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El hombre que gateaba hasta su
jergón
fragmento
Hanna Mina*
Traducción: Manuel
Jiménez Lucena
MUNDO ARABE.ORG
Al mediodía, cuando el estado de ánimo
del señor Abd Allah ya había mejorado y después de tomar el almuerzo en el
almacén, tal y como acostumbraba algunos días, de beberse el café que Yusuf le
preparaba y de fumarse un cigarrillo, se le acercó educadamente.
Balanceaba los brazos con las manos entrelazadas por delante, el rostro mostraba
toda su desgracia a través de unos ojos que parecían pedir clemencia y le
eximían de cualquier explicación. Carraspeó con un perceptible temblor de labios
y expulsó hacia el exterior unas palabras, temeroso y tartamudo. Lo que impulsó
al señor Abd Allah a preguntarle:
-¿Qué te pasa, Yusuf? ¿Por qué estás tan espantado? Habla... Di... ¿Qué quieres?
Yusuf, esforzándose en contener las lágrimas, respondió:
-Me gustaría... si tuviera la amabilidad de escucharme... Me gustaría pedirle un
favor... un pequeño favor...
-Te escucho, te escucho... no te preocupes. ¿Qué quieres?
-Quisiera decirle... que... la hernia...
Le señaló la cadera izquierda y se colocó la mano en la ingle, incapaz de
continuar hablando del asunto. Eso acabó con la paciencia del señor Abd Allah
que elevó la voz con cierta dureza:
-¿Qué dices, Yusuf?... ¿La hernia? ¿Qué hernia es esa? ¿Desde cuando te pasa?
-Desde hace un año- dijo Yusuf - Hace un año, más o menos, no sé.. Sí, hace un
año...Fuí a levantar un saco de cemento y de repente reventó... algo parecido a
un cuchillo me traspasó la ingle y me salió un bulto que se va agrandando... Le
he escondido la verdad por temor a molestarle...
El señor Abd Allah soltó una risita que Yusuf no supo si era burla o compasión,
o si la había provocado algún chiste muy gracioso; aunque él no había contado
ningún chiste ni nada parecido y solo había previsto que su capataz se hiciera
cargo de la situación.
En seguida abandonó aquella risa incomprensible y le dijo:
-Tú.... Yusuf, siempre estás exagerando ¿Por qué me alarmas de ese modo y
conviertes tu problema en algo extraordinario? ¿Por qué haces grandes las cosas
pequeñas? ...¿Por qué te aprovechas de mis buenos sentimientos y despiertas mi
compasión apareciendo al borde del precipicio?... Bien... tu problema es grande,
el mayor de todos los problemas... Y yo... que soy tu capataz, ¿qué crees que
debería hacer?
-¡Dios alargue su vida! -respondió Yusuf- Todo está en su mano...
-¿El qué,... Yusuf?
-Que me ayude a curarme...
-¿Que ayude a curarte... de qué?...¿De un resfriado?...¿De la fiebre?...¿De una
diarrea? ...¡¿De qué...?!
-De la hernia -añadió al pensar que ya estaba todo claro.
-Pero... ¿Cómo voy a ayudarte a que te cures de la hernia, Yusuf? ¿Es acaso mi
obligación? ¿Cuantas personas están herniada en tu barrio?
-Muchas...
-¿Y con qué se curan? ¿Qué hacen sus capataces con ellos?... ¡Explícamelo!
Yusuf replicó:
-Bendita sea su comprensión... Pero... si... Vd. supiera...
-¿Cómo que... pero... si yo supiera...?¿Puedes decirme con claridad qué es lo
que quieres?...¡Con toda claridad!...
Después de una larga pausa, repuso confusamente:
-Ya sé... que le gusta la franqueza... Lo sé... de verdad. Como sé que el sol
sale y se pone... que tengo cinco dedos en cada mano ... en cada pié...
El capataz levantó la voz impaciente:
-¡Acabemos!.. ¿Qué hay detrás de todo ésto?
-El problema y lo que significa, señor,... que la hernia no se cura con la
quinina.
-¡Ah!..Como bien dices... la hernia... no se cura con la quinina. ¿Entonces cómo
se curan los herniados en tu barrio?
-No se curan, señor -repuso Yusuf con ingenuidad.
-Eso ya lo sabes... Sabes que nadie se cura, porque no tiene remedio.
-...Pero llevan una sujección... Se ponen un vendaje...
-El vendaje se compra en la botica, es evidente. Ahora, contéstame con
sinceridad... ¿Es ésto una botica, o un almacén de material para la
construcción?
-Un almacén de materiales, señor... Sin duda...
-Bien dicho... Ahora eres lógico y razonable, Yusuf. Estás siendo juicioso y doy
fe de ello. Pero, dime: ¿Cu´ándo te he impedido que salgas a comprar una faja
para la hernia?
-¡No...! Nunca me lo ha impedido. No lo permita Dios... ¡Yo he sido quien no fue
a la botica, porque una faja es cara!
1988.
* Hanna Mina (1924): Es
novelista sirio autor de 34 novelas entre las que destacamos El ancla, Faros
azules y Historia de un marinero.
Traducciones de
Manuel Jiménez Lucena
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