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________________________________________ El fin del sueño imperial de Bush Augusto Zamora R.
Mundoarabe.org, 13/11/2006 El resultado electoral deja otra lectura. Una amplia mayoría de estadounidenses no está dispuesta a pagar el costo humano que supone ejercer de superpolicía mundial, sueño acariciado tras el suicidio de la Unión Soviética. El fin de la URSS produjo en EEUU una mezcla de mesianismo y geopolítica, que proclamaba al país única y triunfante superpotencia mundial. Entre 1991 y 2003, Washington intentó aplicar al mundo una mixtura del Big Stick de Roosevelt y la Dollar diplomacy de Taft. Clinton ordenó invadir Haití en 1994, atacar Yugoslavia en 1999 y bombardear Sudán y Afganistán. Autorizó, también, los mayores ataques sobre el Irak de Sadam. Suya fue, en fin, la decisión de convertir en ocupación militar la misión humanitaria en Somalia, en 1993, que derivó en el mayor fracaso de una misión de paz de la ONU.
Bush siguió la estela, so pretexto la guerra
contra el terrorismo. Ordenó invadir Afganistán, en 2001, e Irak, en 2003. En el
clímax de aquel sueño imperial, afirmaron que reordenarían Oriente Próximo. El
tiro les salió por la culata. La incapacidad para derrotar a la resistencia
iraquí y la continuación de la guerra en Afganistán han puesto de manifiesto las
limitaciones del poder militar de EEUU. Peor aún. La incapacidad del Gobierno
Bush para entender el funcionamiento del mundo musulmán ha convertido Oriente
Próximo en un semillero de terrorismo. Por último, su extremismo belicista
aceleró la búsqueda por Corea del Norte del arma atómica. Irán, por los mismos
motivos, lleva años preparándose para la guerra. El demócrata Harry Truman posee el dudoso honor de ser el único presidente en ordenar el uso del arma atómica contra Japón (1945). También intervino en la guerra griega (1947) y llevó a EEUU a la guerra en Corea (1950). John Kennedy inició la intervención en Vietnam, en 1961. En 1966, otro demócrata, Lyndon Johnson, envió un millón y medio de soldados a las selvas vietnamitas. El problema de EEUU, cuando emplea masivamente tropas en una guerra imperialista contra un país del Tercer Mundo, es que hace depender el fin de la guerra a que sus «muchachos» obtengan «la victoria». El llamado síndrome de Vietnam nació del hecho de tener que salir del país asiático. En 1969, el entonces secretario de Estado de Nixon, Henry Kissinger, afirmó que Vietnam no era realmente importante, pero que «el compromiso de 500.000 estadounidenses estableció para siempre la importancia de Vietnam». Es decir, que el hecho de haber implicado EEUU tantos soldados obligaba a continuar la guerra hasta la victoria. Si los demócratas aplican en Irak el mismo criterio, la guerra y el desastre seguirán. Si son capaces de entender que no habrá paz sin retirada de tropas, la paz podrá ser posible. Según muestra la historia, en EEUU son demócratas los que han iniciado las guerras y republicanos quienes han firmado la paz. Esperemos que, esta vez, siendo republicanos los que han iniciado las guerras, sean demócratas quienes logren la paz. También que entiendan que el mundo no quiere, ni EEUU puede ser, superpolicía. En todo caso, el sueño imperial de Bush ha concluido, enterrado en sangre, en Irak.
Fuente: diario El Mundo |
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