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_________________________________________ Palestina, elecciones y democracia Gema Martín Muñoz
Mundoarabe.org, 3/01/2005 Cabe preguntarse qué sentido tiene mantener la ficción de una Autoridad Nacional Palestina que con la reocupación del Ejército israelí de todo el territorio no tiene hoy nada que gobernar. Por el contrario, lo crucial es reforzar al futuro negociador palestino a través de un liderazgo legítimo, representativo y fuerte, que defina claramente cuáles son los intereses nacionales vitales para los palestinos. Ese liderazgo debería emanar de la verdadera instancia política histórica, que es la Organización por la Liberación de Palestina (OLP). Es por ello que la vía democrática que mejor habría permitido asentar la legitimidad del liderazgo palestino debería haber pasado por esta institución y su necesaria reforma y renovación, teniendo en cuenta tanto el relevo generacional de Al Fatah como la participación de los islamistas en ella. Pero, por el contrario, el Comité Central de Al Fatah y el Ejecutivo de la OLP decidieron apresuradamente que habría elecciones a la presidencia de la ANP y que Mahmud Abbas (Abu Mazen) sería su único candidato. A la nueva generación de Al Fatah no le sentó bien ni el procedimiento -insistiendo en que el candidato debería ser elegido en unas primarias-, ni que se excluyese a priori a su líder, Mar-wan Barguti, encarcelado en Israel. Es quizás por ello que Barguti presentó efímeramente su candidatura, para enviar el mensaje de que ni se había elegido democráticamente al candidato ni se había llevado a cabo la necesaria refundación post-Arafat. Sin duda, esto no va en el interés de Israel ni EE UU, que no desean un nuevo negociador palestino firme, ni tampoco en el de la vieja guardia palestina, que suele poner por delante su poder y privilegios. Por otro lado, se están volviendo a invertir los términos de la ecuación en este conflicto: en vez de situar claramente que la clave de la solución es poner fin a la colonización de los territorios palestinos por Israel, tal y como exige la ley internacional, se traslada la responsabilidad al lado palestino, planteando que no es la ocupación sino la democratización palestina el punto sustancial. El presidente Bush así lo ha establecido: "Soy realista sobre cómo alcanzar la paz, y, en mi opinión, no habrá nunca paz hasta que una verdadera democracia emerja en los territorios palestinos". Es decir, no son la construcción del muro ni la ampliación de las colonias en Cisjordania, ni la quiebra económica que el sitio militar ocasiona a la sociedad palestina, ni la masiva destrucción de casas y de campos cultivables, ni la humillación diaria ni los múltiples muertos civiles, la piedra angular de este conflicto. Es, por el contrario, la draconiana tarea de los palestinos de levantar y aplicar en esas circunstancias una democracia.
Por otro lado, todo en las elecciones palestinas está bastante determinado para que Mahmud Abbas sea el seguro ganador. Imponiéndose como candidato único de Al Fatah y la OLP, tiene a lo fundamental del aparato con él. Es el candidato "deseado" por Washington e Israel está haciendo campaña por él, para lo cual tiene múltiples resortes como entidad ocupante. Le quieren porque Abu Mazen ha condenado la militarización de la Intifada y es un interlocutor blando, pero es difícil imaginarle aglutinando o controlando a las diferentes facciones palestinas, mucho más poderosas y populares que él. La cuestión es que no se desea un liderazgo fuerte y unitario palestino, lo cual es perder una ocasión porque de serlo Hamás estaría más dispuesto que nunca a aceptar un cese el fuego. Entre los otros candidatos, sólo Mustafa Barguti (primo lejano de Marwan) representa una alternativa razonable, de ahí todas las dificultades que Israel le está poniendo durante la campaña electoral. Es un candidato independiente, que siempre contó con el apoyo de Edward Said, y reconocido miembro de la sociedad civil palestina. Es un hombre honesto y demócrata que se proclama representante de la "mayoría silenciosa". Sin embargo, Mustafa Barguti sólo podría suponer un serio desafío si Hamás le apoyase como candidato. En este sentido, sólo el protavoz del movimiento en Ramallah, Hasan Yusuf, expresó la posibilidad de apoyar al candidato "mejor posible". Finalmente, existe otro importante factor en este marco electoral: la exclusión de los refugiados palestinos. Se trata de, al menos, la misma población que existe en Cisjordania y Gaza y son los grandes ignorados en la elección de un liderazgo que también los representa a ellos. ¿Se puede hablar de verdadera democracia cuando la mitad de la población es marginada de la participación electoral? ¿Por qué la comunidad internacional, con gran aporte económico por parte de EE UU, hizo un enorme esfuerzo para que los refugiados afganos en Pakistán pudiesen votar en las elecciones a la presidencia de Afganistán e ignora a los refugiados palestinos? Un nuevo agravio comparativo a sumar para la ya muy frustrada y desesperada diáspora palestina.
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