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PALESTINA,
HISTORIA DE UN CONFLICTO
Daniel
García
Me
decidí a escribir este artículo ante el cúmulo de información que llega
sobre éste tema desde los medios de difusión;
cuanto menos se puede calificar la información que se nos ofrecen de
intencionadamente parcial. La génesis del conflicto es casi siempre olvidada
–salvo en el ámbito académico- así como el desarrollo del mismo, dejando de
lado las responsabilidades que tiene occidente respecto a la situación global.
Diariamente se bombardea en los medios con las
consecuencias de los enfrentamientos, mostrando tal o cual barbaridad producto
de la violencia, pasando por alto de manera cotidiana las causas coyunturales
que han dado lugar a tales situaciones concretas, y cuando los mass
media deciden ofrecer explicaciones lo hacen por repetición de tópicos
(cuestiones religiosas, falta de tolerancia, violencia arraigada históricamente...);
todo ello bajo un sutil alineamiento del lado hebreo, tarea que se realiza sin
mayores complicaciones por medio de la resta de argumentos a los palestinos,
dejando así un empate técnico encubierto bajo una falsa neutralidad que sólo
beneficia a aquellos a quien favorece la situación presente.
Cuando
pensamos en el conflicto arabo-israelí entendemos que se trata de un
enfrentamiento entre dos comunidades totalmente diferenciadas –por cuestiones
culturales- que comparten el mismo territorio y que están condenadas a
entenderse; en cierto modo es así. Sin embargo, hay un desconocimiento general
de la problemática que lleva a que los hechos parezcan incomprensibles, y como
la situación parece incomprensible sólo puede explicarse por sí sola por el
radicalismo de ambos bandos, cuando no de uno sólo, es decir, nadie puede
comprender hechos sobre los que no tiene datos y, como no se ofrecen, al buscar
una explicación muchos la encuentran en el extremismo.
A éste extremismo le acompañan otros factores que serían su causa como el
integrismo religioso o la incomprensión hacia el otro.
Llegados
a éste punto alguien podría preguntar... ¿y porque de tal maniqueísmo? ¿Qué
intereses hay en ello?. No podría contestar en toda magnitud pero creo que se
pueden esbozar dos razones fundamentales, en primer lugar la explicación del
conflicto valida para hoy respondería más al juego de diversos lobbies y sus
intereses económicos y políticos –en este orden- que a un radicalismo
cultural o a un integrismo religioso; y en segundo lugar, escudriñando en la
historia se puede ver que el paternalismo de occidente tiene una deuda para con
la zona, puesto que siente la obligación de calmar su conciencia con la
resolución forzada y a su favor de un conflicto que el mismo colonialismo creó.
En
este artículo se pretende mirar que hay detrás de las imágenes del televisor,
puesto que si estamos en una sociedad donde se nos garantiza la libre opinión
creo que deberíamos tratar de que fuera eso... libre, y no una copia de aquello
que constantemente se nos viene a decir. Les invito a reflexionar conmigo,
subamos todos el volumen de la tele y vamos a ver de que hablamos.
La
génesis: de imperialismos y panarabismos (...-1919)
Hablamos
de un problema antiquísimo cuya génesis se podría llevar hasta la antigüedad
de los tiempos, pero no vamos a ir tan lejos sino que vamos a capturar la
problemática desde la historia contemporánea, es decir, desde que los europeos
entramos de lleno a influir en el conflicto, cambiando de manera decisiva el
destino de un pueblo, esta vez el Palestino.
Cuando
hablamos de oriente próximo lo hacemos de un territorio que desde el siglo XVI
estaba regido por la lógica imperial que dictaba el imperio otomano. Según R.
Mantran los otomanos fueron buenos administradores y gobernantes tolerantes;
permitieron la existencia de particularismos locales y respetaron la existencia
de tradiciones, religiones y lenguas diversas en sus territorios.
Este hecho habría permitido el desarrollo de nacionalismos del XVIII,
impulsados por las distintas elites regionales, en pos de posiciones de poder
estratégicas en oposición a la centralización del imperio; de estas fuerzas
centrífugas se servirían las potencias europeas en la denominada cuestión de oriente (XIX). No obstante, el imaginario político de
los territorios árabes quedan prendados de ciertos rasgos que tienden a la
unidad.
