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Irak, ahora

Al-Sistani, la transición y los otros colaboracionistas

Ahmed Hijazy

Sorprende ver cómo los colaboracionistas de la desaparecida dictadura de Sadam cuestionan la verdadera y legítima resistencia iraquí al tiempo que no condenan los atentados criminales que tienen como objetivo ciego a la población civil iraquí. Los que no saben distinguir entre la resistencia contra los invasores y el terror contra el pueblo iraquí pueden terminar sirviendo a los invasores por la manipulación que ejercen. Hemos visto con nuestros propios ojos como muchos hombres de Sadam han terminado colaborando con los invasores y sus gobiernos, dentro y fuera de Irak, y podemos decir que la información que difunden algunos de los ex colaboracionistas de la dictadura fuera del país ocupado se puede clasificar en el mismo campo de información arabofóbica e islamofóbica que, a fin de cuentas, es el pilar del discurso ideológico de los invasores.

 Mientras las fuerzas políticas, la sociedad civil y las facciones de la resistencia armada iraquí luchan para recuperar la soberanía de su patria, los invasores, los hombres del régimen derrocado, los colaboracionistas de la ocupación y los ex colaboracionistas de la dictadura se empeñan en sabotear y perpetuar el caos, la muerte y el desconcierto acerca de todo lo que acontece en el país árabe.  

Las maniobras de muchos actores en el escenario iraquí son innumerables, pero el único objetivo de todas es uno y único: impedir que Irak salga adelante, recuperando su soberanía que sin duda llevará a una reconciliación nacional después de tres décadas de guerras, invasiones bárbaras y dictadura. El camino ni es ni será fácil, en Irak existe un mosaico muy distinto al mosaico étnico. La pluralidad cultural y étnica ha sido siempre un factor enriquecedor a lo largo de la historia de este país. El verdadero mosaico amenazante es aquel que agrupa a los invasores que no llegaron para marcharse pronto, a los nostálgicos de la dictadura que han perdido sus privilegios, a los regímenes vecinos que temen una transformación verdaderamente iraquí que convertirá el país en un oasis de libertades y progreso gracias a los recursos humanos que siempre han distinguido a este país árabe a nivel mucho más que regional.

Guste o no, siempre las fuerzas imperialistas y sus ideólogos cometen el mismo error al tratar la realidad de las tierras invadidas: juegan a las diferencias étnicas; dividen el país en categorías propias de la estructura de una empresa multinacional y buscan al mejor directivo para llevar el proyecto colonial a sus puertos: esto es lo que menos se espera de unos invasores. Lo peor es la confusión que difunden algunos pocos colectivos y grupos que se supone opuestos al imperialismo, aunque, como se sabe, nostálgicos de los tiempos de la dictadura protegida durante muchos años por los mismos invasores de hoy.

El lenguaje orientalista del colonialismo está llenando la prensa escrita y el discurso de muchos colectivos. Las expresiones arabofóbicas e islamofóbicas saturan el diccionario político cotidiano; Irak el país de las mil y una noches, de Babilonia y la civilización milenaria se convierte, de la noche al día, en el país de chiíes y sunníes; de iraquíes resistentes e iraquíes colaboracionistas; en zonas kurdas y en el triángulo sunní..etc.

La transición:   

El mosaico amenazador de los invasores y los nostálgicos de la dictadura es el más interesado en que Irak no tenga un proceso de transición real. Las propuestas estadounidenses aspiran a algo mucho más grande y consistente que este Consejo Gobernativo que han impuesto tras la invasión. Una mirada profunda al proyecto de transición presentado por Estados Unidos y alabado por Gran Bretaña permite una revelación que pocos analistas pudieron ver claramente. Para entender este proyecto hay que saber primero cuál es la parte más esencial de esta propuesta angloamericana.

Los angloamericanos, dependiendo su presencia militar ilegal en Irak, apuestan por una transición a la medida que garantizará el control permanente del país desde la sombra, por ello la propuesta que intentan imponer ha tenido que ayudarse con la experiencia colonial británica en Oriente Medio a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Los invasores pretenden repetir la misma historia en el país con las mismas recetas, con los mismos métodos con los que aquel imperio británico lo había dejado todo atado después de acabar su presencia militar en Oriente Próximo en la época de descolonización (1900-1960).      

El fin de la colonización británica en Oriente Próximo (incluido está claro el Golfo Pérsico) tenía dos aspectos que siguen, de una u otra forma, presentes hoy día. El primer aspecto fue el fin de la apariencia militar directa en estas ex colonias, el segundo es la colocación de jefes tribales en cada uno de los países recién nacidos, es el caso de Arabia Saudí, Jordania y todos los países del Golfo Pérsico. En su día esa política de colocación de jefes tribales en el poder tuvo sus fracasos en tres países entre los que se encontraba precisamente Irak. Pues en Siria, El Líbano, los jefes tribales llegados desde la Península Arábiga apoyados por las fuerzas británicas fueron expulsados por los pueblos de estos países. En el caso de Irak el pueblo derrocó la monarquía impuesta por los británicos y declaró la republica que, veinte años después, entró en una muerte clínica a manos de Sadam Husein que logró liquidar todas las figuras democráticas y nacionalistas que caracterizaban el panarabismo del Partido Baaz, utilizando métodos mafiosos además de la mano dura de los cuerpos de seguridad del Estado que él mismo controlaba desde el año 1974.      

