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Especial 11 de septiembre
El día en que Sharon lo aprovechó todo
Existen
pocos actos de hipocresía diplomática que puedan ser comparados a la imposición,
por parte de EE.UU., de otro frágil cese el fuego entre Israel y la Autoridad
Nacional Palestina (ANP). El único objetivo real de esta última tregua es el
de asegurar la aquiescencia de algunos gobiernos árabes a un ataque militar
contra Afganistán. La
aceptación del cese del fuego por Yaser Arafat el pasado 18 de septiembre fue
la decisión de un hombre que temía claramente por su vida. La amenaza de la
Administración Bush de tomar como blanco a cualquier régimen árabe que
"albergue o apoye el terrorismo", según la versión que EE.UU. da de
este término, y que coincide en gran parte con la de Israel, pesó en la decisión
de Arafat. Israel
ha aprovechado la coyuntura internacional para proceder a una escalada en su
violencia contra los palestinos. El día 12 de septiembre, con todo el foco de
la atención mundial situado en los atentados de Nueva York y Washington, Israel
atacó la ciudad de Jenin, matando a 14 palestinos. Paralelamente, el régimen
sionista inició una campaña mediática para intentar aprovecharse de la
situación. Los ex primeros ministros Ehud Barak y Benyamin Netanyahu intentaron
establecer una comparación entre el terrorismo de EE.UU. y la lucha contra la
ocupación que llevan a cabo los palestinos. "Debemos destruir el régimen
terrorista con el que nos enfrentamos", escribió Netanyahu refiriéndose a
la Autoridad Nacional Palestina. Arafat,
por su parte, condenó inmediatamente los atentados en EE.UU. y manifestó públicamente
su simpatía al gobierno y pueblo norteamericanos. Él apareció públicamente
ante los medios de comunicación donando sangre para las víctimas. Tras
varios días de intensas negociaciones telefónicas entre el secretario de
Estado, Colin Powell, el ministro de Exteriores alemán, Joschka Fischer, y el
secretario general de la ONU, Kofi Annan, Arafat declaró un cese el fuego
unilateral y llamó a incluso a "abstenerse de responder, incluso como
autodefensa, a los ataques israelíes". La declaración de Arafat era contemplada como algo esencial por parte de la Administración Bush, que necesitaba granjearse el apoyo de los gobiernos de los países árabes e islámicos, que deben hacer frente ahora a la resistencia de sus respectivos pueblos a alinearse con EE.UU. Washington ha logrado esta vez un cierto grado de apoyo de países que tradicionalmente han mantenido una postura crítica hacia su política, tales como Libia, Siria o Irán. Con respecto a éstos dos últimos, el secretario de Estado, Colin Powell, señaló en el programa de la CBS "Face the Nation" que ambos habían hecho declaraciones "positivas" con respecto al terrorismo y que ello suministraba "nuevas oportunidades" para EE.UU. En
este delicado contexto, la última cosa que la Administración Bus necesitaba
era la escalada contra los palestinos que el gobierno israelí estaba llevando a
cabo. Desde su toma de posesión, el presidente Bush ha estado apoyando las
acciones del gobierno del ultra Ariel Sharon, que están dirigidas a ocupar de
nuevo los territorios que se hayan en la actualidad controlados por la Autoridad
Nacional Palestina, e incluso el vicepresidente Dick Cheney llegó incluso a
justificar los asesinatos selectivos realizados por Israel. Tras los atentados
en EEUU, Sharon ha visto una oportunidad para intentar convencer a EE.UU. de sus
tesis tendentes a rechazar un acuerdo negociado con los palestinos y
desencadenar una agresión militar en gran escala contra éstos. Sharon no ha
dudado incluso en recurrir a establecer una burda comparación entre Bin Laden y
Yaser Arafat. De este modo, el gobierno isralí intenta equiparar la lucha de
liberación del pueblo palestino con el terrorismo, creando así una excusa para
sus masacres, violaciones de los derechos humanos y limpieza étnica. De este
modo, el régimen sionista intenta proseguir su política de terrorismo de
estado contra la población civil palestina, sin que exista ninguna reacción
internacional ni cobertura de los medios de información. Los territorios se
encuentran en la actualidad aislados del resto del mundo, mientras que los
Apache y los F-16, ambos de fabricación estadounidense, bombardean
ininterrumpidamente las ciudades. Creyendo,
pues, que la situación internacional les era favorable, Sharon y su gobierno
iniciaron una escalada sin precedentes en sus agresiones contra los palestinos.
El 16 de septiembre de este año, fecha en que se conmemoraba precisamente la
masacre de Sabra y Chatila, fue un día de luto para los palestinos. El día
anterior un palestino había resultado muerto y, al menos otros cuarenta
heridos, cuando las fuerzas de ocupación israelíes intentaron entrar en la
ciudad palestina de Ramallah. Tanques israelíes atacaron la ciudad desde cuatro
puntos diferentes y helicópteros Apache participaron en el ataque lanzando mísiles.
