sas_pageid='9591/72105'; // Página : MUNDOARABE/cursos sas_formatid=3852; // Formato : 728x90 728x90 sas_target=''+wlrcmd; // Targeting SmartAdServer(sas_pageid,sas_formatid,sas_target);

   Lengua árabe
   Cursos mensuales y continuos

MUNDO ARABE.ORG

     Curso "Islam y Mundo Árabe"

 


 

__________________________________________

El año de la impostura de los invasores

Naomi Klein

Si conduce, no piense.” Tal fue el mensaje que el FBI mandó a unos 18.000 organismos e instituciones responsables del cumplimiento de la ley en la pasada Nochebuena. El mensaje de alerta ordenaba a la policía detener en el arcén a los infractores del código de circulación sin descuidar la realización de sus tareas habituales..., a fin de no perder de vista a la gente que portaba un almanaque.

Pero ¿qué pasa con los almanaques? Pues que rebosan de hechos y datos: cifras de población, predicciones meteorológicas, croquis de edificios y lugares conocidos. Y, según advierte el órgano de los servicios de inteligencia del FBI, los hechos y datos constituyen armas peligrosas en poder de los terroristas, quienes pueden valerse de ellos en su “selección de objetivos y planes previos a las operaciones”.

Sin embargo, en un mundo lleno de hechos y datos potencialmente letales, no parece justo ni procedente elegir a los lectores de almanaques como diana del acoso policial. Como acertadamente subraya el director de “The World Almanac and Book of Facts”: “El Gobierno es por sí solo nuestra mayor fuente y proveedor de información”. Para no mencionar la biblioteca local: un escondrijo tal de información potencialmente peligrosa encuentra alojamiento en casi cualquier localidad estadounidense... Naturalmente, el FBI representa una amenaza permanente que pende sobre las bibliotecas, ya que puede incautarse a voluntad de las existencias de la biblioteca según la Patriot Act.

Las listas negras de los almanaques han constituido un digno final para el año 2003, año que ha presenciado una guerra abierta y declarada contra hechos y datos comprobados, así como buen número de imposturas y falsedades de todas clases. Ha sido el año en que ha gobernado la falsedad: argumentos falsos en favor de la guerra, un presidente impostor ataviado de falso soldado declarando un falso final de los combates y ofreciendo un falso pavo a las fuerzas armadas. Un protagonista de películas de acción se convirtió en gobernador, y el Gobierno empezó a rodar sus propias películas de acción presentando a militares auténticos en el reparto, como Jessica Lynch, como falsos héroes y disfrazando de falsos soldados a

periodistas incrustados entre las filas de las fuerzas armadas...

Hasta Sadam Husein tuvo su papel en la gran función: se representó a sí mismo siendo capturado por las tropas norteamericanas. Es la impostura del año si hay que dar crédito a “The Sunday Herald” escocés y a varias agencias de noticias que informaron de que, en realidad, fue capturado por una unidad de fuerzas especiales kurdas.

Gran Bretaña, sin embargo, ha sido el país que este año ha elevado la afición por la impostura a niveles inéditos. Penny Russell, secretaria de prensa de la reina, dijo refiriéndose al viaje real a Nigeria en diciembre: “Su objetivo principal es reunirse con cuantos nigerianos le sea posible”. Pero igual que a Bush en ningún momento se le pudo ver fuera del búnker del aeropuerto de Bagdad, el pueblo británico que vela por su majestad decidió que la soberana corría excesivo peligro si se mezclaba con nigerianos de verdad. De modo que la reina, en lugar de su proyectada visita a una aldea nigeriana, visitó el escenario del rodaje de un culebrón de la BBC en New Karu que simulaba un mercado africano auténtico. En el transcurso de la “imaginaria visita real”, en expresión de “The Sunday Telegraph”, la reina departió con actores profesionales que actuaban como aldeanos reales... mientras los verdaderos vecinos contemplaban la escena en una pantalla gigante de televisión desde el exterior del perímetro de seguridad.

Sin embargo, el balance del año 2003 arroja algo más que una adhesión ciega a la impostura y la falsedad; ha sido un año en que se ha sancionado la manifestación y declaración de la verdad. Quien ha pagado un precio más alto ha sido David Kelly, el experto británico en armamento que se suicidó después de que se le señalara como la fuente informativa de una crónica de la BBC sobre la “exageración de documentos” concernientes a la seguridad. Katharine Gun, una agente de los servicios de inteligencia británicos, afronta hasta dos años de cárcel por revelar los planes estadounidenses de espiar a diplomáticos de las Naciones Unidas con el objeto de influir en la votación del Consejo de Seguridad sobre la cuestión de Irak. Y en Estados Unidos, Joseph Wilson, quien dijo la verdad acerca de la falta de pruebas de la supuesta compra de uranio en África por parte de Saddam, fue castigado por delegación: su mujer, Valerie Plame, denunciada ilegalmente como agente de la CIA.

