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Los ocupantes de Irak:
reproduciendo a Sadam  

Robert Fisk

El gusto de Paul Bremer en materia de vestido simboliza la vida en el nuevo Irak: usa traje de civil y botas de combate. Como procónsul de Irak, uno hubiera supuesto que tendría mejor gusto. Pero se trata de un famoso experto en "antiterrorismo", supuestamente encargado de reconstruir la nación con un vasto ejército de compañías internacionales -la mayoría estadounidenses, por supuesto- y de crear la primera democracia del mundo árabe. Puesto que parece ser un fracaso total en el juego del "antiterrorismo" -50 soldados estadounidenses muertos en Irak desde que el presidente Bush declaró terminada la guerra no son precisamente un éxito resplandeciente-, es apenas justo reconocer que también en la parte relativa a la "reconstrucción" está haciendo un verdadero batidillo.

En teoría, todas las noticias son maravillosas. La producción petrolera ha subido a un millón de barriles por día, el aeropuerto de Bagdad se prepara a la reapertura, y los teléfonos móviles hacen aparición por primera vez en Bagdad. Un Consejo Interino Iraquí se ha levantado y comienza a andar.

Sin embargo, existe cierta fantasía de espejo en todos estos anuncios de la Autoridad Provisional de la Coalición (APC), confuso título con que las potencias de ocupación encabezadas por Estados Unidos encubren sus credenciales derechistas y antidemocráticas. 

Considérense, por ejemplo, las cifras de producción petrolera. El teniente general Ricardo Sánchez, comandante estadounidense en Irak, incluso utilizó esas estadísticas en su conferencia de prensa de la semana pasada, cuando hizo el anuncio triunfal de que 200 soldados en Mosul habían matado a los hijos de Sadam Husein en vez de hacerlos prisioneros, en lo que consideró un "gran día para Irak". Pero el jefe militar fanfarroneaba: si bien es cierto que la producción petrolera estaba en 900 mil barriles por día en junio (100 mil menos que en la versión de Sánchez), este mes cayó a 750 mil. El descenso fue causado por los cortes de energía -los cuales continuarán buena parte del año- y por las exportaciones de contrabando. ¿El resultado? Irak, cuyas reservas petroleras son las segundas del mundo en cuantía, ahora importa combustible de otras naciones productoras para satisfacer sus demandas internas.

Luego tenemos el aeropuerto de Bagdad. Cierto, va a reabrir. Pero ocurre que esa instalación, con su enorme base militar estadounidense y su brutal campo de prisioneros, es blanco cada noche de ataques con granadas y morteros. Ninguna aerolínea consideraría llevar sus aviones a esa instalación en semejantes circunstancias. Y entonces ocurren cosas extrañas. Por ejemplo, les dicen a los iraquíes que los primeros vuelos serán operados por ''Transcontinental Airways'' (nombre extrañamente similar al de la aerolínea de transporte de la CIA en Vietnam), la cual según esto es subsidiaria de ''US Airlines'', y que el único vuelo será entre Bagdad y -esperen a oírlo- el viejo aeropuerto berlinés de Schonefeld. Un membrete británico que se hace llamar ''Aviación Mayhill'' ha insertado anuncios en la prensa iraquí en los que afirma que tiene intención de volar un Boeing 747 una vez por semana de Gatwick a Basora, ruta que sugiere que serán militares británicos y sus familias quienes acabarán usando ese avión.

La reapertura de universidades es una buena noticia. Unos cuantos culparán a Bremer de haber despedido sumariamente a 436 profesores que eran miembros del partido Baaz.

En la misma vena, la APC anuló el sistema académico según el cual los estudiantes miembros del partido recibían automáticamente mejores calificaciones. Fue una debaazificacion auténtica, pero luego resultó que no quedaron profesores suficientes. Buena parte de los 436 eran miembros del partido sólo de nombre y recibieron sus grados en universidades extranjeras. Por ejemplo, en la universidad Mustansiriyah, los mismos profesores purgados fueron recontratados después de llenar formularios de rutina en los que denunciaban al partido Baaz. Bremer parece tener el hábito de dar marcha atrás a sus decisiones; después de anunciar triunfalmente que había mandado a retiro a todo el ejército iraquí, tuvo que humillarse y reclutar de nuevo a esos soldados, no fuera que decidieran atacar a los estadounidenses.