A
la debilidad del imperio se suma la expansión europea, que es fruto de la
revolución industrial por la necesidad de materias primas y de nuevos mercados.
Los países desarrollados van a ir asentando sus emporios en llas diversas rutas
comerciales, van a ir imponiendo tratados por presiones y juegos de alianzas que
abrirán las puertas a su expansión económica y financiera[3][3].
La integración de los países del Oriente próximo en el mercado mundial
capitalista es un hecho, se pasa a entrar en la lógica del comercio desigual,
por medio del denominado imperialismo informal que se mantendrá hasta
1870
-fecha que nos dan los historiadores para el fin del imperialismo
informal y el comienzo del colonialismo directo- aunque la vieja formula de
intervención perdura en combinación con la nueva.
La
convención comercial de 1838 va a
marcar las relaciones de occidente con el imperio otomano hasta la IGM; este
tratado que confirma los privilegios de los mercaderes europeos en la zona tendrá
consecuencias negativas para la economía otomana, puesto que sacrificará la
artesanía autóctona frente a la competencia extranjera. El desarrollo de las
clases medias que va asociado al proceso es percibido como negativo por los árabes
puesto que van ser las burguesías embrionarias
-encarnadas por las minorías que albergaba el imperio, es decir, judíos
otomanos, griegos y armenios, coptos en Egipto o cristianos en el Líbano-
quienes se beneficiarán del proceso, y la novedad radica en que van a pedir
protección a los europeos aumentando el peso de éstos en la zona.
La apertura del canal de Suez y su importancia en
las rutas comerciales unido al creciente interés del petróleo como fuente de
energía hace que oriente próximo empieza a ser deseado como colonia por las
potencias europeas, a la vez que el resto de territorios árabes por cuestiones
de seguridad para los barcos que completaban las rutas comerciales. Por
cuestiones de geopolítica la unidad del imperio se va a mantener hasta la IGM
con ayuda de las potencias europeas, incluso contribuyendo al ahogo de
movimientos separatistas internos, con la salvedad de Egipto convertido en
colonia británica. En este periodo de decadencia el imperio debe plantearse el
porque de su debilidad y encuentra la respuesta en su falta de desarrollo desde
la óptica occidental, existe el convencimiento de que en el imperio no se han
producido los avances tecnológicos, políticos y administrativos que en
occidente. Una serie de determinaciones van a tomarse en este sentido, sobretodo
a nivel político, administrativo y militar, encaminadas a copiar el modelo
europeo; hecho que contribuirá a tapar parches de manera momentánea pero que
debilitará al imperio sobremanera de cara al exterior y a la larga creará una
crisis de identidad interna.
Las
Tanzimat o reformas estaban destinadas a la igualdad de los súbditos del
imperio independientemente de sus confesiones o lenguas. Pero la crisis de 1878
marca el final de las reformas y con ellas la muerte de la ideología otomanista.
Abdul-hamid II, es consciente de la caída de la fuente que legitimaba la unión
y se encamina a buscar una substitución, que encontrará en el panislamismo de
Al Afghani. Se enfatiza la unión de la umma bajo la autoridad del califa y
contra de los europeos, en recuerdo de aquellos musulmanes que habitan bajo
territorio de éstos. La llamada a la autoridad del califa, incluso para
aquellos que habitan fuera de las fronteras del imperio, marca el retorno a una
ideología tradicional, centralizadora, que pone en jaque a las autoridades
religiosas de base (cofradías).
Sin embargo, en la década de los 80 ya han cambiado los mecanismos de
intervención europeos; los nacionalismos emergentes contarán con apoyos
exteriores y se acabarán imponiendo pese a la política de alianzas del sultán
con las autoridades locales más tradicionales, que trata de frenar el avance de
la nueva ideología, moderna, europea y burguesa. El último síntoma de unión
que presenta el imperio será a su vez un nacionalismo, el turco, que a través
de un intento de panturquización intentará frenar el resto de nacionalismos
emergentes. Tras el fracasado intento de derrocar al sultán, los jóvenes
turcos serán exiliados en 1892,
pero consiguiendo el apoyo europeo emprenderán su gobierno llevando a cabo una
política de homogenización turca en 1912.
