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Mujeres musulmanas: la mejor excusa de Occidente
Fabiola Samhan

MUNDO ARABE.ORG 13/06/2010- Fuente: Revista Hoja de Ruta n¬į42

 

El ideario rescatista de Occidente es el mejor constructor pol√≠tico y cultural, y a su vez la mejor excusa. El drama de la mujer musulmana es "√ļtil" a los intereses de Occidente. Para entender la presente perspectiva global en torno a la relaci√≥n Islam-genero es preciso tomar en cuenta una importante variable independiente. Comprender la presente situaci√≥n de las mujeres en el mundo musulm√°n requiere un inevitable escrutinio del legado Orientalista, en cuanto a la construcci√≥n de la sexualidad √°rabe-isl√°mica y su re-conceptualizaci√≥n permanente a trav√©s de la historia. El Orientalismo ha sido una estrategia sistem√°tica de negaci√≥n de las caracter√≠sticas y virtudes del ‚ÄúOtro‚ÄĚ, una herramienta de confrontaci√≥n, intervenci√≥n y control, tanto pol√≠tico- econ√≥mico como cultural, de parte del mundo occidental hacia aquella ‚Äúotra‚ÄĚ civilizaci√≥n. (Said, 1990)

Las mujeres musulmanas y sus variadas penurias son ‚Äúinterpretadas‚ÄĚ, seg√ļn conveniencia del poder hegem√≥nico, representado hoy por EEUU y sus lacayos europeos; asimismo son comparadas con un ‚Äúideal‚ÄĚ occidental de libertad, derechos y bienestar. Modelo de vida lejano incluso para la mayor√≠a de las mujeres de Occidente; pero escaso o nulo debate existe sobre aquello. Cuando se trata de aberraciones o maltratos, la imagen -cual reflejo condicionado-, siempre son las sufrientes musulmanas, ningunas otras.

El objetivo de este escrito no es negar los abusos. Ocurren, es un hecho. El detalle olvidado es que es un hecho masivo, repetitivo, histórico: permea democracias y dictaduras, riqueza y pobreza, ronda al ser humano, por tanto, al Islam, al cristianismo, hinduismo, budismo y/o judaísmo. Las mujeres musulmanas no son la excepción; no sufren ni más ni menos. Sí, están más expuestas, estereotipadas, salen en la tele; básicamente, están de moda; pero es el género el que está preso en una larga y dolorosa historia de jerarquía patriarcal.

Todos hacen sobremesa y comentan con horror la lapidaci√≥n en Afganist√°n, la mutilaci√≥n genital en Somalia o las muertes por honor en Palestina. Burkas y velos se han consagrado como s√≠mbolos innegables de subyugaci√≥n y dolor. Los factores comunes cuando se analizan las causas de estas ‚Äúparticularidades‚ÄĚ son, sin objeci√≥n, el Islam y lo ‚Äú√°rabe‚ÄĚ; a√ļn cuando los pa√≠ses aludidos profesen el Islam, entre otras religiones, o bien no sean √©tnicamente ‚Äú√°rabes‚ÄĚ. En este caso, Somalia y Afganist√°n no lo son. Asimismo, respecto de la mutilaci√≥n femenina es una practica pre-isl√°mica que prevalece hasta hoy y es practicada en diversas zonas de Africa, independiente de la religi√≥n que se profese.

Hemos aprendido ‚Äďhemos sido ense√Īados- a analizar la realidad a partir de asociaciones espurias, simples, poco sustanciosas‚Ķ infantiles. El eficiente reduccionismo que ha marcado la l√≥gica Islam-genero prefiere las profec√≠as autocumplidas y olvida ‚Äúdetalles‚ÄĚ dignos de incluir en el an√°lisis, tales como: la extrema pobreza, analfabetismo, represi√≥n, bombardeos, saqueos y corrupci√≥n, todos los anteriores premeditadamente propiciados por Occidente, desde su primera incursi√≥n colonialista en zona, all√° por el siglo XVIII, hasta su m√°s reciente y a√ļn vigente inmersi√≥n en Irak, iniciada en 2003, una pr√°ctica milenaria(pre isl√°mica) que se hace en pa√≠ses con diversos credos.

