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Mi
Ventana
Arafat...La
Crónica de una Desaparición Anunciada
Said
Alami
Arafat
ha sido puesto en libertad por Sharon....así de simple y de llano.
Arafat
estaba encarcelado por Sharon a lo largo de todo el mes de abril, en
condiciones humillantes, para ser puesto en libertad, gracias a la mediación
de la UE y EEUU. Pero en realidad,
Arafat, que desde el mes de diciembre no
podía abandonar Ramala, sigue prisionero de Sharon y de Bush, y nunca podrá
No
nos referimos, como alguno podría pensar, a los inventados “errores” de
Arafat a los que aluden sin cesar los propagandistas del Sionismo y de
Israel en Estados Unidos y la Unión Europea, incluida España. Esos errores,
que no pasan de ser el resultado de la sistemática falsificación de la
realidad de la que hace gala la propaganda sionista desde antes de la
invención del Estado de Israel, sencillamente nunca han existido.
El resumen
podría ser el siguiente: cuando Arafat no firmó Camp David II
–uno de los supuestos errores atribuidos a Arafat por el Sionismo y sus
agentes- acertó plenamente. Y cuando Arafat entró en el juego secreto de
Oslo, equivocó mortalmente.
Ahora
¿que le queda al pueblo palestino de Arafat?. Casi nada. El viejo
líder ha sido derrotado definitivamente a causa de haber creido un día en la
israelíes, en sus
oficinas, en el más miserable episodio de su vida, por
mucho que
estuviera rodeado de un halo de gloria y heroicidad.
Arafat
cosechó lo que sus manos sembraron el día que proclamó su
reconocimiento del Estado de Israel, el 15 de agosto de 1988, en Argel,
y
cuando poco más tarde anunció, en la ONU de Ginebra, el abandono de la lucha
armada contra Israel, para embarcarse, a partir de entonces, en una dinámica
en la que, desesperadamente, buscó la paz entre los brazos de un ser
abominable llamado Sionismo, olvidándose de los objetivos por los que un día
fundó, junto al asesinado, en 1990, Salah Jalaf
(Abu Iyad) el Movimiento
Nacional para la Liberación de Palestina, FATH.
En
un encuentro con Arafat, en 1979, en su primera visita oficial a una
capital europea, sentados junto a otros dos o tres jóvenes palestinos, en el
hotel Ritz, de Madrid, le pregunté al
viejo líder, en medio de una charla
distendida e informal “¿cuando cree que habrá un Estado palestino?”.
Faltaban entonces 9 años para el nefasto día en el que proclamó su
reconocimiento de Israel. Arafat me miró fijamente, callado, mientras todos
esperábamos su respuesta. Instantes después hizo una señal para que se
acercara a él un niño, el único presente en aquella habitación en aquél
momento, y que estaba de pie entre
las piernas de su padre, mirándonos
callado. El niño tenía 7 o 8 años. El padre animó a su hijo y esté se acercó
a Arafat,
quien, poniendo una mano sobre la cabeza del pequeño preguntó a su
padre “¿es tu hijo?”. Este contestó sonriendo: “sí”. Arafat dijo la
consabida frase para semejantes ocasiones: “Que Dios te lo guarde”.
Acto
seguido Arafat me volvió a mirar, y cogiendo con su mano derecha el extremo
derecho de su bigote, a la usanza árabe-palestina, giró la cabeza
distribuyendo su mirada a las otras personas presentes allí, para decir lo
siguiente, solemnemente, con total seguridad en sí mismo: “ Por Dios juro y
por este bigote que tendremos un Estado antes de que este chaval cumpla 18
años”. Todos expresaron su alegría al oír las palabras del lider, en cambio
yo me quedé pasmado al oírlas, hasta el punto de que nunca las olvidé, como
nunca olvidé la cara de Arafat y el gesto que hacía mientras las
pronunciaba.
Traigo
este recuerdo a colación porque nunca entendí, ni en 1988 ni en 1991
(Conferencia de Madrid) ni en 1993 (primer acuerdo de Oslo) el mecanísmo o
el resorte que hizo que Arafat cambiara su visión de su propia existencia
pasando de ser un guerrillero luchador por la liberación de Palestina a un
desesperado luchador por la paz con el enemigo, usurpador de Palestina y
autor de la tragedia del pueblo palestino, tanto en 1948 como en 1967. Por
más que busqué relación entre aquella promesa solemne, hecha por Arafat en
privado, y su posterior conversión a la causa de a paz con sus enemigos,
nunca la encontré.
¿Qué
es lo que esperaba Arafat en 1979 para prometer un Estado palestino
para el período aproximado 1988-1990?. Precisamente el período en que
proclamó el Estado palestino, reconoció al Estado de Israel, y anunció su
abandono de la lucha armada. ¿Era todo aquello una coincidencia?.
Ahora
¿que le espera a Arafat cuando Bush y Powell y la propia UE, desde el
levantamiento del asedio que sufría, no hacen excepto instigarle a que acabe
con Hamas, Jihad Islámico, y las demás organizaciones de la Resistencia
palestina?.