La
unidad árabe se ha mostrado como un equilibrio de fuerzas políticas,
centrifugas y centrípetas, que se han apoyado en la base de legitimidad que
representa la recreación de una identidad común árabe.
La identidad árabe se apoya sobre tres pilares fundamentales: Una lengua común,
una religión mayoritariamente común, y una cultura diferenciadora. La recreación
y exaltación de estos valores se inserta dentro del marco del colonialismo,
sumado a diversos factores internos, en oposición al europeo. Del mismo modo
que se produce la unión como contrapartida al peso europeo en un marco común,
también fuerzas centrífugas actúan deshaciendo los lazos creados cuando el
juego de alianzas lo requiere. Estamos analizando una dinámica interactiva a
escala global.
No obstante no hablamos de un proceso rígido ya
que todo el proceso de reformas y la sucesión de ideológica tiene por otra
parte una dimensión reducida en cuanto al mundo árabe. El imperio no puede
ejercer un control efectivo sobre todos los territorios que nominalmente le
pertenecen por incapacidad interna y por intervención europea. De esta manera,
el norte de África es ajeno al proceso que arranca en la década de los 30 y
40; así, las reformas únicamente afectan al creciente fértil y a la zona
otomana de la península arábiga, con dos excepciones: La de Egipto, que si
bien es integrante del imperio, en el momento de iniciarse las reformas controla
de manera autónoma territorio sirio (1831-1840) aplicando las reformas bajo su
propio modus operandi de carácter centralista - más tarde pasará a estar
realmente bajo control inglés; Y la del Líbano donde la estructura
preexistente había superpuesto una jerarquía que traspasaba las barreras
religiosas, y por tanto la reforma con su ideario otomanista y panislamista en
su primera etapa era difícilmente aplicable.
El rechazo interno a la centralización del imperio configura el nacionalismo árabe,
que nace como movimiento cultural y sólo más tarde se configura como
movimiento político. En su génesis el movimiento cultural tiene mucho que ver
con lo religioso, siguiendo los pasos de Rachid Ridà que es según Bernabé López
el primero en oponerse a los turcos, pidiendo un califa árabe para el pueblo árabe.
Surgirán sociedades secretas que abogarán por la descentralización política.
Los gobiernos occidentales y concretamente el británico, jugaron una postura de
doble moral y se puede decir que a grandes rasgos ejercieron un freno
considerable a la unidad árabe, motivado por el cálculo aliado destinado a
repartirse los territorios árabes una vez terminada la guerra.
Negociaciones
franco-británicas habían ido diseñando un mapa del reparto futuro de los
territorios árabes; acuerdos que habrían de concretarse el 9 de mayo de 1916 y
que pasarían a la historia como los
acuerdos Sykes-Picot por los apellidos de los dos representantes de ambos países.
Dichos acuerdos fueron mantenidos en secreto hasta que los bolcheviques los
hicieron públicos tras la toma de poder en Rusia, poniendo en peligro la relación
de los árabes con las potencias occidentales, hecho que los turcos tratarán de
aprovechar para proponer un estatuto autónomo para los árabes pero la firma el
30 de octubre de 1918 entre el imperio otomano y los aliados, cerrará el camino
a tal proyecto.
Tras la victoria de los aliados en la gran guerra el ideario político que queda
establecido merced a las circunstancias sienta las bases para las independencias
jurídicas de estas nuevas naciones, sin embargo el paternalismo latente
legitima la continuación del intervencionismo sobre estas nuevas patrias en
gestación, esta vez bajo la fórmula de los mandatos.
Que consistían en una nueva fórmula de tutela por la que las naciones se
administraban por autoridades autóctonas otorgando a su nación tutora una
serie de privilegios jurídicos, militares, políticos y económicos.
Pero
sin duda un punto esencial del ideario político europeo no había sido tomado
en cuenta para con la zona, el derecho de los pueblos a escoger su propio
mandatario; los intentos de enviar una comisión de encuesta a la zona fue
boicoteado repetidamente por Francia e Inglaterra, siendo en última instancia
EE.UU quien asuma la tarea con el envío de una comisión que pasa a la historia
con el nombre de King-Crane, la cual elevó al presidente Wilson unos resultado
que revelaban los temores palestinos hacia las ambiciones de los sionistas ya en
la zona, así como la hostilidad hacia los franceses en la zona del Cham.
