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______________________________________ Ocupación
e impunidad Gema Martín
Muñoz ¿Quién
se puede creer que el Ejército de Israel, con toda su alta tecnología, está
amenazado por unos túneles que de manera primaria y precaria se supone excavan
los palestinos? ¿Quién se puede creer que Egipto, a cuyo territorio se supone
llegan, iba a consentir semejante trasiego en un límite territorial tan pequeño
cuya vigilancia es una tarea sencilla? Pero, ¿por qué dejamos que ofendan a
nuestra inteligencia? ¿Por qué todos los que saben que la coartada de los túneles
es una tomadura de pelo mantienen un silencio cómplice? Entretanto,
Ariel Sharon muestra a los palestinos que goza de una impunidad consentida y
que, por tanto, puede destruirlos y aniquilarlos sin que nadie sea capaz de
detenerle. Y, de hecho, lo está haciendo. Primero fue el muro de Cisjordania
que sigue construyendo mientras se ríe, y con razón, de todo el papel mojado
que son las declaraciones que se agolpan llenas de polvo en los despachos de los
organismos internacionales, y consigue anexionarse ilegalmente territorio,
apoderarse de las fuentes de agua palestinas, colapsar sus medios de vida económicos
y hacer tan invivible la situación de su población que, de hecho, se está
llevando a cabo una limpieza étnica silenciosa, sutil pero terriblemente
efectiva. De
Gaza se quiere retirar, pero a su manera. Es decir, dejando completamente
destruida a esa pequeña franja de territorio convertida en el más terrorífico
bantustán de la historia de donde no podrá salir más que un odio profundo e
irrefrenable. Pero, a decir verdad, si puede gozar de impunidad, ¿para qué
negociar y tener que renunciar a algo cuando se puede imponer el todo? ¿Quién
quiere en esas condiciones interlocutores políticos?; lo que hay que hacer es
destruirlos, ya sea el shayj Yassin o Arafat, o Marwan Barghuti condenado a
cadena perpetua en una prisión israelí. En
el país vecino, su gran aliado, EE UU, practica modos similares, de manera que
¿cómo va a contener a nadie? Practica la misma ocupación ilegal, no lleva la
cuenta de los muertos civiles iraquíes, y ha abierto campos de internamiento,
que llaman prisiones, donde, según la Cruz Roja, entre el 70% y el 90% de los
detenidos no tendrían que estar retenidos en esos centros que -hoy ya ha sido públicamente
aceptado- son más de concentración que cárceles. En realidad, el asunto de
Abu Gharib no es más que la consecuencia del ejercicio continuado de la
impunidad. Primero, Guantánamo; luego, Afganistán (donde Amnistía
Internacional ha denunciado la existencia de campos de internamiento donde se
practican las mismas torturas)... ¿Por qué Irak iba a ser diferente? De
nuevo la propaganda está tratando de presentar la situación como un caso
aislado por parte de un puñado de sádicos soldados norteamericanos, pero la
verdad es que forma parte de una concepción política que alcanza a las más
altas esferas y para las cuales el declarado enemigo no es un ser humano. De ahí
que la gran decisión haya sido demoler Abu Gharib, confundiendo el continente
con el contenido, lo material con algo mucho más pernicioso como es la
mentalidad, y, de paso, usurpar ese edificio a la memoria histórica. A
continuación, lo fundamental es conseguir la inmunidad internacional para sus
soldados y así seguir ejerciendo la impunidad. Y
mientras toda esta demoledora realidad nos asalta derrumbando los fundamentos
del humanismo universal, se habla, como si Irak no estuviese descendiendo cada día
más a los infiernos, del traspaso de la soberanía a los iraquíes, de un
Gobierno soberano iraquí que Lajdar Brahimi,
como ya hizo en Afganistán, está perfectamente orquestando para los
norteamericanos, de manera que, elegido por ellos, pida a las fuerzas ocupantes
que se queden y renuncien a cualquier decisión sobre las mismas, y al control
de las propias fuerzas militares y policiales iraquíes. Pero el escenario va a
ser tan fracasado y nefasto como el afgano, y el Gobierno "soberano"
iraquí acabará como Hamid Karzai, quien no es hoy más allá que el
"alcalde de Kabul", metido en una burbuja con su Constitución
presidencialista inspirada por los norteamericanos con intermediación del
insustituible Brahimi bajo el brazo, mientras el país está dominado por la
violencia, la inseguridad y el narcotráfico, haciéndose inviable la celebración
de elecciones o cualquier proceso político estable para gran sufrimiento de la
población civil. Sumar
el seguro fracaso iraquí al afgano está llevando a la ONU a perder toda
credibilidad ante las poblaciones de Oriente Medio. Su ambigua y claudicante
situación, en la que parece resignarse a desempeñar un papel de instrumento
político norteamericano para fingir que la ocupación se acaba y ejerce un
papel "relevante" en el proceso político y de la reconstrucción de
Irak, le va a arrastrar a otro fiasco como el afgano y a ser identificada con
las fuerzas ocupantes -es decir, a la ilegitimidad- y a ser objetivo de la
resistencia. Sin
embargo, y para desgracia de todos, esta pantomima del 30 de junio, al servicio
de las elecciones presidenciales del señor Bush, tiene más ocupado al Consejo
de Seguridad que el inmantenible ejercicio de la impunidad que ciudadanos
humillados y degradados están padeciendo en esos territorios, y las
consecuencias de ello van a ser aún más desastrosas que las ya hasta ahora
vistas y sufridas. Porque todo esto lo que está transmitiendo a las poblaciones
árabes y musulmanas es que son los actuales "apestados de la Tierra",
que la ley, la justicia y los derechos humanos no se aplican para ellos. ¿Y qué
podemos esperar cuando se alimentan de esta manera las raíces del odio? *Gema
Martín Muñoz es profesora de Sociología del Mundo Árabe e Islámico de la Universidad
Autónoma de Madrid. ______________________________________________ |
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Editor Ahmed
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