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Sabra y Chatila, la historia que carga la masacre

Xavier Abu-eid.

Mundoarabe.org, 23/09/2004

“En Chatila no judíos mataron a no judíos ¿qué tenemos que ver nosotros con eso?” ( Ex primer ministro de Israel, Menahem Begin, en 1982).

 “El jueves y el viernes por la mañana, los ministros y funcionarios (de Israel) ya sabían acerca de la matanza, y nada hicieron para detenerla. El gobierno lo sabia desde la noche del jueves y no movió un dedo ni hizo nada para impedirla” (Eytan Haber del periódico israelí Yediot Ahranoth)

Cuando se me pidió algo sobre Sabra y Chatila, se me puso en graves aprietos. El principal problema no es el hecho de escribir sobre una pagina negra de la humanidad y particularmente del pueblo palestino, sino que me resulta prácticamente imposible generar un trabajo de carácter puramente académico, cuando luego de la masacre de cientos de civiles desarmados, sus responsables llevan a cabo una vida tranquila, sin mayores contratiempos e incluso el principal responsable, Ariel Sharon, hoy se da el gusto de dar su punto de vista nada menos que desde la primera magistratura de Israel.

Es importante dejar en claro antes de continuar, que este trabajo desarrolla una visión palestina de la masacre acaecida entre los días 16, 17 y 18 de Septiembre de 1982. por tanto, los argumentos aquí esgrimidos van en base a los hechos vividos, a la legalidad internacional y particularmente al concepto de “Responsabilidad de Mando” acuñado en la Cuarta Convención de Ginebra de 1949.

Para introducirnos en la masacre propiamente tal, debemos tener claro algunas cosas, ya que el asesinato deliberado de cientos de civiles refugiados palestinos en Líbano evidentemente no fue al azar.

Luego de la salida de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) de Jordania en 1970, a raíz del conflicto vivido con el rey Hussein y que trajo como consecuencia el asesinato de 20 mil palestinos en el denominado “Septiembre Negro”, tanto las fuerzas militares como el aparato social y político palestino se trasladan al Líbano, en virtud de un acuerdo firmado tiempo atrás entre la Liga Árabe y el gobierno libanés en el cual se le daría libertad de movimiento en su territorio a las fuerzas de la resistencia palestina.

A la llegada de la OLP al también conocido como “país de los cedros” (aunque de ello queda muy poco), la situación política interna se encontraba bastante tensa. La constitución política dejada por Francia antes de su retirada del país en la década del cuarenta, hasta el momento cumplía su objetivo de que ciertos sectores controlen el país, subyugando a otros vastos tantos a no poder ejercer altos cargos en el aparato gubernamental. Por ello es que como presidente de la republica podía ser electo solo un cristiano de rito Maronita, como jefe de gabinete un musulmán sunita y como presidente del parlamento un musulmán chiíta. A favor de ese orden se mostraba la derecha libanesa y en contra las fuerzas progresistas comandas por el Partido Comunista Libanés del cristiano George Hawi y el Partido Socialista Progresista del druso Kamal Jumblatt principalmente.

En ese escenario político, y con una derecha asustada por el brusco cambio demográfico acaecido en el Líbano con la llegada de los palestinos (en su mayoría musulmanes) y político (en su mayoría de izquierda), comienza una de las tantas guerras civiles en el Líbano (recordemos que la primera fue en 1870). La OLP, fiel a sus principios, combate al lado de la izquierda, quienes por primera vez se vieron con la capacidad militar necesaria como para derrotar a las fuerzas de la derecha libanesa, lideradas por el Katayeb (la Falange) y con nombres insignes como Pierre, Basheer y Amin Gemayel, Saad Haddad y Fuad Abunader entre otros.

En el transcurso de la guerra civil de 1976, y debido al importante desarrollo militar de la izquierda en base a los refuerzos palestinos, se intensifican los contactos entre los falangistas libaneses en el poder e Israel. Teniendo un objetivo en común como la aniquilación de la OLP y la erradicación del Líbano, no tardarían en utilizar un vocabulario común.

