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____________________________________ Entrevista al poeta
palestino Mahmoud Darwich «Para mí, la poesía
está ligada a la paz» Muriel Steinmetz
(l'Humanité) www.mundoarabe.org
15 junio de 2004 Una
recopilación anterior de entrevistas con usted llevaba por título Palestina
como metáfora ¿De qué es una metáfora Palestina? Fue
mi editor quien escogió el título. Esa metáfora permite decir cosas sobre la
poesía: la relación del ser humano con su historia, con su existencia, con la
naturaleza, consigo mismo, así como su lucha por las libertades individuales y
colectivas. Para mí, Palestina es sólo un espacio geográfico delimitado.
Remite a la búsqueda de la justicia, de la libertad, de la independencia, pero
también a un lugar de pluralidad cultural y de coexistencia. La diferencia
entre lo que yo defiendo y la mentalidad oficial israelí –incluso diría la
mentalidad dominante hoy en Israel– es que esta última conduce a una concepción
exclusivista de Palestina, mientras que, para nosotros, se trata de un lugar
plural, ya que aceptamos la idea de una pluralidad cultural, histórica y
religiosa en Palestina. Este país la heredó. Nunca fue unidimensional ni
perteneció a un solo pueblo. En mi escritura, me confieso hijo de varias
culturas sucesivas. Hay lugar para las voces judía, griega, cristiana y
musulmana. La visión opuesta concentra toda la historia de Palestina en su
periodo judío. No tengo derecho alguno a criticar la concepción que ellos
tienen de sí mismos. Pueden definir su identidad como deseen. El problema es
que esa concepción de la identidad significa la negación de la del otro. Eso
nos impide vivir libres e independientes. Consideran que no tenemos ningún
derecho sobre esta tierra, en la medida en que la aprehenden como tierra bíblica
y juzgan que, desde hace dos mil años, está a la espera del «regreso» de
quienes la habitaron antaño. Hay, pues, una tentativa permanente de
monopolización de la tierra, de la memoria, incluso de Dios. Por eso, la lucha
se sitúa hoy en diversos ámbitos. Los gobernantes israelíes tratan de aplicar
su concepción del pasado sobre una realidad que no le corresponde en absoluto.
A veces, provoco a un soldado en el puesto de control. Le digo: «Si queréis la
tierra santa tal como está escrita en la Torá, quedaos con ella y dadnos la
tierra que no es sagrada, es decir, todo el litoral palestino. No hay historia bíblica
sobre este litoral». Si la referencia es religiosa, hablemos de este
intercambio entre el litoral y el interior, pero si es jurídica, si depende del
derecho internacional, volvamos a las resoluciones de la ONU. ¿Qué
lugar ocupa hoy la poesía de lengua árabe y, en particular, su propia poesía
en la literatura árabe? Los
países europeos y Estados Unidos creen que la poesía de lengua árabe ocupa el
lugar de honor en la cultura árabe, como sucedió durante tres siglos. Se habla
de la crisis de la poesía en Occidente, de la decadencia de su masa de
lectores. La misma crisis existe entre nosotros. La relación entre la poesía y
los lectores se ha vuelto problemática, quizá debido a que la poesía árabe
se adentró en formas experimentales, que la aislaron del gran público.
Establece una distancia entre el texto y la realidad y se priva de la riqueza de
las cadencias de la métrica árabe. Hay también una razón de orden cultural.
La poesía no es el primer género literario entre los árabes. La novela ha
tomado el relevo. Eso es algo positivo. Yo añadiría que vivimos una crisis de
identidad cultural y política. Los árabes retroceden en numerosos planos.
Tenemos el sentimiento de no participar en el curso de la historia. Por ejemplo,
se oye hablar de un gran Oriente Próximo. Pero los estadounidenses, iniciadores
de dicho proyecto, consideran que los árabes ni siquiera merecen ser
consultados. En la medida en que las fronteras de los países árabes fueron
fijadas por extranjeros, estos mismos extranjeros pueden modificarlas a su
antojo. Los árabes no participan en la definición de su destino. ¿Qué quiere
que haga la poesía en tales condiciones? ¿Hablar de la edad de oro? ¿Adorar
el pasado? La verdadera poesía árabe es una poesía crítica de la realidad árabe. Perdone
que le haga esta pregunta un poco brutal, pero ¿puede la poesía, en su sentido
más elevado, tal como usted la practica hoy, constituir la alternativa a la
religión? William
Blake decía que la imaginación es una nueva religión. Todo el movimiento romántico
busca sustituir la inspiración poética por la inspiración religiosa y profética.
