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El papel político y social de
LA MUJER PALESTINA
Islah Jad

MUNDO ARABE.ORG

 

Fue al comienzo de la Intifada en diciembre de 1987 cuando los medios de comunicaci√≥n internacionales centraron por primera vez su atenci√≥n en el papel pol√≠tico de la mujer palestina. Sin embargo, este fen√≥meno dista de ser novedoso ya que, desde principios de siglo XX, las mujeres han contribuido al desarrollo de ‚Äúla cuesti√≥n palestina‚ÄĚ mediante su participaci√≥n activa en el movimiento nacional palestino.

            Al abordar el papel de la mujer en la sociedad y la pol√≠tica en habitual que se tenga en consideraci√≥n la incidencia del colonialismo y el nacionalismo, elementos que influyen sobre la mujer especialmente en los pa√≠ses del Tercer Mundo. Se considera que el colonialismo provoca que la cuesti√≥n nacional se anteponga a la social y, al mismo tiempo, tiende a consolidar las desigualdades existentes ahondando las brechas sociales, √©tnicas y religiosas. Todos estos factores explican que la lucha nacional sea considerada por la mujer como una evasi√≥n de las injusticias pol√≠ticas y sociales que padece.

            A la hora de tratar la cuesti√≥n de la incidencia del colonialismo en las funciones que desempe√Īa la mujer en la sociedad palestina, no basta con detenernos en la ocupaci√≥n israel√≠, sino que se debe abarcar tambi√©n el per√≠odo del mandato brit√°nico y las otras ‚Äúocupaciones‚ÄĚ que la precedieron.

El mandato brit√°nico y la mujer palestina

            La pol√≠tica de castigos colectivos impuesta por los brit√°nicos en Palestina destruy√≥ las fronteras que separaban el mundo privado del p√ļblico. En aquel entonces era frecuente que, durante los registros en busca de armas en los hogares de los campesinos, los soldados brit√°nicos destruyesen el mobiliario, destripasen los colchones y saqueasen las reservas de v√≠veres (trigo, harina, grano, manteca, queso y, lo que era m√°s importante para las familias palestinas, el aceite de oliva) [1]. En algunas ocasiones tambi√©n incendiaban o demol√≠an las casas de los campesinos implicados en actividades contra las fuerzas brit√°nicas [2]

            Mientras esto ocurr√≠a, los notables palestinos de dedicaba a reunir pliegos de firmas y presentar quejas al Alto Representante brit√°nico, as√≠ como a organizar manifestaciones en las ciudades ‚Äďa las que normalmente ni acud√≠an- o a intentar satisfacer las necesidades de los prisioneros y las de sus familias: es decir, cumpl√≠an una funci√≥n de asistencia al tiempo que denunciaban la situaci√≥n[3]. Por el contrario, el papel de las mujeres en el √°mbito rural era diferente. Como se√Īala Swendenburg, la contribuci√≥n de la mujer fue determinante para que revolucionarios y campesinos confraternizasen y tambi√©n para que se propagasen inadvertidos ante los colaboracionistas y las fuerzas brit√°nicas no detuvieran a los combatientes[4].

            La anterior apreciaci√≥n en absoluto pretende cuestionar la importante aportaci√≥n de las mujeres que formaban parte de la elite pol√≠tica palestina y que establecieron sus propias estructuras organizativas a trav√©s de las cuales se expresaron y ganaron legitimidad. Nuestro objetivo es aportar mayor luz sobre los cometidos de aquellas mujeres no pertenecientes a la clase media y que han quedado relegadas a un segundo plano. √Čste es el caso de las campesinas, cuyo papel es equiparable, e incluso podr√≠a superar, al de las mujeres de la clase media.

