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__________________________________________________________________________ OBITUARIO
Abu Zayd es reconocido como uno de los principales reformadores del islam y como referente de los movimientos musulmanes renovadores. Sus investigaciones se centran en la hermenéutica del Corán, donde ha hecho aportaciones relevantes recogidas en obras muy difundidas en el mundo islámico y en el entorno cultural occidental. He aquí algunas: El concepto del texto: un estudio de las ciencias coránicas; Crítica del discurso islámico; Repensando el Corán: hacia una hermenéutica humanista; Reforma del pensamiento islámico: un análisis histórico crítico; Mujeres en el discurso de la crisis; Texto: autoridad y verdad, etcétera. El intelectual egipcio entiende el Corán no como un texto muerto, congelado en el tiempo y objeto de citas para justificar posturas conservadoras o liberales, sino como fenómeno vivo, discurso abierto, composición a partir de "diversos discursos", escritura contextual y diálogo de la divinidad con los seres humanos. Es un texto polifónico, en el que hablan muchas voces e interactúan numerosos lenguajes y géneros literarios. El Corán habla a una comunidad de oyentes para informarla, instruirla y moverla a actuar de una determinada manera. El carácter dialógico del Corán continúa hoy en la interacción entre la comunidad que lo lee y el texto. Abu Zayd no es un apologeta del islam, sino un investigador crítico que estudia el Corán en su contexto y los conceptos de los diversos tipos de discurso. Se pregunta en qué sentido puede decirse que el Corán es palabra de Dios: ¿es palabra de Dios traducida al lenguaje humano?; ¿lo es en su literalidad?; ¿solamente en lengua árabe? Son preguntas que resultan provocativas e iconoclastas entre los sectores integristas, pero imprescindibles para un investigador. A partir de aquí somete a revisión conceptos teológicos claves como la inspiración y la revelación. Abu Zayd establece con extraordinaria inteligencia un puente de comunicación entre la tradición musulmana y el mundo moderno con las señas de identidad de cada uno: pluralismo político, libertad y justicia social, hospitalidad, derechos de las minorías, de las mujeres, etcétera. El islam, constata, está viviendo hoy la tensión entre la tradición y la modernidad, recibe críticas tanto de los tradicionalistas musulmanes como de los progresistas occidentales, recibe y tiene que enfrentarse a los estereotipos inscritos en el imaginario cultural de Occidente sobre él y al fundamentalismo. El intelectual egipcio tiene una comprensión abierta de los dogmas, que concibe como verdades relacionales: "¡Nuestros dogmas son verdad para nosotros!". Pasa del cierre a la apertura de la puerta de la interpretación, del literalismo textual a la istihad, interpretación creadora: esa es la actitud con la que Abu Zayd intenta responder a los integrismos religiosos.
Abu Zayd estuvo muy vinculado a España. No pocos de los estudiantes, profesores e investigadores de estudios árabes e islámicos se formaron leyendo sus obras y disfrutando de su amistad y de su carácter abierto. Mantuvo una estrecha sintonía intelectual con la directora de Casa Árabe, la profesora Gema Martín Muñoz, quien le nombró asesor. Su muerte nos deja en un estado de orfandad, solo aliviada por su legado intelectual, que nos acompañará siempre. De su abundante obra solo está en español el texto divulgativo El Corán y el futuro del islam (Herder, 2009). Su pensamiento abrió caminos útiles, sobre todo, para el feminismo islámico. Su "hermenéutica humanista", como él la definía, permite la actualización continua del Corán, al que se restituye su papel central en la historia, cultura y vida de los musulmanes. La igualdad (con independencia de confesión, género, orientación sexual, etnia u origen), la participación en el gobierno de la comunidad o la libertad individual son imperativos islámicos según su lectura del Corán. Su vida ejemplifica que no es la falta de vigor de la clase intelectual araboislámica la causante de la penuria de libertades de Rabat a Teherán. Las cárceles y el exilio han sido el final de demasiados proyectos intelectuales. (Luz Gómez García, El País, 10/07/2010)
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