Palestina,
un conflicto anunciado
Por
lo que se refiere a palestina, los acuerdos de 1916 habían partido la región
de Bilad al-Cham donde estaba inserto el actual territorio de conflicto (israel-palestina)
y había quedado repartida por mandatos entre Francia e Inglaterra, hecho que
motivó la lucha de los nacionalistas pan-sirios.
Palestina
estaba integrada por tres sanyaks (Acre, Naplús y Jerusalén) en los que se
asentaba una acomodada clase de notables, comerciantes y terratenientes. La
respetabilidad social provenía principalmente de la propiedad de la tierra pero
también por una red de clientelismo y reconocimiento religioso, unido a lazos
comerciales con el extranjero, fuese
éste el otomano dominante o sus sucesores británicos. Evidentemente más
del 70% de la población la constituía los campesinos sin tierras que poblaban
unas 850 aldeas y ciudades palestinas.
La
población total a principios del siglo XX ascendía a unos 700.000 habitantes,
un 80% musulmanes, 10% cristianos y un 8% judíos (Ma´oz, 1975). Los musulmanes
eran gente principalmente rural mientras que cristianos y judíos vivían
principalmente en las ciudades. Los judíos apenas poseían el 3% de la tierra.
La
consigna sionista por un estado judío en Palestina es lo que iba a cambiar el
signo histórico de la zona. Según Nathan Weistock la concepción de un Estado
judío, sobretodo desde la óptica sionista, es la introducción de un concepto
nuevo; se trata pues de un nacionalismo reflejo. Aunque el judenstaat (estado de
los judíos ) fue concebido por el vienés Theodoro Hertz e impulsado por
el Primer congreso Sionista de Basilea en 1897, había sido anticipado por Moisés
Hess en proyecto de retorno a la tierra prometida que ligaba con la expansión
colonial europea. El modelo que Hertz había desarrollado al pensar en una Compañía
judía (Jewish Company) se basaba
en el cliché de las compañías inglesas coloniales.
Como compañía, la Jewish Company programaría
la compra de tierras, la construcción de inmuebles, conduciría la política de
asentamientos e instauraría todo un programa para la organización de la
inmigración.
Palestina
sólo fue una de las varias propuestas para establecer el Estado hebreo, se pensó
también en la posibilidad de Argentina, pero las mayores posibilidades de
inmigración hacia Oriente Medio y las justificaciones de carácter
historicista, incentivaron la rápida inmigración, nutrida en un principio por
judíos centroeuropeos.
Con la alineación de los turcos del bando alemán
palestina va a convertirse en campo de batalla por su proximidad con Egipto,
donde se establecen bases británicas; a éste hecho seguirá el malestar británico
por la previsible internacionalización del canal de Suez, hecho que llevará a
la declaración Balfour (2 de noviembre de 1917), documento en el cual el
gobierno británico se mostraba favorable a la creación de un Hogar para el
pueblo hebreo sobre suelo palestino. Vemos pues que antes de sentarse en las
mesas para las conversaciones de paz la partición de Oriente Próximo era una
cuestión decidida.
El problema del gobierno en la zona se solventó a favor de Faisal, que quedaba
como monarca de un territorio impreciso en el que palestina, por supuesto,
quedaba englobada. Faisal terció a favor de la autonomía de su territorio y
trató de anular los acuerdos secretos con más despropósitos que éxitos
efectivos. Palestina quedaba englobada en un Estado sirio donde sus lugares
santos quedaban al cargo del mandatario y la Liga de las Naciones. En la
conferencia de San Remo, dos años más tarde, Palestina quedaba desgajada de
Siria y entregada a mandato británico. En 1922 se otorgaba a Palestina una
constitución que la distinguía de los demás territorios desgajados de Siria,
tales como Transjordania, pero debemos tener en cuenta que si bien Iraq o el Líbano
quedaban bajo su propia soberanía por medio de un imperfecto mandato de
autodeterminación, el régimen impuesto a Palestina se asemejaba más a un
colonialismo directo.
