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___________________________________ Claves
para entender la situación Karma Nabulsi* Los
campos de refugiados palestinos de crearon durante e inmediatamente después de
la creación del Estado de Israel hace más de 55 años. Sigue siendo la faceta
más incomprensible de la vida y sociedad palestinas a los ojos del exterior: ¿cuántos
palestinos son refugiados? ¿Por qué viven dispersos aquí y allá? Un estudio
reciente de una universidad británica ha revelado que sólo el 9 por ciento de
la población en este país sabe que Cisjordania y Gaza viven actualmente bajo
ocupación militar. Sin embargo, los refugiados representan un grupo de población
de mayor importancia y significado para la identidad palestina que el hecho de
la ocupación militar de Cisjordania y Gaza por parte de Israel desde 1967,
donde está previsto el emplazamiento del Estado palestino. De hecho, la expulsión
y permanente desarraigo de sus hogares –en 1948- y el desgraciado destino de
la mayoría de los palestinos –siempre ha sido una constante- constituyen el núcleo
del conflicto y siguen siendo realidades prácticamente desconocidas. Los
refugiados palestinos constituyen un tercio de la población refugiada del mundo
y son asimismo uno de los grupos de población refugiada más antiguos. En la
actualidad, hay alrededor de cinco millones de refugiados, que conforman la
mayoría del pueblo palestino –sobrepasan apenas los dos tercios- e incluyen
población refugiada de la guerra de 1948 y de la guerra de los Seis Días de
1967, que provocó otro medio millón de refugiados Palestinos.
Consiguientemente, puede hablarse de varias generaciones distintas y de
diferentes clases de refugiados, algunos de los cuales viven dispersos en los 59
campos de refugiados de las Naciones Unidas a lo largo y ancho de Cisjordania y
Gaza, Jordania, siria y Líbano. Sin embargo, la mayoría de los refugiados
cuyas familiar constan en los registros de las Naciones Unidas posteriormente a
1948 (más de cuatro millones en la actualidad) ni tan sólo vive en los campos
y –lo que reviste mayor importancia- muchos refugiados nunca llegaron a
constar siquiera en los registros de la ONU. Otros viven en el resto del mundo
árabe, desde Bagdad a El Cairo; algunos, más recientemente, se establecieron
tanto en Europa como en América; un grupo numeroso ha accedido incluso a la
ciudadanía israelí y vive en aldeas no reconocidas no distantes de sus hogares
arrasados en territorio de Israel. Cabe
atribuir en gran medida el origen de las crisis de los refugiados a los dramáticos
acontecimientos que persisten en la memoria palestina, como la Nakba (la “catástrofe”);
la fragmentación, devastación y fractura total de la sociedad palestina en
1948. Las aldeas palestinas, tanto en Galilea como en otros lugares, fueron
arrasadas por las autoridades del nuevo Estado de Israel después de que sus
primeros habitantes fueran expulsados o huyeran en el curso de los combates.