Posteriormente, al amanecer, las fuerzas israelíes comenzaron a retirarse. Mientras tanto otras fuerzas de Ejército israelí lanzaron ataques artilleros contra la ciudad de Beit Sahur, cerca de Belén, matando a un joven de 21 años, conductor de una ambulancia, e hiriendo a otros seis. Anteriormente, en los días 11 y 12 de septiembre, mientras la atención del mundo estaba puesta en los informes de la CNN acerca de los ataques de Nueva York y Washington, dio comienzo una fuerte ofensiva contra las ciudades de Jenin y Tammun. Tanques israelíes entraron en Jenin y llegaron a su centro, donde destruyeron un edificio oficial de la ANP. Posteriormente,
continuaron atacando Jenin por aire y tierra. Además, el Ejército israelí
impidió que los equipos médicos transportaran a los civiles heridos y, según
la Media Luna Roja, algunos de éstos fueron detenidos por militares israelíes,
entre ellos Sufian al-Ardhih, que fue herido en la localidad de Araba y
arrestado más tarde en un punto de control militar israelí. Poco después,
fallecería a causa de sus heridas. El 13 de septiembre, el Ejército israelí
se retiró de Jenin, tras destruir varios hogares y edificios de la ciudad y sus
alrededores, y estableció un cerco. La retirada no duró mucho, sin embargo. Al
cabo de 24 horas, las fuerzas de ocupación israelíes lanzaron un nuevo ataque
contra Jenin, destruyendo varias casas. A esto hay que añadir que a los
residentes de Jenin les está prohibido salir o entrar en la ciudad. Existe
ya en ella una escasez de comida, agua y medicamentos. Asimismo, tanques y
fuerzas de comando israelíes entraron en Tammun y dinamitaron la casa de
Mohammad Bsharat, que había sido asesinado previamente en julio. La principal
entrada a la localidad, un puente, fue igualmente destruido. A
la mañana siguiente, las fuerzas de ocupación israelí, acompañadas de
tanques y apoyadas por helicópteros Apache, atacaron Araba, matando a tres
palestinos, incluyendo a un niño de 9 años, Balkis Asaf. El campo de Nuseirat
y la ciudad palestina de Rafah fueron también objeto de ataques israelíes. En
Nuseirat un joven de 14 años, que estaba arrojando piedras a unos soldados
hebreos, fue tiroteado y falleció posteriormente. En
la localidad palestina de Tubas, las fuerzas de ocupación israelíes abrieron
fuego contra civiles palestinos que acudían al funeral de seis palestinos
muertos anteriormente en Tammun y en Jenin. Como resultado de esta agresión,
Ibrahim al Fayid, de 25 años, Mohammad Abu al Heiyih, también de 25 años, e
Iyad al Masri de 20 años, resultaron muertos. Más de 100 personas fueron
heridas. Valorando
los resultados de todos estos ataques, el ministro de Defensa israelí, el
laborista Ben Eliezer, declaró el pasado día 15 de septiembre: "Es un
hecho que hemos matado a 14 palestinos en Jenin, Kabatyeh y Tammun, mientras que
el mundo guarda silencio. Es un desastre para Arafat". Al
día siguiente, el primer ministro israelí, Ariel Sharon, dijo que las
planeadas conversaciones de su ministro de Exteriores, el laborista Simón Perés,
con Arafat no tendrían lugar. Un día después, Israel anunció que iba a
establecer una "zona militar restringida" en Cisjordania, adyacente a
la línea verde (que marca el límite entre el Estado de Israel y los
territorios palestinos ocupados en 1967) como parte de su plan para mantener
sitiados a los palestinos. Anteriormente el plan había quedado bloqueado en el
gabinete de Sharon. Sin embargo, el general israelí Shaul Mofaz dijo a la
televisión israelí que había recibido la autorización para llevarlo
adelante. "Estará en funcionamiento dentro de una semana" precisó
Mofaz. Esta
escalada israelí irritó a los gobiernos occidentales pues tensaba aún más la
ya difícil situación
internacional. Algunos diplomáticos norteamericanos y europeos concedieron
entrevistas a los medios de comunicación en las que expresaron su disgusto con
la política de Sharon, utilizando una terminología nunca vista anteriormente.
Un responsable norteamericano señaló: "Sharon ha llevado a cabo ataques
contra las ciudades palestinas. Israel ha iniciado una campaña de propaganda
para presentar a Arafat como otro Bin Laden. Ellos (los israelíes) están
sitiando varias localidades palestinas en preparación de más ataques, y ellos
están saboteando activamente nuestra diplomacia destinada a crear una coalición
con los países árabes y musulmanes, especialmente Irán y Siria". El
ministro de Exteriores británico, Jack Straw, señaló, por su parte:
"Todos nosotros nos encontramos profundamente molestos por la escalada de
violencia en la región que ha tenido lugar la pasada semana. Una fuente del
Foreign Office británico describió a Sharon como "el cáncer que se haya
en el centro de la crisis de Oriente Medio". Muchos periódicos que
habitualmente adoptan una posición fieramente pro israelí comenzaron a
criticar a Sharon por obstaculizar la política norteamericana. Así por
ejemplo, Los Angeles Times escribió: "EE.UU. necesita que los países árabes
sean parte de la coalición que lucha contra los apóstoles del odio... Sharon
no debe considerar la determinación de EE.UU. para luchar contra las redes
terroristas como una oportunidad para eliminar a la Autoridad Nacional
Palestina". The Boston Globe, por su parte, afirmó: "Los altos
responsables norteamericanos están legítimamente intrigados por las
posibilidades que se abren con respecto a las relaciones con Irán y
decepcionados por la actitud del primer ministro israelí, Ariel Sharon". Sharon, por su parte, permaneció en un principio desafiante, y declaró al diario The Jerusalem Post, que no sacrificaría "los intereses nacionales de Israel" por el deseo de Washington de formar una amplia coalición internacional. "Mientras que la estabilidad en Oriente Medio es importante para ellos, es muy importante para Israel y no pagaremos el precio por esa estabilidad. Simplemente, no lo pagaremos". Sin embargo, Sharon no se atrevió a desafiar abiertamente a EE.UU., del que Israel depende para su existencia.
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