¿Servicios de salud? Bueno, sí, al nuevo servicio iraquí de salud se le dan ánimos para que rehabilite las clínicas y hospitales del país. Pero una misteriosa compañía estadounidense llamada Abt Associates ha aparecido en Irak para ofrecer apoyo del "Ministerio de Asistencia Técnica de Salud" a la Agencia estadounidense de Desarrollo (Usaid) y "respuesta rápida para atender las necesidades sanitarias del país". Ha decretado que todo el equipo médico debe apegarse a normas y modificaciones estadounidenses, lo cual significa que todo el nuevo equipo hospitalario debe provenir de Estados Unidos, no de Europa.

Pasemos ahora a los teléfonos celulares. Hace poco más de una semana mi teléfono de roaming libanés despertó con un zumbido y, después de unas horas de conversaciones fragmentadas, recogía la señal de empresas de telefonía móvil de Kuwait, Qatar y Bahrein, según la parte de Bagdad donde estuviera. Menos de una semana después, sin embargo, los estadounidenses ordenaron cancelar el sistema, porque supuestamente la compañía operadora de Bahrein, al abrir su servicio tan pronto, no dio a otras competidoras una oportunidad justa de captar contratos. Esas otras empresas son estadounidenses en su mayoría.

Asesinan a los manifestantes, por supuesto, los iraquíes protestan por muchas de estas cosas. Protestan en las calles, en especial contra las agresivas incursiones estadounidenses, y protestan en la prensa. De mucho que les sirve. Cuando ex soldados iraquíes se manifestaron frente a la oficina de Bremer, en el antiguo palacio presidencial, efectivos estadounidenses mataron a tiros a dos. Cuando residentes de Falujah realizaron una marcha en abril -parece hace tanto tiempo-, los militares asesinaron a 16. Otros 11 fueron masacrados después en Mosul. Durante dos manifestaciones contra la presencia de tropas estadounidenses cerca de la mezquita del imán Husein en Kerbala, el fin de semana pasado, otros tres fueron ultimados. "Qué maravilloso es poder expresar lo que uno piensa", fue el comentario del teniente general Sánchez sobre las manifestaciones de la semana pasada. Tal vez quería exhibir su negro sentido del humor.

Todo esto puede parecer incomprensible si uno se olvida de que toda la ilegal invasión de Irak fue orquestada por una cáfila de ideólogos derechistas y pro israelíes de Washington, y de que Bremer, aunque no es miembro de ese grupo, encaja a la perfección en el mismo molde. Por eso Paul Wolfowitz, uno de los primeros instigadores de esta guerra -fue de los que más fuerte batieron los tambores con las inexistentes armas de destrucción masiva-, ahora trata de desviar la atención del desastroso consejo que dio a su gobierno atacando a los medios, en particular a ese latoso e incontrolable canal Al Jazeera. La información de esa televisora, pregona hoy como meretriz, constituye "incitación a la violencia", sabiendo perfectamente que Bremer ha utilizado la "incitación a la violencia" como excusa oficial para cerrar cualquier periódico o estación televisora que no le gusta.

De hecho, los estadounidenses han allanado las redacciones de los periódicos que les molestan, de la misma forma en que han realizado cateos en las oficinas del Consejo Supremo Revolucionario Islámico en Irak, cuyo líder, el ayatola Mohammed al-Hakim, es miembro del famoso consejo interino, lo cual no es precisamente la mejor manera de mantener a un prominente clérigo chiíta del lado de las potencias ocupantes. Pero el consejo es en sí mismo objeto de muchas bromas en Bagdad, entre otras razones porque algunos de sus primeros actos fueron comprar automóviles para todos sus integrantes, establecerse en un antiguo palacio presidencial y declarar fiesta nacional el 9 de abril para conmemorar la "liberación" de Irak del dominio de Sadam, idea lunática del defraudador convicto Ahmed Chalabi, apoyado por el Pentágono.

