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Internacionales en Palestina
Unirse al ISM y la resistencia no-violenta de los palestinos.

Dirigido por:

Alberto Arce

María Moreno

Duración: 54 minutos.

Nacionalidad: Palestina/España

Agosto 2005.

Género: Documental

Viajar a Palestina para unirse a un movimiento cuyo objetivo es protestar, través de la resistencia no-violenta, contra una ocupación que dura ya 57 años a suena como una locura de difícil explicación. Pero aún así, más y más personas lo hacen cada año.

El ISM (Movimiento de Solidaridad Internacional) es uno de los grupos que trabaja en Palestina apoyando a la resistencia civil no-violenta contra la ocupación israelí. “Internacionales en Palestina” es un documental que muestra como los activistas del ISM, junto a los palestinos, levantan barricadas militares, paran jeeps y bulldozers, retan a los soldados que ocupan casas en una ciudad bajo toque de queda y, en definitiva, se oponen desarmados frente a unos de los ejércitos más poderosos del planeta.

Su ejemplo muestra el compromiso con los derechos humanos y la acción conjunta entre activistas palestinos, israelíes e internacionales contra la violencia sin fin del gobierno israelí.  Nada mejor que verles trabajar sobre el terreno.

Contacto:

                    alarce@yahoo.com                   

Resistencia no violenta en Palestina.

Alberto Arce

«¿Desde cuando un pueblo ocupado tiene la responsabilidad de organizar un movimiento pacifista?»
-Edward Said. El País (España, 29 de enero de 2002)

Y aún así lo hace. La presencia de internacionalistas en Palestina sirvió, a lo largo del verano 2004,  como continúa haciéndolo cada día, para acompañar al pueblo palestino en su denuncia de las continuas violaciones de los derechos humanos que tienen lugar cada día en los territorios ocupados. Su mecanismo para contribuir a hacer evidente y transmitir al mundo lo que allí sucede es la acción directa no violenta, la interposición y el testimonio comprometido en respuesta a una ocupación militar que destroza casas, roba tierras, destruye olivares y continuamente asesina a ciudadanos indefensos.

Pese a que la parte más visible de la movilización es aquella que encabezan los internacionales y los activistas israelíes, en realidad ésta no supone más que la punta del iceberg de la incesante movilización palestina, dentro de la cual se enmarca, a la que sigue, y sin la cual no tendría ningún sentido. El Movimiento de Solidaridad Internacional (ISM) es una organización dirigida por palestinos y los internacionales e israelíes, en este sentido, pese a tener también una voz importante en la toma de decisiones, no son más que el instrumento que frena y reduce el nivel de represión ejercida por el ejército israelí hacia los palestinos y el altavoz que amplifica sus reivindicaciones.

Al mismo tiempo que se desarrollan acciones de protesta directa como manifestaciones, acciones de sabotaje contra el Muro, ocupación de checkpoints o intervención durante toques de queda, la intención de las campañas del Movimiento de Solidaridad Internacional (ISM) es proteger personas, casas y cultivos y dificultar, en la medida de lo posible y a través de la documentación de todo lo que allí sucede, los movimientos represivos del ejército israelí. Contribuir, en definitiva, a hacer más pública y evidente la ignominia de una ocupación de territorios que debe finalizar y le grita en la cara a la comunidad internacional su continua inacción ante el comportamiento ilegal del Estado de Israel.

Cuando se habla de los voluntarios internacionales e Israelíes que viajan a Palestina, no nos referimos a locos o parias descabezados que buscan correr riesgos porque sí. Ni mucho menos estamos hablando de jóvenes violentos que pretenden proteger con su presencia a activistas de las organizaciones armadas que se enfrentan a la ocupación, como el gobierno de Israel alega. Se trata de resistentes por la justicia y la dignidad, personas de toda clase, nacionalidad, edad, religión y condición que hacen suyo el sufrimiento del pueblo palestino y pretenden, desde la mínima contribución de un individuo, aportar un poco de luz y de justicia a un conflicto globalizado hace ya muchos años.

Escapando de la dificultad y el peligro de las grandes y espectaculares acciones que la sociedad mediática reclama a la búsqueda de carnaza, la simple presencia de personas solidarias con su causa, sirve para que los palestinos se sientan, en su vida diaria, menos olvidados por el mundo. Los activistas del ISM tienen un valor por sí mismos en cuanto se hacen presentes en el territorio pero, al mismo tiempo, cumplen una función instrumental, como portadores de un mensaje que debe extenderse y difundirse en sus respectivos países.

