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| Entrevista
Entrevista
con el ensayista libanés Georges Corm: “
El derecho internacional no se aplica a Israel”
________________________________ P. ¿Nos enfrentamos cada vez más a
la idea de que en el ámbito internacional existen dos campos y además son
irreductibles? R. Se trata de una vieja tendencia
del espíritu humano: contemplar el mundo de una manera binaria. Ellos y
nosotros, creyentes y no creyentes, civilizados y bárbaros, el bien y el mal. A
mí juicio, no es una manera acertada de conducir la reflexión, entre otras
cosas porque cuando se establecen conceptos tan amplios, tan inabarcables, ¿ qué
significado pueden tener? Hablar de libaneses y españoles, de alemanes etc. es
recurrir a una dudosa totalidad. Imagínese esas categorías más amplias, en
las que se pretende incluir a centenares o a miles de millones de seres humanos. P. ¿ Es lo que sucede cuando hoy se
habla del Islam? R. Existe un uso enfermizo, abusivo
del término del Islam. Yo no lo conozco como tal: conozco a los musulmanes, que
son de una diversidad portentosa. La cristiandad tampoco la conozco. Un
cristiano italiano, un noruego, un cristiano de Oriente Próximo como yo,
podemos tener una creencia religiosa común, pero vivimos en medios diferentes,
con historias tan distintas, que no acabo de ver qué es lo que nos une. Salvo
que escojamos el factor religioso como clave de explicación de los
comportamientos humanos. Fichte, por ejemplo, escogió el factor nacional, y
llegó a establecer unas totalidades diferentes a las que hoy están de moda.
Por lo demás, igualmente mortíferas. P. Lo que usted sostiene en su último
ensayo es que, más allá de que se pueda identificar o no su referente, su
significado concreto, se trata de totalidades separadas por una frontera
construida y, por así decir, caprichosa. R. Son fracturas imaginarias. Pero
cuando digo que son imaginarias lo hago para subrayar que pueden convertirse en
una dramática
realidad. A principios del siglo XIX, los lingüistas consideraron que el
mundo podía dividirse en dos grandes áreas, la semita y la indoeuropea. Este
mismo esquema se trasladaría después a las religiones. Pero ¿ cómo explicar
que una religión semita como el Islam prenda en un pueblo indoeuropeo como el
iraní? Y no se suele comprender con facilidad que en los países musulmanes
vivamos desde siempre numerosos cristianos. Y ello porque, en la visión
consagrada por aquella remota división de los lingüistas del XIX, el
cristianismo es la religión de Occidente y, por tanto, indoeuropea. P. Llama la atención el hecho de
que, además de imaginaria, muchas de las facturas de las que usted habla sean
asimétricas. Es corriente encontrar en el discurso político e intelectual de
nuestros días alusiones al “conflicto entre Occidente y el Islam” o a “la
guerra entre árabes y judíos”. R. Las palabras están siendo
empleadas de manera insensata. Árabe es un concepto étnico o lingüístico;
judío, por el contrario, religioso. Se trata de anomalías conceptuales que
pueden observar incluso en autores tan eminentes como Braudel, que se refiere a
la civilización china, india, europea, siempre desde un punto de vista geográfico.
Ya a continuación habla del Islam. Es inaudito. Se trata de un credo que se
encuentra entre los chinos, entre los indios, entre los europeos. P. ¿Ése es, precisamente, uno de
los sentidos de la diversidad del Islam a la que usted se refiere?