            La aportaci√≥n de las mujeres no se interrumpi√≥ tras la derrota de 1948 que trajo consigo la creaci√≥n del Estado jud√≠o sobre el 77 por ciento del territorio de Palestina, el √©xodo de 20 ciudades y 400 pueblos y la muerte de al menos 10.000 palestinos en el campo de batalla. Aproximadamente 600.000 personas ‚Äďel 60 por ciento de la poblaci√≥n de aquel momento- quedaron sin hogar[5] y tuvieron que instalarse en los campos de refugiados como resultado del colapso de la sociedad palestina y de todas sus estructuras.

            El n√ļmero de refugiados inscritos fue de un mill√≥n. Si comparamos este n√ļmero con el censo de la poblaci√≥n de Palestina antes de 1948 se muestra que tres de cada cuatro palestino huyeron de sus hogares o quedaron en una situaci√≥n de extrema pobreza. La absoluta mayor√≠a de ellos pas√≥ a depender de la asistencia internacional que les proporcionaba lo m√≠nimo posible para poder subsistir. Cuando en las d√©cadas de los 50, 60 y 70 los hombres emigraron a los ricos pa√≠ses petroleros, en los campos s√≥lo quedaron ancianos y ni√Īos, lo que increment√≥ la ya pesada carga que sobrellevaban las mujeres a la hora de ‚Äúadministrar‚ÄĚ el hogar, ya que desde entonces tuvieron que desempe√Īar al mismo tiempo un doble papel ‚Äďcabeza de familia y educadora- ante la ausencia de sus maridos que se ganaban el sustento lejos de casa. Esto es lo que sucedi√≥ en la mayor parte de los campos de refugiados de la Franja de Gaza.

            Estas circunstancias adversas provocaron la creaci√≥n de varias organizaciones de beneficencia que ten√≠an como principal objetivo evitar el completo colapso econ√≥mico y social de lo que quedaba de la sociedad palestina. En este per√≠odo surgieron numerosas asociaciones para proteger a los hu√©rfanos y a los menesterosos, adem√°s de otras que se ocuparon de los refugiados y los desplazados. En lo que quedaba de Palestina ‚ÄďJerusal√©n Este, Cisjordania y la Franja de Gaza- se fundaron seis asociaciones ben√©ficas que, para paliar la desastrosa situaci√≥n, ofrecieron servicios sanitarios a la mujer e incidieron en la necesidad de mejorar su nivel educativo proporcion√°ndoles estudios que les permitieran aspirar a un mejor nivel de vida. La m√°s importante de estas asociaciones fue la Casa del Ni√Īo √Ārabe de Jerusal√©n.

            Este papel poco vistoso asumido por la mujer cobra importancia tanto en momentos de fervor nacionalista como en √©pocas de crisis. Por todas estas razones no puede considerarse como novedoso el papel que diversos medios de comunicaci√≥n internacionales atribuyeron a la mujer palestina durante la intimada. Este papel se centr√≥ en su participaci√≥n en las manifestaciones violentas que caracterizaron la revuelta en sus comienzos, en el curso de las cuales cayeron numerosas m√°rtires bajo las balas de los soldados del ej√©rcito israel√≠. Durante la revuelta, la mujer asumi√≥ adem√°s otros cometidos asignados por el mando pol√≠tico: conseguir alternativas para los productos israel√≠es, preparar ropas para los presos o coser las banderas que simbolizaban los anhelos de independencia.

            En el curso de la intimada la mujer difundi√≥ el ideario nacionalista entre los ni√Īos y los j√≥venes y llev√≥ a cabo diversas actividades fuera del hogar. Las visitas a familiares e hijos presos en las c√°rceles israel√≠es exig√≠an plena dedicaci√≥n e iban acompa√Īadas de humillaciones y abusos: largas horas de espera a las puertas de la prisi√≥n, golpes y cacheos. Todo ello a cambio de s√≥lo unos minutos, algunas veces menos demedia hora, para ver a los seres queridos. En otras ocasiones las mujeres siguieron los casos de los detenidos en los despachos de  los abogados o en los vest√≠bulos de los juzgados israel√≠es y se encargaron de las asignaciones para las familias de los m√°rtires, los heridos y los detenidos pertenecientes a la Organizaci√≥n para la Liberaci√≥n de Palestina, actividad que exig√≠a frecuentes viajes a Jordania, L√≠bano y T√ļnez. Por √ļltimo la mujer tambi√©n pod√≠a servir de enlace entre la familia nuclear y la familia extensa, entre los palestinos de dentro y fuera del pa√≠s y entre los naturales de un mismo pueblo.