En
los años posteriores la inmigración judía fue multiplicándose y a
consecuencia de ello el miedo entre la población palestina y su clase política
también se acentúa. En noviembre de 1935 se presenta un memorándum al alto
comisionado Arthur Wauchope, firmado por todos los partidos políticos
palestinos, en el que se pide el cese de la inmigración masiva, un freno a la
venta de tierras a extranjeros y la creación de un parlamento de representación
proporcional. Los británicos interpretan el gesto como una actitud conciliadora
de manos árabes y se muestran favorables, pero se encuentran con la negativa de
los judíos a quedar en minoría.
La
imposibilidad de hallar una solución política llevará a que un sector de la
población palestina conciba la insurrección armada como única vía para
proteger su propia supervivencia.
En 1936 estallan los primeros brotes de protesta que aceleran la integración de
los grupos nacionalistas en el Alto Comité Árabe y proclamando una huelga
general indefinida en pos de las reivindicaciones expresadas al Alto Comisario.
Cuando el movimiento remite en octubre los británicos aprovechan para enviar
una comisión de información (Comisión Peele) que dictamina la
incompatibilidad de los proyectos sionista y árabe.
Se plantea por primera vez la posibilidad de partición del territorio,
otorgando a ambas partes un gobierno propio. La comisión Woodhead, en 1938,
significa un segundo proyecto de partición. Se pretendía que sin perder la unión
económica palestina se articulara a través de un proyecto federal controlado
por los británicos; tanto palestinos como hebreos se negaron.
La prolongación de la insurrección en palestina y el temor que la situación
degenerara en un movimiento antibritánico proclive a posiciones nazis empujó a
los británicos a la redacción en 1939 de un libro blanco en el que se reconocían
las razones árabes. Al iniciarse la IIGM la situación estaba ante un empate técnico,
y la cercanía del conflicto sirvió para crear un estado de tregua implícita;
pero los resultados de la guerra no tardarían en provocar un cambio de situación,
al ver que se alejaba el conflicto y a luz de los resultados para con los judíos
éstos iniciaron una campaña terrorista, a la que se opuso la propia agencia
temerosa de la opinión internacional, que hasta el momento les era favorable.
Palestina va a ser el motor de la resurjencia de la idea de unidad árabe (Laurens,
1991: 47), puesto que en el juego geopolítico hay la necesidad de buscar una
posición en el tablero para una partida a nivel global; al finalizar la IIGM
las posiciones se redefinen y los países árabes corrían el riesgo de caer en
un tercer colonialismo, y de hecho cayeron. Se plantearon las posibilidades de dos proyectos panarabistas
como es el caso de la Gran Siria o el proyecto del creciente fértil
(encabezados por los soberanos hachemíes de Transjordania e Iraq), pero ambos
contaban con la oposición de Francia y las rivalidades Saudíes. A consecuencia
de estas ideas unitaristas nacerá la Liga de Estados árabes en 1945 englobando
a Egipto, Siria, Iraq, Líbano, Transjordania, Arabia Saudí y Yemén, incorporándose
Palestina de manera testimonial a través de un representante designado por el
consejo de la Liga. Hay que decir que en la práctica la Liga distaba mucho de
llevar a cabo proyectos de unidad hecho que provocó reacciones en pos de esta
unión.
En esta coyuntura postbélica es cuando empieza a aparecer con fuerza la
influencia norteamericana en el destino de Palestina, y sobretodo el lobbie judío
cuya influencia en la política estadounidense fue y es cuanto menos notable,
hasta el punto de que en el momento fue decisiva para la elección del
presidente Thruman. La decisión que iba a tomarse con el territorio palestino
dependería del apoyo que recibiera cada uno de los proyectos, el palestino o el
judío; y en este caso es evidente que el apoyo sionista al proyecto hebreo fue
muy superior a la ayuda prestada por la Liga a los palestinos. Por su parte, la
Sociedad de Naciones(recién disuelta) se lavó las manos y pasó la patata
caliente a Naciones Unidas quien estableció un comité especial sobre Palestina
(UNSCOP) integrado por países neutrales y alejados de la zona tales como
Australia, Canadá o Checoslovaquia. Se establecieron dos posibles soluciones al
conflicto, la primera aceptada por la mayoría (33 votos a favor) preveía una
partición del territorio donde el 55% del territorio quedaría en manos judías
(las mejores tierras para una población menor); la segunda opción y
minoritaria era principalmente defendida por países tercermundistas que de
manera más lógica que sus compañeros preveían un estado federal centralizado
en Jerusalén.