Esta sociedad fundamentalmente agraria se vio entonces confinada en campos de
refugiados no demasiado lejos de sus propios hogares, en donde han seguido hasta
la actualidad. LA
RESPUESTA INSTITUCIONAL E INTERNACIONAL A LA CRISIS. La
comunidad internacional juzgaba en aquella época que las Naciones Unidas tenían
una responsabilidad singular para con los refugiados palestinos, dado que su
terrible odisea se originó como consecuencia de la decisión de la ONU relativa
a la partición de Palestina. De hecho, la resolución de las Naciones Unidas
relativa a la apremiante crisis de los refugiados, la resolución número 194 de
la Asamblea General, de 1948, aguarda aún la hora de su aplicación en tanto
Israel se niega a cumplirla. Todo refugiado palestino sabe hoy día el
significado de esta resolución relativa a su destino y sus derechos, exigiendo
el retorno de aquellos refugiados que así lo deseen a sus casas, así como una
indemnización. Las
Naciones Unidas tuvieron más éxito al lograr la creación de una institución
encargada de solucionar las permanente crisis humanitaria de los refugiados: la
UNRWA (United Nations Relief and Works Agency for Palestine Refugees in the Near
East, Agencia de Asistencia de la ONU para los Refugiados Palestinos en Próximo
Oriente), que empezó sus actuaciones en 1950 y que sigue funcionando en la
actualidad. Después del conflicto árabe-israelí en 1948, se creó la UNRWA
mediante la resolución 302 (IV) de la asamblea General de la ONU del día 8 de
diciembre de 1949, con el mandato de desarrollar programas de asistencia y ayuda
directas a los refugiados palestinos, tarea que ha seguido desarrollando desde
que la agencia comenzó sus actuaciones el 1 de mayo de 1950. Cientos de miles
de refugiados palestinos huyeron o fueron obligados a abandonar sus casas en
1948, cuando se creó Israel. La UNRWA les ha alimentado, dado vivienda y
vestido y, al mismo tiempo, ha proporcionado educación y atención sanitaria a
cientos de miles de jóvenes refugiados. Sin que se diera solución al problema
de los refugiados de Palestina, la Asamblea General ha renovado repetidamente el
mandato de la UNRWA, prolongándolo recientemente hasta el 30 de junio de 2005.
La UNRWA ha proporcionado y proporciona la mayor parte de la ayuda asistencial y
humanitaria a largo plazo a un total de cuatro generaciones de refugiados de
Palestina. LA
UNRWA PROPORCIONA EDUCACIÓN, atención sanitaria, ayuda humanitaria y servicios
sociales a personas que reúnen los requisitos exigidos para la condición de
refugiado y se hallan entre los 4.082.300 refugiados palestinos registrados, en
sus cinco áreas de actuación: Jordania, Líbano, Siria, Cisjordania y la
Franja de Gaza. La UNRWA ha proporcionado asimismo ayuda urgente a los
refugiados palestinos y sus vecinos en numerosas ocasiones a lo largo de sus 50
años de actividad. Durante el largo conflicto civil de Líbano de los años 70
y la invasión de este país por parte de Israel en 1982, la UNRWA proporcionó
reiteradamente vivienda, atención sanitaria y alimentación a miles de
refugiados sin casa que habían huido a consecuencia de estos sucesos. Durante
la primera intifada (1987-1993) en Cisjordania y la Franja de Gaza, la agencia
proporcionó atención médica urgente a los heridos -así como comida- a los
refugiados y la población huida de ambas áreas. Desde septiembre de 2000, la
UNRWA ha proporcionado ayuda urgente a miles de refugiados afectados por el
continuado conflicto en Cisjordania y Gaza. La
agencia, inicialmente considerada como una organización de carácter temporal,
ha desarrollado y acomodado gradualmente sus programas para responder a las
cambiantes necesidades de los refugiados. Actualmente, la UNRWA es el principal
proveedor de servicios básicos en materia de educación, atención sanitaria,
ayuda humanitaria y servicios sociales. Sin embargo, su mandato es limitado: no
se extiende más allá de la ayuda humanitaria imprescindible; no puede dotar de
representación a los refugiados ni ofrecer la protección jurídica esencial
que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR)
ofrece al resto de poblaciones refugiadas. La organización política de los
campos, a cargo de movimientos de resistencia popular de mediados de los 60-
Fatah, el Frente Popular, el Frente Democrático, etcétera-, brotó como
consecuencia de la desesperación general por estos fracasos; y, aunque los
palestinos tenían ocasión de oír todos los años que la comunidad
internacional y los estados árabes insistían en el derecho de retorno de los
refugiados, nada se hizo al respecto. Durante los años 60, 70 y 80, el