La ocupación israelí y la mujer

            Las autoridades de ocupaci√≥n israel√≠es repiten una y otra vez en sus publicaciones que, gracias a ellas, la mujer palestina accedi√≥ al mercado laboral a partir de 1967 y as√≠ sali√≥ de su medio tradicional. La situaci√≥n de la mujer, a√Īaden, mejor de manera notable al disfrutar de una mayor libertad de movimiento y de unos sueldos relativamente elevados. No obstante, los propios datos israel√≠es desmienten estas aseveraciones ya que el porcentaje de mujeres trabajadoras descendi√≥ del 10 por ciento en 1970 al 7 en 1989[6], mientras que las mujeres con actividades econ√≥micas se redujo del 16 por ciento en 1970 al 10,8 en 1989[7].

            Algunos acad√©micos israel√≠es han responsabilizado de esta situaci√≥n a ‚Äúlos valores, las costumbres y las tradiciones vigentes en la sociedad √°rabe‚ÄĚ que impiden que la mujer se beneficie de las oportunidades de trabajo que ofrece el mercado laboral[8] israel√≠. Mientras los hombres palestinos fueron empleados en la industria y los servicios en Israel, las mujeres, debido a ‚Äúestas costumbres y tradiciones que limitan su libertad de movimiento‚ÄĚ permanecieron en sus comunidades trabajando en el sector agr√≠cola[9]. Se pasa por alto, sin embargo, que la jornada laboral del trabador √°rabe en Israel supera con creces las ocho horas diarias. En ocasiones puede llegar incluso a superar las 14 horas si se computa tambi√©n el tiempo que destina al traslado desde su lugar de residencia hasta su lugar de empleo, as√≠ como los largos cacheos diarios de los que es objeto a la salida de Cisjordania y Gaza.

            La multiplicidad de cometidos asumidos por la mujer dificulta que dediquen toda su jornada laboral a un solo trabajo. Adem√°s, hay que tener en cuenta otro factor relevante ya que la ocupaci√≥n israel√≠ no puso en marcha ning√ļn mecanismo para reducir las cargas de la mujer palestina ‚Äďy de esta manera favorecer su incorporaci√≥n al mundo laboral-, como por ejemplo podr√≠a haberse hecho mediante la prestaci√≥n de servicios sanitarios a los enfermos y los minusv√°lidos o la apertura  de guarder√≠as y jardines de infancia[10]. A todo esto se a√Īade que los empleos a los que pod√≠an acceder los trabajadores √°rabes en Israel eran generalmente en la construcci√≥n y los servicios, √°mbitos reservados generalmente a los hombres. En resumen, la perduraci√≥n de la ocupaci√≥n y la ausencia de una pol√≠tica social adecuada, especialmente entre los sectores m√°s desfavorecidos y necesitados[11], acentu√≥ la dependencia del apoyo de la familia y la parentela. Todo ello acrecent√≥ el peso de la familia y limit√≥ la autoridad de la mujer.

            Esta coyuntura reforz√≥ el papel reproductor de la mujer, que fue considerado como un medio para garantizar y asegurar el futuro. A pesar del aumento de la inestabilidad y la inseguridad, el √ļltimo censo de poblaci√≥n muestra un aumento considerable de la familia nuclear cuyo tama√Īo medio es de 7.06  miembros (7,81 en la Franja de Gaza y 24,6 en Cisjordania) y de la familia extensa que tiene una media de 28,1 miembros (35,3 en la Franja de Gaza y 24,6 en Cisjordania[12].