Israel invade el Líbano en una primera oportunidad (1978-operación “Río Litani”), donde utilizando una antigua táctica de la guerra de Suez en1956, paracaidistas llegarían hasta el Río Litani en pleno suelo libanés, para luego atacar en dos frentes desde norte y sur, desalojando el sur del Líbano de combatientes palestinos, operación fracasada y que determino el repliegue de tropas israelíes hacia sus indefinidas fronteras.

Sin embargo, a Israel se le presenta una nueva oportunidad. En 1982 reciben un nuevo mensaje de auxilio por parte de los falangistas libaneses, al que tampoco tardarían en decir que si. Luego de tensas negociaciones con Estados Unidos, el gobierno israelí comandado por Menahem Begin (responsable de la masacre de Deir Yassin en 1948), acuerda sellar en tres días la suerte de la OLP en Beirut. El gobierno de Ronald Reagan acepta a condición de que la operación en suelo libanés no superase las 72 horas acordadas.

Un gran revés tuvieron las fuerzas israelíes en su entrada en acción. Con la excusa de que la OLP atacaba desde el Sur del Líbano las posiciones sionistas (a pesar de que la resistencia palestina llevaba meses sin atacar dichas zonas para no forzar una eventual invasión), el ministro de defensa israelí, Ariel Sharon, lanza a su mando decenas de miles de sus mejores hombres en tierra, mar y aire hacia el Líbano bajo el nombre de “Operación paz para Galilea”. Lo que no contaba Sharon es que la resistencia conjunta palestino-libanesa resistiría algo mas que 72 horas: 88 días fue la resistencia en lo que la historia conocería como el “Cerco de Beirut”.

Luego, y con un Líbano destruido, la OLP comandada por Yasser Arafat acepta la mediación de Naciones Unidas, quienes ofrecen la salida del Líbano hacia Túnez (las fuerzas militares a Argelia). A su vez Estados Unidos, a través de su emisario Philip Habib, garantiza a los palestinos el cuidado de los civiles que quedarían en los campos de refugiados a través de una fuerza multinacional compuesta por soldados italianos, franceses y estadounidenses, ninguno de los cuales asumiría sus puestos al momento de la salida de las fuerzas nacionales palestinas. Tanto Israel como la Falange lograban una parte de sus objetivos, pero en las mentes mas desquiciadas de uno y otro también se asomaba otro objetivo en la base de la anulación de la presencia palestina en El Líbano. Prueba de ello son las declaraciones de Ariel Sharon, quien al mando de su ejercito ocupante del país acabe, no solo entabla relaciones cercanas con los lideres falangistas (Elia Hobeika como líder de la milicia), sino que inventa una serie de infundadas aseveraciones para mantener tensa la atmósfera, particularmente el 11 de septiembre de 1982 cuando señaló que "dos mil terroristas" se encontraban en los campos de refugiados de Sabra y Chatila (1).

Lo concreto es que el 14 de Septiembre de 1982, días después de la retirada total de las fuerzas palestinas hacia el valle de Al Bekaa, donde serian trasladados marítimamente hacia Túnez y Argelia, estalla una carga explosiva que termina con la vida del electo presidente libanés Basheer Gemayel, un falangista insigne. Ante esto se concretizan dos reacciones: Una desesperación a grandes rasgos por parte de sus seguidores libaneses (que como buenos fascistas, han de generar una suerte de “adulación” por el líder), y el consiguiente aprovechamiento por parte de Ariel Sharon, para que violando los acuerdos de armisticio firmados ante Naciones Unidas, toma posesión de Beirut Occidental, donde se encontraban principalmente los campos de refugiados palestinos de Bourj al Bourajne, Sabra y Chatila. Según la Cuarta Convención de Ginebra, desde ese mismo instante, es Ariel Sharon en su calidad de líder de las fuerzas ocupantes, el responsable de la integridad de los civiles en las zonas tomadas. El rápido movimiento de los falangistas en busca de venganza se ve alentado por la presencia israelí, quienes no tardan en cercar los campos de refugiados y prohibir la salida a sus habitantes, quienes avizoraban lo peor luego de la muerte de Gemayel. Israel insta a la falange a creer que los palestinos habían asesinado al electo presidente libanés, algo nunca comprobado. De hecho, posteriormente se apuntaría principalmente a la Inteligencia Siria y (como no) al Mossad israelí.