Eso suena estupendo en Estados Unidos y Gran Bretaña. ¿Qué podría ser más natural que celebrar el fin de la Bestia de Bagdad? Pero los iraquíes, pueblo orgulloso que ha resistido cientos de invasiones, se dieron cuenta de que su nueva fiesta nacional marcaría el primer día de la ocupación extranjera de su patria.

"El consejo interino se deslegitimó desde su primera decisión", me dijo con disgusto un periodista iraquí. Y así ha empezado a crecer la débil pero siniestra sombra de un estilo diferente de "democracia" en Irak, en la cual un nuevo gobernante tendrá que ejercer un dominio paternalista -moderación mezclada con autocracia, a la Ataturk- para gobernar el país y permitir que los estadounidenses se vayan a casa. De manera inevitable, ha sido uno de los comentaristas estadounidenses de la misma derecha lunática fracasada a la que pertenece Wolfowitz -Daniel Pipes, del grupo de analistas llamado Foro de Medio Oriente, el cual promueve los intereses de Washington en la región- quien ha expresado esto del modo más escalofriante. Alega que "autócratas de mente democrática (sic) pueden conducir mejor a Irak hacia la plena democracia que unas elecciones apresuradas". Lo que Irak necesita, sostiene, es "un hombre fuerte democráticamente intencionado (sic) que posea autoridad real", el cual sería "políticamente moderado" pero "operativamente duro" (sic de nuevo). 

Por supuesto, es difícil contener una sonrisa cínica ante semejante doble rasero, si bien su significado es estremecedor. ¿Qué quiere decir "operacionalmente duro", si no policía secreta, salas de interrogatorios y torturadores que mantengan a la gente en orden, que es exactamente lo que se propuso Sadam Husein cuando asumió el poder, contando en ese tiempo con el respaldo de Estados Unidos y Gran Bretaña? ¿Qué significa "hombre fuerte", si no dar marcha atrás por completo a la promesa de "democracia" que Bush y Tony Blair hicieron al pueblo iraquí? Las democracias no son encabezadas por autócratas, y los autócratas no son conducidos por nadie que no sean ellos mismos. La versión de Pipes de una democracia fuerte, por cierto, implica el retiro de las tropas estadounidenses a "bases militares lejos de los centros de población", donde sirvan de "socio militar del nuevo gobierno (sic), como garantía de seguridad en última instancia". En otras palabras, las fuerzas estadounidenses se esconderían en el desierto para evitar sufrir nuevas bajas, a menos que fuera necesario que volvieran a asaltar Bagdad para deshacerse del "hombre fuerte" en caso de que desobedezca las órdenes de Washington.

Pero hoy día Bremer es el hombre fuerte, y bajo su imperio los soldados estadounidenses pierden el ánimo y la prestancia a montones con cada nueva incursión, torpe y a menudo infructuosa, contra civiles iraquíes. Obsesionados todavía con capturar -o más bien, liquidar- a Sadam, destruyen cualquier residuo de afecto hacia ellos que pueda quedar entre la población. En una reciente operación en el poblado de Dhuluaya, por ejemplo, dos hombres inocentes fueron asesinados y el informante iraquí de los estadounidenses -a quien se hizo pasar encapuchado frente a los que iba a traicionar para mantener su identidad en secreto- fue ejecutado por su propio padre. El emprendedor periódico local Iraq Today descubrió que los oficiales de "inteligencia" de la cuarta división de infantería abandonaron en la escena del crimen fotografías de reconocimiento aéreo, tomas de cadáveres en la morgue y documentos de operaciones secretas, entre ellas apuntes informativos y ubicaciones de casas donde se realizarían allanamientos. El diario, conforme a la usanza del auténtico periodismo, publicó con gusto todo el paquete, junto con el comentario del padre de Sabah Salem Kerbul, el joven informante que colaboró con los militares durante la operación Golpe en la península. Primero le dio un tiro en el pie a su hijo y luego en la cabeza. "Lo he matado", dijo. "Pero aún lo llevo en el corazón."