Yo creo que la religión y la poesía nacieron de la misma fuente, pero la poesía
no es monoteísta. Tal como dijo Heidegger, nombra a los dioses. La poesía está
en rebelión permanente contra sí misma. No cesa de modificarse. La religión
es estable, fija, permanente. Sin embargo, la búsqueda de lo desconocido es común
a ambas. La poesía tiende hacia lo invisible, sin encontrar solución. La
religión encuentra una, de una vez por todas. ¿Acaso el gran problema del
marxismo no fue que en cierto momento se convirtió en una religión? ¿Es
hoy compatible la poesía con la religión bajo su forma más reivindicativa y
violenta? Desde
luego, el integrismo impide que florezca la poesía. Su maniqueísmo sin apelación
no conviene en absoluto a la poesía. El integrismo tiene respuestas totalmente
preparadas. Es poeta quien duda y acepta al otro. Para mí, la poesía está
ligada a la paz. Está en perpetua adoración ante la belleza de las cosas y,
desde luego, ante la belleza femenina. El integrismo aísla a la mujer y la
esconde. A la poesía le gusta el vino; el integrismo lo prohíbe. La poesía
sacraliza los placeres en la tierra. El integrismo se les opone ferozmente. La
poesía libera los sentidos. El integrismo los reprime. La poesía humaniza a
los profetas. Por eso la cultura engendrada por el integrismo religioso es
antipoética por excelencia. El integrismo puede llegar a suprimir todo lo que
sea contrario a su concepción del mundo. En sus formas más extremas,
representa un peligro mortal para la poesía y los poetas. Durante los siglos
IX, X y XI –la edad de oro de la poesía árabe– el Estado fue bastante
tolerante, abierto a todas las culturas. Hubo, en particular, una bellísima
poesía erótica y báquica. El fundamentalismo musulmán es en sí mismo una
reacción al fundamentalismo y al integrismo estadounidense e israelí. El
despotismo universal de Estados Unidos, tal como se despliega hoy en día, está
legitimando el integrismo musulmán. Cuando los estadounidenses hablan del
terrorismo como algo inherente al Islam, empujan a los musulmanes hacia ciertos
extremos. La lucha actual, que se nos presenta como una lucha entre
civilizaciones, no es más que una lucha entre integrismos. No es una guerra de
civilizaciones, sino una guerra entre diferentes barbaries. Nos
parece impresionante la reflexión de Ritsos, que califica su poesía de «lirismo
épico». ¿Cree que eso lo define a usted todavía hoy, teniendo en cuenta que
en Occidente la epopeya es una forma que desapareció hace siglos, mientras que
el lirismo parece considerablemente en retirada? La
poesía épica, en el sentido tradicional del término, desapareció hace
tiempo. Tal como demostró Hegel, estuvo vinculada a las antiguas
civilizaciones. El lirismo es intemporal, porque existe siempre una pluralidad
de «yoes». Este tipo de poesía expresa detalles, partes del alma de un
pueblo. Se centra en los individuos que lo componen, más que en el pueblo
entero. Desde luego, estos conceptos no tienen base alguna en la poesía árabe.
Provienen de las lenguas occidentales. En Occidente, se dice que el lirismo es
lo que no es ni épico ni dramático en sentido teatral. Por el contrario,
nuestra poesía árabe es lírica desde su origen, pero según diversas
corrientes. Las formas son múltiples en ella. Cuando Ritsos define mi poesía
como un «lirismo épico» se refiere a la arquitectura del poema y a la
multiplicidad de las voces en su seno. Mi voz no es la única, pues hay otras
que expresan el grupo. Mi poesía no se sitúa en un espacio limitado y
personal, sino en un espacio amplio, en el plano histórico y geográfico. De ahí
que algunos de sus rasgos recuerden la épica. El lirismo de estos poemas no ni
es ni muy personal ni individual, es un lirismo colectivo. Se trata de una poesía
que no es totalmente lírica ni totalmente épica. El lirismo también está en
retirada en el mundo árabe. Los jóvenes poetas, un poco perdidos, no dominan
los conceptos. A menudo confunden lirismo y romanticismo. ¿Puede la poesía ayudar a que un
pueblo conserve su identidad, incluso en las peores dificultades de
supervivencia? No
creo que la poesía tenga un papel evidente en la lucha nacional. Su influencia
no es inmediata. Constituye un viaje permanente entre culturas, tiempos y
espacios. En ese sentido, yo no creo en una poesía nacional. Dado que el poeta
es el hijo de una época y de una lengua, contribuye sin duda a dar forma a la
identidad nacional de un pueblo al desempeñar un papel de orden cultural, pero
no tiene por qué incitar nada. En los años cincuenta, sin duda, en el mundo árabe
y en el mundo entero –pienso en toda la poesía comprometida, en particular,
entre ustedes los franceses, en Louis Aragon–, el poeta tuvo un papel político
directo. El mundo era un poco menos complejo que hoy en día. En nuestro caso,
la ocupación israelí es una larga ocupación, a diferencia de la alemana en
Francia. ¿Qué artista puede representar sin interrupción el papel de poeta de
circunstancias, de poeta comprometido, en el sentido antiguo del término? Si
pretende representar ese papel, la ocupación habrá conseguido matar también
la poesía. [1] État de siège,
de Mahmoud Darwich (traducido del árabe al francés por Elias Sanbar). Éditions
Actes Sud/Sindbad - 96 páginas - 23,90 euros |
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Editor Ahmed
Hijazi Teléfono: 915228922 - 637979217 E-mail: mundoarabe@mundoarabe.org Copyright ©Mundo Árabe 2000-2007 Madrid-España Resolución de pantalla recomendada 1024 x 768
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