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Mi Ventana
SADAM Y BUSH... DOS CRIMINALES y UN DESTINO Said Alami Estados Unidos está desesperado por invadir Irak. Parece como si la existencia y el futuro de la superpotencia mundial pende de un hilo llamado Saddam Husein. Nunca la Humanidad asistió a un espectáculo tan ridículo y tan mezquino como este. El presidente más cobarde y criminal de la historia de Estados Unidos, George W. Bush, llegado al poder del modo más vergonzoso jamás registrado en la historia de ese país, se dedica desde entonces a cumplir el papel para el que fue colocado en su cargo y que no es más que el de convertir al Ejército americano en la mano ejecutora de los sueños enfermizos y planes alocados del Sionismo y de Israel. Todo lo que ha hecho Bush desde su llegada al poder ha sido servir a los intereses de Israel. Su guerra contra Afganistán, tal como lo hemos dicho desde el pasado mes de octubre en más de un artículo, no pasa de ser un grandísimo montaje y un enorme rodeo cuyo objetivo último es la Resistencia Palestina y todo el pueblo palestino. Antes, Irak, Siria, Irán, Líbano deben ir cayendo porque forman el fondo estratégico y la extensión natural del pueblo palestino. Lo del 11 de septiembre, Ben Laden, Al Qaeda y Afganistán no pasa de ser la farsa mayor de la que han sido capaces los prestidigitadores del Sionismo que pretenden con ello despistar a la opinión pública mundial, especialmente la estadounidense y la europea. El vil juego que los halcones del Sionismo en el Pentágono han puesto en práctica es ya, un año después del 11 de septiembre, más que evidente para la opinión pública europea, y cada vez está más en evidencia para la opinión pública estadounidense, lo que está convirtiendo a la superpotencia mundial en el hazmerreír del mundo entero, aunque nadie en los Gobiernos europeos se atreva a rebelarse decisivamente contra el Pentágono, ni siquiera para ayudar a Estados Unidos a liberarse de las garras del Sionismo. Muchos no olvidan que Bush, cuyos planes no se apartan ni un milímetro de los del primer ministro de Israel, Ariel Sharon, ha señalado, ya desde el principio, a la Resistencia Palestina como objetivo primordial de su constante agresión contra el mundo árabe e islámico. En su tradicional (discurso sobre el estado de la Unión) pronunciado ante el Congreso el 29 de enero pasado, cuando ya estaba enterado del contenido del artículo que unos días más tarde, el 13 de febrero, iba a publicar Henry Kissenger, en The Washington Post (que defendía la necesidad de invadir a Irak como una segunda fase de la llamada Guerra contra el terrorismo), Bush dijo lo siguiente:"Nuestro ejército dejó los campos de entrenamiento de los terroristas en Afganistán sin posibilidades de actuaciones dañinas, pero al menos en una docena de países existen otros. Un mundo terrorista clandestino, compuesto por grupos, tales como Hamas, Hezbollah, Yihad Islámico y Yaish-i Mohammad, opera en selvas, desiertos aislados y se agazapa en pleno corazón de las grandes ciudades". Como dijo Carlos Fuentes el pasado 29 de agosto, en Tenerife, Bus “es tonto e ignorante”, si no, no habría caído tan fácilmente en el error garrafal de desvelar que los verdaderos objetivos de su guerra santa (pues no paraba de invocar a Dios cada vez que hablaba de ella) contra el terrorismo son en realidad Hamas, Yihad Islámico y Hezbollah. Los tres son enemigos de Israel, no de Estados Unidos. Más tarde, Bush ha ido añadiendo a su lista otras organizaciones, casi siempre palestina. Pero, volviendo a las amenazas estadounidenses contra Irak y a las voces de alarma y pánico, absolutamente demenciales, que se están lanzando desde algunos países europeos, especialmente el Reino Unido y España (Ana de Palacio llegó a decir que Saddam Husein es una amenaza para la Humanidad, pero jamás dijo que Sharon suponga una amenaza para nadie) podemos constatar que en Europa, sólo Francia y Alemania garantizan para la Unión Europea una política Exterior independiente de la voluntad de los matones que han tomado la Casa Blanca y el Pentágono. Sólo París y Berlín son verdaderas potencias políticas, que no se acobardan ante Bush, Rumsfeld, Cheney, Kissenger, y demás enemigos jurados del mundo árabe, tanto o más que Sharon y Peres. Ahora resulta que De Palacio, Blair y demás lacayos de Bush, quieren devolver a sus pueblos y a sus medios de comunicación al lenguaje de los meses precedentes a la guerra de Liberación de Kuwait, en 1991. Un lenguaje ese que ya ha sido puesto en evidencia por numerosos estudiosos hasta el límite de que su total falsedad se ha convertido en una verdad que ya nadie discute. Muchos se ríen hoy, casi 12 años después de aquella guerra, de las falacias que lanzaban sin cesar los gobernantes, políticos, y medios de comunicación, al unísono (como si de un ejército de criminales y mentirosos bien entrenados se tratara) en los que el ejército de Irak era “el cuarto ejército del mundo” y cuyo poder era de tal envergadura que amenazaba no solo a todo Occidente sino que al mundo entero. Luego resultó lo que muchos sabíamos ya de antemano, a