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______________________________________ En
la cabeza de Sadam Tahar
Ben Jelloun Mundoarabe.org
4 de julio de 2004 Como
en la película Cómo ser John Malkovich, he logrado penetrar en la cabeza de
Sadam en la misma víspera de su comparecencia ante un tribunal Irakuí. Lo que
he podido averiguar resulta aún más pavoroso que las penalidades que el
dictador infligió a su pueblo. He aquí el relato de mi hallazgo. “El
16 de marzo de 1988, el día en que ordené gasear a los kurdos en Halabja, me
limitaba a responder al secreto deseo de los Irakuíes y posiblemente de los
turcos; no hacía más que anticiparme a sus deseos. Fui el fiel servidor de mi
pueblo. ¡Vaya!, oigo que la gente se ríe. ¿Hay alguien ahí? ¿A qué vienen
esas risas? No estoy bromeando. Pero lo cierto es que los kurdos amenazaban la
unidad del país. Trataban de fracturar el país, así que yo les aplasté antes
a ellos. Eso es todo. Cuando se gobierna un país no hay sentimientos que
valgan. Ésa es mi fuerza y mi verdad. No conozco la duda ni la vacilación.
Cuando he de zanjar una cuestión, la zanjo. Es exactamente lo mismo que hizo en
1982 mi amigo enemigo, Hafez El Assad, que envió la fuerza aérea a Hama, donde
se habían congregado varios millares de islamistas opuestos a su régimen. En
una sola noche resolvió la papeleta. Mató tanto como yo y a él en cambio no
se le ha importunado. ¿Y el hermano Gaddafi? Fue acusado de poner bombas en
aviones comerciales; ha resarcido económicamente a las familias de las víctimas
y se le ha perdonado todo. “Por
mi parte, nunca me he propuesto nada importante sin que mis amigos
norteamericanos, alemanes y franceses estuvieran al corriente. ¿Me preguntan
sobre la guerra contra Irán? Los norteamericanos me dieron luz verde y me
vendieron toneladas de armas. El gas y los aviones con los que gaseé Halabja
provenían de fábricas francesas y alemanas. ¿Sobre la guerra de Kuwait? El
embajador norteamericano estaba conforme. ¿Qué quieren, entonces? ¿No soy
bueno para ellos? ¿Me he convertido en el enemigo de la humanidad? ¡Quieren
juzgarme por crímenes contra la humanidad! Pero ¿qué humanidad? Soy una víctima,
un hombre traicionado, un chivo expiatorio. He matado a mis oponentes con mis
propias manos. ¡Eso sí que es ser valiente! Los demás dirigentes árabes
optan por hacer desaparecer a sus oponentes y luego ordenan a la policía que
les busque... Por lo que a mí respecta, soy sincero y franco. No soy ni un demócrata
ni un ingenuo. El hombre es malo. Sólo comprende el poder de la fuerza. Créanme,
soy buen conocedor del alma humana, sé de qué pasta está forjada y de lo que
es capaz. Los Irakuíes son duros y severos y les gusta que les gobierne un
dirigente severo. Es nuestra historia desde el término de la monarquía,
resuelta al modo Irakuí, es decir, con sangre. Yo soy inocente, soy una víctima
de la doblez norteamericana. Mi juicio no será un juicio justo. Para que lo
fuera habría que juzgar a todos los dirigentes árabes, a ambos Bush –padre e
hijo–, a las Naciones Unidas, a Chalabi, a Alaui, a muertos y a vivos, a
todos, a todos...”. Sadam
se ha puesto a aullar y dar alaridos, exigiendo que se le proporcione un arma
para matar a quienes le han traicionado. Con los ojos inyectados de cólera echa
espumarajos por la boca, cae al suelo y se retuerce convulso como si sufriera
una crisis de epilepsia. Se pone a delirar. La locura se ha apoderado de su
persona. He
abandonado el interior de este cráneo presa de la náusea y la repulsión. He
sentido deseos de vomitar. Tal es la maldición que se ha abatido sobre esta
región del mundo en que se suceden las dictaduras, engendrando nuevos monstruos
que se avivan y crecen con presteza para que los árabes se instalen por largo
tiempo en la decadencia y la miseria. TAHAR
BEN JELLOUN: Escritor
franco-marroquí. Premio
Goncourt 1987. La
Vanguardia . Traducción:
José María Puig de la Bellacasa ________________________________________________ |
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