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La revolución en Túnez revela de la falsedad de Occidente
La titular de Exteriores de Francia recibida a zapatazos en Gaza

  MUNDO ARABE.ORG 23/01/2011. Redacción/ Andrés Pérez/Publico/agencias.

Los países europeos llevaban años describiendo a Túnez como un país eficiente y un aliado confiable en "una zona conflictiva". Ahora ajustan su retórica a la realidad.

Hasta la revuelta popular que tumbó al presidente Zine el-Abidin Ben Ali el viernes, Túnez era para Occidente un país donde invertir, estable y competitivo respecto a sus vecinos que avanzaba en los rankings de transparencia. Pero ni una palabra sobre las la libertades.

Algunos gobiernos occidentales comienzan ahora a tener problemas para adaptar su discurso sobre Túnez a la evidencia que surge de una nación hastiada del autoritarismo y la corrupción gubernamental, así como de las dificultades económicas cotidianas. Esa contradicción surgió con nitidez en Francia, la antigua potencia colonial que "no vio venir los acontecimientos" en Túnez, según admitió la jefa de su diplomacia, Michèle Alliot Marie, que pocos días después de ofrecer ayuda al dictador, fue recibida a zapatazos en Gaza.

Al igual que otras potencias, Francia apoyó durante largo tiempo a Ben Ali como un aliado con el cual se podía hacer negocios y contar con él utilizando la supuesta "amenaza de la militancia islamista que tanto inquieta a Occidente", pero que no aparece por ningún lado en estos días de revolución en el país árabe. Ese apoyo del gobierno de Nicolas Sarkozy al hombre que estuvo durante 23 años en el poder de Túnez pareció continuar hasta que su caída era inevitable. París llamó a la "calma" en medio de la revuelta popular y Alliot Marie sugirió dar asistencia a las autoridades de Túnez para "restablecer el orden". Francia es un gran socio comercial de Túnez y uno de sus principales inversores extranjeros, con cerca de 1.250 empresas que operan en la nación.

El apoyo de París a Ben Alí pone en aprietos a Sarkozy

Es lo malo que tiene cambiar de chaqueta en el último segundo, cuando un dictador amigo se da a la fuga. El Gobierno francés se ha enmarañado en un sinfín de contradicciones por su posición de apoyo tácito, hasta el sábado, al tirano Ben Alí. Y la oposición cargó exigiendo la dimisión de la ministra de Exteriores, Michèle Alliot-Marie, que había ofrecido la semana pasada formación antidisturbios al régimen de Túnez que estaba matando a civiles en las calles.

La cacofonía del Gobierno francés, además de deberse a las más de dos décadas de apoyo de París a Ben Alí, tiene su origen en dos patinazos: uno de Alliot-Marie ante la Asamblea Nacional, el 11 de enero, y otro el viernes por la noche, durante una reunión en el Elíseo. El pasado día 11, cuando los policías de Ben Alí mataban en Túnez, la ministra de Exteriores propuso "el buen conocimiento de nuestras fuerzas de seguridad para resolver situaciones de este tipo". Afirmó: "Proponemos actuar para que el derecho de manifestación sea compatible con la garantía de seguridad", cosa que equivalía a un intento de apuntalar al régimen de Ben Alí.

El segundo patinazo es más divertido. El viernes por la noche, el presidente, Nicolas Sarkozy, organizó su primera gran reunión restringida para organizar el cambio de política. Pero tanto la canciller como el titular de Defensa (Alain Juppé), el ministro de Interior (Brice Hortefeux) y el portavoz del Gobierno (François Baroin) ya se habían ido de fin de semana a sus respectivas circunscripciones. Sarkozy se encolerizó.

Durante el día de hoy, la oposición cargó contra el Gobierno por su extraña posición con Túnez, y varias fuerzas de la izquierda, incluidos dirigentes del Partido Socialista, exigieron la dimisión de Alliot-Marie. La número uno socialista, Martine Aubry, matizó y dijo que la dimisión era un problema "de conciencia" de la ministra.

Esta compareció en comisión ante la Asamblea Nacional para quejarse de la "interpretación malintencionada" que se había dado, a su juicio, a sus palabras. No obstante, fue ella quien las reinterpretó: desmintió sólo que hubiera propuesto el envío de gendarmes, algo que nunca se le había reprochado. Sí se le reprochó la propuesta de envío de instructores franceses.

Lo que sí reconoció la ministra es que se había visto "sorprendida por la rapidez de esta revolución". Y, giro mayúsculo en el Ejecutivo de París, por primera vez admitió que "los movimientos islamistas no estuvieron en primera línea".

Las explicaciones no bastaron. El primer ministro, François Fillon, tuvo que intervenir también ante la Asamblea Nacional para apuntalar a su ministra. "Quiero expresar mi total confianza en Michèle Alliot-Marie y rechazar la utilización deshonesta que se hizo de sus comentarios", dijo.

París prosiguió sus desesperados intentos de aparentar una política normal con Túnez. Después de varios días de declaraciones de aparente firmeza frente a los abultados fondos, cuentas bancarias y bienes inmobiliarios del clan Ben Alí en Francia, Fillon quiso dejar claro que Francia ya no propone material antidisturbios. "El papel de Francia es acompañar a Túnez en el difícil camino de la democracia", especialmente dando "asistencia" para futuras elecciones y facilitando más cooperación de Túnez con la Unión Europea, e incluso el estatuto de socio de la UE.

Zapatos contra la ministra en Gaza

Familiares de palestinos encarcelados bloquean el camino de un vehículo en el que viaja la ministra francesa de Exteriores, Michele Alliot-Marie. /EfePor otro lado, la ministra de Relaciones Exteriores de Francia,  Michele Alliot-Marie, fue recibida en Gaza (Palestina) con huevos, zapatos e improperios. La titular de Exteriores de Francia produce rechazo en Gaza por calificar de crimen de guerra la captura de un soldado israelí en 2006.

  "Fuera de Gaza", "viva la resistencia", fueron algunas de las frases gritadas a Alliot-Marie, a quien se tiene en muy baja estima en países árabes por sugerir al parlamento galo asesoría militar para Túnez antes del derrocamiento del presidente Zine El-Abidine Ben Ali.

La diplomática se reunió el jueves en Jerusalén con familiares del soldado israelí Gilad Shalit, capturado en 2006 en una operación militar en la frontera de este enclave por milicianos de la resistencia palestina y cuya liberación se está negociando.

Durante sus declaraciones en la ciudad santa Alliot-Marie describió como crimen de guerra la detención de Shalit y, sin embargo, omitió pronunciarse sobre los miles de palestinos detenidos en precarias condiciones en cárceles israelíes.

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