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__________________________ Introducción
al conflicto en Palestina Isaías
Barreñada* El
conflicto israelo-palestino es uno de los más complejos del escenario
internacional y la principal clave de la inestabilidad en Oriente Medio. El
territorio conocido como Palestina es motivo de una disputa desde hace casi un
siglo, y especialmente a raíz de la creación del Estado de Israel en 1948 y el
abortado nacimiento del Estado árabe palestino. En
este conflicto se conjugan elementos diversos. Nació como la disputa por un
territorio entre dos movimientos nacionales con diferentes proyectos nacionales;
provocó la intromisión de las potencias durante la Guerra Fría; con el tiempo
implicó a otros actores regionales, ocasionando conflictos bélicos, y se
complicó aún más al entremezclarse ideologías, religión, control de los
recursos naturales… A
lo largo de los años se han enfrentado principalmente dos fuerzas desiguales:
el Estado de Israel y un movimiento de liberación nacional, encarnado desde
hace 30 años en la Organización para la Liberación de Palestina. Esta
desigualdad ha permitido que Israel ocupase el territorio susceptible de ser la
base del Estado palestino y mantuviera bajo control militar a la población árabe
autóctona conculcando sus derechos fundamentales. La ocupación de Cisjordania
y Gaza le ha valido a Israel la condena de la comunidad internacional, aunque ésta
haya sido incapaz de imponer sus resoluciones. Además
la cuestión palestina tiene una dimensión regional. La tensión entre Israel y
sus vecinos incrementó los riesgos para la seguridad del área, en forma de
militarización, presencia de población palestina refugiada y proliferación de
grupos armados. La resolución de la cuestión palestina es la pieza clave para la pacificación de la región. Por ello el proceso de paz en Oriente Medio puesto en marcha en 1991 ha girado en gran parte en torno a ella. El origen y el desarrollo del conflicto. Los
inicios del conflicto se remontan al período colonial y al surgimiento de los
movimientos nacionalistas en Europa y en Oriente Medio. Desde
finales del siglo XIX, en las provincias árabes del Imperio otomano se fueron
desarrollando movimientos nacionalistas que reivindicaban la autodeterminación
de la población autóctona haciendo valer su identidad árabe. Asimismo en
Europa, al calor de la ola de nacionalismos, se articuló un movimiento
singular, el sionismo, que propugnaba la creación de una entidad estatal
para los judíos dispersos por el mundo. A pesar de ser un movimiento
eminentemente laico, el sionismo vio en Palestina, tierra donde se fundó el
judaismo, el lugar ideal para realizar su proyecto nacional. Desde principios de
siglo, este movimiento propició la instalación de judíos europeos en ese
territorio todavía bajo administración otomana. Esta inmigración tomó
envergadura bajo el Mandato Británico entre 1920 y 1948 (el sistema de mandatos
fue establecido por la Sociedad de Naciones en las colonias de las potencias
derrotadas en la Primera Guerra Mundial; debía prepararlas para la
independencia). Mientras
que otras provincias otomanas fueron alcanzando paulatinamente su independencia,
la disputada Palestina siguió bajo control colonial. Los dos proyectos
nacionales, el árabe palestino y el sionista, chocaron cuando la comunidad judía
inmigrada, aunque minoritaria, tomó envergadura y amplió sus propiedades
siguiendo planes de control territorial. Su proyecto estatal se hizo claro
cuando el yichuv, la comunidad judía en Palestina, fue creando
instituciones autónomas a modo de un protoestado judío y desarrollando prácticas
excluyentes y discriminatorias respecto a los árabes. Poco a poco fue creciendo
una espiral de violencia entre árabes y judíos sionistas (entre 1936 y 1939
tuvieron lugar importantes revueltas árabes) lo que llevó a barajar la partición
del territorio. Tras la segunda Guerra Mundial y ante la inminente retirada británica
las Naciones Unidas (resolución 181, noviembre 1947) propusieron formalmente la
partición del territorio y la creación de dos Estados, uno árabe palestino y
otro judío. Este plan fue rechazado por los árabes pues legalizaba, a sus
ojos, los planes y las colonias establecidas por los sionistas. En
mayo de 1948, la comunidad judía declaró unilateralmente la creación del
Estado de Israel, acto que desencadenó la intervención militar de los Estados
