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Temiendo los efectos
de la llegada del
primer ministro
turco,
Recep Tayyip
Erdogan, a Libia,
Nicolás Sarkozy y
David Cameron se
apresuraron a viajar
a TrÃpoli en un
intento de primacÃa
y de dar una
imagen contraria a
la que dieron ante
las revoluciones
árabes en Túnez y
Egipto. Al parecer los
grandes acuerdos firmados
esta semana entre
TurquÃa y Egipto
han
precipitado el viaje
de los dos lÃderes
derechistas a
TrÃpoli.
A diferencia de
TurquÃa, (que ha
apoyado a todas las
revoluciones árabes
desde el primer
momento, olvidándose
incluso de sus
intereses directos y
las grandes
inversiones que
tiene en Libia
-15.000 millones de
dólares-, en Egipto
-3.000 millones-, en
Siria -7.000
millones- e, incluso
en Israel -3.000
millones-), Francia
y el Reino Unido
continúan con su
habitual doble
rasero al tratar los
asuntos árabes,
siempre en función
de
sus propios
intereses económicos
y en contradicción
con los valores de
libertad y de
democracia que dicen
defender.
Las revoluciones
actuales en Yemen y
Bahrein, cuyos
regimenes son
grandes aliados de
Occidente, no han
recibido la misma
atención por parte
de Francia y el
Reino Unido. La
prensa de ambos
paÃses tampoco
dedica espacios
informativos
significativos a lo
que ocurre en esos y
otros paÃses árabes
aliados donde no se
respetan los
Derechos Humanos.
En realidad, Sarkozy
y Cameron ven en
Libia una gran
oportunidad de
negocio debido a su
petróleo de gran
calidad y al capital
financiero que tiene
acumulado el paÃs en
muchos bancos del
mundo. Ambos paÃses
europeos ven en la
posible firma de
contratos
comerciales con el
Consejo Nacional de
Transición una
imperdible
oportunidad para
hacer frente a la
crisis económica que
sufren.
“Muamar el Gadafi
deberá rendir
cuentas ante la
justicia
internacionalâ€.
Estas han sido las
palabras del mismo
presidente francés
que vendió armas y
firmó contratos con
el dictador hace tan
sólo tres años.
“Tenemos un destino
común, el que
estamos construyendo
ahora y esto es
válido para Libia
pero también para
todos los paÃses
árabes del mundo que
quieran liberarse de
sus cadenas. Quiero
decir que Francia y
Europa estarán a su
ladoâ€, explicó
Sarkozy mientras que
David Cameron
insistÃa ante los
lÃderes del Consejo
de Transición que
“esta, dijo, es
vuestra revolución,
no la nuestra,
habéis sido muy
valientesâ€. A muchos
de los presentes en
la rueda de prensa
no parecÃa
convencerles tanto
esta retórica
populista de los
examigos de Gadafi.
Ambos dirigentes han
hablado además de
los bienes libios
que se encuentran
bloqueados tanto en
Francia como en el
Reino Unido. Cameron
aseguró que se los
entregará al pueblo
libio inmediatamente
después de que la
ONU se lo
permita. ParÃs y
Londres someterán
una resolución al
respecto este mismo
viernes ante el
Consejo de
Seguridad.
Pero este jueves por
la mañana tras la
llegada de David
Cameron a Libia, uno
de sus portavoces
anunciaba ya el
desbloqueo de 600
millones de libras para
-según han decidido
ellos mismos- la limpieza de
minas antipersonales
de fabricación
europea, rusa y
china. Una limpieza
que aspiran realizar
empresas británicas.
Las palabras de
ambos dirigentes
conservadores no
parecen calar
en la opinión
pública árabe, debido
a su polÃtica de
colaboración con la
derrocada dictadura
de Gadafi y su
silencio ante lo que
ocurre en Yemen y
Bahréin.
Los comentaristas
árabes, conscientes de las
polÃticas
occidentales en la
región, parecen
recordar una y otra
vez que “Occidente
no se casa con
nadie", y por ello
cualquier paso que
dan en nombre de la
defensa de los
Derechos Humanos,
habrÃa que
entenderlo como una
estrategia de “un paso
adelante, dos pasos
atrásâ€. Los medios
árabes
creen que tarde o
temprano, franceses y
británicos querrán
cobrar las facturas
de su apoyo militar
a la revolución
contra Gadafi.
Muchos diarios
árabes recuerdan
ahora que en
diciembre de 2007,
el presidente
francés habÃa dado
la bienvenida a Gadafi a su llegada
al palacio del
ElÃseo, en ParÃs.
Aquella visita
duró seis dÃas y
hubo una importante
vertiente comercial
que, según Sarkozy,
se tradujo en
contratos por valor
de 10.000 millones
de euros. Todos eran
contratos de venta
de armamento y
petróleo.
Cuatro meses antes,
en agosto de 2007,
el gobierno de
Sarkozy habÃa firmado un
importante acuerdo
de armamento con Gadafi por el que
adquirirÃa misiles
Milan. También, con
anterioridad a estos
contratos, Francia
vendió al dictador un
reactor nuclear
francés para -según
justificaron los
franceses- ser
utilizado en la
desalación de agua
del mar.
Las armas vendidas a
Gadafi no fueron
sólo de fabricación
francesa. Una gran
parte del armamento
fue fabricada por
EADS, la corporación
industrial
armamentÃstica más
importante de la
Unión Europea. EADS
esta sujeta a
numerosas crÃticas y
se le acusa de
proveer armamento a
paÃses en conflicto
sin considerar las
consecuencias
polÃticas y
económicas; de
utilizar sobornos
para aumentar las
ventas en Sudáfrica;
y de utilizar
amenazas de guerras
comerciales cuando
pierden subastas
públicas (caso de la
República de Corea),
además se le critica
por su papel en la
fabricación de
bombas de racimo.
A pesar de todas las
evidencias del
cambio y de que el
Mundo Ãrabe goza hoy
de la generación más
instruida y formada
de su historia,
estas dos viejas
potencias coloniales,
que habÃan dividido
Oriente Próximo hace
casi cien años,
inventándose
frontera imaginaria,
creen de nuevo que la región
sigue siendo la
de entonces y que su
población sigue
igual de analfabeta. Mal
aconsejados por sus
orientalistas de
salón, Sarkozy y
Cameron lo ven todo
tal cual como si
estuviéramos en los
tiempos del tratado
de
Sykes-Picot
de 1916.
Sea como fuere, los
dirigentes del
Consejo Nacional de
Transición han
declarado que
tendrán en cuenta a
los paÃses que han
apoyado a la
revolución, pero las
decisiones
soberanas, incluidas
las de convenios y
acuerdos comerciales
significativos,
serán tomadas
únicamente por el
futuro gobierno que
saldrá
de las urnas.
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