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El Líbano: pecados damasquinos

Ahmed Hijazy

Mundoarabe.org, 26/02/2005
 Cuando los libaneses se manifiestan reclamando el fin de la presencia militar siria en su territorio están en su pleno derecho, aunque ello no da derecho a los gobiernos de Paris y Washington para lanzar sus amenazas contra Siria. Si de presencia militar extranjera en territorio ajeno se tratara, Paris y Washington deberían ser los primeros países en acabar con su propia presencia militar, muchas veces ilegítima, en numerosas partes del mundo.

 También, si a Bush y Chirac les preocupara la aplicación de las resoluciones de Naciones Unidas y el mantenimiento de legalidad internacional, deberían empezar por exigir a Israel el fin de la ocupación en Palestina, en los Altos del Golan (propiedad de Siria) y el fin de la ocupación de las Granjas de Shabá en el sur de El Líbano. Eso sin hablar del urgente y necesario fin de la ocupación en Irak.  Sobra decir que hacer las maletas de los anglosajones y sus vasallos y marcharse de Irak, es un acto que contribuirá más que nada a la pacificación y normalización de Oriente Próximo. En todo caso para Estados Unidos y Francia no es eso precisamente lo que está en juego, porque la estabilización de Oriente Próximo es lo menos que les puede preocupar.  

 ¿Fue el asesinato del ex primer ministro libanés, Rafiq Al-Hariri, la gota que colmó el vaso? ¿O para Francia y Estados Unidos este es el momento más idóneo para aprovechar y ajustar sus cuentas con Siria que siempre ha buscado la cooperación y la equivalencia en sus relaciones exteriores en lugar del seguidisimo y la sumisión ante las potencias occidentales? ¿Es tan torpe el Gobierno sirio como para cometer un asesinato político, como el de Hariri, en un momento en el que las presiones provocadas por el lobby israelí en Washington contra él no cesan? ¿Es Siria el único país beneficiado de la desaparición de Hariri? ¿Dónde estaba esta preocupación gala por el futuro de El Líbano cuando Israel asesinó al ex falangista y ministro libanés Elie Hobaiqa para no testificar ante un tribunal belga en un proceso abierto contra Ariel Sharon por su papel en la masacre de Sabra y Chatila que costó la vida a cerca de 3000 refugiados palestinos? Y por último ¿Pagará Siria el precio de la reconciliación entre Estados Unidos y la Unión Europea? Algunas de estas preguntas tienen sus respuestas ahora, otras sólo el tiempo nos las dará.

 En el último año Siria ha ido reduciendo a más de la mitad (de 35.000 a 15.000 soldados) el número de sus tropas en El Líbano a raíz de las protestas internas y las presiones externas. Pero el origen de esta presencia militar en El Líbano hay que buscarlo en el año 1976, cuando el presidente libanés de aquel momento pidió a siria intervenir en el país para poner fin a la guerra civil que, un año antes, se había desatado entre milicias drusas y cristianas y que más tarde arrastraría a todas las fuerzas políticas y milicias armadas, incluido las palestinas y la posterior invasión de El Líbano por parte del Ejército israelí comandado por Ariel Sharon, siendo ministro de Defensa de Israel en1982.  

Los Acuerdos de Taef y la presencia militar siria.

 El Documento de Acuerdo Nacional, conocido como los Acuerdos de Taef en relación con el nombre de la ciudad saudita Taef, a orillas del Mar Rojo, fue negociado y firmado (octubre 1989) por parlamentarios libaneses que representaban todo el espectro político libanés y con el objetivo de poner fin a la guerra civil y reorganizar la vida política nacional libanesa. En este acuerdo se asumió la presencia de las tropas sirias en El Líbano hasta el fin de la ocupación israelí en el sur del país1.  Es más, esta presencia fue considerada una garantía para la seguridad de El Líbano frente a la amenaza militar y las permanentes incursiones militares israelíes en el espacio aéreo de la capital libanesa.