R. En efecto, el Islam no es
uniforme, los musulmanes no son autómata. Por un momento pensamos que esta
imagen de homogeneidad había desaparecido. Fue cuando surgió la noción de
Tercer Mundo; una noción laica, en la que lo religioso no tenía lugar. Yo
estudiaba entonces en Europa y nadie me preguntaba si era musulmán, católico o
judío. A nadie se le pasaba por la cabeza siquiera. La atmósfera ha cambiado. P. ¿ Y cuál sería la explicación? R. En primer lugar, la resistencia a
admitir la noción de sociedad plural. Por lo general, se prefiere recurrir a un
elemento estructural único de las identidades. Y en el caso de los países de
Oriente Próximo, ese elemento se ha querido encontrar en la religión
musulmana. En segundo lugar, hay que tener presente que EE.UU. decidió
movilizar los sentimientos religiosos como parte de la estrategia durante la
Guerra Fría, no sólo entre los musulmanes, sino también entre los católicos
y los judíos. En el caso de aquéllos, miles de muchachos fueron enviado a
luchar contra la URSS en Afganistán después de recibir entrenamiento de la
CIA, y se les consideraba combatientes de la libertad. Encuentro escandaloso lo
que tuvimos que escuchar entonces: que no había nada que temer, que todo iba
según las previsiones. La realidad era, por el contrario, que el wahabismo, una
forma extrema de la religión, se fue apoderando casi por completo del sunnismo,
gracias a los medios aportados por Arabia Saudí. Los árabes que como yo –
porque, aunque cristiano, soy árabe – exigíamos seguir debatiendo en términos
políticos, no religiosos, fuimos condenados al silencio. P. ¿ Y cómo reaccionó Europa? R. Se dejó arrastrar al mismo callejón
sin salida, renunciando en buena medida a su propia concepción de la seguridad,
en la que existía un alto componente de minoración, de marginalización de las
identidades religiosas. Algunos dirigentes se propusieron, incluso, organizar un
Islam europeo, y permitieron que países como Marruecos, Argelia, Pakistán y
Arabia Saudí, pudieran entrometerse en sus asuntos. ¡ Y sin tener en cuenta
que buena parte de los que emigraban a Europa lo hacían para acceder a un
sistema laico de convivencia, libre de dictaduras de ningún tipo! Se han hecho
las cosas más estúpidas, y hoya todos pagamos el precio. P. Volvamos
por un momento a la diversidad del islam. Usted se refiere a ella en un segundo
sentido, es decir, a diversidad como pluralismo y, de algún modo, como
tolerancia. R. Cuando la
URSS se hundió, Arabia Saudí exportó millones de ejemplares de la obra de
autores fundamentalistas. Por el contrario, los escritores árabes de la Nahda,
del renacimiento, esto es, los escritores que sostienen en centenares de obras
magníficas las tesis de que si hubo decadencia fue porque se produjo una
interpretación estrecha del Corán, ésos han sido marginados. La propaganda
sobre el fundamentalismo ha sido tan intensa, desde Oriente y desde Occidente,
que hoy todo el mundo piensa, incluidos no pocos musulmanes, que el islam no es
más que su versión fanática. P. ¿Cuál es
su opinión acerca de la idea de que el Islam no ha llevado a cabo una reforma
similar a la del cristianismo, y de ahí su supuesta dificultad para adaptarse a
la democracia?. R. El Islam
tiene en principio una ventaja sobre el cristianismo, y es la ausencia de clérigos.
En este sentido, conviene deshacer un equívoco frecuente en estos tiempos: en
los territorios donde el islam es mayoritario, el poder no ha sido nunca
ejercido por los religiosos, puesto que éstos no existen. La excepción es
Jomeini, quien provocó un profunda ruptura con la tradición shití. Frente a
la ausencia de clérigos en el islam, la Iglesia ocupa un lugar central en el
desarrollo del cristianismo, hasta el punto de que en ocasiones ha llegado a
imponer una ortodoxia asfixiante. La Reforma tiene lugar en una de esas
ocasiones, y lo que los protestantes proponen es, a mi juicio, una revolución
religiosa de corte fundamentalista. P. Una
revolución religiosa de corte fundamentalista que da lugar a dictaduras como
las de Lutero o Calvino, pero a la que, paradójicamente, se le asigna nada
menos que el advenimiento de la tolerancia en Europa. R. El
protestantismo ha conseguido imponer un discurso narcisista. Mire la obra de
Weber: su idealización del protestantismo en relación con el capitalismo es
insostenible, por más que el protestantismo haya hecho retroceder el
absolutismo de la Iglesia, Pero eso no altera su carácter fundamentalista.