Ir√≥nico y parad√≥jico, nosotros, occidentales, estamos tan consternados desde nuestros sillones con las dram√°ticas historias musulmanas que llegan por tv, que financiamos con nuestros impuestos guerras y compras de armamento, respaldamos el env√≠o de tropas para ir en una aventura salvadora de aquellos -lejanos y culturalmente incompresibles- ni√Īos y mujeres. Convenidos de nuestra superioridad moral desperdigamos humanismo a lejanos confines sin percatarnos de nuestro m√°s cercano entorno.

La efusividad no es la misma a la hora de aliviar las desdichas que aquejan a mujeres de Occidente. La determinaci√≥n es escasa para combatir, por ejemplo, el lucrativo y perverso negocio de trata de blancas. Tampoco ninguna sanci√≥n o ayuda humanitaria para erradicar la prostituci√≥n de ni√Īas brasileras, cubanas o ucranianas, entre otras. Ni para investigar y castigar a los culpables de las miles de muerte y desapariciones de las maquiladoras en Ciudad de Ju√°rez‚Ķ. Los femicidios en las zonas rurales de Los Andes‚Ķel trafico de drogas en los cuerpos de j√≥venes analfabetas de Colombia y Peru‚Ķ. etc.

Las mujeres de occidente padecen tristes karmas al igual que las de Oriente pero hay escaso o nulo debate al respecto, ¬Ņpor qu√©? Pues, principalmente, porque a que las √©ticas liberadoras y los rescates humanitarios son una ilusi√≥n‚Ķuna idea cre√≠ble, deseable pero, al fin y al cabo, falsa. El ideario rescatista de Occidente es el mejor constructo pol√≠tico y cultural, y a su vez la mejor excusa. El drama de la mujer musulmana es ‚Äú√ļtil‚ÄĚ a los intereses de Occidente. El drama de las Occidentales no‚Ķ por el contrario, develar e incrementar la lucidez acerca de la real situaci√≥n en que vive gran parte de las mujeres occidentales es tambi√©n minar el autocomplaciente discurso de superioridad val√≥rica en el cual nuestra sociedad se funda y retroalimenta.

En este sentido, apuntar al mundo musulm√°n tiene m√ļltiples prop√≥sitos. No es s√≥lo el contrincante cultural al que hay que desacreditar e invalidar, es, por sobre todo, la llave, el catalizador de la permanencia y supremac√≠a pol√≠tico-econ√≥mica de Occidente. Que mejor estrategia que reducir la identidad del contendor a un conjunto de √≠conos y asociaciones negativas: s√≥lo burkas, barbas, violencia e irracionalidad somos capaces de ver entre aquellos que profesan el Islam; lo cual justifica todo tipo de ‚Äúoperaciones de rescate‚ÄĚ e intromisiones.

El tema de g√©nero y Mundo √Ārabe es apasionante, precisamente, porque permite revelar la compleja relaci√≥n pol√≠tica entre Oriente-Occidente. A trav√©s de √©l podemos apreciar una sistem√°tica y exitosa estrategia de consagraci√≥n del exclusivismo de Occidente como modelo ideal de sociedad. En t√©rminos m√°s amplios, las mujeres, su condici√≥n, sus desgracias, sus logros, han sido, desde los or√≠genes de la historia la herramienta pol√≠tica m√°s eficaz; el objeto que permite observar la din√°mica y tensi√≥n de una evoluci√≥n socio-cultural monopolizada por una tradici√≥n machista.