 Aunque Siria no jugó ningún papel militar directo para frenar las incursiones israelíes en el espacio aéreo libanés, su apoyo a la resistencia libanesa fue decisivo para acabar con la ocupación israelí en una gran parte del sur del país. Este apoyo nunca será perdonado por Israel y, quizás, por eso los grupos proisraelíes en París y Washington siguen trabajando para doblegar a Siria, aprovechando su presencia militar en El Líbano como punto de partida en su campaña de acoso contra el país árabe.

 Las partes que amenazan a Siria hoy están en acuerdo total en sus políticas agresivas contra este país. Aunque cada uno de los implicados en estas intimidaciones tenga sus propios objetivos, todos creen que con la amenaza contra Siria sus empresas se verán conseguidas y sus intereses garantizados de la siguiente manera: 1- Francia entiende que no podrá recuperar su influencia política en El Líbano, su joya de la época colonial en Oriente Próximo, mientras las tropas y la influencia sirias sigan en el país. Para recuperar esta influencia a Paris le conviene formar un frente común con EE.UU. e Israel contra el Gobierno de Damasco. 2- Estados Unidos, por su parte, cree que doblegar a Siria le permitirá seguir adelante en su proyecto para un Gran Oriente Medio. Para los norteamericanos Siria es el segundo paso a dar, en dicho proyecto, después de la ocupación de Irak y el derrocamiento del régimen de Sadam Husein. 3- Israel ve en las presiones y los escenarios posibles que se abren contra Siria una oportunidad histórica en el camino de convertirse en una hegemonía única y absoluta en Oriente Próximo, por lo que debilitar a Siria es su interés estratégico de máxima importancia en la región. Para los árabes de a pie en esto radican los pecados occidentales y sus amenazas contra un pueblo hermano.

¿Qué interés tiene Siria en El Líbano?

 En primer lugar, El Líbano hasta hace siete décadas formaba parte de la Gran Siria que fue dividida en varios estados a manos de Francia y Gran Bretaña (las dos potencia coloniales en el Mundo Árabe durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX) durante el proceso de descolonización en Asia y África. En la ideología nacionalista del régimen sirio, El Líbano tiene un simbolismo enormemente sensible a la hora de hablar de su historia como un territorio dividido por potencias ocupantes extranjeras. Pero este simbolismo no llega más allá del dogma ideológico que pueda tener cualquier régimen en el planeta. No es verdad que Siria no asuma los hechos consumados impuestos con el tiempo por otros, la realidad es totalmente distinta.

 Para el Gobierno Sirio El Líbano es su moneda de cambio en su lucha por la recuperación de los extremadamente estratégicos Altos del Golan bajo ocupación israelí. También es un espacio vital para frenar cualquier maniobra militar israelí contra la capital siria, Damasco, situada muy cerca de las fronteras de El Líbano. Controlar El Líbano garantiza para Siria la estabilidad del frente sudoeste y la prevención de cualquier hipotético ataque israelí.

 La presencia siria en El Líbano se ha visto beneficiada económicamente según pasa el tiempo, y con la vuelta de la paz civil al país vecino, las inversiones mutuas se han visto aumentadas como nunca. De hecho El Líbano es el principal mercado exterior para Siria. Lo es también para ubicar la mano de obra siria, ayudando así a reducir la presión sobre la difícil marcha de la economía del país. En El Líbano se encuentran actualmente casi medio millón de trabajadores sirios.

 Lo que está claro es que Siria, a lo largo de estos treinta años, ha abusado políticamente de su situación privilegiada en El Líbano, lo cual ha motivad y sigue motivando las protestas contra su presencia en el país. El Gobierno de Damasco quiso aplicar una versión policial parecida a la que tiene en su propio territorio, aunque, eso sí, algo más leve. Para evitar la reacción de los libaneses hacia esta versión policial, Damasco optó por ejercer su poder, casi de forma exclusiva, sobre la clase política libanesa, de modo que cualquier político libanés necesita el amparo y la tutela de Siria para poder escalonar y avanzar en la estructura política nacional.

 El pecado damasquino se resume en la caída en el olvido a la hora de mirar a El Líbano de hoy; parece que los centros del poder en Damasco no quieren ver o se les escapa que El Líbano ha dejado de ser aquel Líbano sectario e inmerso en su propia guerra civil de 1976; lo mismo se puede decir de la tardanza en aplicar algunos capítulos importantes de los Acuerdos de Taef después de que hayan pasado ya quince años desde su firma; la tardanza de Siria en sacar sus tropas de El Líbano y reducir su despliegue preventivo de fuerzas de inteligencia, se entiende en el contexto de su lucha para salvaguardar sus intereses en el país vecino.   