Cuando Weber asegura que el monoteísmo ha desencantado el mundo, que se trata
de la religión, está haciendo afirmaciones que carecen de sentido. Pero Europa
tienen monstruos sagrados, y Weber es uno de ellos, Por otra parte, le confieso
que lo que me ha proporcionado el coraje para escribir sobre la fractura
imaginaria ha sido la relectura de Popper, su valentía del denunciar a Platón
como representante de un idealismo que puede conducir al totalitarismo y a la
sociedad cerrada. P. ¿Su posición sobre Weber es parte dela crítica a lo que usted
considera el falso laicismo de Occidente? R. Como el
protestantismo, Occidente también mantiene un discurso narcisista. No se trata
sólo de que se describa a sí mismo como racionalista, individualista y democrático,
haciendo gala de una extraordinaria autocomplacencia; además está
desarrollando un lenguaje mitológico capaz de inhibir el espíritu crítico. El
11 de septiembre lo demostró a las claras: los terroristas habían atentado
contra un poder divino y, por consiguiente, todos teníamos que esperar el
castigo de dios. Este lenguaje narcisista y mitológico es un lenguaje religioso
bajo una apariencia laica. Creo que el monoteísmo ha marcado la forma de pensar
de Occidente, el monoteísmo en el sentido de un solo dios, una sola misión, un
solo pueblo elegido para llevarla a cabo. Se ha laicizado la forma, de manera
que se admite que no sea necesariamente dios quien non confíe la misión.
Podemos ser nosotros, los hombres, quienes lo hagamos, pero la perseguimos con
la misma fuerza, con la misma determinación que si fuese una idea religiosa. La
guerra contra el terrorismo, todos estos conflictos obedecen a ideologías
laicas que se construyen sobre el molde religioso. P. Hablando
del 11-S, usted afirma sentirse sorprendido por el súbito interés hacia el
islam que despertaron los atentados. R. Cuando
actuaban las Brigadas Rojas, el Ejército Rojo japonés Acción Directa o la
banda Baader Meinhof, los intelectuales no se dedicaban a interpretar los textos
débiles y farragosos de estos grupos, ni a establecer sus relaciones con el
marxismo; tampoco a indagar sobre los orígenes étnicos o religiosos de los
terroristas. Ésta era una tarea de la policía. El debate desde el punto de
vista intelectual era el de analizar por qué una parte de la juventud
consideraba aceptable la violencia. P. La diferencia con aquel terrorismo se ha querido encontrar en el
hechos de que los activistas de hoy se suiciden al ejecutar sus crímenes, lo
cual vincularía sus acciones con una fe en el más allá. R. Siempre ha
habido individuos dispuestos a dar la vida por una causa, lo de menos es que
fuere trascendente o no. Mire el siglo XIX: caballeros capaces de batirse en
duelo por una dama, por cuestiones de honor, por una palabra mal dicha. Y ya en
el siglo XX, los Kamikazes japoneses, la gente que se alistaba voluntariamente
para ir a una guerra lejana, que ni les iba no les venía. P. Es difícil
hablar de atentados suicidas y no mencionar los que ocurre en Israel. R. Todos los
árabes, no sólo los palestinos, ven con frustración que las normas de
derecho, de justicia, de equidad que Occidente ha elevado a categorías
universales no se apliquen a Israel. De alguna manera, es como si Israel se
hubiese configurado como un espacio sagrado del Occidente político. Todo lo que
los dirigentes de este espacio sagrado dicen se convierte en una verdad
absoluta. Por eso el derecho internacional no se aplica a Israel;
por eso es un Estado por encima de las leyes. Y la gente tiene tendencia
a aceptarlo porque, en último extremo, estamos en el ámbito de lo religioso,
