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El
Estado Terrorista
Estados
Unidos está analizando la posibilidad de volver a producir armas nucleares
después de más de 12 años sin fabricarlas. Ya no se trata, como durante la
Guerra Fría, de una estrategia de armamento de carácter fundamentalmente
disuasorio. La propuesta que impulsa el Pentágono –y que cuenta con el
respaldo del vicepresidente, Dick Cheney- prevé que esta nueva generación de
bombas atómicas se fabricarán para ser utilizadas.
La construcción de armas
nucleares para atacar puestos de mando y control enemigos (las llamadas bombas
revienta-búnkeres) ha sido el tema central de la reunión de dos días
celebrada esta semana por los máximos responsables militares y científicos de
la defensa (Guerra) nuclear de EEUU. El
encuentro se celebró en la base aérea de Offutt, en Nebraska, y en él se pasó
revista también a la producción de bombas de neutrones. El debate a puerta cerrada se produce, paradójicamente,
coincidiendo con el 58 aniversario del lanzamiento de la bomba atómica en
Hiroshima, que costó la vida a 305.000 personas, además de los heridos y las víctimas
que arrastraron durante décadas secuelas de las radiaciones.
El 31 de diciembre de 2002,
el Departamento de Guerra estadounidense publicó el documentos llamado Revisión
de la Postura Nuclear, que reclamaba la necesidad de producir “un ingenio
efectivo para penetrar en tierra que permita atacar objetivos subterráneos”.
Además, a finales del pasado mes de mayo el Senado derogó la prohibición de
producir armas nucleares en EEUU.
Estados Unidos tiene en la
actualidad unas 6.000 armas nucleares, que deben teóricamente quedar reducidas
a entre 1.700 y 2.200 en 2012, en virtud de los acuerdos de desarme firmados con
Rusia.
La idea del Pentágono es
fabricar armas nucleares “pequeñas”, de una potencia entre 5% y el 10% de
la de Hiroshima, diseñada para penetrar profundamente en tierra y hacer saltar
por los aires cualquier búnker. La Revisión de la Postura Nuclear explicaba
que hay un total de 1.400 búnkeres en 70 países susceptibles de ser objetivos
nucleares. Esas bombas tendrían una gran potencia explosiva y una radiación
relativamente baja, aunque serían capaces de provocar “muertes civiles
masivas” si son utilizadas en zonas urbanas, según advertía un responsable
de la Federación de Científicos de EEUU.
Los estrategas
estadounidenses quieren tener esas armas listas para una posible agresión como
la lanzada contra Irak o como la que podría estallar si las relaciones con
Corea del Norte se deterioran. La Revisión de la Postura Nuclear cita también
expresamente a China, Rusia, Siria y Libia como posibles objetivos de este
ingenio.
Por otra parte, un
responsable del pentágono reconoció públicamente el pasado jueves que las
tropas norteamericanas utilizaron napalm (bombas incendiarias) en la invasión
de Irak. Según afirmó, Estados Unidos empleó este tipo de explosivos
inflamables al menos en dos frentes de batalla: en la región de Safwan, limítrofe
entre Irak y Kuwait, y en una presa del río Tigris al norte de la ciudad de
Numaniya.
En declaraciones a la prensa,
la misma fuente del pentágono señaló que, en opinión de los extremistas de
la administración de EEUU, se considera que se trata de una utilización
“legal y necesaria” de estas
armas y que “no existe ninguna manera humanitaria de matar a tus enemigos”.
Sólo los estados terroristas pueden pensar y planificar sus guerras e invasiones con esta mentalidad.
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