EEUU
e Israel chantajean a Arafat ya sin disimulos, rozando lo absurdo,
en
un cinismo sin límites, pues saben perfectamente
que al viejo lider no le
ha quedado de su policía y de su Autoridad Nacional excepto ruinas y hombres
dispersados, desarmados y desorganizados.
Ambos,
que además quieren que el presidente de la ANP reconstruya su
Gobierno según el diseño acordado para la ocasión por ellos mismos, saben
que Arafat ya no podrá hacer nada en contra de las otras organizaciones
palestinas, pues ellos mismos se encargaron de que esto sea así mediante las
matanzas, aniquilación y destrucción generalizada de localidades,
instalaciones gubernamentales y de seguridad y campos de refugiados
palestinos.
Tanto
EEUU como Israel tienen ahora, en Palestina, precisamente lo que
andaban planificando desde hacía años, mucho antes del estallido de la
Intifada. Todo se ha visto con claridad en la desmedida utilización de toda
clase de armas por parte de Israel contra las instalaciones de la ANP y su
policía, desde el primer día de la Intifada, que fue provocada por Sharon,
con total apoyo de Barak y Clinton, con vistas a destruir la Autoridad
Nacional Palestina y la Resistencia palestina. (mirar al respecto el
artículo de Tanya Reinhart, profesora de las universidades de Tel Aviv y
Utrecht-El País, 5 de mayo 2002).
Por
lo tanto, la Administración Bush y el Gobierno de la coalición criminal,
laborista-Likud, en Israel, saben de sobra que Arafat ya no va a ninguna
parte, pero pretenden utilizarle para justificar la siguiente fase de su
plan de aniquilación total de la causa palestina y de agresión vasta y
bárbara contra el mundo árabe, basados en pretextos como la segura
abstención de Arafat de atacar a sus hermanos palestinos -tal como viene
haciendo desde siempre- y de desencadenar una guerra civil palestina dictada
y anhelada por Israel y EEUU. El mismo pretexto que han utilizado hasta
ahora en la campaña de matanzas y aniquilación que el ejército israelí lleva
a cabo en Cisjordania y Gaza, ante el regocijo y satisfacción de Bush, su
Administración y el Congreso.
Así
las cosas, no parece que Arafat le quede más remedio que dimitir, ahora
que está en la cumbre más gloriosa de su vida de político y luchador,
aclamado por toda la nación árabe y considerado heroe nacional indiscutible.
Arafat
no debe olvidar que en realidad no le queda nada de poder y que el
poder radica ahora mismo tanto en el pueblo palestino, que luchó en Jenin y
en todas y cada una de las localidades y campos de refugiados palestinos,
como en las organizaciones de la Resistencia, encabezadas por Fatah, que un
día fundaron Arafat y Salah Jalaf.
Estas
organizaciones, nacidas por voluntad del propio pueblo palestino y
nutridas de sus hijos, musulmanes y cristianos, fundamentalistas y laicos,
marxistas y nacionalistas panárabes, han dado a Israel, a EEUU y a todos los
enemigos de Palestina y de la nación árabe (incluidos muchos Gobiernos
No
sólo esto. Arafat tampoco debe olvidar que Sharon, si no le complace
su
comportamiento ( y nunca le complacerá) puede volver a convertirle en rehén
cuando quiera, o asesinarle, o impedirle regresar a Palestina en caso de que
viaje a alguna capital árabe o extranjera. Cualquiera de estos supuestos,
muy probables todos, aconsejan al líder
palestino que dimita cuanto antes y
que deje que Fatah elija a su sucesor.
Pero,
a pesar de todo lo expuesto, Arafat no dimitirá, sino que intentará
Sin
embargo, en cualquier momento lo pueden hacer, ahora que está fuera del
asedio. Lo más probable será que su muerte tenga lugar en un “incidente”
que
parezca banal y sin elementos de
heroicidad, o mediante un asesinato tipo
“rey Faisal” que murió por diaparos hechos por un sobrino suyo poco después
de haber expresado su firme voluntad de rezar en la mezquita del Al-Aqsa, en
Jerusalén, y tomara la decisión de utilizar el petróleo como arma en la
guerra contra Israel, en 1973. O
tal vez será un asesinato como el que puso
fin a la vida del propio Jalaf.
Sharon
no tiene el más mínimo escrúpulo que pueda reprimir su intención de
matar a Arafat, máxime cuando él mismo, ministros de su Gobierno y
responsables de “partidos” mafiosos israelíes, expresaron una y otra vez
sus
“ganas” de matar a Arafat. En realidad, cuando
Bush acusa reiteradamente (
casi a diario) a Arafat de no luchar contra el “terrorismo”
está allanando
el camino al asesinato del líder palestino. Y más cuando califica a Sharon,
asesino de millares de palestinos y potencial asesino de Arafat, de “hombre
de paz”.
Una
realidad que Bush y Sharon no deben de olvidar es que con Arafat o sin
de una
ferocidad sin precedente desde que Israel fue clavada en el
territorio árabe y puede que trascienda las fronteras de la zona, al estilo
de los años 60 y 70.