no de lo racional. P. Algunos
intelectuales europeos y norteamericanos consideran que la crítica a Israel es
el nuevo rostro del antisemitismo. R. Creo que
hay que abordar esta afirmación desde dos perspectivas diferentes. La primera
es que los Israelíes han desarrollado un minucioso trabajo para suprimir la
diferencia entre antisionista y antisemita. Históricamente, los judíos
creyentes opusieron una fuerte resistencia a la creación de Israel. Todavía
hoy son muchos lo que rechazan los ideales del sionismo y que, precisamente por
ello, están pagando un precio muy alto, tienen problemas en su vida personal y
en sus carreras. Yo pertenezco a la comunidad maronita, y durante la guerra fui
resueltamente hostil a lo que hacía la dirección de mi comunidad. Cuando
Hablaba con otros compatriotas, inmediatamente se me decía que yo no era
representativo. Con los judíos antisionistas ocurre en buena medida los mismo. P. ¿Y la
segunda perspectiva? R. Es triste
decirlo, pero Oriente Próximo importó el antisemitismo europeo, la creencia en
la veracidad de los Protocolos de los Sabios de Sión. Este texto llamó la
atención porque, justamente, la emergencia del Estado de Israel podía
interpretarse como una encarnación de lo que se decía en él. Y además, su
simple existencia exculpaba la debilidad de los países árabes, puesto que
aparecían como víctimas de un compló contra el que nada podía hacerse. Un
mecanismo similar al que opera hoy cuando se habla del poder del “lobby”
sionista en EE.UU. Es muy útil para los Gobiernos asumir sus propias
responsabilidades. P. Ése podría
ser también el mecanismo que, queriéndolo o no, desencadena algunos expertos
en el Islam, para los que el germen del terrorismo se encuentra ya en sus textos
sagrados. R. La mayor
parte de la actual literatura sobre el Islam desempeña el mismo papel que lo
hizo la literatura antisemita: crear la inquietud, el miedo, la distancia, la
fractura. Y esa literatura se ha subrogado, además, en la función del
antisemitismo, que era la de identificar una víctima expiatoria. P. Por eso
mismo no se comprende que ante la actual demonización del Islam algunos
bienintencionados se esfuercen más en explicar el carácter pacífico del Corán
–un problema teológico- que en denunciar un gravísimo problema político: el
deterioro de los derechos civiles para poner a los musulmanes bajo sospecha. R. Se está
produciendo una perversión del diálogo democrático al interponerlo como un diálogo
entre civilizaciones. En realidad, se habla de civilizaciones para impedir que
se hable de política. Por eso no estoy de acuerdo con Jatami, el presidente
iraní. No es sobre civilizaciones sobre lo que tenemos que dialogar; es sobre
la aplicación universal de la ley, sobre la extensión de los derechos a todos
los individuos. Así, hay que decir que EE.UU. no puede continuar actuando
con un doble rasero, que las excepciones para los israelíes son
inaceptables, que el embargo sobre Irak resulta inhumano, porque no ha permitido
acabar con Sadam Husein, pero ha provocado la muerte de niños. Y hay que decir,
además, que la ley y los derechos no pueden ser más que laicos. Porque si
empezamos a hacer diferencias en virtud de que éste es cristiano, y éste judío,
y éste musulmán, y aquél libanés, y aquél otro español y aquél de más
allá corso o vasco, entonces estaremos perdidos. P. ¿Qué
tiene que ocurrir para que volvamos a hablar de política?. R.
Da la impresión de que tendremos que enfrentarnos a una catástrofe.
Vivimos en un equilibrio precario. Si mañana EE.UU. pisa sobre el hormiguero,
nadie sabe lo que puede pasar. |
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