            El elevado tama√Īo de la familia dificulta el que las mujeres asuman un papel pol√≠tico organizado, especialmente en el caso de las mujeres pobres, si tenemos en cuenta las pesadas cargas dom√©sticas que una abrumadora mayor√≠a ha de sobrellevar. No obstante, esto no impide que la mujer se implique de manera parcial en los momentos de mayor fervor popular o que lleve sus actividades pol√≠ticas al interior del hogar como ocurre con diversas agrupaciones dom√©sticas de mujeres que hacen trajes para los presos o tejen banderas para la Intifada.

            Otro de los factores que tambi√©n contribuy√≥ a incrementar la dependencia de la mujer de la familia fue la pol√≠tica de castigos colectivos a la que ya hicimos referencia con anterioridad. En ocasiones el mantenimiento de estos castigos provoc√≥ la desaparici√≥n del cabeza de familia o la destrucci√≥n del hogar. Esta situaci√≥n increment√≥ la importancia de la familia a la hora de proveer seguridad para sus miembros y cubrir sus necesidades b√°sicas. Tambi√©n ayud√≥ a mantener la cohesi√≥n de la sociedad palestina, ya fuera en la di√°spora o en los territorios ocupados, al permitir que todos los miembros de la familia mantuvieran una fuerte solidaridad, incluso en los momentos m√°s dif√≠ciles cuando son necesarios los sacrificios mutuos y cuando el papel de la mujer ‚Äďa pesar de ser el eslab√≥n m√°s d√©bil de la cadena de poder- se incrementa ya que debe sobrellevar las nuevas cargas y responsabilidades que son incapaces de asumir los miembros m√°s d√©biles[13].

La consolidación de los valores tradicionales

            El mandato brit√°nico intent√≥ instrumentalizar el sistema de valores vigentes en la sociedad palestina con un doble objetivo: de una parte reprimir a la resistencia y, de otra parte, reforzar las relaciones de desigualdad existentes. Los libros de historia est√°n repletos de ejemplos de casos en los que los hombres fueron obligados a desnudarse ante las mujeres con el objeto de humillarlas y quebrar su capacidad de resistencia[14]. En otras ocasiones se emple√≥ el concepto √°rabe de ‚Äúhonor‚ÄĚ en relaci√≥n con la castidad de la mujer para asustar a las gentes del campo y propiciar su emigraci√≥n de los pueblos. Este recurso fue utilizado tambi√©n por las fuerzas jud√≠as que pretend√≠an desalojar a los campesinos de sus aldeas en los combates que llevaron a la partici√≥n de Palestina en 1948[15].

            Esta utilizaci√≥n del ‚Äúhonor‚ÄĚ prosigui√≥ despu√©s de 1967 cuando las fuerzas israel√≠es quisieron enviar un mensaje claro a la mujer palestina que podr√≠a ver mancillado su ‚Äúhonor‚ÄĚ en el caso de involucrarse en actividades pol√≠ticas contra la ocupaci√≥n. Esto se tradujo en decenas de agresiones sexuales a las detenidas en las c√°rceles israel√≠es, especialmente a las a la acusadas de acciones armadas (por ejemplo, Randa al-Nablusiyya en 1969 u otras como Rasmilla ‚ÄúAwda, Latifa al-Hiwari o Aysha √Äwde), en ocasiones en presencia de sus propias familias ‚Äďpadres y hermanos- que eran testigos de las agresiones, insinuaciones o amenazas de violaci√≥n de las que era objeto.

