirma que un acuerdo debe incluir una declaración anticipada de la cifra definitiva de los refugiados que retornen, decidiendo por tanto en su nombre, en contra de lo que determinen en su día el derecho internacional, el correcto proceder y los principios democráticos. El marco de los acuerdos de Oslo, sobre el que hemos de decirnos a nosotros mismos que ha sido un rotundo fracaso, se basó precisamente en un acuerdo de mínimos. Así que vamos a ser sinceros: no existen acuerdos instantáneos. Sí hay, nos obstante, procesos bien contrastados susceptibles de guiarnos y una paz justa al término de la ruta para ambos pueblos: una paz duradera.

Creer que la democracia es una herramienta peligrosa a la hora de encarar la cuestión de cinco millones de refugiados palestinos constituye un estrepitoso fracaso de la inventiva política. Los refugiados que vivían fuera de los territorios palestinos ocupados fueron excluidos de los procedimientos democráticos observados en las elecciones de 1995 que beneficiaron en cambio a quienes vivían en el interior de tales territorios. La única forma de avanzar estriba en asociar la comunidad refugiada en su integridad a las cuestiones que le afectan, de modo que pueda parti8cipar en la configuración de su propio destino. Sólo los propios ciudadanos pueden asumir los compromisos que indudablemente se alcanzarán, sean éstos cuales fueren.  Y ello es así en la medida en que afectan a sus derechos fundamentales, que todo refugiado conoce. Ningún dirigente puede hacerlo en su lugar. La comunidad internacional ha de garantizar la inclusión política de los refugiados palestinos ocupados, fortaleciendo los debilitados lazos entre la OLP y todas las circunscripciones electorales que ésta representa fuera de Cisjordania y Gaza.

Es asimismo hora de empezar a abordar las causas que se hallan en la raíz del conflicto. Las personar que viven en el seno de una sociedad auténticamente democrática pueden aprender la verdad relativa a su pasado y a su presente en los libros de texto, los periódicos y los programas de televisión, que en conjunto contribuyen a configurar la identidad propia y a establecer la forma de relacionarse con los pueblos y países vecinos, tanto amigos como enemigos. Los israelíes desconocen casi por completo lo sucedido realmente en 1948: la expulsión de los palestinos y la creación de una población refugiada. Resultan por ello vitales los procedimientos susceptibles de estimular al pueblo israelí a que conozca su propio pasado, así como el papel desempeñado por el ejército judío en la Nakba (la “catástrofe”, como la conocen los palestinos), no como forma de venganza o acusación, sino de reparación y reconciliación e inicio de un proceso de paz y recíproca aceptación específicos. Podemos dirigir la vista, en busca de un modelo práctico, hacia Sudáfrica como también a la tarea efectuada por las comisiones de búsqueda de la verdad y de reconciliación en todo el mundo. Se ha demostrado que afrontar el pasado como forma de salir del callejón sin salida actual tiene éxito en el caso de conflictos hondamente enraizados. La imagen de dos comunidades que comparten el sufrimiento es fundamental en este proceso y, en este sentido, el papel del Holocausto en la memoria y la conducta del pueblo del Estado de Israel es esencial para poder entender su actitud hacia los refugiados. Es menester encarar la cuestión del derecho de los palestinos a regresar a sus hogares y el temos que ello suscita en el ánimo de los israelíes mediante actitud decidida y transparencia de objetivos.

La ciudadanía, en las sociedades democráticas modernas, se basa en sus propias responsabilidades cívicas para encontrar respuestas en lugar de limitarse a dirigir sus miradas a los gobernantes. Los ciudadanos son los cimientos del Estado. Las asociaciones propias del ámbito local pueden proporcionar modelos o ejemplos a nuestros asesores políticos ya que son las únicas en haber demostrado la valentía cívica necesaria para afrontar las cuestiones difíciles.  En Israel, por ejemplo, el Comité Israelí contra la Demolición de viviendas trata de impedir que se cree más población refugiada dado que diariamente son arrasadas casas tanto en Cisjordania como en la Franja de Gaza. La emprendedora e imaginativa iniciativa que muestran las entidades de ayuda en los campos de refugiados en toda la región ofrece asimismo esquemas susceptibles de aplicación.

BADIL, la organización de defensa y protección de derechos humanos con sede en Belén, proyecta actualmente diversos escenarios relativos al regreso de los refugiados, adoptados algunos de ellos sobre la experiencia adquirida en un reciente viaje a Bosnia, donde se han logrado experiencias de repatriación positiva desde el punto de vista jurídico. Las iniciativas públicas y concretas hacia los refugiados palestino –tanto humanitarias como desde el punto de vista de los derechos cívicos- no constituyen un mero paliativo mientras los verdaderos acuerdos y negociaciones secretas prosiguen a puerta cerrada. Son iniciativas de incalculable valor independientemente de donde procedan o de la profundidad del foso que separa actualmente los dos pueblos. El factor indispensable en tales iniciativas radica en su poder asociador de ambos en los pasos exactos que señalan la vía de progreso hacia la esperanza, hacia un futuro común.

Ahmed Saleh ha explicado en Líbano la actual odisea de los refugiados y los motivos por los cuales, hasta que no se soluciones, no habrá paz: “Una persona de edad vino del Palestina hasta la frontera y  me dijo: “soy tu tío”. Nos hicimos señas a través de la línea fronteriza. Pero me embargó un extraño sentimiento al no poder acerarme a él para abrazarle. No pudimos aproximarnos porque nos lo impedían las alambradas y los soldados. Este sentimiento se reproduce cuando divisas tu suelo patrio y no puedes alcanzarlo porque han interpuesto alambradas delante de ti”.

Karma Nabulsi: es investigadora palestina en Ciencias Políticas del Nuffield College, Oxford (Reindo Unido). 

 

Editor Ahmed Hijazi
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