movimiento palestino actuó de hecho bajo variadas formas en los campos:
organizando en ellos sindicatos y hospitales, creando fábricas y empleo y
coordinando y colaborando con otros movimientos de liberación nacional, tales
como SWAPO y la ANC, así como con instituciones y organismos internacionales. En
aquella época se crearon grupos guerrilleros en los campos de refugiados
situados en Gaza, Jordania y Líbano, de donde se nutrían los primeros. En
1970, estos distintos grupos estaban federados en la Organización para la
Liberación de Palestina (OLP), que formó un gobierno en el exilio, abrió
embajadas y estableció relaciones diplomáticas en todo el mundo. Se hallaba
integrada por un Consejo Nacional con representación de los distintos paridos,
sindicatos y circunscripciones
electorales en el exilio. Gran parte de los conflictos regionales que surgieron
en los 70 y 80 fueron consecuencia no sólo del intento de Israel de aplastar la
mencionada infraestructura política –como en el caso de la invasión de
1982-, sino del reiterado intento de los estados árabes de controlar la
independencia política palestina y de la desestabilización que ello provocó
en todo el mundo árabe. Esta situación estalló en forma de diversos combates
como los librados en Jordania en 1970 y en Líbano en 1985 y 1986 en la
denominada “guerra de los campos”. LOS
PUNTOS DE VISTA SOBRE EL PROCESO DE PAZ En
la primera mitad de 2000, unos meses antes de que diera comienzo la intifada
actual, un grupo de disputados del arco parlamentario creó la Comisión Británica
de Investigación –representación parlamentaria de Oriente Medio- con el propósito
de investigar la situación de los refugiados palestinos. La descripción de la
difícil situación de estas personas llegaba, sin embargo, deformada a quienes
iniciaban la investigación, a través de la dilatada evolución del proceso de
paz de los acuerdos de Oslo. Se había convertido en el “último factor”, en
una mera variable entre las otras numerosas cuestiones de imposible consideración
entonces, tales como la relativa a los recursos hídricos o el trazado en un
mapa sobre la cuestión de las “fronteras”. Pudo comprobarse, en efecto, que
se eliminó todo posible tratamiento de un calendario político: de hecho, se
les robó de forma que se vieron reducidos a ojos del mundo a la consideración
de una desesperada y desgraciada odisea en el plano humanitario, convertido,
sencillamente, en un problema monumental para los negociadores que entonces
intentaban solucionar el conflicto entre los palestinos e Israel. El
objetivo de la comisión consistía en preguntarles de qué modo podía
aplicarse su derecho legal de retorno, así como conocer su perspectiva sobre el
suelo patrio. La comisión se desplazó a Siria, Jordania, Líbano, Cisjordania
y Gaza –allí donde vivían palestinos- y entrevistó a cientos y cientos de
personas, a representantes de comités populares en campos de refugiados y a
personas procedentes de un abanico tan amplio como pudieron. La importante
aportación de este informe radica en que consta fundamentalmente de pruebas
orales y testimonios recogidos fielmente palabra por palabra procedentes de
personas excluidas en la mayoría de los informes y comunicaciones relativas al
exilio palestino: estos testimonios han sido transcritos ahora fielmente en las
versiones inglesa y árabe del informe. Se trata de la aportación de refugiados
que se han visto excluidos del proceso de decisión en los últimos años. En
el mismo informe resalta claramente el hecho de que las ideas de la mayoría de
los palestinos sobre lo que representa un retorno a sus hogares no contemplan
una guerra violenta ni el aniquilamiento de quienes han ocupado su tierra en su
lugar. Haifa Jamal, un refugiado palestino en Líbano, afirmó: “No pensamos
repetir el mismo error que cometieron los israelíes, de modo que nuestra
existencia en nuestra tierra dependa de la inexistencia de los que ya viven aquí.
Los israelíes creyeron que su existencia sobre el suelo de Palestina
significaba la inexistencia de los demás. Nosotros no lo vemos de esta manera.
No pretendemos decirles que se vayan. “ Se advierte un notable optimismo sobre
las posibilidades de un futuro susceptible de ser compartido con sus
expoliadores; incluso una persona que ha vivido toda su vida como refugiado en
un campamento, como es el caso particular de Ibrahim Abu Hashash, manifiesta:
”No nos importa convivir con nuestros vecinos judíos, unos junto a otros. Nos
preguntaron: “si se diera el caso de que un asentamiento se hallara en el
mismo emplazamiento de una aldea palestina, ¿qué os gustaría hacer con él?”
