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La
ecuación matemática del sometimiento de EEUU a Israel
Said Alami
Mientras
el mal llamado “Gobierno palestino” se debatía en enfrentamientos internos
que impedían que asuma sus inexistentes funciones, Sharon seguía celebrando su
orgía de sangre y destrucción contra el pueblo palestino, en varias
localidades palestinas, especialmente en Rafah, donde su bárbaro Ejército de
ocupación asesinó, sólo en las últimas semanas, a más de 30 palestinos y
destruyó casi 200 viviendas, dejando a más de 2.000 personas sin hogar.
La ciudad de Gaza recibió a su vez una nueva muestra de la barbarie israelí y
de la locura de Sharon, con seis incursiones aéreas en un sólo día, en los
que helicópteros Apache y cazabombarderos F-16 se ensañaron con barrios
populares de la heroica ciudad y con el campo de refugiados de Nuseirat. Muerte
y destrucción israelíes volvieron a cernirse sobre la indefensa población
civil palestina.
Con la misma locura Sharon mandó a
sus cazabombarderos para atacar Siria, por primera vez en más de dos décadas,
en una incursión en la que bombardeó a inocentes palestinos y sirios en el
campo de refugiados de Ein Saheb, cerca de Damasco. Era la irracional represalia
de Sharon, un hombre ya acabado políticamente, a un ataque palestino en el que
HAMAS respondía a los interminables crímenes de Israel y en venganza por la
muerte de decenas de palestinos.
Sharon ha demostrado hasta la saciedad que es el político más fracasado de la
indecente historia del Estado de Israel. Llegó al Gobierno hace más de dos años,
prometiendo seguridad a los israelíes y lo único que les aportó desde su
llegada al poder es un estado de absoluta inseguridad en el que cayeron
centenares de israelíes muertos en las acciones palestinas siempre lanzados en
represalia a los horrendas atrocidades que el ejército de ocupación israelí
perpetra contra los palestinos, en un claro intento de liquidación total y
absoluta de la diez veces milenaria existencia del pueblo palestino.
El 16 de septiembre, en el Consejo de Seguridad de la ONU, Estados Unidos impedía
que salga adelante una resolución que condene la decisión israelí de deportar
a Arafat y más tarde impedía la adopción de otra resolución que condenaba la
construcción por parte de Israel del llamado “muro de la vergüenza”, la
vergüenza de Occidente, se entiende, que el terrorista Estado de Israel está
construyendo alrededor de la Cisjordania, convirtiendo así a este territorio
palestino en el mayor campo de concentración de la historia, y quedando una
franja de ese territorio en el lado israelí del muro, en un flagrante robo
territorial que no es ajeno a la naturaleza de un Estado inventado para la
expansión y el terror.
El 22 de octubre la Asamblea General de la ONU, o sea, el mundo entero, condenó,
en una resolución, el muro israelí volviendo así a escupirles en la cara a
Israel y a Estados Unidos, como lo ha hecho la A.G. en decenas de ocasiones a lo
largo del último medio siglo a causa de la locura megalómana e inhumana de
Israel. Además del Gobierno de Sharon y de la Administración de Bush, que
juntos atizan y lideran el terrorismo anti-árabe y anti-islámico, sólo otros
dos Gobiernos han votado en contra de esta condena, el de las islas Marshall y
Micronesia, dos países que me cansé de buscarles en el mapa-mundi sin éxito
alguno.
Estos dos insignificantes Gobiernos, seguramente comprados o fuertemente
presionados por los matones que gobiernan en Tel Aviv y Washington, habían
votado, tres semanas antes, también contra la resolución que la Asamblea
General aprobó contra la decisión israelí de deportar a Arafat. Cuando
Washington impide, en solitario, que el mundo condene a Israel en el Consejo de
Seguridad, por sus abusos contra los
palestinos, el mundo suele acudir a la Asamblea General para propinar, desde allí,
una bofetada a Estados Unidos.
La locura del Gobierno de Sharon, demostrada ya hasta la saciedad, se hacía
nuevamente patente en las declaraciones del ministro de Industria y Comercio y número
dos del régimen israelí, Ehud Olmert, quien respondía a esta última resolución
de la Asamblea General, rechazándola, desestimándola, e insultando a toda la
comunidad internacional. Olmert dijo, reconociendo que Israel está en contra
del mundo entero: “ el mundo entero está contra nosotros y Estados Unidos. Yo
me siento orgulloso de estar al lado de los americanos”. Olmer mentía y
falsificaba, pues Israel nunca ha estado al lado de los americanos, sino al lado
de la Casa Blanca, perjudicando gravemente a los americanos.
La
Ecuación
Una
gran vergüenza debe de sentir el pueblo de Estados Unidos al verse tan
enfrentado al mundo entero, absolutamente sólo, una y otra vez, a causa de una
Administración instalada en la Casa Blanca de manera vergonzosa (acuérdense
del baile de votos y papeletas en el escrutinio de las últimas elecciones
estadounidenses) y sometida por entero al yugo del Sionismo que controla el
Despacho Oval, el Pentágono y el Congreso, donde hay 255 congresistas confesos
como miembros del lobby judío-sionista, que defiende a ultranza los intereses
de Israel.
¡Que
gran vergüenza deben sentir los americanos cuando ven a su país, la
superpotencia mundial, convertido en enano político y moral, despreciable a
ojos del mundo y que no tiene otra compañía en los foros mundiales excepto la
de Israel, las islas Marchall y Micronesia!. En estos foros, sea en la ONU o
cualquier conferencia internacional que toque el tema de Oriente Próximo, es
imposible distinguir entre las posturas, ideas, y propuestas de los
representantes de Israel y Estados Unidos.
En
esos foros queda absolutamente demostrada la unión orgánica entre Tel Aviv y
Washington, pero siempre a favor de Israel y siempre en detrimento de los
intereses de Estados Unidos en el mundo, especialmente en los países árabes e
islámicos. Sólo este dato sería suficiente para demostrar quien domina a
quien en las relaciones entre Israel y Estados Unidos, quien perjudica a quien
en esta relación y quien beneficia a quien. Se trata en realidad de una ecuación
cuasi-matemática.
Siempre,
absolutamente siempre, son las ideas, las posturas y los intereses israelíes
los predominantes en esta relación. Esto conduce a una irremediable conclusión,
que no admite dudas, que es el total sometimiento de la cúpula gobernante en
Washington a los mandamientos del Sionismo y de su Israel. Este sometimiento
tiene unos aspectos tan abominables y ridículos como es el hecho de que en
muchos de estos foros internacionales, como en la ONU, muchas veces vemos como
los representantes de Israel son en realidad estadounidenses que tienen la doble
nacionalidad israelí y como los representantes de Israel llevan también el
pasaporte de Estados Unidos en el bolsillo.
Esto
nos recuerda que es habitual en Israel que salgan portavoces gubernamentales
hablando en los medios televisivos y radiofónicos con un acento norteamericano
impecable. Si a todo esto añadimos que un gran porcentaje de los colonos más
extremistas, racistas y agresivos que ocupan tierras palestinas en los
asentamientos israelíes en Cisjordania y Gaza son en realidad estadounidenses;
nos percatamos de hasta que punto nos encontramos ante una guerra declarada por
Estados Unidos contra el pueblo palestino ( y contra los árabes en general,
como ha ocurrido en Irak) por mandamiento del Sionismo y de Israel.
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