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Hosni Mubarak está a
un paso de la
muerte. Según una
versión, la salud
del dictador egipto,
de 84 años, es más o
menos crítica. Ayer,
la agencia estatal
de noticias Mena lo
declaró
"clínicamente
muerto", pero tanto
la Junta Militar
como el abogado de
Mubarak niegan que
haya muerto y
aseguran que se
encuentra
inconsciente y
conectado a un
respirador. Las
últimas
informaciones
oficiales aseguran
que se encuentra en
coma e ingresado en
la unidad de
cuidados intensivos.
En medio de las
noticias
contradictorias,
Mubarak, que
abandonó el poder en
febrero de 2011
presionado por las
revueltas populares
tras casi 30 años de
dictadura, fue
trasladado a un
hospital militar
desde la prisión en
la que se encontraba
recluido tras sufrir
un infarto cerebral.
Según Al Yazira, que
cita a la familia,
dice que el estado
de salud de Mubarak
"está mejorando"
después de haber
sido reanimado tras
una parada cardiaca.
Fuentes citadas por
Efe precisan que los
médicos no han
conseguido disolver
el coágulo que tiene
en el cerebro y no
descartan que pueda
ser operado en
cualquier momento
para extirparle el
trombo.
De acuerdo a las
primeras
informaciones de la
agencia Mena, el
dictador egipcio fue
atendido de urgencia
en la penitenciaría
de Tora tras sufrir
ictus. Dos médicos
intentaron, sin
éxito, eliminar el
coágulo durante dos
horas, tras las
cuales fue
trasladado al centro
hospitalario de las
fuerzas armadas de
la ciudad de Maadi,
en el sureste de El
Cairo.
Indiferencia en
Tahrir
Mubarak ingresó en
prisión el pasado 2
de junio,
después de ser
condenado a cadena
perpetua
por su complicidad
en la muerte de
manifestantes
durante las
revueltas. Desde
entonces, se han
sucedido las
informaciones sobre
su salud que
comenzaba a
deteriorarse.
Durante sus 17 días
en Tora ha tenido
que ser atendido de
emergencia en varias
ocasiones.
En abril de 2011,
Mubarak fue
hospitalizado en un
centro médico de
Sharm el Sheij (en
la península del
Sinaí), después de
sufrir un ataque
cardiaco el mismo
día en que había
sido interrogado y
posteriormente
detenido. Con el
comienzo de su
juicio, el pasado 3
de agosto, Mubarak
fue trasladado del
hospital al Centro
Médico Internacional
de El Cairo.
Precisamente, tal
cantidad de informes
sobre el estado del
rais derrocado ha
hecho que los
egipcios vivan las
últimas
informaciones con
escepticismo.
"Muchas personas se
preguntan si el
expresidente se
encuentra
verdaderamente mal
de salud o si los
militares están
tratando de
garantizarle un
confinamiento más
cómodo justificando
su traslado desde el
hospital de la
prisión a un centro
médico mejor",
apunta Rawya Rageh,
de Al Yazira.
El corresponsal de
la cadena panárabe
también comenta que
la Junta Militar
podría estar
desviando la
atención ante las
crecientes protestas
callejeras. La
posible muerte de
Mubarak llega en un
momento complicado
para Egipto. Entre
los concentrados en
la plaza Tahrir, que
ayer protestaron
contra el intento de
golpe de Estado
encubierto de la
Junta Militar, reina
un ambiente que
mezcla la
indeferencia y la
incredulidad. El
foco de su ira ya no
es Mubarak. Ahora
son los militares,
que tratar de
apoderarse de la
transición egipcia.
La cúpula castrense,
que dirige el país
desde la caída del
dictador, se ha
hecho con el control
legislativo y se ha
atribuido parte de
los poderes que
correspondían al
nuevo presidente que
saldrá de las
elecciones
celebradas el pasado
fin de semana. Se
espera que hoy
empiecen a conocerse
los resultados
oficiales de los
comicios que darán
la presidencia al
candidato de los
Hermanos Musulmanes,
Mohamed Mursi, o al
último jefe de
Gobierno de Mubarak,
el general retirado
Ahmed Shafiq.
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