                        Ante el protagonismo pol√≠tico asumido por la mujer durante la intifada, las autoridades de ocupaci√≥n intensificaron el empleo de estos m√©todos. En muchas ocasiones obligaban a las mujeres a desnudarse y las amenazaban con insinuantes movimientos sexuales; todad estas pr√°cticas se siguen empleando impunemente hoy en d√≠a. Tambi√©n el servicio secreto israel√≠ utiliz√≥ el chantaje sexual contra los activistas palestinos y sus familias, en particular las mujeres (lo que se conoce como ‚Äúpol√≠tica de aborto‚ÄĚ). Esto ha acrecentado el temor de muchas familiar por las mujeres ‚Äďen especial las adolescentes-, a las que se llega a prohibir que abandonen el hogar para evitar que se impliquen en pol√≠tica o se las casa a una temprana edad para proteger su ‚Äúhonor‚ÄĚ[16].

La anulaci√≥n de la frontera entre lo privado y lo p√ļblico

            La principal novedad que introdujo la ocupaci√≥n israel√≠ a partir de 1967 fue la supresi√≥n de la separaci√≥n existente entre el espacio privado (el hogar) y el espacio p√ļblico (la sociedad). La pol√≠tica de castigos colectivos no fue dirigida s√≥lo contra los campesinos activistas como en la √©poca del mandato brit√°nico, sino que persigui√≥ a toda la poblaci√≥n. Esto se debe a que el objetivo de la ocupaci√≥n israel√≠ no era como en la d√©cada de los 30 reprimir a los campesinos o detener la revoluci√≥n, sino llevar a cabo el proyecto sionista de desarraigar a un pueblo de su tierra. La pol√≠tica de castigos colectivos se manifiesta en la demolici√≥n de casas ‚Äďya estuvieran en campos, pueblos o ciudades-, la destrucci√≥n de los lugares de trabajo ‚Äďya fueran huertos o cultivos- y los ataques contra jardines de infancia, escuelas y universidades (durante la intifada todas las instituciones educativas, incluidas las guarder√≠as, fueron cerradas entre el 9 de diciembre de 1987 y el 31 de enero de 1989, una medida que afect√≥ a un total de 328.000 alumnos y alumnas [17].

            En este per√≠odo se registr√≥ un peligroso incremento de las demoliciones de casas que dej√≥ a miles de familias palestina sin  techo. √Čstas no s√≥lo se explicaron por razones de seguridad, sino que obedecieron tambi√©n a los planes de ‚Äúordenaci√≥n urban√≠stica‚ÄĚ israel√≠es que pretend√≠an limitar el crecimiento natural de los pueblos y las ciudades palestinas. A veces fueron acompa√Īadas de medidas extremas como prolongados toques de queda que pr√°cticamente paralizaban el movimiento de los ciudadanos en las ciudades y, adem√°s, interrump√≠an la comunicaci√≥n con los pueblos vecinos. Todas estas pol√≠ticas contribuyeron a anular las fronteras que separaban el hogar, como un lugar seguro donde poder refugiarse en momentos de peligro, y el mundo exterior, la escuela, la calle, el lugar de trabajo o la c√°rcel.

            Al contrario de lo que pretend√≠a, esta pol√≠tica de castigos colectivos hizo las veces de una escuela que educ√≥ a distintas generaciones d√°ndoles una formaci√≥n pol√≠tica, Esta formaci√≥n llegaba a todos los palestinos all√° donde se encontrasen, todo lo contrario de la que proporcionaban las instituciones educativas oficiales ‚Äďcontroladas por Israel-, que prohib√≠an que se ense√Īase a los palestinos su propia historia y, de manera particular, la pol√≠tica.

            Muchas fueron las ocasiones en las que padres, madres y hermanos fueron golpeados, con violencia e, incluso, fueron asesinados en el interior de sus casas o a la vista de sus ni√Īos o, al rev√©s, los hijos fueron los maltratados sin que sus padres pudieran hacer nada para protegerles. La anulaci√≥n de las fronteras del hogar como un lugar seguro para la mujer y sus hijos incidi√≥ en que √©stas saliesen fuera y tomasen las calles para manifestarse con violencia contra la ocupaci√≥n.