Las sospechas hacia este ultimo son aun mas fundadas, en el sentido de que solo horas después del asesinato de Gemayel las tropas de Sharon invaden Beirut Occidental, es decir, un movimiento de tropas no fácil de realizar con tan poca antelación ni coordinación.

Es así como un día después de dicho movimiento de tropas, milicianos falangistas bajo la permisiva mirada de los soldados israelíes ingresan a los campamentos y masacran casa por casa a cientos de civiles.

La reacción de Sharon no fue de alarma. De hecho durante las noches del 16 y el 17 de Septiembre, las bengalas del ejercito israelí alumbrarían los cielos de Chatila y Sabra para facilitar la macabra labor de quienes operaban dentro del campamento. De hecho, el periodista irlandés Gordon Thomas, citando a Elia Hobeika, en un articulo publicado por El Mundo, señalaba que “Sharon «hizo un gesto afirmativo con la cabeza» cuando al comandante de la fuerza de ataque le transmitieron sus ordenes a través de la radio: «Que sea la última vez que me lo pregunta. Usted ya sabe lo que tiene que hacer». Así comenzó la carnicería. Duró dos días, dejó 2.000 muertos y millares de heridos” (2).

Sin ninguna protección, los “2000 terroristas” anunciados por Sharon se convertían en quinceañeros que usaban rifles de caza para defender sus familias. Los objetivos no eran hombres armados, sino mujeres embarazadas a las que se les abrirían los estómagos y niños a los que se les cortarían los genitales y familias enteras a las que se les ametrallaba persona a persona en sus mismas casas. No existe una cifra oficial de muertos, pero contando los desaparecidos, no es difícil dar una suma de seis mil personas victimas de la brutalidad impartida por la falange y sus defensores israelíes. Un resumen perfecto de lo visto a la entrada a los campamentos luego de la masacre, lo da Mirna Mugitehian, enfermera de la Cruz Roja Internacional “los torturaron a todos, atados de manos y pies. Luego, a los hombres les cortaron las manos y los pies, y a las mujeres los pechos” (3)

Ante el derecho internacional, el desenlace de la masacre de Sabra y Chatila, convierte a Ariel Sharon en un criminal de guerra. Un juicio llevado a cabo en su contra por tribunales belgas, es abortado por su calidad de Primer Ministro de Israel y no porque no existan suficientes pruebas para juzgarlo. En enero del 2002, uno de los aliados de Sharon en el Líbano y posterior enemigo, Elia Hobeika, volaba por los aires luego de que una carga explosiva destruyera su Mercedes Benz en Beirut. Hobeika era considerado uno de los responsables materiales de la masacre pero el lo refutaba tajantemente. Justo al sábado siguiente debía declarar frente a tribunales belgas, y según el, tenia pruebas claras del que el rol de Sharon fue mas relevante del que Israel señala. “Lo que voy a decir y demostrar va a provocar estupor” declaraba al parlamentario belga Josy Dubie.

Y aunque Israel negó cualquier responsabilidad en el asesinato, la pregunta es muy simple ¿A quien le convenía matar a Hobeika? 1- Del documental “The Accused” de la BBC, 17 de Junio de 2001. 2- El Mundo (España), Domingo 27 de enero de 2002. 3- “Sabra y Chatila” publicado por la representación de la OLP en Brasil, 1984.

Fuente: www.ugep.cl

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