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El imperio en 2005*

James Petras

Mundoarabe.org.11/01/2005
Los acontecimientos mundiales de 2005 serán determinados por los principales sucesos y tendencias de 2004. En primer lugar, el año pasado demostró en forma por demás dramática y definitiva que la maquinaria militar estadunidense puede ser derrotada: la resistencia iraquí ha probado que el imperio de Washington no es invencible. Con más de mil 500 muertes en combate, cerca de 25 mil soldados inhabilitados y más de 35 mil víctimas de graves "enfermedades mentales", el ejército de ocupación estadunidense es incapaz de llevar la guerra colonial a una conclusión victoriosa. Las fuerzas coloniales y sus satélites enfrentan cien ataques diarios en todo el país. Informes confiables de soldados que regresan a su patria sugieren que la desmoralización y el desapego cunden por do-quier. En contraste, la resistencia iraquí crece con la entrada en combate de miles de nuevos voluntarios, de los cuales 95 por ciento son iraquíes.

La resistencia iraquí y la debilidad del invasor vuelven improbable que Washington emprenda una guerra importante por tierra en cualquier otro país "enemigo" en 2005 (Irán, Siria, Venezuela). La fortuna menguante de la guerra colonial y el retiro cada vez mayor de fuerzas satélites (Hungría, Polonia y Ucrania) provocarán un debate importante en 2005. Varios prominentes demócratas, entre ellos Hillary Clinton, así como republicanos y sionistas, llaman a profundizar la guerra y enviar más soldados: tantos como 100 mil. La mayoría de los críticos "liberales" de Donald Rumsfeld en el Congreso son más belicosos, más militaristas: 2005 verá mayor involucramiento militar estadunidense en Irak, más bajas y creciente oposición de las familias de los veteranos y de los soldados que vuelven del frente, así como del "estadunidense promedio".

A principios de 2005 la economía de Estados Unidos seguirá su expansión, basada en el financiamiento externo y en las ganancias especulativas. La caída vertical del dólar en 2004 se acelerará este año, lo cual conducirá a un mayor abandono de las reservas en esa divisa. Podemos anticipar una crisis importante a mediados de año en la economía dolarizada, una grave caída en las acciones de empresas estadunidenses y una venta generalizada de dólares devaluados en Japón y tal vez también en China. Es probable que esto provoque una crisis económica general, la cual debilitará las bases domésticas del imperio.

Los conflictos dentro de la elite estadunidense se intensificarán en escala sin precedente. Los "nuevos militaristas" (demócratas liberales, neoconservadores y sionistas) cuestionarán la "debilidad" de George W. Bush y Rumsfeld en Medio Oriente. Las fuerzas profesionales militares y de seguridad (FBI) desafiarán el control sionista-neoconservador de la política del Pentágono. Se producirán arrestos y juicios de líderes del principal grupo cabildero israelí, el AIPEC, acusados de espiar por cuenta de Israel, lo cual podría propiciar divisiones en las principales organizaciones judías. De igual importancia será la intensificación del conflicto entre los ideólogos neoconservadores del Pentágono y las principales trasnacionales y bancos estadunidenses en relación con la política hacia China. Conforme el país asiático extienda su alcance económico en el mundo para ganar acceso a recursos energéticos y materias primas, los neoconservadores (y sus aliados "defensores de los derechos humanos") exigirán una confrontación política y militar más agresiva. En contraste, los pragmáticos de Wall Street se darán cuenta de que la compra china de bonos del Tesoro es crucial para evitar el derrumbe del dólar; las inversiones estadunidenses en China totalizan más de 300 mil millones de dólares y 50 por ciento de las exportaciones chinas a Estados Unidos son realizadas por corporaciones trasnacionales.

La crisis externa militar y económica y los conflictos internos en la elite estimularán un incremento en la protesta social de un revigorizado movimiento antibélico. En cambio, la burocracia sindical seguirá siendo una fuerza aislada, impotente e inactiva, que representa sólo 8 por ciento del sector privado. La mayoría de los "intelectuales progresistas" seguirán protestando contra la guerra en Irak, pero mantendrán su negativa a enfrentar a los "neomilitaristas", sobre todo entre los sionistas del Pentágono y los belicistas liberales, como Clinton.

Europa y China continuarán compitiendo y colaborando con el imperio, obteniendo ventajas con adversarios de Washington como Irán y Siria, y compitiendo por el control de recursos estratégicos en hidrocarburos y materias primas. En 2004 China firmó importantes acuerdos de inversión y comercio con Brasil, Argentina, Venezuela, Bolivia, Chile, Cuba y Rusia, los cuales ga-rantizan reservas en gran escala y a largo plazo de energía, minerales y productos agrícolas, y la entrada a sus mercados industriales y de consumidores. Europa y Japón realizan fuertes inversiones en Irán, Rusia, Libia y Africa para asegurarse abastecimiento energético. Esta competencia interimperialista profundiza la dependencia latinoamericana de su papel tradicional en la división internacional del trabajo, de proveedor de materias primas e importador de bienes industriales. Así ocurre en particular en los acuerdos latinoamericanos con China, país que invierte sobre todo en industrias extractivas no renovables para alimentar su economía industrial. Estos acuerdos, si bien diversifican mercados, prolongan el pillaje colonial iniciado por España, expandido por Estados Unidos y ahora practicado por el recién surgido imperio global chino.

