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Especial 11 de septiembre
Bush & Ben Laden Sociedad Anónima
El
nuevo libro de Víctor Ego Ducrot, del que damos un anticipo, muestra un
análisis inquietante y polémico del escenario creado a partir de los atentados
del 11 de septiembre. Según su autor acaba de estallar la primera guerra global
entre las corporaciones financiaras, en la que los aparentes enemigos son
socios. Se trata de un tablero inestable y caracterizado por las contradicciones
de un nuevo modelo mundializado de dominación. La obra de Ego Ducrot, que acaba
de publicar el Grupo Editorial Norma, de Buenos Aires, es la profundización de
un análisis que ya había sido publicado en El Corresponsal. Una obra destinada
a echar luz entre tanta manipulación mediática.
En realidad, la humanidad está asistiendo al comienzo de la primera guerra
global entre las corporaciones financieras internacionales; y entre los que
aparecen involucrados en ella, figuran un ex presidente de los Estados Unidos,
varios ex secretarios de Estado, prominentes miembros del establishment
republicano que actualmente ejercen su influencia en el seno de la Casa Blanca,
y una compleja red de intereses cercanos a los grandes bancos y a las
corporaciones del capital globalizado a través de los ubicuos fondos de inversión
(...).
Ahora, a fines de 2001, esas mismas empresas integran un conglomerado de
intereses corporativos enfrentados, en torno a la apropiación y explotación de
las principales reservas gasíferas del planeta y a la construcción del
gasoducto que proveerá de energía barata a la Unión Europea. El escenario de
esos intereses es nada menos que el territorio de Afganistán (...)
Arabia Saudita sigue siendo el principal aliado de los Estados Unidos. Una de
las familias más ricas de ese país del Golfo participa en la propiedad
accionista de seis empresas radicadas en los Estados Unidos, que figuran en los
registros de proveedores del Pentágono; una de esas empresas es Iridium,
especializada en telefonía satelital; es proveedora también de la red de
aeropuertos norteamericanos. Los principales accionistas de Iridium son miembros
de la familia Ben Laden; su presidente es hermano del más buscado por el
Gobierno de los Estados Unidos, y su dirección contó con el apoyo de
Washington cuando Iridium intentó ganar en Brasil una licitación para la
compra de sistemas de radar y monitoreo informático del Amazonas...
A principios de los 90 las autoridades financieras norteamericanas iniciaron una
operación agresiva para que buena parte de los capitales de origen saudita que
habían ingresado en la titularidad compartida de bancos estadounidenses
tradicionales, fuesen adquiridos por accionistas norteamericanos. El traspaso de
acciones se cumplió, pero en la Reserva Federal es vox populi que muchos
de esos nuevos compradores no son más que simples testaferros.
Se sabe, porque los norteamericanos lo han reconocido, que la organización
talibán y el propio Osama ben Laden fueron creados, entrenados e impulsados por
Washington durante los últimos años de la Guerra Fría. Pero lo que no se ha
difundido tanto, aunque la inteligencia francesa se encarga de expresarlo cada
vez que puede -a medida que París fue perdiendo influencia en Africa- es que la
mayor parte de las organizaciones armadas del fundamentalismo religioso fueron
también creaciones de los Estados Unidos, con el soporte financiero de Arabia
Saudita. Así sucedió en Argelia, en Sudán, en Egipto, para socavar a las
fuerzas nacionalistas y progresistas en los países musulmanes.
Los datos de la realidad indican que las aparentemente conflictivas relaciones
de los Estados Unidos con el Islam corren más por los sórdidos caminos
secretos de las pujas financieras y económicas internacionales, que por
enfrentamientos religiosos o culturales.
Sería oportuno recordar aquí que el padre y mentor del actual presidente
norteamericano y algunos de los personajes más representativos del
establishment republicano, actualmente en el gobierno y en guerra con Osama ben
Laden, se reunían y hacían negocios con su familia después de que fuera
hombre de Washington en la guerra afgano-soviética y aun cuando ya había sido
declarado enemigo número uno de los Estados Unidos. Para ese entonces, los tan
siniestros talibanes también habían perdido el favor de la Casa Blanca, del
Pentágono y de la CIA, tras haber sido aliados y socios de éstos y de algunas
de las empresas petroleras norteamericanas más poderosas.
A esta altura de los acontecimientos, es lícito reiterar la fundada sospecha de
que los atentados sobre Nueva York y Washington podrían formar parte de una
guerra que parece no ser otra cosa que un enfrentamiento intercorporativo
financiero y económico global (...).
¿Alguien lo sabía?