Como
sabrán se impuso la primera propuesta, aprobada por la ONU el 29 de Noviembre
de 1947.
Cabría preguntarse si era lógico que países como
Nueva Zelanda, Liberia o Africa del sur, con un desconocimiento evidente sobre
la problemática y con intereses propios en el juego de alianzas mundial tomaran
partido en una decisión que afectaba a una nación entera. No hace falta ir muy
lejos puesto que los resultados de tal resolución pacificadora ahí están. Con
beneplácito de las instituciones encargadas de salvaguardar paz y democracia en
el mundo la retirada de los ingleses fue acompañada de la proclamación el 14
de Mayo de 1948 del Estado de Israel. La guerra vino sola.
A
finales de 1949 nos encontramos con un millón de judíos y con 160.000 árabes;
esto se debió a que los judíos desplazados de sus países de origen por la
Segunda Guerra Mundial se concentraban en campos de refugiados franceses e
italianos, fundamentalmente, y rápidamente acudieron a Israel en cuanto fue
proclamada la independencia; los árabes, por su parte, abandonaron masivamente
la zona judía durante las hostilidades, y cuando éstas hubieron terminado
procuraron regresar, aunque sólo unos 70.000 lo consiguieron. Debemos contar
además con unos 360.000 palestinos desplazados de sus hogares. Pero a estas
cifras hay que añadir como mínimo otros 100.000 más, que habitaban los
territorios tomados por Israel durante la lucha, con lo que el número de
refugiados palestinos era ya de medio millón en 1949.
La
ONU aprobó una resolución según la cual los refugiados palestinos que
deseasen volver a sus hogares deberían ser readmitidos por Israel y quienes
prefiriesen permanecer en los países árabes tendrían que ser indemnizados por
el Estado judío. Tel Aviv se negó.
Las
motivaciones inmediatas se deberían precisamente a las represalias árabes
contra las provocaciones Judías: el bloqueo naval y la lucha por el agua. El
bloqueo naval tuvo lugar en los estrechos de Tirán, impidiendo el acceso de los
barcos judíos al puerto israelí de Eilat, en el Neguev, y prohibiendo el paso
de los buques judíos por el Canal de Suez.
Otro motivo de fricción permanente fue el agua. Gran parte de los 13.000 kilómetros
cuadrados del sur de Israel están formados por arena, polvo y tierra calcinada.
Se trata del desierto del Neguev que constituye más de la mitad del territorio
de Israel.
Las
implicaciones judías con las potencias occidentales, contraria en muchos casos
a los posicionamientos árabes, y sobretodo las continuas trifulcas con los países
árabes por cuestiones económicas favorecieron los posicionamientos árabes en
contra de Israel, convirtiendo a Palestina en la piedra de toque de la unidad árabe.
Se promovieron todo tipo de acciones, políticas, militares y terroristas.
Respondieron siempre los israelíes con represalias mucho más violentas, con un
auténtico terrorismo de Estado que tuvo su culminación con las operaciones de
Nitzana (octubre de 1955) en las fronteras del Sinaí y del Golán (11 y 12 de
diciembre de 1955).
La situación llegó a su momento más grave a partir de la decisión del
gobierno egipcio de construir la presa de Assuán sobre el río Nilo, con el fin
de producir la electricidad necesaria para el desarrollo del país, aumentar en
gran proporción las tierras fértiles de Egipto y asegurar el riego permanente
de los cultivos. Al no disponer de financiación propia, Egipto pidió la ayuda
financiera del Banco Mundial. Pero ante los acuerdos firmados entre Egipto y los
países comunistas, EE.UU. y Gran Bretaña hicieron una declaración el 19 de
julio de 1956 negándose a conceder la ayuda solicitada.
La
decisión de Nasser tuvo inmediatas y profundas repercusiones en Egipto -donde
logró una inmensa popularidad- y entre los países árabes, en los que fue
visto como el modelo a seguir contra el colonialismo occidental.