Y nuestra respuesta fue muy sencilla: nos limitamos a decir que aceptaríamos la
convivencia con los israelíes”. ¿CÓMO
SE ARTICULARÍA UNA AUTENTICA PAZ Cada
vez se ha ido poniendo de manifiesto de forma más patente sobre la cuestión de
los refugiados el hecho de que es menester situarla en lugar central del proceso
de paz, del que enigmáticamente ha desaparecido. Todos los protagonistas
involucrados en la solución de este conflicto han de tener la abierta valentía
de afrontar como es debido el rechazo israelí a considerar la cuestión de la
expulsión y la limpieza étnica como perteneciente al núcleo mismo del
problema de los refugiados. Este factor sigue siendo el mayor obstáculo situado
en medio del camino que bloquea el avance hacia una paz duradera entre ambos
pueblos. Una
de las consecuencias de esta situación es que los refugiados han sido excluidos
del proceso que iba precisamente a determinar su propio destino, cosa que sólo
puede contribuir a provocar más intransigencia y desesperación. ¿Cómo
podemos avanzar en el mencionado proceso? Muy sencillo. Mediante la introducción
de ciertos principios democráticos consolidados: libertad, participación,
justicia, representación, elecciones libres y ciudadanía. No es posible
construir una paz sin los ciudadanos a quienes atañe. Sin embargo, ninguno de
los actores actualmente responsables del proceso de paz en Oriente Medio parece
dispuesto a adoptar principios democráticos a la hora de abordar la cuestión
de los refugiados. Hace
casi diez años, en Oslo, se dijo que era menester inclinarse por una solución
técnica dejando aparte los principios. Actualmente se afirma que un acuerdo
debe incluir una declaración anticipada de la cifra definitiva de los
refugiados que retornen, decidiendo por tanto en su nombre, en contra de lo que
determinen en su día el derecho internacional, el correcto proceder y los
principios democráticos. El marco de los acuerdos de Oslo, sobre el que hemos
de decirnos a nosotros mismos que ha sido un rotundo fracaso, se basó
precisamente en un acuerdo de mínimos. Así que vamos a ser sinceros: no
existen acuerdos instantáneos. Sí hay, nos obstante, procesos bien
contrastados susceptibles de guiarnos y una paz justa al término de la ruta
para ambos pueblos: una paz duradera. Creer
que la democracia es una herramienta peligrosa a la hora de encarar la cuestión
de cinco millones de refugiados palestinos constituye un estrepitoso fracaso de
la inventiva política. Los refugiados que vivían fuera de los territorios
palestinos ocupados fueron excluidos de los procedimientos democráticos
observados en las elecciones de 1995 que beneficiaron en cambio a quienes vivían
en el interior de tales territorios. La única forma de avanzar estriba en
asociar la comunidad refugiada en su integridad a las cuestiones que le afectan,
de modo que pueda parti8cipar en la configuración de su propio destino. Sólo
los propios ciudadanos pueden asumir los compromisos que indudablemente se
alcanzarán, sean éstos cuales fueren. Y
ello es así en la medida en que afectan a sus derechos fundamentales, que todo
refugiado conoce. Ningún dirigente puede hacerlo en su lugar. La comunidad
internacional ha de garantizar la inclusión política de los refugiados
palestinos ocupados, fortaleciendo los debilitados lazos entre la OLP y todas
las circunscripciones electorales que ésta representa fuera de Cisjordania y
Gaza. Es
asimismo hora de empezar a abordar las causas que se hallan en la raíz del
conflicto. Las personar que viven en el seno de una sociedad auténticamente
democrática pueden aprender la verdad relativa a su pasado y a su presente en
los libros de texto, los periódicos y los programas de televisión, que en
conjunto contribuyen a configurar la identidad propia y a establecer la forma de
relacionarse con los pueblos y países vecinos, tanto amigos como enemigos. Los
israelíes desconocen casi por completo lo sucedido realmente en 1948: la
expulsión de los palestinos y la creación de una población refugiada.