Oslo: una nueva perspectiva y unos nuevos retos

Desde que en 1994 se crease la Autoridad Nacional Palestina como resultado de los acuerdos de Oslo, diversos ministerios y asociaciones oficiales abordaron la situaci√≥n de la mujer y asumieron la responsabilidad de propiciar una regeneraci√≥n global de la sociedad palestina. La pregunta a formularse era si la Autoridad Palestina ser√≠a un instrumento para mejorar la situaci√≥n de la mujer a trav√©s de su pol√≠tica y su legislaci√≥n ‚Äďcomo ocurriera anteriormente en el Egipto de Nasser o en Yemen del Sur- o, por el contrario, perpetuar√≠a la idea de que la cuesti√≥n femenina deb√≠a quedar en manos de las propias mujeres.

            Los acuerdos de Oslo dejaron su impronta en las mujeres palestinas en general y de manera particular en el movimiento feminista al generar un intenso debate en torno a la relaci√≥n de los asuntos nacionales con los asuntos sociales. La construcci√≥n nacional requer√≠a una cooperaci√≥n mutua entre hombres y mujeres, la incorporaci√≥n de la mujer en el proceso de desarrollo y la revisi√≥n de su marco jur√≠dico. Dado que la ocupaci√≥n segu√≠a presente en los territorios palestinos tambi√©n exig√≠a que se mantuviera la movilizaci√≥n de las mujeres. En este sentido era necesario clarificar las prioridades para poder afrontar con √©xito diversos retos como la colonizaci√≥n de los territorios palestinos, la pol√≠tica de castigos colectivos, la ruptura de la continuidad territorial y los intentos de aislar a Jerusal√©n Este de su entorno √°rabe.

            El proceso de Oslo provoc√≥ un retroceso en la popularidad de muchos partidos pol√≠ticos que sufrieron un colapso ideol√≥gico y organizativo. Esta situaci√≥n repercuti√≥ a su vez en las dirigentes feministas que tambi√©n se resintieron de un descenso de popularidad, pero aprovecharon la ocasi√≥n que se les presentaba para impulsar diversos cambios en las estrategias feministas. Estas estrategias fueron mucho m√°s all√° de la mera organizaci√≥n de la mujeres, como establec√≠a en el pasado la cultura pol√≠tica palestina, que trazaba una estricta separaci√≥n entre el √°mbito pol√≠tico y el √°mbito social y consideraba que los retos del presente requer√≠an relegar las cuestiones sociales hasta despu√©s de la liberaci√≥n.

¬ŅExiste una conciencia feminista consolidada?

            A pesar del retroceso registrado en la popularidad de los cuadros pol√≠ticos, incluidas las mujeres, esto no provoc√≥ la desaparici√≥n del movimiento feminista, sino que favoreci√≥ el surgimiento de una nueva conciencia que permiti√≥ que este movimiento superase la situaci√≥n de par√°lisis en la que se encontraban tros dirigentes pol√≠ticos del √°mbito obrero y profesional. Dentro del movimiento feminista se extendi√≥ la idea de que era necesario desconfiar de los partidos pol√≠ticos y alcanzar los puestos m√°s elevados para que la mujer tomase parte en el proceso de toma de decisiones. En respuesta a esta reivindicaci√≥n se elabor√≥ un Documento sobre los Derechos de la Mujer, hecho p√ļblico el 2 de agosto de 1994 en Jerusal√©n por la Uni√≥n General de la Mujer Palestina [18].