En el presente convulsionado escenario global, CNN, basti√≥n por antonomasia de la pol√≠tica exterior estadounidense y del cual se pautean -conscientes o no-, todo el resto de los medios a nivel mundial, ofrece propaganda pol√≠tica disfrazada de objetividad noticiosa. La noci√≥n de la prensa como ‚Äú4to poder‚ÄĚ es, justamente, debido a su habilidad para ‚Äú(de)construir‚ÄĚ realidades, dramatizar y sensibilizar masas, fabricar estereotipos a partir de simplificaciones, fomentar egos, ignorancias, intolerancias. En concreto, disfrazar intervencionismos, guerras y castigos como deberes morales.

El principal resultado de lo anterior no ha sido m√°s frustraci√≥n y deterioro. Cada ‚Äúoperaci√≥n de rescate‚ÄĚ trae consigo mayor menoscabo de la condici√≥n de las mujeres en el mundo Isl√°mico‚Ķ mayor represi√≥n , mayor hambre, mayor muertes, mayores abusos sexuales, esto √ļltimo propiciado particularmente por las propias tropas ‚Äúde ayuda humanitaria‚ÄĚ. (Hynes y Lopes Cardozo, 2000)

El caso de las mujeres afganas es emblemático. Ya no salen en CNN y eso no significa que su vejatoria condición haya cambiado al remover a los talibanes del poder. Recordemos que este grupo llegó gobernar Afganistán gracias al financiamiento de Estados Unidos y sus aliados para la compra de armas, construcción de madrasas e impresión de coranes. El rigorismo religioso de este grupo fue fomentado como contrincante político de la influencia rusa en la zona, así como de la Alianza del Norte, grupo de saqueadores y violadores en ese entonces en el poder, abusivos en extremo con la población, especialmente con las mujeres.

En ese contexto, los entonces amigos talibanes hicieron el trabajo sucio: lavado de cerebro, reclutamiento, adiestramiento, guerra de guerrillas en poblados hasta que lograron la victoria en 1996. En cuanto a las mujeres, ellas segu√≠an viviendo una dram√°tica situaci√≥n, pero no fue hasta que los talibanes se revelaron al amo cuando los sendos reportajes empezaron a mentalizar la opini√≥n p√ļblica mundial. Finalmente, se da la venia a un nuevo bombardeo libertario en una zona que lleva desde 1837 lidiando con las vicisitudes colonialistas de Occidente. Hoy se habla de un Afganist√°n ‚Äúdemocr√°tico‚ÄĚ, gobernado por el honorable se√Īor Hamid Karzai, uno de los ex l√≠deres de la corrupta y abusiva Alianza del Norte. Saque usted sus propias conclusiones al respecto.

Actualmente, el turno es de las iran√≠es, se dice que sufren por el rigorismo religioso de corte shi√≠ta impulsado por el delincuente ‚Äúnuclear‚ÄĚ Mahmoud Ahmadineyad hoy en el poder. Curiosamente, estas nuevas las victimas est√°n tambi√©n oportunamente relacionadas con los objetivos estrat√©gicos de las potencias occidentales‚Ķ.

En definitiva, las mujeres han sido las victimas y chivos expiatorios de la mayoría de los proyectos fallidos. La excusa a los reales problemas que las eternizan en esta situación de desgracia. No es el Corán el que le niega la dignidad a la mujer sino la instrumetalización política de la religión. El problema no es religioso es socioeconómico y tiene como principal víctima a la mujer.

Una efectiva soluci√≥n a esta realidad pasa por erradicar el real mal que afecta a las sociedades, tanto isl√°micas como occidentales, principalmente el machismo, la ignorancia, la pobreza, el analfabetismo; la indefensi√≥n, en general. El remedio no est√° en imponer categorizaciones sino en el real entendimiento de la complejidad del fen√≥meno. La ignorancia no es una adecuada estrategia para enfrentar el convulsionado presente. ‚ÄúCada uno debe encontrar la manera de entender y conocer al prohibido ‚Äúotro‚ÄĚ (Said & Barenboim, 2002 )

Fabiola Samhan es Periodista de la Universidad de Chile y Diplomada en Cultura √Ārabe e Isl√°mica de la Universidad de Chile.

Bibliografía

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