Si decir la verdad no salió a cuenta en el año 2003, mentir indudablemente compensó. No tienen más que preguntárselo a Rupert Murdoch. Según un estudio del mes de octubre, del Programa sobre Actitudes en Política Internacional, a la hora de opinar sobre la guerra de Irak los televidentes habituales de los telediarios de la cadena Fox estaban convencidos de que se habían encontrado armas de destrucción masiva en Irak, de que existían pruebas de conexiones de Irak con Al Qaeda o de que la opinión mundial apoyaba la guerra...o bien creían en estas tres falsedades a la vez.

El 19 de diciembre, la Comisión Federal de Comunicaciones autorizó legalmente a Murdoch a adquirir la importante cadena de televisión por satélite estadounidense DirectTV. La comisión votó cinco días antes del comunicado del FBI sobre los almanaques, de modo que las cosas se entienden mejor si se consideran al mismo tiempo: si los textos que agobian con hechos y datos lo convierten a usted en un terrorista potencial, quiere decirse que los magnates de los medios de comunicación que le llenan a usted de sensiblería trivial son héroes y

merecen la más alta recompensa...

Cuando Bush accedió al poder, mucha gente creyó que en su ignorancia hallaría su propia caída: en último extremo, los estadounidenses caerían en la cuenta de que un presidente que se refería a África como una “nación” no era apto para gobernar. Ahora nos complacemos en pensar que si los estadounidenses hubieran tenido el menor indicio de que se les inducía a error, probablemente se habrían sublevado. Sin embargo, y con el mayor respeto por las obras de los embaucadores (“Mentiras y mentirosos que las cuentan”, “Grandes mentiras”, “Las mentiras de George W. Bush”, “Las cinco mayores mentiras que Bush nos contó sobre Irak”, entre otras) he dejado de creer que Estados Unidos pueda liberarse por la sola fuerza de la verdad.

En muchos casos, las versiones falsas de los acontecimientos han prevalecido incluso cuando la verdad es plenamente accesible. La verdadera Jessica Lynch –que le dijo a Diane Sawyer: “Nadie me golpeó, nadie me pegó, nadie; no me pasó nada”– ha demostrado ser un caso sin parangón con la creación de su doble, creado por las artimañas de los militares y los medios de comunicación: en el programa emitido por la NBC “Salvando a Jessica Lynch” podía verse

cómo era golpeada por sus crueles captores...

Bush, en lugar de verse derribado por sus hostiles relaciones tanto con las verdades de mayor entidad como con los hechos más elementales, está rehaciendo activamente Estados Unidos a imagen de su propia ignorancia y doblez. Resulta que recibir noticias erróneas no sólo cuenta con bendición, sino que, como indican las advertencias sobre los almanaques, todo lo que sea enterarse de algo se está convirtiendo en un delito a pasos agigantados.

Todo esto me recuerda aquella explicación que circulaba de por qué los españoles de Castilla pronunciaban “grasias” o similar en vez de “gracias”. En el siglo XVII, el país se hallaba gobernado por un monarca con un grave defecto de habla y escasa autoestima. Para adular a la autoridad, se ordenó que todo el mundo imitara el seseo real y pronunciara mal sus “ces” y sus “eses”.

Según todos los expertos y críticos reconocidos, esta leyenda constituye una falsedad absoluta. Pero en los Estados Unidos de Bush, la verdad es que en cosas como ésta apenas vale la pena reparar...

N. KLEIN, periodista y autora de “No logo”. Ha dado conferencias en las universidades de

Harvard y Yale, y en la London School of Economics

© 2003 Naomi Klein

Distribuido por The New York Times Syndicate

Traducción: José María Puig de la Bellacasa

Editor Ahmed Hijazi
Red Mundo Árabe . Plaza Callao, Nº 1 -
3º- 2, Madrid 28013, España
Teléfono:
915228922 - 637979217 E-mail: mundoarabe@mundoarabe.org
Copyright ©Mundo Árabe  2000-2007 Madrid-España

Resolución de pantalla recomendada 1024 x 768

 

   
 PUBLICIDAD    Tienda Online