En América Latina, Washington continuará enfocándose en Colombia y en una victoria político-militar contra las fuerzas de la guerrilla popular. Incrementará la presencia militar mercenaria, ejercerá mayor supervisión directa de las tropas colombianas de elite y ahondará la colaboración con los ministerios de Defensa y las fuerzas de seguridad de Ecuador, Venezuela y Brasil para estrechar el "cerco" exterior a las guerrillas en tanto aplica una política interna asesina para vaciar de labriegos el campo. Las trasnacionales petroleras estadunidenses intensificarán su presencia en la región, sobre todo en México, Venezuela, Argentina y Ecuador, mediante la firma de importantes acuerdos de exploración "conjunta", muy favorables a ellas.

En lo político, Washington continuará presionando al régimen de Hugo Chávez en Venezuela y al gobierno de Néstor Kirchner en Argentina para que hagan mayores concesiones en sus políticas doméstica y exterior. En ambos regímenes, la influencia encubierta estadunidense está presente en las altas esferas de las fuerzas armadas, los ministerios del Exterior y las fuerzas de seguridad. Se puede prever que Washington llevará a cabo una política de "dos vías", consistente en apoyar a la extrema derecha en el exterior de esos gobiernos (Mauricio Macri, Carlos Menem y Ricardo López Murphy en Argentina y el pro golpista Convergencia en Venezuela) y a los llamados "moderados" en el interior.

También continuará dando fuerte apoyo a los regímenes neoliberales de Brasil, Bo-livia, Peru y Ecuador, pero trabajará estrechamente con la oposición de derecha. Da-da su débil posición militar en el mundo por la situación en Irak, trabajará más de cerca con fuerzas militares y de seguridad latinoamericanas para reprimir la creciente oposición política. Asimismo se enfocará en presionar a Argentina, Brasil y Venezuela para debilitar sus vínculos comerciales y en seguridad con Cuba, ya sea me-diante pactos bilaterales o "acuerdos de cooperación en seguridad" con el régimen cliente de Colombia.

El principal desafío a Estados Unidos y sus clientes políticos en América Latina en 2005 provendrá de una multiplicidad de movimientos sociales nuevos o renovados: trabajadores organizados en Argentina; trabajadores, desempleados y grupos campesinos en Bolivia; la nueva central sindical Conluta (Coordinación Nacional de Lu-chas) en Brasil, junto con sectores militantes del Movimiento de los sin Tierra y de los sindicatos de servidores públicos; la revitalizada Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie) en Ecuador y una previsible contraofensiva de los movimientos populares y guerrilleros en Colombia.

En México, la candidatura de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia y la formación de una alianza independiente "transversal" de trabajadores, campesinos y grupos cívicos podría conducir a una polarización política que tendría importantes repercusiones. En Venezuela, es probable una mayor separación entre la base popular del movimiento chavista y sectores del liderazgo "moderado".

En general, 2005 atestiguará el "fin de las ilusiones" con las alianzas electorales de "centro izquierda", y nuevas polarizaciones políticas en Venezuela, Brasil y México. Washington, atado de manos por las guerras en Medio Oriente y Asia, se apoyará en sus clientes políticos, como Luiz Inacio Lula da Silva y Alvaro Uribe, para que conduzcan el balón y, en caso de emergencia, en las fuerzas locales de seguridad.

Con todo, al inicio del año nuevo las perspectivas militares y económicas para el imperio estadunidense son peores que hace un año. Podemos vislumbrar un "año nuevo" de profundización de la guerra, crisis económica y creciente acción directa.

En Irak, como en Vietnam, los continuos reveses conducirán a una intensificación de la guerra: más soldados, más armas, mayor uso de la tortura, de las matanzas generalizadas y de la destrucción de la sociedad iraquí. La guerra total estadunidense convertirá una lucha de liberación nacional es una "guerra de todo el pueblo". Cada vez más regímenes clientes de Washington, aislados en el ámbito doméstico y ante la perspectiva de una gran derrota en Irak, abandonarán la empresa. Regímenes títeres y elecciones "manipuladas" irán y vendrán en el país ocupado durante 2005, pero la guerra cobrará mayor fiereza que nunca y el pueblo estadunidense se verá forzado a encarar la realidad de que su gobierno no puede lograr la victoria y no la logrará: que es él, el pueblo, el que paga los costos de una guerra perdida.

Sin embargo, Washington no dará marcha atrás: los militaristas civiles han invertido todas sus creencias ideológicas en Estados Unidos como potencia unipolar invencible. Los sionistas del Pentágono tienen la consigna de establecer un poderío israelí indiscutible en la región, aun al precio de debilitar al imperio estadunidense en el resto del mundo. La clase política (demócratas y republicanos) y la mayoría de los generales creen que una retirada -una derrota- alentaría a otras naciones a desafiar la supremacía estadunidense. La lógica de Washington en 2005 será que la guerra debe continuar, que la victoria debe obtenerse sea cual fuere el costo en vidas humanas estadunidenses e iraquíes. El tesoro y el presupuesto son rehenes de la lógica de guerra: para defender la imagen de la invencibilidad imperial, hay que poner al imperio de rodillas.

* La Jornada, traducción: Jorge Anaya

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