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Lo que Bush no vio

Bernard Cassen

Mundoarabe.org, 3/04/2005
Cuando por primera vez tomó posesión de su cargo en enero del 2001, no cabe duda de que George Bush no sabía dónde estaban situados exactamente Irak e Irán en un mapamundi, y es posible que incluso ignorara que se trataba de dos países diferentes. Ahora ya lo sabe: una guerra ha pasado por ahí.

Tanto lo sabe, que, a propósito de la crisis que se perfila sobre la cuestión del armamento nuclear de Teherán, durante su reciente viaje a Europa ha declarado: "Irán no es Irak", dando a entender que la intervención militar todavía no figura en el orden del día.

Se hubiera podido imaginar que, a propósito de Irán, el precedente de Irak, donde más de 130.000 militares estadounidenses están metidos en un atolladero, y donde más de 1.500 de ellos ya han encontrado la muerte, serviría de lección a Washington. Nada de eso. Bush simula creer o, lo que es más grave, cree verdaderamente que tras la "liberación" de Irak por las fuerzas de la coalición, las elecciones del 30 de enero permiten prever una estabilización y una democratización de dicho país. Ahora bien, estamos muy lejos de éste objetivo, tanto en el plano interior como en el exterior.

Los insurgentes, a pesar de la diversidad de las fuerzas que los componen, ganan cada día en coordinación y sofisticación para el sabotaje de las instalaciones de electricidad, de agua, de petróleo, de gasolina, etcétera. Militarmente, ninguna zona está totalmente controlada por los estadounidenses (que sufren pérdidas prácticamente cada día) y todavía menos por los soldados iraquíes mal o poco formados y muy poco motivados, pues son objetivos privilegiados de los grupos armados. No se puede apreciar que se esté dibujando ningún escenario de salida en buen orden de las fuerzas de los países de la coalición.

Durante su estancia en Bruselas, Bush ha intentado arrastrar a la OTAN a Irak con el fin de hallar una mejor salida, posteriormente, bajo su bandera. A pesar de algunas buenas palabras meramente circunstanciales que permitían creer en una reconciliación transatlántica, los países miembros de la Alianza Atlántica han limitado al mínimo estricto sus compromisos en materia de formación de militares iraquíes sobre el terreno.

En lo concerniente a las futuras instituciones del país -la Constitución debe estar redactada el 15 de agosto y será sometida a referendo en octubre-, es de prever que se produzcan graves tensiones entre los chiís, que han obtenido 140 de los 275 escaños de la Asamblea (es decir, el 51%); la minoría sunní, que teme que este país que tradicionalmente ha dirigido caiga en manos de "los partidos de Irán", y finalmente el "bloque kurdo", que cuenta con 75 escaños. Se hace necesaria una coalición, pues el futuro primer ministro, Al-Jafari, debe contar con el apoyo del 60% de los elegidos. Ahora bien, la Alianza Iraquí Unida, que agrupa a 11 formaciones chiís y que presenta como candidato a la dirección del gobierno a uno de los dos actuales vicepresidentes transitorios, Ibrahim al Yafari, sólo dispone, como acaba de hacerse patente, del 51%.

Así pues, los kurdos vuelven a estar en situación de árbitros y van a hacer pagar muy caro su apoyo. Con el riesgo de provocar una mayor crisis internacional, que supere incluso en importancia a la provocada por la invasión de Irak. Desde 1991, protegidos por las fuerzas aéreas estadounidenses y británicas, disponían de una total autonomía con respecto al régimen de Sadam Husein en un  perímetro que no comprendía la totalidad de las zonas de población kurda, y sobre todo que excluía Kirkuk, donde se concentran el 40% de las reservas petrolíferas iraquíes. Ahora bien, la inclusión de Kirkuk en una futura provincia kurda de Irak, que no dejarán de reivindicar los dos grandes partidos kurdos en contrapartida a su apoyo a un Gobierno en Bagdad, constituiría un casus belli con Ankara.

Turquía considera que esta ciudad, que le había sido arrebatada por el Tratado de Lausana de 1923, forma parte, íntegramente, de su territorio nacional. Con los campos petrolíferos de Kirkuk, la provincia kurda dispondría de recursos más que suficientes para transformarse en un Estado susceptible de atraer a los kurdos de Turquía (el 20% de la población), sin hablar de los de Irán y de Siria.

Existen muy pocas dudas de que la perspectiva de la creación de un Estado kurdo (previsto por el Tratado de Sèvres de 1920) conduciría a una intervención militar turca en Irak. Obligados a cuidar simultáneamente de sus tres protegidos con intereses contradictorios, que son el Gobierno iraquí, los kurdos de Irak y los turcos, Washington corre el riesgo de volverse a encontrar en una situación imposible. Y la región, el de inflamarse. Pero entonces será demasiado tarde para lamentarse de haber abierto la caja de Pandora iraquí.

Bernard Cassen, Director general de Le Monde Diplomatique

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