Resultan por ello vitales los procedimientos susceptibles de estimular al pueblo
israelí a que conozca su propio pasado, así como el papel desempeñado por el
ejército judío en la Nakba (la “catástrofe”, como la conocen los
palestinos), no como forma de venganza o acusación, sino de reparación y
reconciliación e inicio de un proceso de paz y recíproca aceptación específicos.
Podemos dirigir la vista, en busca de un modelo práctico, hacia Sudáfrica como
también a la tarea efectuada por las comisiones de búsqueda de la verdad y de
reconciliación en todo el mundo. Se ha demostrado que afrontar el pasado como
forma de salir del callejón sin salida actual tiene éxito en el caso de
conflictos hondamente enraizados. La imagen de dos comunidades que comparten el
sufrimiento es fundamental en este proceso y, en este sentido, el papel del
Holocausto en la memoria y la conducta del pueblo del Estado de Israel es
esencial para poder entender su actitud hacia los refugiados. Es menester
encarar la cuestión del derecho de los palestinos a regresar a sus hogares y el
temos que ello suscita en el ánimo de los israelíes mediante actitud decidida
y transparencia de objetivos. La
ciudadanía, en las sociedades democráticas modernas, se basa en sus propias
responsabilidades cívicas para encontrar respuestas en lugar de limitarse a
dirigir sus miradas a los gobernantes. Los ciudadanos son los cimientos del
Estado. Las asociaciones propias del ámbito local pueden proporcionar modelos o
ejemplos a nuestros asesores políticos ya que son las únicas en haber
demostrado la valentía cívica necesaria para afrontar las cuestiones difíciles.
En Israel, por ejemplo, el Comité Israelí contra la Demolición de
viviendas trata de impedir que se cree más población refugiada dado que
diariamente son arrasadas casas tanto en Cisjordania como en la Franja de Gaza.
La emprendedora e imaginativa iniciativa que muestran las entidades de ayuda en
los campos de refugiados en toda la región ofrece asimismo esquemas
susceptibles de aplicación. BADIL,
la organización de defensa y protección de derechos humanos con sede en Belén,
proyecta actualmente diversos escenarios relativos al regreso de los refugiados,
adoptados algunos de ellos sobre la experiencia adquirida en un reciente viaje a
Bosnia, donde se han logrado experiencias de repatriación positiva desde el
punto de vista jurídico. Las iniciativas públicas y concretas hacia los
refugiados palestino –tanto humanitarias como desde el punto de vista de los
derechos cívicos- no constituyen un mero paliativo mientras los verdaderos
acuerdos y negociaciones secretas prosiguen a puerta cerrada. Son iniciativas de
incalculable valor independientemente de donde procedan o de la profundidad del
foso que separa actualmente los dos pueblos. El factor indispensable en tales
iniciativas radica en su poder asociador de ambos en los pasos exactos que señalan
la vía de progreso hacia la esperanza, hacia un futuro común. Ahmed
Saleh ha explicado en Líbano la actual odisea de los refugiados y los motivos
por los cuales, hasta que no se soluciones, no habrá paz: “Una persona de
edad vino del Palestina hasta la frontera y
me dijo: “soy tu tío”. Nos hicimos señas a través de la línea
fronteriza. Pero me embargó un extraño sentimiento al no poder acerarme a él
para abrazarle. No pudimos aproximarnos porque nos lo impedían las alambradas y
los soldados. Este sentimiento se reproduce cuando divisas tu suelo patrio y no
puedes alcanzarlo porque han interpuesto alambradas delante de ti”. Karma
Nabulsi:
es investigadora palestina en Ciencias Políticas del Nuffield College, Oxford (Reindo
Unido). |
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Editor Ahmed
Hijazi Teléfono: 915228922 - 637979217 E-mail: mundoarabe@mundoarabe.org Copyright ©Mundo Árabe 2000-2007 Madrid-España Resolución de pantalla recomendada 1024 x 768
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