El actual modelo de transición de los invasores para Irak pretende una clonación estructural semejante a la que acabamos de mencionar a pesar del tiempo que separa los dos procesos que en algunos casos asciende a más de 80 años.  La esencia de la transición que promueven los angloamericanos y sus vasallos está en el mecanismo que debe conducir hacia la “designación” y la representación legítima de quien estará en el poder, porque de esto depende tanto el futuro de Irak y su soberanía, como si los invasores logran conseguir sus objetivos estratégicos para controlar el país y redibujar el mapa político de Oriente Próximo. Nunca la diferencia fue la fecha de las elecciones o el tiempo que se necesita para celebrarlas. Sólo la hipocresía y la manipulación de los medios de comunicación (y también la de los ex aliados de Sadam y colaboracionistas de la dictadura) dan a entender que el problema está en el calendario o, como vanean a veces, si serán elecciones bajo ocupación o sin ella y con la ONU.

El plan de los invasores

El proyecto de transición de los invasores consiste en la celebración de asambleas tribales que elegirán a sus representantes para formar una parte de una Asamblea Nacional. Esta asamblea designará al futuro Gobierno iraquí cuya principal tarea será la elaboración de una ley provisional. El papel de la Asamblea Nacional según el plan de los invasores no es otra cosa que el elegir a este futuro gobierno en coordinación con las fuerzas de ocupación. En ningún momento se menciona la celebración de elección directas, ni el papel legislativo de dicha Asamblea e, incluso, la Autoridad Provisional de los invasores puede oponerse a cualquier nombre propuesto por parte de la Asamblea Nacional.

El objetivo de la celebración de asambleas tribales en las 18 provincias iraquíes es, simplemente, la búsqueda de un hombre que pueda ser el futuro hombre fuerte de Irak: los invasores entienden perfectamente la importancia del apoyo de una tribu a su hombre en el poder, y esto es lo que exactamente hizo Sadam Husein, durante las casi tres décadas de dictadura, al reducir el control del poder a los miembros de su clan: los Tikriti.

Los ocupantes creen posible con esta formula colocar (a largo o medio plazo) a un hombre fuerte apoyado por una única tribu, grande pero minoritaria, con el fin de que siga necesitando la ayuda y el apoyo de fuerzas extranjeras. Una mirada al Golfo Pérsico nos permitirá entender la falsa transición que pretenden los invasores. De Arabia Saudí hasta Emiratos Árabes Unidos existe un largo paisaje de emires y reyes pertenecientes a grandes tribus, pero en el mejor de los casos sus tribus no alcanzan el 7% del total de la población, y todos siguen el dictado del imperio estadounidense además de tener a sus países llenos de bases militares .     

Con esta formula de transición, Estados Unidos y sus vasallos lograrían marginar incluso a las fuerzas políticas que participan en el actual Consejo de Gobernación impuesto por los invasores. El interés que tienen los invasores, principalmente Estados Unidos y Gran Bretaña, en marginar a las fuerzas políticas que colaboran con ellos ahora, tiene su explicación sencilla: los invasores saben que la convivencia con estas fuerzas políticas es temporal y que en ningún caso éstas podrán justificar una ocupación larga porque perderían sus bases sociales además de su credibilidad; es una luna de miel provisional entre ambas partes. De aquí que algunas fuerzas políticas históricas que forman parte del Consejo de Gobernación empiezan a participar en las manifestaciones ciudadanas contra el plan de transición angloamericano. 

Al-Sistani

La oposición del Ayatolá Al-Sistani a este plan está más que clara. La importancia de su oposición se resume en el valor moral que tiene como la más alta autoridad independiente y religiosa iraquí. Los iraquíes dan mucho más crédito a las palabras de Al-Sistani que a las de los invasores y las de las fuerzas políticas que colaboran con ellos. Incluso durante la dictadura, Al-Sistani fue la única voz opositora al régimen de Sadam en el interior del país y sus advertencias a los invasores impidieron que éstos entraran en la ciudad santa de Nayaf.

La postura de La Maryeía (como llaman los iraquíes a la más alta autoridad religiosa del país) que representa Al-Sistani consiste en la celebración de elecciones directas y que los iraquíes puedan elegir a la futura Asamblea Nacional en un sufragio universal. El punto de diferencia que aumentó la tensión entre la Autoridad Provisional de Ocupación y Al-Sistani no ha sido la fecha del 30 de junio de este mismo año para celebrar las elecciones, sino el mecanismo que conducirá el proceso de recuperación de soberanía: los invasores pretenden lanzar un proceso de elección indirecta en el que ellos decidirán quién tendrá derecho y quién no a participar en la elección de la nueva Asamblea Nacional y el Gobierno iraquí, mientras Al-Sistani apuesta por una transición en la que la primera palabra será la del pueblo a través de elecciones libres directas con la participación de todos los iraquíes mayores de edad.

Con elecciones libres, una resistencia que sabe quién es el enemigo y una sociedad civil cada vez más organizada y movilizada se puede expulsar a los invasores y poner fin a la ocupación. El frente de la lucha política es tan importante como la resistencia armada contra las tropas de ocupación. Estados Unidos y cía. lo entienden perfectamente y por esto se empeñan en sabotear y disuadir cualquier oposición política iraquí a sus planes para dar a entender que la resistencia contra las fuerzas de ocupación es una resistencia de unos desesperados.

Pensando en esta realidad iraquí y los hechos de cada día, uno debe aplaudir la cada vez más creciente movilización ciudadana iraquí en las calles del país reclamando elecciones libres, soberanía y fin de la ocupación ilegal.   

Editor Ahmed Hijazi
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