            Este documento estaba precedido por una introducci√≥n general en la que se remarcaba la contribuci√≥n de la mujer en la etapa de lucha por la libertad nacional y se exig√≠a que el primer documento constitucional palestino ‚Äďentonces en elaboraci√≥n- contemplase los derechos fundamentales de la mujer, tanto pol√≠ticos como sociales, civiles y econ√≥micos. Esta iniciativa mostr√≥ la voluntad de la direcci√≥n del movimiento feminista de que la mujer fuese considerada como un elemento central en el proceso de construcci√≥n nacional. A pesar de la dificultad de lograr un acuerdo en torno a estas exigencias, el texto se convirti√≥ en una parte del acervo del movimiento no nacionalista palestino en general y del movimiento feminista en particular.

            Esta nueva conciencia permiti√≥ abrir nuevos horizontes y proyectos para las mujeres, que incrementaron su inter√©s por la legislaci√≥n[19], los medios de comunicaci√≥n [20], la sanidad, la cultura, el empleo y el desarrollo [21]. Al mismo tiempo se intentaron modificar las relaciones de poder existentes en la sociedad palestina por medio de su participaci√≥n en las elecciones, consideradas como uno de los medios para asentar la democracia y construir una sociedad civil[22].

La mujer y las elecciones

            Los resultados de las elecciones al Consejo Legislativo celebradas en 1996 reflejaron a un mismo tiempo el ascenso del movimiento feminista y su debilidad organizativa. El movimiento feminista particip√≥ en las elecciones de manera desorganizada e inconexa como consecuencia de los factores rese√Īados con anterioridad, mientras que las dirigentes pol√≠ticas opuestas a los acuerdos de Oslo decidieron boicotear los comicios no presentando candidaturas ni participando en la votaci√≥n. El inter√©s de las mujeres en las elecciones se tradujo en una levada participaci√≥n: en muchas localidades de los votos femeninos superaron a los masculinos y esto a pesar de que su n√ļmero era inferior: Seg√ļn el censo de 1997, la poblaci√≥n palestina, sin contar con Jerusal√©n Este, ascend√≠a a 2.596.617 personas, de las cuales 1.318.804 eran hombres y 1.277.813 mujeres. Un 44,33 por ciento (1,3 millones) superaba los 18 a√Īos [23]. El n√ļmero de personas registradas en el censo electoral fue de 1.028.280 (672.755 de Cisjordania y 355.525 de la Franja de Gaza). Las mujeres candidatas a las elecciones a la presidencia y al Consejo Legislativo fueron 28 frente a los 647 candidatos varones, lo que equivale al 4,1 por ciento de las candidaturas presentas. Tan s√≥lo cuatro de ellas accedieron a los 88 esca√Īos de la C√°mara.

Los nuevos retos

            Con el inicio de la intifada de Al Aqsa en septiembre de 2000 ‚Äúla cuesti√≥n nacional‚ÄĚ volvi√≥ a anteponerse a ‚Äúla cuesti√≥n de la mujer‚ÄĚ. El incremento de la violencia de las fuerzas de ocupaci√≥n imposibilit√≥ el debate sobre los derechos o la situaci√≥n de la mujer ya que estas cuestiones requer√≠an la existencia de una autoridad nacional ante la cual presentar sus reivindicaciones. Con la intensificaci√≥n de la represi√≥n israel√≠ ‚Äďque no ten√≠a como objeto s√≥lo a la poblaci√≥n, sino tambi√©n a la Autoridad Palestina a la que se pretend√≠a ‚Äúexpulsar‚ÄĚ de nuevo al exterior-, las demandas ante la ANP para que concediese mayores derechos para las mujeres disminuyeron, ya que unos y otros unieron sus fuerzas para preservar lo que quedaba de la naci√≥n y proteger a dicha Autoridad.

[1]  Newton, cit. por Peteet Julie, Gender in Crises. Women in Palestinian Resistance Movement. Columbia University Press, Nueva York, 1991, p.55.

[2]  Nuwayd al-Hut, Min awraq Akram Zu`aytar. Waza‚Äôiq al.haraka al-wataniyya, Mu‚Äôassasat al-dirasat al-filastiniyya, Beirut 1984, p.601 y akram Zu‚Äôaytar, Yawmiyyat 1918-1939, Mu‚Äôassasat al-dirasat al-filastiniyya, 1980, p. 414.

