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Especial 11 de septiembre
La irresponsabilidad de la prensa Uthman
Mendoza Si un irlandés hubiera hecho eso a nadie se le ocurriría acusar al “mundo católico” como culpable, como albergador de ninguna “trama”, ni alimentaríamos el odio indiscriminado hacia todos los católicos del mundo. Pero eso es precisamente lo que hacen los medios de comunicación, siendo así los portavoces ( a veces sin saberlo) de la incomprensión y todos los estereotipos. Nosotros somos musulmanes, seguimos la Senda del Islam porque creemos que es la única vía de entendimiento entre todas las naciones, un entendimiento que no pasa por imponer un modelo monolítico de vida sino por el reconocimiento de nuestra pertenencia al mismo origen increado. La palabra musulmán designa al hombre que reconoce dicha pertenencia y se somete a Dios, la Realidad inabarcable. “Musulmán” no designa más que en la mente occidental a un hombre armado y con barba que vive en el desierto o tiene su guarida entre las montañas. Casi nos da vergüenza tener que decirlo, pero nuestros compatriotas muestran hacia el Islam una incomprensión rayana en lo increíble, y aún sabiendo (¿o no lo saben?) que hay unos 1.200 millones de musulmanes en el mundo, insisten en propagar la imagen que a ciertos poderes les convienen. No es posible en estas líneas desenredar semejante “trama”, solo quiero decir que una traducción posible de la palabra musulmán es la de “pacificador- pacificado”, siendo por su carácter pacificador un hombre activo en su comunidad y como hombre pacificado aquel que se entrega a la Unidad como Absoluto. Siendo así, y viviendo según estas premisas, se nos hace imposible pensar que un musulmán realice un acto semejante de barbarie al que vimos suceder el martes, pero ya dijimos que somos 1.200 millones, y es normal que una comunidad tan inmensa, al verse constantemente denostada y vulnerados los derechos de muchos de sus miembros, genere unos cuantos individuos que clamen venganza. Creo que eso, aún siendo injustificable, puede ser comprensible para todos. Sabemos
que el ser humano es conducido a veces hacia callejones sin salida donde explota
como un endemoniado. La cultura de la violencia nos da pruebas a diario de ello,
y nosotros solo pedimos que no se prejuzgue desde aquí a todos los musulmanes
por eso, por una situación que a muchos nos desborda y paraliza. ¿Es posible
que esos países que se llaman a si mismos civilizados se lancen a una semejante
campaña de despropósitos como los que estos días hemos visto? ¿Es posible
que nos metan a todos en un saco? Es
cierto que el Islam es incompatible con el capitalismo cuando este se basa en la
destrucción y en la guerra. Es cierto que el Islam propone una vía de paz
contraria al expansionismo de cualquier imperio, propone un modo de vida ajeno
al consumo y a la explotación indiscriminada de recursos, propone una vía de
encuentro que no quieren comprender los poderes, atareados en buscar nuevos
consumidores, en fomentar la competencia despiadada y la codicia. Pero estos son
débiles soportes. Queremos ahora realizar un breve comentario sobre esos periódicos, siempre comprendiendo que entre sus muchas páginas pueden haberse colado a veces opiniones imprudentes, ajenas al talante democrático que los caracteriza. Las informaciones son muchas, tantas que estamos desbordados. Solo hemos escogido dos ejemplos superfluos entre los muchas posibles (y créanme que hay algunos aterrorizadores, que dan las ganas de dejar de llamarse Abdelkarim o Ahmed...). No creo tener que insistir en ello, pues existe en la mente de miles de personas una asociación entre las palabras “terrorismo” e “islámico” que, por decirlo suavemente, “nos preocupa”. Se trata de una asociación instintiva, como en uno de esos experimentos conductistas en los cuales se le da una descarga eléctrica a un ratón cada vez que se le ofrece el queso... En
la edición de martes de “el País”, en la misma portada, leemos sobre los
atentados: “con el claro sello del conflicto árabe-israelí”. En un
articulo interior de Carlos Mendo se dice lo siguiente: “la política de