pesar de la no menos demencial propaganda oficial iraquí de aquellos tiempos: que Irak no es más que una potencia de quinta o sexta categoría, que no fue capaz ni de vencer a Irán, un país no menos atrasado y subdesarrollado por aquel entonces, a pesar de 8 años de guerra inínterrumpida. Ahora, de nuevo, volvemos a escuchar desde EE.UU. y algunos países europeos las mismas proclamas, informaciones y aseveraciones de aquellos tiempos (1990-1991) sobre un Irak que “es amenaza para Estados Unidos”, “amenaza para el mundo”, “peligro para la Humanidad” y otras frases de la misma índole. Volvemos a escuchar las mismas alarmas que en 1990 sobre “armas iraquíes de destrucción masivas que suponen una gran amenaza para EE.UU.” o “ Irak está a punto de conseguir armamento nuclear con el que puede amenazar directamente a EE.UU.”, etc. Los sionistas, siempre dedicados a aterrorizar al pueblo de Estados Unidos y a la opinión pública occidental con un supuesto “coco” palestino, árabe o musulmán, vuelven a desempeñar su trabajo de falsificadores de la Historia, empezando siempre por el presente. Israel Potencia Nuclear Fuera de la Legalidad Internacional Armas de destrucción masiva son las de Israel, con sus más de 200 cabezas nucleares reconocidas por los propios israelíes y que se encuentra totalmente al margen de la ley y de la inspección internacional. Israel, hace tan solo dos semanas, se vanagloriaba de su poder nuclear amenazando a Irak con borrarla del mapa para siempre con bombas nucleares. Israel es la que no permite, desde siempre, la inspección de sus instalaciones nucleares por parte de la Agencia de Energía Atómica, con sede en Viena. Israel es la que sigue negándose a firmar cualquier Tratado internacional sobre limitación o no proliferación de armas nucleares. Israel, un Estado de tan sólo 4 millones de habitantes, supone hoy día una grandísima amenaza para todos los pueblos vecinos, cuya misma existencia depende de la voluntad de un Israel armado hasta la locura y gobernado por militares que han probado, década tras década, gobierno tras gobierno, que son criminales natos, sin escrúpulos, desalmados y que albergan, sin excepción, un profundo desprecio a la Legalidad Internacional, representada en buena parte por la ONU, su Consejo de Seguridad y sus resoluciones que han sido violados por Israel, desde 1948, sistemáticamente. Por eso advertimos, como lo hemos hecho una y otra vez, que Israel supone una gran amenaza para toda la Humanidad. Pero al hablar del peligro que supone Israel para el mundo lo hacemos con fundamento, constatando hechos, matanzas, agresiones interminables contra los árabes en general y contra los palestinos en particular, ocupación de territorios de otros países, cantidades ingentes de armas nucleares y de armas tradicionales tan sofisticadas que superan a los de las principales potencias europeas. ¿Quién en el mundo puede hoy día garantizar que Israel no recurra al uso de la bomba atómica contra los árabes?. ¿Europa?, ¿Estados Unidos?, ¿Rusia?, ¿la ONU?. Sólo oigo carcajadas como respuesta. Los gobernantes de EE.UU. han llegado a tal grado de desvergüenza y desprecio al resto de la Humanidad que anuncian a bombo y platillo que mandarán un cuarto de millón de soldados a Irak para derrocar a Saddam Husein. O sea, Estados Unidos va a protagonizar ante el mundo un golpe de Estado en un país extranjero, como lo hizo en Afganistán, como si la legalidad internacional nunca hubiera existido. Así se ha pasado de la sacrosanta “no injerencia” en asuntos internos de otros países, al derrocamiento, televisado en directo, de gobernantes de otros países, previas matanzas entre las filas del pueblo correspondiente y destrucción de sus ciudades e infraestructuras, e incluso a la imposición de un régimen determinado y unos gobernantes títeres. Sencillamente estamos regresando a la colonización pura y dura que Occidente había abandonado hace unas décadas. Saddam Husein, al igual que Osama Ben Laden, ha servido ciegamente a Estados Unidos en particular y a Occidente en general. Desde ahora vaticinamos, que si la invasión estadounidense de Irak se produce por fin, Saddam Husein simplemente desaparecerá, nadie le matará y nadie le encontrará, los mismo que está pasando con Ben Laden, que estará disfrutando del retiro dorado, ( a pesar de su grave enfermedad) como un buen agente de la CIA. Ben Laden entregó Afganistán, y toda las regiones adyacentes (Kazajistán, Uzbekistán, Tajekistán, Turkmenistán, etc.) e incluso, el propio Pakistán, a la hegemonía estadounidense. Son zonas que el ejército de EE.UU. ni podía soñar con pisar antes del 11 de septiembre y donde hoy día hay estacionadas tropas estadounidenses. Sadam Husein entregó a Estados Unidos vastas y riquísimas regiones como Arabia Saudí, Kuwait, Bahrein, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Omán, donde las bases militares estadounidenses se han multiplicado desde 1990. Anteriormente, Saddam hizo la guerra contra Irán a lo largo de 8 años, por cuenta y encargo de Occidente, que le había armado hasta los dientes.
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