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La Pesadilla
de Sharon
Mustafa
Barghouthi
Secretario
General de la Iniciativa Nacional Palestina
Traducción:
Carlos Sanchis
El partido Likud de Ariel Sharon rechazó su
Plan de desconexión de Gaza el domingo por la noche, pero es poco
probable que el primer ministro deje postergado este revés temporal. La votación
del Likud le permitió retrasarlo temporalmente. El voto del Likud dará fuerza
a las modificaciones del plan pero
desde que retornara, soñador, de Washington, el primer minister ha fijado la
desconexión como el primer paso hacia su victoria final.
Cuando
Sharon permanecía en pie en la Casa Blanca escuchando la declaración de apoyo
del presidente Bush a su plan de
desconexión, él se infló
visiblemente con el triunfo.
De un golpe, el presidente había
barrido décadas junto a la
diplomacia americana, todas las leyes internacionales que prohiben la adquisición
de territorios por conquista, y las
numerosas resoluciones de la ONU con respecto a los derechos de los refugiados
palestinos y el ilegal status de
los aentamientos de Israel en Cisjordania.
Mientras que la comunidad internacional y particularmente el mundo árabe
quedaron boquiabiertos de horror
ante el cambio inaudito y sísmico en la política
del presidente , Sharon se regocijó
en a la realización de una ambición a lo largo de su vida.
El soplo fatal que él ha estado buscando imprimir al frágil proceso de paz había sido
asestado por fin. El derecho de retorno había sido revocado, el estatus de los
mayores asentamientos de Cisjordania afianzado. La construcción de su
Muro podría continuar confiscando tierra palestina y destruyendo la
posibilidad física de un estado palestino, mientras el presidente americano
estaba seguro que seguía siendo una medida meramente temporal. Las tropas podrían
ser redesplegadas de Gaza al tiempo que mantenndrían el control
del espacio aéreo de la Franja, del territorio, y de los accesos por
mar, su agua, importaciones y electricidad. En resumen, la esclavitud final de
la población palestina podría empezar, y todo con el sello de aprobación
estadounidense.
Todavía en los años venideros, Sharon puede encontrarse
que este momento de triunfo imaginado, de hecho,
marque el día que sus
peores pesadillas empezaron a hacerse realidad.
Así como el presidente Bush ha
dado la vuelta a años de política americana para Israel y Palestina, su
declaración debe denotar un cambio fundamental en la estrategia de la lucha
palestina.
Si Sharon es dejado sin control por un presidente temeroso de sus perspectivas
en la reelección y carente de
voluntad provocadora en sus distritos electorales judíos
y cristianos de derechas, la solución de los dos estados está muerta.
Como con los refugiados, el principio de establecimiento del futuro de Jerusalén
por negociación mutua se perderá. Jerusalén nunca será de nuevo parte de una
Palestina independiente. La única opción que queda es un solo estado.
Sharon está alerta al creciente problema demográfico
en los Territorios Ocupados. Una población palestina que actualmente
compite en número con la de Israel
y que la superará pronto, no puede
mantenerse indefinidamente bajo la ocupación abierta. La desconexión de
Gaza y la retirada parcial de los asentamientos mantienen la apariencia
de una concesión y dispone
el fundamento para una solución al problema demográfico mientras
mantiene el encarcelamiento
palestino.
Un estado palestino en los términos de Sharon no sólo será insostenible,
siquiera será en absoluto un estado. El modelo de Gaza será copiado en
Cisjordania y se reducirá el territorio al guetos
aislados a Ramallah, Jenin-Nablus y Belén-Hebron. Bush puede declarar su
deseo públicamente por un estado Palestino que sea “viable, contiguo,
soberano e independiente”, pero el presidente ya ha demostrado que
nunca intervendrá contra la destrucción deliberada de Sharon de ese
estado.
La visión de Sharon para una Palestina independiente es semejante a los
Bantustanes establecidos como
reservas para los Sudáfricanos negros en 1951. Reservas esencialmente étnicas,
estos Bantustanes también fueron pintados a la comunidad internacional como un
paso hacia la decolonización y al problema demográfico de Sudáfrica que, como
en Palestina, vió sobrepasada la minoría gobernante por una mayoría
indeseable. Pronto, sin embargo, quedó claro que el esquema fue diseñado para
legitimar la expulsión de la población negra. La estrategia se derrumbó y el
mundo se unió para derrotar el Apartheid.
Israel ya está extremadamente cerca de
convertirse en un estado paria
dentro de la comunidad internacional como la vieja Sudáfrica. De no ser por el veto estadounidense, el país estaría casi con certeza,
enfrentandose a sanciones. Si
Sharon les niega toda la esperanza de una patria viable, libre, los palestinos
no tendrá ninguna otra opción
sino empujar por un único estado
binacional y democrático.
Antes de salir para Washington, Sharon visitó Maale
Adumim en Jerusalén Este, el asentamiento más grande de Cisjordania.
Dirigiéndose a una congregación de
colonos les prometió que sus casas seguirían siendo parte de Israel “para
toda la eternidad.”
Puede resultar ser esto verdad pero ¿encontrarían estos frevoros religiosos la
tierra a la que se han agarrado tan
atractiva si esta fuera parte de un declarado estado binacional más amplio que
abarcara toda la Palestina histórica? ¿Parecería la tierra tan importante si
esta no fuera robada sino dada? ¿Dónde está el atractivo de
vivir en una fortaleza de hormigón prefabricado si israelíes y
palestinos tienen libre a todos sus santos
lugares?
El miércoles pasado, Sharon declaró públicamente
la Hoja de Ruta muerta. Él no ha dejado espacio para maniobrar siquiera a sus
aliados que han afirmado que el proceso de paz exixtente podría acomodarse a su
plan. Incluso la votación del Likud contra
él demuestra que el plan de desconexión, malo como es, todavía es un paso
demasiado lejano de la razón israelí. El referéndum puede convencer sólo a
los palestinos que no hay esperanza en el
proceso de paz y que si dos estados
son imposibles, ellos no tienen ninguna opción sino
esforzarse por su libertad, supervivencia y derechos iguales dentro de un
solo estado.
¿Cómo reaccionaría Sharon a semejante paso vengador y
dramático del pueblo que él ha buscado visiblemente
demonizar y destruir? En
lugar del triunfo que él imaginó cuando permanecía de pie en la Casa Blanca,
puede encontrar que su estrategia para aplastar al pueblo palestino por
última vez, se haya vuelto
horrorosamente contra él.