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los neocons sólo les quedan los “pretzels” Andy Robinson Edward
Luttwak, del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicas, pensador (es un
decir) neoconservador y admirador ferviente de Ariel Sharon, escribió el martes
en el New York Times que “los votantes españoles han dejado que una banda de
terroristas decida las elecciones” y añadió que “Zapatero sólo puede
lograr la redención para la democracia española si repudia su mandato popular
y anuncia que no retirará de las tropas de Iraq”. Al
leer esto el lunes, dejé un recado en el contestador automático de Luttwak
(hablar con él me habría resultado demasiado violento). En el mensaje en inglés
puse en entredicho su dominio intelectual de los matices del proceso político
español. Unas horas más tarde, me sorprendí de ver que Luttwak me había
dejado una respuesta en mi buzón de voz. En un español con deje de Chile del
72 o quizás Honduras del 88 y hasta castellanizando su propio nombre, dijo:
“Soy Eduardo Luttwak, y si usted opina que mis artículos están mal
informados, pues, mi intención de estar bien informado, en este caso, está
bien limitada. Porque es una cosa muy simple. Y todo lo que quiere complicar
esta simplicidad es un error. Debería permanecer en un nivel muy simple…
Hasta luego clic bzzzzz”. Traducido: “No tengo ni puñetera idea de España
sólo sé que los españoles se han rendido al chantaje terrorista”. Luttwak
no es el único “neocon” que se siente obligado a denunciar la cobardía
moral del pueblo español sin saber muy bien si es Sevilla o Zaragoza donde
hacen aquel baile. David Brooks, autor de “Bobos en Paraíso”, uno de los
neocons más originales que defiende el matrimonio gay para que los homosexuales
dejen de acostarse con cualquiera, reconoció que “no sé cuales eran las políticas
concretas que resultaron decisivas en las elecciones”, y hasta añadió que
“la políticas en sí me traen sin cuidado”. Pese a ello, a Brooks no le
tiembla la mano al condenar a los votantes españoles por “buscar de forma
vergonzosa una paz independiente con el terrorismo”. John Podhoretz, otro
defensor de la Gran Israel cuya hagiografía de George W. Bush se presenta en
Barnes & Noble con más frecuencia de lo que se vende, dijo que “el pueblo
español acaba de entregar a los terroristas su primera victoria en un país
democrático”. Los
neocons “son propagandistas de la administración”, dice Luis Lapham
director de la revista Harpers’s. Integrantes de “una tradición en la
historia del excepcionalismo americano de gente que se creen dioses y piensan
que pueden dar sermones a cualquiera”. Pero los dioses se están quedando
solos. “¿Quién puede dudar de que los europeos y los americanos tienen
culturas morales distintas?” se lamenta Brooks. Hace un año los cobardes eran
franceses y el presidente dejó de comer tostadas francesas en su avión Air
Force One. Ahora España, líder de la “nueva Europa” según dijo Rumsfeld
como si hablaba de un nuevo planeta descubierto por la Nasa, se ha contagiado de
la “malaise francaise”. Bush se tendrá que privar de la tortilla de patatas
también. Si la cosa sigue así sólo le quedaran pretzels y esos se atragantan. |
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