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Qué es ser realistas en Irak

Immanuel Wallerstein

Conforme Estados Unidos se mete en más y más dificultades en Irak, los halcones estadounidenses se alteran más al atacar a quienes dudan. Acusan a los dubitativos de haber perdido contacto con lo que ocurre. Y esto, afirman, es lo que provoca dificultades a Estados Unidos. Así que, a final de cuentas, no son los iraquíes, sino los mensajeros del escepticismo quienes, se dice, dañan los intereses de Estados Unidos. Yo mismo he sido atacado por ser ejemplo de "falta atolondrada de realismo", como afirmó Victor Davis Hanson el 13 de octubre de 2003 en National Review, la revista más destacada de opinión de tendencia conservadora. Lo siguiente es la evidencia que ofrece Hanson:

"Immanuel Wallerstein alertó sobre la posibilidad de una 'guerra de desgaste y prolongada', y menospreció el escenario de un triunfo rápido -'una pronta y fácil victoria, la obvia expectativa del gobierno estadounidense, es el resultado menos probable. Le doy una oportunidad en veinte'- para luego concluir que 'perder, por increíble que sea (algo que también parecía increíble en Vietnam), es el resultado más probable'."

Las citas que hace Hanson, extraídas de un artículo que escribí en Foreign Policy en su número de julio/agosto de 2002, no me parecen, hoy, algo que me deba sonrojar. Es cierto que yo, como mucha gente, esperaba que Sadam Husein se atrincherara en las grandes ciudades y peleara una guerra casa por casa. Pero ahora parece haber sido mucho más listo que nosotros. Se decidió por una guerra de guerrillas. Scott Ritter, un ex marine estadounidense que formó parte de los equipos de inspección de la Organización de Naciones Unidas a mediados de los 90, dice que en aquel tiempo se encontró un bosquejo del plan oficial de guerra de guerrillas en caso de invasión, documento que entregó a las autoridades estadounidenses. Concordando con esta evaluación, en la edición del 13 de noviembre de 2003 del periódico Washington Post se cita al comandante general de la división 82 Aerotransportada, Charles H. Swannack júnior, responsable de las operaciones de combate en el triángulo sunita: "Considero que Sadam Husein siempre buscó pelear desde la insurgencia en caso de que cayera Irak. Por eso uno halla tantas armas, en números significativos, por todo el país. Tenían planeado pelear desde la insurgencia".

Así que repasemos dónde nos quedamos. Es claro que Estados Unidos no ha obtenido una victoria pronta ni fácil. Se halla metido, en cambio, en una guerra de desgaste y prolongada. En dicho artículo que escribí el año pasado, dije que pensaba que Estados Unidos tenía dos de tres oportunidades de ganar una guerra sangrienta y desgastante, y una oportunidad en tres de ser derrotado por completo. Pero una filtración reciente -que se supone proviene de los ámbitos más secretos de la CIA- afirma que tal vez Estados Unidos esté perdiendo su posición en Irak. Puedo, entonces, haber sobrestimado las posibilidades de triunfo de Estados Unidos. En cualquier caso, la única y atolondrada falta de realismo es creer que Estados Unidos la está haciendo bien en el fiasco iraquí. Ahora sabemos, porque nos lo dice ni más ni menos que Richard Perle, el prominente neoconservador, que justo antes de la invasión estadounidense, Sadam Husein ofreció -mediante un mensajero secreto- hacer un trato que le garantizara conservar el poder si permitía una inspección directa de las armas de destrucción masiva por Estados Unidos. La oferta no fue aceptada. El 7 de noviembre de 2003 el New York Times comenta en su editorial esta revelación: "En ese entonces, los simpatizantes del gobierno eran propensos a decir que había cosas que los funcionarios de Bush sabían, pero no podían compartir con la opinión pública. Poco nos imaginábamos que entre estas cosas había una oferta que hubiera podido evitar la guerra".

En tanto, en Estados Unidos todas las encuestas muestran que el público estadounidense, lenta pero seguramente, arriba a la conclusión de que toda la aventura iraquí fue un error. Uno de los viejos senadores estadounidenses, Ernest Fritz Hollings, demócrata de Carolina del Sur, con 30 años de servicio, pronunció el 3 de noviembre un discurso en el Senado, no muy publicitado, en el que explicaba sus traspiés en torno a Irak. Hollings comenzó diciendo: "Vengo a reconocer mi momento camboyano en la guerra de Irak". Su discurso hacía referencia a una guerra previa y al momento de la invasión de Camboya, cuando el senador Mansfield, de Montana, quien luego sería líder de la mayoría en el Senado, dijo que ya no podía asumir completa ni por más tiempo la guerra de Vietnam. Hollings dijo que él ya no podía esperar tanto como Mansfield esperó sobre Vietnam.

Lo realmente importante de este discurso es que Hollings proviene del sur, e históricamente ha sido un demócrata bastante conservador. Al contrarrestar el entusiasmo del régimen de Bush, afirma que insistir en que no se trata de una nueva guerra de Vietnam es una estupidez.

Este malestar que representa Hollings es muy real y se expande con rapidez por el país. ¿Puede Estados Unidos realmente perder la guerra en Irak? Bueno, Estados Unidos realmente perdió la guerra de Vietnam. Por supuesto, todo depende de cómo se defina ganar una guerra. ¿Significa una situación en la que las tropas estadounidenses permanecen en Irak, pero nadie les dispara? El prospecto real que enfrentamos en Irak es tener que concentrar a las tropas estadounidenses tras bardas de concreto para dificultar que alguien les dispare. ¿Significa la elección de un gobierno democrático? Unas elecciones libres, hoy o mañana, entronizarían a la mayoría chiíta, y no a un gobierno en manos de aquellos exiliados que Estados Unidos favorece. En cualquier caso, es dudoso que quienes resulten electos tengan a John Locke o a Thomas Jefferson como sus héroes, muestren una actitud menos hostil hacia Israel que Sadam Husein, o sean menos proclives a contar con armas nucleares tan pronto como puedan. Después de todo, Irak también tiene intereses nacionales y éstos no van muy bien con los intereses nacionales de Estados Unidos.

El administrador estadounidense en Irak, Paul Bremer, pensó que podía manejar la situación manteniendo su proconsulado en Irak por largo tiempo, mientras construía un régimen títere aceptable. Pero las muertes cotidianas hacen que incluso los halcones de Washington duden de contar con el margen suficiente para ser tan contrarios a la población local. El horizonte es sombrío para Estados Unidos en Irak, en Medio Oriente y en el mundo. Esto pone al gobierno de Bush en un aprieto. Ahora en Washington se comienza a mascullar acerca de la estrategia de salida. Hay quien supone que esto le traerá más votos a Bush en 2004 que persistir en la estrategia actual. Pero también puede restarle votos entre sus desilusionados militantes. Para Bush la situación es perder o perder. Y la única y atolondrada falta de realismo es no reconocerlo.

Traducción: Ramón Vera Herrera

Revisión: Mundoarabe.

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