[3] Ellen Fleischmann, The Nation and Its ‚ÄúNew‚ÄĚ Women: Feminism, Nationalism and the Palestinian Women¬īs Movement: 1920-1948, tesis doctoral in√©dita, Georgetawon University, Washington DC., 1996,P.200.

[4] Swedengurg, ibid., p. 180.

[5] Walid Al-Jalidi, Qabla Al-Shitat (Al-Tarij Al-Musawar Lil-Sahb Al-Filistini), 1876-1948, Muassasat Al-Disrasta Al-Filistiniyya, Beirut, 1987, p.13.

[6] Yitzhak Zaccai, Judea, Samaria and the Gaza District 1967-1987, Twenty Years of Civil Administration, Office of Coordinator of Government Operations in Judea, Samaria and Gaza District, Carta, Jerusalén, 1987.

[7] Moshe SeMYNOV, Trends in Labor Market Participation and Gender-Linked Occupational Differentiation in Mayer, Tamar (Ed.) , Women and the Israeli Occupation: The Politics of Change, Routledge, Londres, 1994, p. 141, Semyonov, ibid., pp140-141.

[8] Ibid. pp. 140-141.

[9] Rema Hammami, Palestinian Women: A Status Report, Labor and Economy, Women¬īs Studies Program, Birzeit University, 1997, pp. 16-18.

[10] Durante los a√Īos de la ocupaci√≥n las autoridades israel√≠es no abrieron ni una sola guarder√≠a o jard√≠n de infancia. Este asunto qued√≥ estrictamente en manos del sector privado o de distintas asociaciones de mujeres que percib√≠an un salario a cambio de los servicios que prestaban para poder mantenerlos.

[11] Benny Johnson, Al-Mar√° Al-Filistiniyya: Al ‚Äďwada alrahin, siyyasat al-d√°m al-iytim√°i, Programa de Estudios de la Mujer, Universidad de Birzeit, Ramallah, 1997.

[12] Sección Central de Estadísticas Palestinas, Documento para el Consejo Legislativo Palestino, Ramalla, 1996.

[13] Halim Barakat, Al-Muytama Al-Arabi, Markaz Dirasat Al-Wahda Al-Arabiyya, Beirut, 1984, Yrose Marie Sayyig, Al-Fallahun Al-Filastiniyyun min Al-Iqtila ila Al-Tawra, 1980.

[14] Julie, op.cit., p. 59.

[15] Benny Morris, The Birth of the Palestinian Refugee Problem, 1947-1949, Cambridge University Press, Cambridge, 1987, pp. 113-115.

[16] Mona Ghali, Education, Palestinian Women: A Status Report, Women¬īs Studies Program, Birzeit University, 1997, p. 17.

[17] Samir Abed-Rabbo y Doris Safie (ed.), The Palestinian Uprising. Facts Information Committee, Asociation of Arab-American University Graduates, Belmont, Massachusetts, 1990, p. 3

[18]  Archivo del Equipo de Asuntos de la Mujer, 1992.

[19]  Archivo del Centro de la Mujer de Informaci√≥n Jur√≠dica y social, Jerusal√©n, as√≠ como La mujer, la justicia y el derecho, Documentos del Congreso: Al Haqq. Ramallah.

[20]  Archivo del Centro de Estudios de la Mujer de Jerusal√©n y del Centro de Asuntos de la Mujer de Nablus.

[21]  Programa y objetivos de la Coalici√≥n por la  Salud de la Mujer, Universidad de Birzeit.

[22]  Archivo del Equipo de Asuntos de la Mujer, 1992.

[23]  Oficina Central de Estad√≠sticas. Censo de Cisjordania y la Franja de Gaza, agosto de 1997.

 

 

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