árabes vecinos en apoyo a los palestinos. A raíz de esta primera guerra árabe-israelí,
el Estado judío no sólo resistió la intervención árabe, sino que provocó
la salida de gran parte de la población palestina que quedaba en su territorio
y amplió la superficie de su territorio más allá de lo previsto en el plan de
partición. Israel aprovechó además la desarticulación de la sociedad
palestina provocada por el éxodo y la guerra. Los territorios palestinos de
Cisjordania y Gaza quedarían bajo control de Jordania y Egipto respectivamente;
se frustraba la creación de un Estado árabe en Palestina, y la ciudad de
Jerusalén quedaba dividida. El
nuevo Estado judío se alineó pronto con las potencias europeas frente al
nacionalismo árabe (guerra del canal de Suez en 1956); ganándose su apoyo político
y económico. Además a raíz del genocidio nazi, afirmó su razón de ser al
declarar Israel como único refugio seguro para todos los judíos. Durante las
primeras décadas Israel se consolidó como Estado y promovió la instalación
masiva de judíos. En cambio, a raíz de la guerra, los palestinos vieron
frustrado su derecho a disponer de un Estado propio. Dispersos entre varios países
y divididos internamente su actuación casi se limitó a algunos hostigamientos
poco eficaces contra Israel. En 1964 se crearía la Organización para la
Liberación de Palestina, OLP. Por
imperativos de seguridad (la necesidad de contar con más profundidad defensiva
ante los hostigamientos de sus vecinos árabes) y de recursos naturales (el
control del agua), en junio de 1967 Israel ocupó el Golan sirio, la península
del Sinai egipcio y los territorios palestinos de Cisjordania y Gaza. Con la
ocupación de estos últimos Israel se apoderaba de la totalidad del territorio
de la Palestina del Mandato; sin embargo no los anexionaría ante la
imposibilidad de expulsar a su población árabe y para evitar incrementar el número
de árabes con ciudadanía israelí. Desde
1967 Cisjordania y la Franja de Gaza han estado bajo ocupación militar israelí.
Este régimen ha supuesto el estado de excepción permanente (autoridades y
legislación militar), la persecución de los nacionalistas palestinos, la
apropiación de sus recursos naturales (tierra y agua), la gradual expropiación
de tierras para la instalación de colonos (en 1997 hay más de 150.000 colonos
en los territorios ocupados y otros 170.000 en Jerusalén Este) y bases
militares, la progresiva judaización de la parte oriental de Jerusalén (donde
se pretende que la población árabe deje de ser mayoritaria), y, en fin, la
total subordinación de la economía palestina a la israelí. Mientras
tanto la oposición palestina se organizó en el exterior. Durante los años 70
y 80', la OLP recompuso el tejido nacional palestino y organizó un Estado en el
exilio que logró el reconocimiento y el apoyo internacional. La OLP combinó el
encuadramiento de la población palestina refugiada, la acción diplomática y
la lucha armada para liberar el territorio. Progresivamente la OLP fue aceptando
la fórmula de la partición territorial pero exigiendo la materialización de
los derechos nacionales del pueblo palestino: libre determinación, derecho a
disponer de un Estado y retorno de los refugiados. Ante
la intransigencia israelí y el continuo apoyo de sus valedores externos, ni la
vía diplomática seguida por la OLP ni la lucha armada dieron resultados. A
finales de 1987 la iniciativa fue retomada por los palestinos del interior que
desencadenaron el levantamiento popular en Cisjordania y Gaza. La intifada
supuso un vasto movimiento de rechazo a la ocupación y de desobediencia civil
que causó una profunda conmoción en Israel, desenmascaró la realidad de la
ocupación y desencadenó un vasto apoyo internacional a los palestinos. Al
calor de la revuelta, en junio de 1988, Jordania cortó sus vínculos
administrativos con Cisjordania, y en noviembre el Consejo Nacional Palestino
(parlamento en el exilio) declaró el Estado de Palestina. La situación se hizo
cada vez más insostenible para Israel, que seguía resistiéndose a cambiar de
política. La Guerra del Golfo crearía las condiciones para que se concretase
un marco de negociaciones tutelado por los EE.UU.. * Isaías Barreñada, investigador del Instituto Universitario Ortega y Gasset. Y coautor del libro España y la cuestión Palestina. |
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