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______________________________________________________________ Humor islámico Juanjo Sánchez Arreseigor
En contra de un tópico muy
repetido, la religión islámica no prohíbe de forma tajante las imágenes, excepto
las religiosas. En el Islam han existido siempre pintura y escultura, pero al
carecer del patronazgo religioso las artes plásticas nunca pudieron
desarrollarse como en Occidente. Recordemos que durante siglos la practica
totalidad del arte occidental era religioso: vírgenes, cristos, santos, ángeles,
escenas bíblicas, etcétera. Al prohibir el Islam el arte religioso, las pinturas
murales omeyas de Qsar al Maina, en Jordania, o los leones de la Alhambra
quedaron como meros chispazos aislados de lo que pudo ser y no fue. Para el
Islam, representar a Dios constituye pecado de idolatría. Representar a Mahoma
significaría correr el riesgo de empezar a adorarle, rompiendo el dogma
fundamental de la Unicidad de Dios. Para ellos algo así implicaría politeísmo,
como el culto cristiano a la Virgen y a los santos. Como remate, los ataques al cristianismo han sido siempre un asunto interno occidental: cristianos o ex cristianos metiéndose con su propia religión, de manera que todo queda en familia, mientras que los musulmanes ven estas caricaturas como una malvada agresión exterior. Si los budistas, los musulmanes, los hinduistas o los judíos lanzasen ahora una ofensiva propagandística contra el cristianismo con caricaturas burlescas o injuriosas, muchos occidentales, incluso aquéllos de sentimientos religiosos tibios o nulos, se sentirían muy ofendidos y sus reacciones podrían llegar a ser muy virulentas. Las críticas desde fuera del grupo parecen siempre más ofensivas e inoportunas que las que surgen desde dentro del propio grupo. Que uno de nuestros parientes critique a nuestro padre o nuestro hermano es algo que queda en familia y no tiene demasiada trascendencia. Que la misma crítica la haga un extraño es asunto que puede terminar de forma violenta con bastante facilidad. Otro factor a considerar es que durante los últimos siglos Occidente no ha sufrido la desventaja de tener encima a otra civilización mucho más poderosa que la nuestra. Los musulmanes sí, lo que les impulsa a mostrarse más susceptibles y asumir una posición mucho más defensiva. La reacción islámica, aunque
justificada hasta cierto punto, resulta sin embargo excesiva, desproporcionada e
indiscriminada. Es una tontería quemar banderas danesas u organizar boicots
cuando la ofensa la han cometido individuos muy concretos, con nombre y
apellidos, que tentaron al destino ya sea por imprudencia o por deliberada
provocación. La reacción islámica la han alentado las facciones más radicales
para conseguir el deseado enfrentamiento global contra el odiado Occidente, en
vez de centrarse en los verdaderos culpables y resolver el asunto por vía
diplomática o judicial. Resulta muy significativo que los autores de las
caricaturas de la discordia ni siquiera sean citados expresamente en las
protestas. JUANJO SÁNCHEZ ARRESEIGOR/HISTORIADOR, ESPECIALISTA EN EL MUNDO ÁRABE - La Verdad |
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