De hecho, la violencia anárquica está ahora arraigada en la sociedad iraquí como jamás lo estuvo en el régimen del genocida Husein. Apenas pasa un día en que no encuentre indicios de ella en mi trabajo diario de reportero en Bagdad. Al visitar el hospital Yarmouk, el lunes 28, para tratar de averiguar la identidad de los civiles asesinados por soldados estadounidenses en Mansur el día anterior, tropecé con cuatro cuerpos que yacían en el patio, al lado del edificio, bajo una temperatura de 50 grados. Todos tenían huellas de disparos. Nadie conocía sus identidades. Todos eran jóvenes, salvo uno que quizá era un hombre de mediana edad, con un agujero en el calcetín. Tres días antes, en una visita a un supermercado local, noté que la cajera vestía de negro. Sí, me dijo, porque su hermano había sido asesinado una semana antes. Nadie sabía por qué.

En una conversación con el padre de mi chofer -quien tiene un taller de fotocopiado cerca del cuartel palaciego de Bremer-, un joven prorrumpió en alabanzas para Sadam Husein. Cuando le pregunté por qué, me dijo que hombres armados acababan de robarle el auto a su padre. Tratando de contactar a un ex prisionero a quien los estadounidenses retenían ilegalmente en su casa, en un suburbio pobre de la capital, llegué en automóvil a la casa del mujtar -el edil del barrio- para averiguar la dirección correcta. Pero me recibió un grupo de parientes que con semblante contrito me informaron que no podía hablar con el funcionario porque había sido asesinado la noche anterior.

Así pues, si esa es mi experiencia apenas en cuatro días, ¿cuántos homicidios y robos se cometen en toda Bagdad, o de hecho en todo Irak? Hace sólo dos días, por ejemplo, se informó que en Basora mataron a cinco hombres a quienes se acusaba de vender alcohol. Una vez más no hubo publicidad, ninguna declaración oficial, ningún reporte de muertes de la APC. Hace unos cuantos días estaba yo sentado en la sala de conferencias que las autoridades de ocupación usan para sus sesiones cotidianas con la prensa, sainetes que se usan para condenar "informes irresponsables", pero que sólo dan cuenta de una fracción de los actos de violencia perpetrados en las 24 horas anteriores, violencia que, por supuesto, las autoridades conocen de sobra.

Y hubo un momento perturbador cuando Charles Heatley, el portavoz de la Oficina de Exteriores británica, designado por Tony Blair a instancias de Alastair Campbell, habló de las versiones de secuestros y raptos en Irak. Reconoció que había algunos casos, pero luego -me encantó su hermosa forma de tratar de destruir todo interés periodístico por ese tema terrible- hizo un recuento del número de "rumores" que resultaron falsos cuando se sometieron a investigación. No es esa, sin embargo, la experiencia de The Independent, que en un solo día descubrió la identidad de una joven que fue raptada, violada y después dejada en libertad, tras lo cual intentó tres veces suicidarse en su casa. Otra familia entregó a este diario una fotografía de su hija secuestrada, con la esperanza de que fuera publicada por la prensa iraquí.

¿Por qué las autoridades de ocupación no se dan cuenta de que Irak no puede ser "vuelto de revés"? Esta nación vive una tragedia de proporciones épicas y ahora -después de su descenso al infierno con Sadam- estamos condenados a contagiarnos de su sufrimiento. Nuestra soberbia, nuestras mentiras y fantasías -entre ellas las fantasías de Tony Blair- nos están empujando hacia el abismo.

Para el pueblo de Irak, la próxima etapa de su prolongado sufrimiento ya está en marcha. Para nosotros se avecina una nueva humillación colonial, de tales proporciones que bien puede hundir las carreras de George Bush y Tony Blair. De mayor trascendencia es que también es probable que acabe todavía con muchas más vidas inocentes.

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La Jornada
Traducción: Jorge Anaya.
Revisión: Mundoarabe

 

 

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