Informaciones procedentes de Nueva York dos días después de los atentados
sostenían que los montos totales a pagar por las aseguradoras como consecuencia
de los ataques a las Torres Gemelas podrían llegar a los 30 mil millones de dólares,
lo que significaría un verdadero crash para el sector.
Por consiguiente, cualquier inversor en acciones del rubro seguros -
tradicionalmente entre los papeles con menos oscilaciones del mercado- hubiese
querido retirarse antes de los ataques del 11 de septiembre; y si como publicó
el diario argentino La Nación después de los atentados, las acciones de la
aseguradora y las reaseguradoras más grandes habían caído un 15 por ciento
promedio pocos días antes de los atentados, eso sólo pudo ser posible si los
inversores sabían, porque alguien se los había dicho, que algo catastrófico
estaba por suceder.
Esas filtraciones de información solamente pueden originarse en los escritorios
más importantes del mercado bursátil internacional, es decir en las
principales agencias especializadas y entre los grandes bancos de inversión
-que pertenecen a quienes además manejan la suerte de las economías de los países
subdesarrollados, eufemísticamente llamados mercados emergentes- (...).
Los atentados del 11 de septiembre no provocaron recesión alguna sino que, por el contrario, permitirán salir de la desaceleración de la economía
iniciada desde el momento en que se pinchó
la burbuja informática.
La economía
capitalista global dará
un salto de crecimiento porque aquellos ataques hicieron posible, entre otras
cosas, que el corporativismo financiero internacional acometiera la operación de lavado más
gigantesca de la historia (...).
El establishment político
y mediático internacional afirma al unísono que las organizaciones terroristas se valen del
sistema financiero para sostener sus operaciones. Las fundadas sospechas y los
hechos comprobados que hemos ido anunciando, expresan la hipótesis inversa, que sostiene que el poder del terrorismo está
siendo utilizado como fuerza de choque, como mano de obra violenta y macabra,
por las facciones financieras en pugna.
Políticas privatizadas
Como consecuencia del proceso planetario denominado globalización -que no es
otra cosa que una versión ulterior a la Guerra Fría del imperialismo
corporativo en el siglo XXI-, los Estados Unidos ya han privatizado su política
exterior, y buena parte de su maquinaria bélica ha seguido el mismo camino.
Este nuevo escenario debe explicarse en términos teóricos, ideológicos o
estructurales, pero antes puede comprenderse fácilmente -y para no alejarnos
del tema-, describiendo las numerosas conexiones económicas entre el
establishment republicano, más precisamente el clan Bush, con sus ahora
supuestos enemigos (...).
Es así
como en 1983 el gobierno estadounidense impulsó
una reunión entre las organizaciones afganas de ideas más radicales, que terminaron conformando la Alianza Islámica de los Mujahidines Afganos (Iaam). Pero Washington no
sólo
apoyó diplomáticamente
a la Iaam. Le brindó
el soporte financiero, militar e ideológico
suficiente como para enfrentar y derrotar a los soviéticos. Además
de los Estados Unidos, participaron en la iniciativa Pakistán, gobernado por el general golpista Mohaminad Zia ul-Hak,
y Arabia Saudita, controlada durante décadas
por una familia real corrupta. Para consolidar los intereses estratégicos norteamericanos en la región, millares de afganos y paquistaníes fueron entrenados como guerrilleros antisoviéticos, dirigidos por el ISI, servicio secreto de Pakistán.
Ese clima extremista e intolerante creado por Washington, atrajo a Osama ben
Laden a Afganistán. Osama había sido expulsado prácticamente de Arabia
Saudita y de Sudán, pues se sospechaba que estaba conspirando para derrocar al
gobierno y reemplazar a la casa real en el manejo de los negocios
multimillonarios sauditas, que se reparten entre el petróleo y la banca de
inversiones radicada en los Estados Unidos, y en los paraísos fiscales
controlados por Washington y Londres (...).
Otro cañonazo
contra la explicación
oficial fue lanzado por Michael Ruppert, ex miembro de la división antinarcóticos
de la policía
de Los Angeles, quien ha dicho que las continuas revelaciones sobre la
complejidad del atentado sugieren recursos logísticos,
de inteligencia y económicos
que van más
allá de las habilidades conocidas de Ben Laden. Ruppert sostuvo
también
que las explosiones sirvieron para silenciar el escándalo que en condiciones normales hubiera provocado, el 9
de octubre, una noticia proveniente de una corte de distrito de Boston, donde el
Gold Anti-Trust Committee impulsa una demanda por manipulación del precio del oro, en la que están involucrados el Departamento del Tesoro de los Estados
Unidos y la firma Goldman & Sachs.