¿Y la oposición libanesa?

 Las reivindicaciones de la oposición libanesa no son nuevas. De hecho, mayo de 2000 es un mes clave para detectar las primeras movidas de una oposición, nada unida en aquel momento, reclamando el fin de la presencia siria en el país. Estas movidas empezaron tras la retirada parcial israelí de una gran parte del sur de El Líbano. Para algunas figuras de la oposición libanesa, la retirada parcial de las tropas de ocupación israelí del sur del país, convertiría la presencia militar siria en innecesaria.

 En el mes de agosto del año siguiente el objetivo de la oposición cobraría fuerza gracias al acercamiento entre varias fuerzas políticas entre las que se encontraban el Partido Socialista Progresista, el Partido Social-nacionalista Árabe y el Consejo de Obispos encabezado por el patriarca Safeir.

 Este acercamiento entre fuerzas políticas distintas y la iglesia maronita que se convirtió más tarde en una coalición de fuerzas opuestas a la presencia siria en el país, perdió su esencia al permitir a elementos ultraderechistas formar parte de esta alianza. Se trata de dos formaciones mal vistas por los libaneses por su colaboración en el pasado con la ocupación israelí en El Líbano, estas dos formaciones son las llamadas Fuerzas Libanesas y el Movimiento Patriótico Libre del general Michel Auon, exiliado actualmente en París.

 La postura del patriarca Safeir contra la presencia siria y el apoyo del presidente, Emile Lahoud también cristiano maronita, a esta presencia, no han hecho más que dividir el campo político cristiano en dos bandos, debilitando de esta forma la fuerza que pudo haber tenido la oposición libanesa en su empeño de poner fin a la influencia siria.

 La salida del sunita Rafiq Al-Hariri de la presidencia del gobierno en 1998 se debió a las diferencias que mantenía con el presidente Lahoud. En el conflicto entre ambos, Siria tomó parte apoyando al presidente Emile Lahoud. A partir de ese momento, la salida del Rafiq Al-Hariri se convirtió en el punto de partida que permitió a la oposición contar con una figura importante y reconocida por todos los libaneses gracias a su labor de reconstrucción del país al finalizar la guerra civil. En los años previos a esta salida, Hariri había tenido sus más y sus menos con el Gobierno de Damasco  desde 1992, año en que encabezó el Gobierno libanés. 

 A finales del año 2000 Hariri volvió a presidir el Gobierno libanés, pero esta vez después de haber convencido a la oposición de intentar cambiar desde dentro. En su gobierno fueron representadas algunas fuerzas políticas de la oposición. Esta convivencia entre el Gobierno de Hariri y el presidente Lahoud, duró hasta finales del año pasado, momento en que Siria presionó al Parlamento libanés para modificar la Constitución y permitir una prorroga del mandato del presidente Emilie Lahoud.

En octubre de 2004, justo después de aprobarse la reelección de Lahud, Hariri dimitió. Tras su dimisión se convirtió en un diputado de a pie y se fue aproximando cada vez más al heterogéneo grupo de diputados que piden el fin de la tutela siria sobre El Líbano, si bien Hariri siempre se negó a criticar abiertamente a Damasco2.

La oposición libanesa entiende perfectamente que su causa y sus reivindicaciones están sirviendo a los intereses occidentales como una coartada para debilitar a Siria frente a Israel y como un espantapájaros para obligarla a frenar su influencia y acabar con su presencia en el país vecino. Pero no por eso la oposición dejará de seguir en sus legítimas reclamaciones y, de paso, aprovechar el momento actual en el que los vientos soplan a su favor.

1 Marlin Dick es periodista del diario libanés Daily Star. Artículo publicado en Middel East Report con el titulo “Thirteen-Year Itch The Demise of Lebanon's Taif Agreement?” 13 agosto 2002.
2 El Mundo, Miércoles, 16 de febrero de 2005.

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