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_____________________________________________________ Rajoy a un palmo de Le Pen Enric Sopena
El mensaje es claro: sólo nosotros os salvaremos de la invasión de los bárbaros que acabarán echándoos de vuestro trabajo y hasta de vuestras casas, mientras vosotros, vuestras familias y vuestros vecinos sois víctimas de robos, asaltos, violaciones e incluso asesinatos. El mensaje es pérfido: ellos son los malos, nosotros somos los buenos. A un palmo de Le Pen El pionero de esta sinvergüencería perversa –que se sitúa políticamente a menos de un palmo del neofascismo o neonazismo- fue, hace ya décadas, el incombustible Jean-Marie Le Pen, el viejo líder de la extrema derecha francesa. Pero en poco tiempo el virus de la xenofobia saltó de la extrema derecha a la derecha sin complejos, que viene a ser lo mismo o muy similar, y hasta penetró en ciertos sectores del centro o del centro-izquierda acobardado, o de alguna que otra tercera vía descafeinada. Ejercicio sin riesgo Cargar contra los más débiles –aunque entre ellos haya también malvados, como los hay en todas partes- es un ejercicio relativamente cómodo y no arriesgado. Rajoy ha dicho que él nunca se enfrentará a los obispos. Los prelados, en un país como el nuestro, son más poderosos, por cierto, de lo que algunos estólidos creen. Pero ya ha abierto el fuego dialéctico apuntando a los inmigrantes. Se ha sacado de la manga un “contrato de integración” –que suena bien a los oídos pusilánimes- y ha enumerado una serie de medidas cuya música, más allá de la letra, no es precisamente celestial. Mano dura La presencia creciente de inmigrantes, que huyen del hambre y de la miseria, ha facilitado el discurso demagógico y simplista -a veces farisaicamente maquillado- de quienes culpan de no pocos males a la inmigración, presentada como sinónimo de delincuencia. Aquellos que predican directa o subliminalmente contra los inmigrantes y prometen mano dura para terminar con la inmigración, no sólo mienten, sino que saben que mienten. El problema es demasiado grave y demasiado complejo –y demasiado global- como para que se pueda resolver mediante paridas mentales como las que difunde Rajoy. Un desastre
Rajoy ha
demostrado durante la legislatura recién terminada que es un desastre como
dirigente político al más alto nivel. Ha hecho una travesía errática, exenta de
personalidad e incapaz de que él marcara el paso. Es un líder al borde ahora
mismo del abismo. Ha transformado más aún de lo que ya era al PP en un partido
de derecha radical. Ha dado tumbos y le ha estallado la guerra sucesoria en
plena precampaña electoral. ¿Por qué los inmigrantes han de sacarle las castañas del fuego? Se equivoca otra vez. Cada vez que en estos cuatro años ha jugado con fuego –lo que ha hecho muy a menudo- Rajoy se ha quemado. Deje en paz a los inmigrantes, en su gran mayoría gentes honradas y laboriosas, y no provoque más incendios. Se quemará usted y dañará la convivencia. Con la xenofobia también perderá las elecciones. Enric Sopena es director de Elplural.com
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