Además, asegura que hasta febrero de 2001 Afganistán producía cerca del 70
por ciento del opio que se comercializa en el mundo. Ese opio era transportado a
través de los Balcanes, consumido principalmente en Europa y su venta generaba
ganancias directas a las instituciones financieras y a los mercados de
Occidente. Cuando el régimen talibán destruyó las tres mil toneladas de opio
que se almacenaban en el país, eliminó de un solo golpe una de las principales
fuentes de ingresos del gobierno de Pakistán y convirtió a Ben Laden en
material desechable. También acabó con los miles de millones que son lavados a
través de bancos occidentales y de instituciones financieras rusas vinculadas
con ellos.
Antes del ataque a las Torres Gemelas, el Senado de los Estados Unidos
norteamericano y el propio Fondo Monetario Internacional estimaban que la
cantidad de narcodólares que fluyen hacia Wall Street y los bancos, oscila
entre 250.000 y 300.000 millones de dólares al año...
Pasta lavada
Pocas horas después
de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, el Gobierno de los Estados Unidos y el conjunto de
portavoces del establishment, desde los portavoces de Wall Street hasta la
cadena de televisión
CNN, salieron a la arena del discurso para transmitir un mensaje único -tan monolítico
que parecía
dictado por una misma voz- y pretendidamente inequívoco:
los trágicos
hechos del 11 de septiembre provocarán
recesión y crisis económica...
Amparados en argumentos ridículos como el de la súbita y vertiginosa caída
del empleo en el sector hotelero de Nueva York, la suma de esos enunciados
buscaba convencer por acumulación. Repitiendo el argumento de la crisis
resultante de los atentados, trataban de disimular lo indisimulable: que la
recesión era previa, y por lo tanto que estaban mintiendo en forma descarada.
A pesar de que el atentado del 11 de septiembre demostró que los Estados Unidos
están más expuestos a ofensivas de bajo nivel tecnológico que a la amenaza de
mísiles de largo alcance, el esquema de defensa misilística de la administración
Bush aprovechará la actitud proclive y cautiva del Capitolio: 1.300 millones de
dólares fueron aprobados por el Congreso recientemente, sobre un coste total
probable de 240 mil millones de dólares hasta el 2020 (...).
El programa para la fabricación del avión de guerra Osprey V-22 estaría entre
los favorecidos por el nuevo estado de ánimo belicista. Lo impulsaría Curt
Weldon, representante republicano por Pensilvania -sede de Boeing, donde se
construyen los V-22 argumentando que la posibilidad de los V-22 para volar como
avión o como helicóptero es ideal para desempeñarse en zonas escarpadas y
montañosas, como el terreno afgano. Sin embargo, y más allá de las gestiones
de Weldon, el desarrollo del Osprey ha estado rodeado de escándalos y ha
provocado accidentes en los que han muerto al menos 30 militares
norteamericanos.
Entre el petróleo y el ántrax
La caída
del régimen talibán
y una paz duradera en Afganistán
permitirían, a mediano plazo, desbloquear las rutas del petróleo y del gas natural del mar Caspio y de Asia Central
hacia otros mercados, lo que no sería
una buena noticia para los productores del Golfo Pérsico,
decían los despachos de las agencias de noticias
internacionales el 12 de octubre último.
Si los Estados Unidos lograran el control de Afganistán, las empresas norteamericanas podrían desarrollar a pleno el gran negocio de la construcción de oleoductos y gasoductos sin tener que atravesar Irán y Rusia, lo que equivale a decir que evitarían tránsitos
largos y por consiguiente más
costosos, a la vez que cumplirían
con los designios de los estrategas del Departamento de Estado y del Pentágono, que no consideran a esos dos países precisamente como aliados seguros (...).
Guerra bacteriológica
A propósito de laboratorios y de industria farmacéutica, se nos permitirá una
digresión para aproximarnos aunque sea tímidamente a la posible trama económica
del fenómeno que desde octubre de 2001 viene provocando una ola de terror
planetario y que los Estados Unidos caracterizaron como ataque terrorista
bacteriológico, aparentemente expresado en primera instancia por un mecanismo
de contaminación postal de ántrax.
Aquellas diversificaciones de las empresas de Mahfouz y los Ben Laden,
operaciones cercanas a los intereses corporativos de la familia que ocupa la
Casa Blanca -los Bush-, pueden ser seguidas como pistas para determinar qué
sectores económicos podrían hacer buenos negocios con la guerra contra el ántrax
y otras enfermedades de rápida difusión.
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Víctor Ego Ducrot es periodista y escritor argentino. Entre
sus obras constan: Los sabores de la patria, El color del dinero, una
inquietante investigación sobre el lavado de dinero en el mundo, y Los sabores
de la historia. Es además analista de temas internacionales en diversos medios. | |


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