represión de Ariel Sharon, basada en la táctica de asesinatos selectivos de
eventuales terroristas, sale reforzada en la conciencia popular por los
atentados de Nueva York y Washington”. Son estas palabras muy graves, por
lo menos imprudentes... ¿por qué se asocia el asesinato sin juicio de
“eventuales terroristas palestinos” a un atentado cometido por no se sabe
todavía quien? Estamos abriendo las puertas a la justificación de la barbarie
y la represión más absoluta, pues todo el mundo puede ser un “eventual”
terrorista para el poder que nos gobierna, y ya sabemos que a todos los poderes
que se les da una posibilidad de eliminar a sus opositores no dudan en emplear
ese poder hasta sus últimas consecuencias. La sociedad occidental se ha salido
ya hace mucho tiempo de los marcos de la legalidad aceptando situaciones como
estas, que ahora se presentan como una posibilidad a gran escala, sin velos y a
la luz del día. Lo de la “conciencia popular” se refiere, sin duda, a la
“opinión pública”, pero en su aspecto de conciencia: en su lado más
sensible. Esa sensibilidad herida parece justificar el terrorismo de estado para
nuestro periodista, que así únicamente contribuye a que esa opinión se
insensibilice y acepte la barbarie como algo mecánicamente lógico. El
periódico “abc” ya incluía en su portada del miércoles, y como titular,
la frase “el terrorismo islámico ataca a occidente”, dando por hecho
lo que aún nada sobre la autoría había sido afirmado por las autoridades
estadounidenses. En su interior leemos titulares estremecedores: “el
fanatismo integrista islámico ha arrastrado al mundo a una crisis similar a la
que provocó el ataque japonés a Pearl Harbor...” participando así en
esa especie de paranoia guerrera que se ha adueñado de nuestra sociedad. Lo
cierto es que parecen no recordar que hace en los últimos años ha habido
matanzas igualmente abominables que no han suscitado más que un pequeño
comentario piadoso... pero claro: se trataba de “semi-seres-humanos”, de
tercermundistas y no de ciudadanos del “mundo civilizado”. La diferencia de
trato y de importancia dada a unos muertos sobre otros es abominable. Para
nosotros la sangre de todos los hombres es la misma, vale lo mismo en su pureza
incuestionable de criatura. Las
alusiones a Pearl Harbor han sido constantes estos días, aún cuando aquí no
hay enemigo japonés sino unos fantasmales terroristas que anidan como excusa de
todas las batallas. Eso se ha confirmado ampliamente al día siguiente. “Los
estados Unidos en pie de guerra”, y en su editorial se anima a una
escalada bélica contra “el integrista islámico” para el cual “la
democracia es una forma de impiedad que despoja a su Dios de Su poder en
provecho de las criaturas humanas; el capital financiero y el judío que ocupa
la tierra sagrada expresan el poder maligno que debe ser exterminado”.
Para combatir a esa concepción es necesario, claro está, firmeza moral y todo
lo alejada posible del pensamiento débil, de “la debilidad moral de
nuestros dirigentes”. El
clima bélico ha sido minuciosamente preparado, casi al detalle. En la portada
de “La vanguardia” se nos dice: “Bush prepara la guerra con apoyo de la
OTAN”. Se trata de “una lucha monumental entre el bien y el mal”.
Nos aproximamos hacia una Guerra del Golfo a gran escala, siendo el Irak de ayer
todos los países de mayoría musulmana. ¿Se trata de convertir Oriente Medio
en un inmenso Irak, es decir: en un campo de concentración? La
lógica aplastante de la maquinaria bélica está adueñándose de todos los
corazones, está jugando a través de la prensa a los soldados, amenazando
acabar con millones de personas del modo más cruel posible: jugando al tiro al
blanco. Los poderes tienen que probar sus nuevas armas y ¿qué mejor blanco que
esos musulmanes “fanáticos miembros de una religión fanática” que se
entorpecen en el camino de la globalización y la uniformidad? No debemos permitir que eso suceda, y apelamos a la conciencia (sensible) de los periodistas, tanto como a su código ético para que no se dejen arrastrar por este espíritu de guerra.
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