Rachel Corrie, activista estadounidense por la paz, tan sólo tenía 23 años cuando fue asesinada el día 16 de marzo del año 2003 por un bulldozer israelí mientras intentaba evitar que se derribase la casa de una familia palestina del campo de Rafah en la Franja de Gaza. Tom Hurndall, británico, intentaba proteger a un grupo de niños palestinos cuando un disparo en la cabeza, proveniente de un francotirador israelí, le asesinó el 12 de abril de 2003. Tenía 22 años. A Brian Avery, estadounidense de 23 años, una ráfaga de ametralladora le provocó graves heridas en el rostro cuando ayudaba a un grupo de palestinos el día 5 de abril del mismo año. A Gil Naamati, israelí y judío, para más señas, su propio ejército le disparó en las rodillas con fuego real. No pudieron soportar que quienes trataban de romper la verja que encierra la localidad palestina de Masha les gritasen en hebreo que los derechos humanos están por encima de cualquier otra consideración. 

Los casos anteriormente citados son tan sólo cuatro ejemplos de la violencia que el ejército de Israel ejerció indiscriminadamente en los territorios palestinos ocupados a lo largo del año 2003. Tres casos que adquieren -únicamente en función de su condición de extranjeros: norteamericanos, británico e israelí- más relevancia mediática en la prensa internacional que el terror diario ejercido por la ocupación militar israelí de Cisjordania y los 38 años que ha durado la ocupación de Gaza, a los que ya estamos lamentablemente acostumbrados. Su ejemplo no ha resultado estéril y un año después de los tres asesinatos, en el verano del 2004 y mientras este documental se filmaba, el número de activistas que continuaron su labor se incrementó de manera importante.

El ejército israelí tiene que entender que la represión hacia los internacionales  e israelíes que colaboran con los palestinos no traerá más que efectos negativos sobre su modo de proceder en los territorios ocupados y tendrá que convivir, en el desarrollo de su política represiva, con las cámaras y los altavoces de cientos de testigos internacionales que continuarán desenmascarando su comportamiento mientras continúe la ocupación.

Cuando hay que tomar la decisión definitiva de sumarse al ISM se es consciente de que tres personas han muerto. Pero no hay ningún amarillismo detrás del relato y la repetición de hechos tan trágicos. Todos los voluntarios deben saber contra qué están luchando y cuáles son eventualmente las consecuencias que pueden derivar de sus acciones. Pero han sido miles las personas que han pasado y pasan por las campañas del ISM y el miedo que Israel pretende transmitir no aporta más que seriedad y responsabilidad al compromiso de quien se une a una campaña sobre el terreno. La información que todos ellos manejan reviste de legitimidad sus acciones: saben dónde se meten. Es importante saber que a la mayoría de las personas que viajan a sumarse a las campañas del ISM, las autoridades israelíes les niegan la entrada en el país.

El papel de los medios de comunicación es fundamental. Si no deciden darle la adecuada cobertura a lo que allí sucede pese a la presencia en dichos territorios de ciudadanos de diversos países dispuestos a acompañar en todo momento a los activistas palestinos, estarán colaborando a que al ilegal muro de la vergüenza que se construye en Cisjordania, se le sume una vez más el muro del silencio. La inmediatez de la noticia, como podemos observar habitualmente, sustituye en nuestros medios de comunicación a un conflicto enquistado como el palestino-israelí. Peor aún, lo circunscribe al ámbito de la nota de agencia que relata hechos trágicos para cubrir espacios de poca importancia, impidiendo un detallado análisis de las circunstancias en las que estos tienen lugar.

De este modo, la resolución del conflicto se alarga y retrasa. Por eso es tan importante que la opinión pública occidental conozca y comprenda las acciones de los activistas del ISM, porque son una parte mínima pero importante de una corriente que crece, de un rumor que se extiende. Porque sólo a través de la movilización de los palestinos y únicamente a través de la presión sobre los gobiernos occidentales de sus propios ciudadanos podrá llegar a modificarse el comportamiento de Israel. Israel escuchará, tarde o temprano, y se verá a obligada a ceder en su negociación con los palestinos.

La causa árabe puede ser también la causa de la paz, frente a lo que pretenden hacernos creer desde los sectores más conservadores del stablishment internacional. ¿Y qué mejor que una pequeña muestra de solidaridad con el pueblo palestino para construir una causa de la paz que sirva como ejemplo de superación respecto de las agoreras condenas a un obligatorio choque de civilizaciones que algunos están tan interesados en mantener?, ¿Cuántas personas saben que en las acciones de resistencia directa no violenta contra la construcción del Muro y la ocupación militar colaboran codo con codo cientos de activistas internacionales e israelíes junto a los palestinos?. ¿Quiénes están interesados en que eso no se sepa?.  

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Editor Ahmed Hijazi
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