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Oficializar el apartheide en Palestina, impedir
la solución.
Ahmed Hijazy* Con
el inicio de la construcción de un muro de separación física - el 16 de junio
de 2002 - el Gobierno israelí oficializa una política de separación racial
que llevaba años negando su existencia. La primera fase del proyecto, puesto en
marcha por el Ministerio de Defensa, consiste en la construcción de una barrera
de más de 350 Km. de longitud, con el fin de separar la población palestina
del resto de las poblaciones, incluyendo entre ellas la judía y la palestina
que vive al oeste de la Línea Verde. Al llegar a su fin, este proyecto deja
aisladas a 13 localidades palestinas y sus habitantes, cuyo número asciende a
40.000 personas que serán ascendidas del resto de los territorios ocupados en
la Guerra de los Seis Días en 1967. En
efecto, Israel está intentando materializar una separación física contemplada
en la fase fundacional del proyecto sionista iniciado a finales del siglo
diecinueve. Con esta insistencia, se nota que el Gobierno de Sharon quiere
imponer lo que tres guerras lanzadas contra los palestinos no han podido
realizar materialmente: Forzar un nuevo éxodo palestino y, cuando menos,
encerrar a los palestinos que siguen habitando en sus tierras. En el mismo
sentido, teniendo en cuenta las propuestas políticas de varios gobiernos israelíes,
se está proponiendo un proceso de transferencia de poblaciones, el cual
significa mover la población palestina de la Palestina histórica ocupada en
1948, hoy Israel, a otros territorios y en especial a la Franja de Gaza. El
silencio internacional ante la construcción de este muro, da a Israel una vía
libre para actuar según sus planes estratégicos, aumentando la complicación
territorial del conflicto, imposibilitando el retorno de los refugiados
palestinos e impidiendo cualquier posibilidad de convivencia entre ambos
pueblos. Las
relaciones políticas que Israel mantuvo durante un largo periodo con el ex régimen
racista de Sudáfrica, y el intercambio de experiencias entre ambos regímenes,
puede explicar, hoy en día, lo que significa la separación física
materializada en la construcción del muro a lo largo de la Línea Verde y
alrededor de la Franja de Gaza. Sin olvidar la existencia de asentamientos de
colonos, rodeando las ciudades palestinas, podemos descubrir que este proyecto,
prácticamente, encerrará a los palestinos en reservas como aquellas muy
conocidas que existían en la Sudáfrica del apartheide. La
escala militar israelí contra las aspiraciones nacionales del pueblo palestino
y el incumplimiento de los acuerdos firmados con la Autoridad Nacional
Palestina, destruida hoy, demuestra el rechazo del Gobierno israelí a poner fin
a este conflicto a través de las negociaciones. En la práctica es una política
arrogante que está recibiendo el apoyo ilimitado del Gobierno de los Estados
Unidos y, a la vez, está aprovechando la ausencia de firmeza y la ambigüedad
en la política exterior de la Unión Europea. El
plan político anunciado por el presidente de EE.UU., anunciado en su discurso
del martes 25 de junio, desvela otra vez más el apoyo a la política
destructiva del Gobierno de Sharon, mostrando la ausencia de la imparcialidad
necesaria para resolver cualquier conflicto; y en particular el conflicto
palestino-israelí iniciado hace más de cuarenta y cinco años con la expulsión
de la mayoría del pueblo palestino de sus tierras y la usurpación de sus
propiedades. Las
exigencias del plan estadounidense están poniendo “el carro ante los
caballos”, impidiendo una salida auténtica para lograr la reanudación del
proceso de negociaciones. De esta manera, la administración de George W. Bush
está imponiendo como una condición
el destierro del liderazgo palestino antes de hablar de un Estado Palestino, lo
cual significa una intervención antidemocrática contra la voluntad del pueblo
palestino, siendo éste el único que tiene derecho a elegir a sus gobernantes. La
ambigüedad que refleja el discurso del Gobierno estadounidense, al hablar de un
Estado Palestino, está marcada, claramente, por la dejación y la ignorancia
– a propósito - del origen del conflicto, así como manifiesta rotundamente
que en ningún caso este futuro Estado podrá ser tal como indican las
resoluciones internacionales; sino un Estado tutelado y a las medidas israelíes
y estadounidenses. Si bien se han mencionado las resoluciones de Naciones
Unidas, 242 y 383, en ningún momento se ha hablado de la importancia de
aplicarlas en su contexto y significado comprendidos por Naciones Unidas. El
plan del presidente norteamericano ignora totalmente la necesidad de aplicar la
resolución 194 de la ONU que obliga al Estado israelí facilitar el retorno de
los refugiados palestinos. En el mismo sentido, no menciona el desmantelamiento
de los asentamientos construidos en tierras usurpadas a los palestinos, ni
demanda el desarme de los colonos paramilitares. A
pesar de la importancia de condenar todos los tipos de violencia, el
planteamiento de la administración norteamericana no reconoce que la violencia
en Palestina es una consecuencia de la desesperación motivada por más de
cincuenta y cuatro años de ocupación militar, humillaciones diarias y
violaciones cometidas contra los derechos humanos del pueblo palestino. Poner la
violencia que azota Palestina en el saco de la “campaña contra el
terrorismo”, es un intento de manipular el origen del problema que es, sin
duda, la ocupación militar israelí. Y a eso hay que añadir que, en la
voluntad de la comunidad internacional representada por las posturas y
resoluciones de Naciones Unidas, la Causa Palestina es una lucha justa por la
liberación y contra la colonización, cosa que ha practicado una gran parte de
las naciones del mundo que fueron sometidas a la colonización militar
extranjera. Así, confundir la lucha palestina con la violencia practicada por
algunos grupos como Hamas y el Yehad, es un acto de injusticia contra las
reivindicaciones legítimas del pueblo palestino. Para acabar con todo tipo de
violencia y terrorismo, es necesario imponer el fin de la ocupación israelí.
En resumen siguiendo la lógica humana, la violencia de un Estado colonial
engendra prácticamente otra violencia por parte de los sometidos a la
colonización. Acondicionar
la creación de un Estado Palestino al fin de la violencia y "el
terrorismo" – como viene diciendo el plan estadounidense – es
imposibilitar la creación de este Estado e impedir el inicio de un proceso de
negociaciones. Es necesario volver a recordar que la ocupación militar y los
asesinatos selectivos son terrorismo de Estado, y para acabar con este
terrorismo y lo que engendra, es imprescindible la salida de las fuerzas de
ocupación israelí de las ciudades palestinas y, acto seguido, lanzar un
proceso de negociación sobre la creación del Estado Palestino independiente y
soberano, así como el futuro de los refugiados palestinos y el desmantelamiento
de los asentamientos. Sin
una voluntad política internacional verdadera y imparcial que tenga en cuenta
la importancia de una solución duradera, la imposición de soluciones injustas
y los acuerdos parciales no servirán para otra cosa más que el aplazamiento y
la suspensión de otras batallas que podrían ser más graves y trágicas que
las de hoy, lo cual lo ha demostrado el proceso que se concluyó con la firma de
los Acuerdos de Oslo el 13 de septiembre de 1993.
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