Ante esta situación, Gran Bretaña, Francia e Israel se pusieron de acuerdo
para organizar un ataque contra el Egipto de Nasser. El 24 de octubre los tres
gobiernos celebraron una conferencia secreta en Sévres donde organizaron el
complot militar, que pretendía plantearse como dos operaciones distintas.
El 6 de noviembre la Asamblea General de O.N.U. aprobó el proyecto de resolución
presentado por EE.UU. y la U.R.S.S. ordenando el cese del fuego. Ante las
distintas presiones, tanto de los norteamericanos como de los soviéticos, Gran
Bretaña y Francia se vieron obligados a aceptar el cese de las hostilidades.
La resolución de la ONU 242 obligará a la retirada de Israel de los
territorios ocupados, frenando la implicación en la cuestión palestina que podían
acentuar los países vecinos por estar, ellos mismos, implicados en cuestiones
territoriales. Pero para Palestina , esta resolución fue a todas luces
insuficiente puesto que centraba la cuestión sólo en el ámbito de los
refugiados y dejaba una vez más la cuestión de su autodeterminación por
resolver. Las guerrillas entre tanto han tenido tiempo para su reformulación
tras las sucesivas derrotas, y la denominada guerra
de los seis días de 1967 es prolongada por un seguido de acciones
guerrilleras de acción heterogénea pero con cierta coordinación de
movimientos. Asimismo nacerá el
Frente Popular de Liberación Palestina, producto de la fusión de tres
federaciones.
La derrota que seguirá a este nuevo enfrentamiento,
revela las posibilidades reales de vencer a un Estado fuerte, altamente
militarizado, con un servicio de información y espionaje sensacional, desde una
óptica de milicia guerrillera; asimismo la unidad árabe parte con numerosos
problemas que radican en la disparidad de las fuerzas internas de cada Estado árabe.
Las fronteras marcan carácter y cada nación ha ido encontrando su propio
lugar, de desprestigio, en el concierto internacional, dentro de una lógica de
compradores y vendedores, aliados y contraliados a escala global. La derrota de
1967 significó un giro de 180 grados en cuanto a la postura de la OLP, si bien
antes habían jugado la carta de la solidaridad con palestina, por lo menos de
puertas afuera, ahora cada nación trataba de desentenderse de un conflicto
incomodo que ofrecía pocas posibilidades de victoria.
La estrategia palestina a partir de entonces a
consistido en evitar la invisibilización del conflicto a través de la acción
armada, constantes atentados terroristas, intifadas, además de acciones políticas
y un sinfín de publicaciones de mantienen la atención sobre el conflicto, que
claman contra los abusos del poder establecido, el Estado israelí que a través
del monopolio de la violencia y las instituciones amplia con los años la política
de expolio sobre la población palestina. Pero el pescado parece estar ya
vendido.
Sin apoyo
internacional Palestina continuará siendo objeto de un expolio sistemático,
sin un cambio de rumbo en la opinión pública que pueda influir en la política
internacional la paz tan sólo llegará por la desaparición como grupo
de uno de los dos bandos. Palestina es un conflicto de carácter
multinacional que se ha recreado a través de diferentes procesos identitarios.
Cuando Sadam Hussein invadió Kuwait, lo hizo para pasar factura a los príncipes
del país por su protección contra Irán, a través de diez años de guerra que
habían dejado al país en la miseria; la intervención estadounidense se basó
en efectos petrolíferos pero la calificación de Sadam de imperialista se debe
a que en esa lucha planteó la cuestión del panarabismo, insisto, las
intenciones del dictador, buenas o malas, no eran imperialistas.
Hoy la coyuntura está empezando a virar, delante de la globalización muchas
naciones sufren las consecuencias de un sistema neoliberal a escala mundial; ha
dejado de hablarse de panarabismo para volver a hablar de panislamismo, y da la
casualidad de que todas las naciones de población musulmana, desde Marruecos
hasta Indonesia pertenecen al sur del sistema, lo que antes se conocía como
tercer mundo antes de la desaparición del bloque soviético (o segundo mundo).
Las muestras de solidaridad que recibe el pueblo palestino a través de acciones
en estos países tiene el aglutinante del Islam como bandera, y no debe extrañarnos
que estas manifestaciones no coincidan con las posturas oficiales de sus Estados
puesto como saben las naciones son un constructo, y un invento moldeable de
aquellos que están arriba.
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