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Keynesianismo militar
y política del miedo*

 Luis Hernández Navarro

Dos elementos claves en la fundación del nuevo desorden internacional son el keynesianismo militar y la política del miedo. El incremento en su gasto militar ha provocado un crecimiento moderado de la economía de Estados Unidos. Las grandes beneficiarias de la guerra contra el terrorismo han sido las compañías proveedoras de material bélico. Estas empresas son uno de los principales apoyos de la administración Bush y del Partido Republicano. La política del miedo ha permitido justificar los grandes gastos gubernamentales en armamento y fortalecer el liderazgo conservador en Washington.

De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), las nuevas reglas impuestas por Estados Unidos después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 provocaron un aumento hasta de 64 mil millones de dólares en el gasto militar mundial (La Jornada, 9/01/04).

El presupuesto bélico en el planeta, como parte del gasto gubernamental, se incrementó de 7 por ciento en 2000 a 7.3 por ciento en 2002. De acuerdo con el Instituto de la Paz (SIPRI) ha crecido en 6 por ciento en términos reales desde 1998, y representa 2.5 por ciento del producto interno bruto (PIB) de todo el orbe. Esto es, se invierte en armamento cada año un promedio de 128 dólares por persona, más de lo que decenas de millones de seres humanos tienen para vivir.

Estados Unidos ocupa el primer lugar en gastos militares del globo. Más de cuatro de cada 10 dólares invertidos en ese rubro provienen de esa nación. Es también el principal productor de armas en el mundo. Entre 1998 y 2002 efectuó 41 por ciento de las ventas. Siete de las 10 más grandes industrias bélicas están establecidas en ese país. Su gobierno apoya con financiamiento barato la adquisición de armamento estadounidense por otros países. Por ejemplo, en diciembre de 2002 la empresa Lockheed Martin vendió jets de combate a Polonia; en esta operación la administración de Bush apoyó con un crédito de 3 mil 800 millones de dólares.

El incremento en los desembolsos bélicos ha reanimado la alicaída economía estadounidense y guiado su recuperación. Ha provocado que se "bombee" casi un 5 por ciento más de dinero, y provisto un estímulo que la mera baja de intereses en los préstamos o la disminución de impuestos no habría podido propiciar. En los momentos más álgidos de la guerra contra Irak, la economía del vecino del norte tuvo un crecimiento de 3.3 por ciento del PIB; según diversos economistas, cerca de 60 por ciento de ese aumento se debió a gastos militares.

Al gobierno republicano no le importa que esa inversión no construya la infraestructura pública necesaria para un desarrollo sostenido, ni que tenga efectos negativos en educación o salud. En lo inmediato, de cara a las próximas elecciones, esta política crea efectos de crecimiento en el corto plazo.

Para financiar el gasto militar, la administración de Bush ha adquirido un déficit presupuestal que escandalizaría a los más ortodoxos economistas neoliberales por su irresponsabilidad: llega a 4.5 por ciento del PIB. No es la primera vez que una administración republicana lo pone en práctica. Ronald Reagan llegó a tener un déficit de hasta 6.2 por ciento en 1984, pero, a cambio, logró que la economía creciera más de 7 por ciento poco antes de buscar su reelección. Los conservadores estadounidenses parecen tener en muy alta estima las enseñanzas del economista polaco Michal Kalecki a la hora de echar a andar esta modalidad de keynesianismo militar.

De acuerdo con una encuesta realizada por Gallup para el Foro de Davos (El País, 10/01/04) existe la sensación de que se vivirá peor en el futuro. La mitad de los entrevistados en 51 países cree que la nueva generación vivirá en un mundo menos seguro. No falta razón. El clima de guerra ha provocado en todas partes la sensación de zozobra e inseguridad. Las promesas de un planeta en paz después de la caída del socialismo real han resultado absolutamente falsas. Tan sólo en 2002 -antes de la invasión a Irak- se produjeron en el mundo 21 conflictos armados de grandes dimensiones.

Este pesimismo y este miedo (recuérdese el asunto del ántrax durante la invasión a Afganistán) refuerzan las políticas autoritarias y belicistas de la administración de Bush. Él ofrece protección, seguridad y estabilidad en un mundo de riesgo y desorden. Al hacerlo, justifica la inversión millonaria en presupuestos militares y medidas policiales; la limitación de las libertades civiles y el desmantelamiento de las redes de protección social. Se prepara para su reelección. Hace ya muchos años, Erich Fromm analizó en El miedo a la libertad la compleja trama existente entre el ascenso del fascismo y el miedo, que es muy similar a la que vivimos hoy en día.

En la hora de la guerra constituyente, keynesianismo militar y política del miedo son elementos claves en la fundación del nuevo desorden internacional. Halliburton, Bechtel y Northrop Grumman, que acaban de ganar un contrato por 4 mil millones de dólares para trabajar el programa de la Guerra de las Galaxias, son algunos de los ganadores

* La Jornada.

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Editor Ahmed Hijazi
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