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__________________________________ Soñar
tu vida en Tánger ROSTROS,
AMORES, MALDICIONES Ni
ensalada de perejil, ni té con hierbabuena. Rostros, amores, maldiciones, la última
entrega de la trilogía autobiográfica de Mohamed Chukri, tras El pan
desnudo y Tiempo de errores, vuelve a saber a alcohol, semen, fluidos
vaginales, ceniza, sangre, sudor y polvo. Eso sí, a Chukri se le ve en este
libro más reconciliado con su vida y más seguro de su peculiar estilo
literario. Es la paulatina redención a través de la escritura de la que él
habla, pero también, sin duda, la edad. En Rostros, Chukri alcanza una sabiduría
de madurez que le permite hablar de sí mismo y de sus personajes, la gente del
submundo tangerino que intenta mantener su dignidad en la cotidiana lucha por la
supervivencia, con menos ira, con más ternura, incluso con alegría en
ocasiones. Y está Tánger. 'Tenía un amigo
que opinaba que aquel que no supiese soñar su vida, viniese a Tánger', escribe
Chukri en uno de los capítulos de Rostros. Décadas después del fin de su
periodo cosmopolita, en un Marruecos que no acaba de emerger hacia la
democracia, el desarrollo económico y la justicia social, en un mundo donde
suenan tambores de yihad y de cruzada, frente a una España que envía
legionarios a un islote poblado por cabras, Tánger, incluso muy venida a menos,
mantiene el milagro de hacerte soñar que allí es posible una nueva vida. Sigue
siendo un polo magnético, un sitio especial, un lugar donde pasan cosas muy
raras. Cosas buenas y cosas malas. Quizá sea la última ciudad andalusí del
planeta, lo que queda de aquellas Sevilla, Córdoba y Granada en la que, aunque
fuera con chilaba, un moro podía tomarse una copa con un judío y un cristiano,
nacional o extranjero. Y nadie cuenta ahora Tánger como Chukri. Mohamed Chukri Traducción de Housein Bouzalmate y Malika Embarek López Debate. Madrid, 2002 140 páginas. 17 euros. _________________________________________ |
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