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La incertidumbre siria*

Bassam Haddad   

Mundoarabe.org, 8/01/2006
Los observadores más veteranos de la economía política siria han aprendido a no hacerse grandes ilusiones sobre los cambios políticos que aparentemente se producen en el país
[2]. Esta lección también es válida hoy, aunque con un matiz. Cinco años después del fallecimiento de Hafiz al-Asad, las esperanzas, promesas y primaveras que se habían anunciado todavía no se han materializado. En términos económicos, el crecimiento sirio permanece a la zaga, con un abanico de oportunidades cada vez más estrecho debido a la caída de las reservas de petróleo y a la escasez de mano de obra cualificada en el mercado laboral. Aunque estables, las instituciones políticas sirias están estancadas, incluidas las del partido que ostenta el poder, el Baaz, que han sido ligeramente reformadas. Dicho partido sigue gobernando el país mediante la remodelación de las elites en lugar de la reestructuración del sistema de gobierno. Quizás el aspecto más preocupante de la delicada situación en la que se encuentra el país es el auge –aparentemente invisible pero real– de la pobreza en la sociedad, que alcanza ya unas cotas sin precedentes en la historia reciente de Siria.

Esta situación sin duda desalentadora y sombría no es ajena a la elite política siria y tampoco presenta unas dimensiones que vayan más allá de los medios de los que dispone el nuevo liderazgo, que se consolida en el poder de forma un tanto extraña. Lo que ha cambiado de manera significativa es el mundo que rodea a la burbuja siria. El violento cambio de régimen en Iraq, la humillante pérdida del control sirio en Líbano y un Israel envalentonado por la llamada “guerra contra el terrorismo” han contribuido conjuntamente tanto a aislar a Siria como a reducir su ámbito de influencia regional, al despojar al país de herramientas de política exterior hasta ahora valiosas y eficaces. La situación resulta aparentemente inextricable para Siria, debido a que la Administración estadounidense, respaldada por el Congreso, insiste en emprender una campaña sin reparos contra el país, motivada por razones un tanto escurridizas. El impacto de los cambios producidos a nivel nacional, regional e internacional es meridianamente claro: el porvenir de Siria queda en manos de sus frentes internos, el ámbito en el que el régimen se muestra más vulnerable. Esta situación no augura nada bueno para el régimen que se está consolidando en el poder, a no ser, claro está, que transforme dicha vulnerabilidad interna en poder para la mayoría de los sirios al llevar a cabo un proceso sustancial de reestructuración y descentralización. Ante la ausencia de cambios decisivos imprevistos, el régimen sirio se enfrente en la actualidad al dilema de aplacar o rendirse ante las fuerzas externas (Estados Unidos, la UE e Israel) para conservar su poder, o bien renunciar en cierto grado al amplio poder que ejerce en el interior y convertirse paulatinamente en un centro de poder más. ¿Tiene el régimen sirio la madurez, capacidad y voluntad necesarias para superar este dilema? ¿Puede el régimen gestionar de forma simultánea las crisis nacionales, regionales e internacionales a las que se enfrenta? A juzgar por las conclusiones finales del X Congreso Regional del Partido Baaz, que se ha celebrado recientemente, no conviene hacerse grandes ilusiones.

Cómo el régimen sirio se ha encajonado a sí mismo

Actualmente, Siria se encuentra desprovista de varias herramientas de política exterior de las que ha disfrutado durante los últimos treinta años, tanto a nivel regional como internacional. Entre 1970 y 1990, el régimen sirio adoptó un papel que desempeñó eficazmente en un contexto internacional marcado por la Guerra Fría. Con la disolución de la Unión Soviética en 1990, asumió un rol regional que también desempeñó con éxito en el contexto de un mundo unipolar, empezando por su participación en la coalición liderada por Estados Unidos en 1990. A principios del siglo XXI, en un contexto político cambiante y tras una serie de decepciones de la UE con Siria en relación a los condicionantes para la cooperación económica, el régimen sirio se ha encontrado con que sólo puede batallar en un único frente: el frente nacional. Y éste es precisamente el frente en el que el régimen se ha mostrado, desde siempre, más vulnerable. Esta vulnerabilidad es en parte autogenerada y se deriva en gran medida de la estrategia de supervivencia del régimen, que consiste en impedir la consolidación de una fuerza social como centro alternativo de poder.

A mediados de la década de 1990, el régimen sirio alcanzó un impasse social, económico e institucional. En este contexto, el impasse no debe ser interpretado como parálisis. Se refiere, simplemente, a la necesidad de tomar un desvío, por lo general un desvío menos eficaz que conserva la seguridad del régimen a la vez que reduce gradualmente sus opciones políticas. En este sentido, el régimen sirio no está paralizado. Sin embargo, debido a la simultaneidad de los impasses nacionales –sociales, económicos e institucionales–, el régimen sirio se encuentra actualmente sumido en una crisis estructural.

Impasse social y económico

El régimen sirio se ha enfrentado a prácticamente todos sus posibles aliados sociales, quedándose sin sectores sociales amplios a los que movilizar para contribuir eficazmente a sus propios fines. La mano de obra, el capital, el campesinado y los islamistas ya no forman parte de la lista de aliados potenciales y eficaces del régimen.

En primer lugar, cabe destacar que la mano de obra y el campesinado fueron movilizados durante la década de 1960. Aunque estos sectores sufrieron un leve golpe cuando el pragmático Hafiz al-Asad llegó al poder en 1970, siguieron siendo los sectores sociales más privilegiados hasta 1985, cuando las leyes laborales y otros reglamentos afines empezaron a modificarse en su contra. Este cambio coincidió tanto con el último Congreso Regional del Partido Baaz (hasta el año 2000) como con el último plan quinquenal elaborado por el Ministerio de Planificación, lo cual apunta a un abandono real, si bien no oficial, del desarrollismo.

No es ningún secreto el hecho de que los islamistas y la clase empresarial urbana tradicional hayan sido los adversarios por antonomasia del partido Baaz en Siria. Han sufrido duros golpes desde que el Baaz llegara al poder en el año 1963 (la clase empresarial sufrió la cólera de la República Árabe Unida desde 1958, con la excepción del periodo comprendido entre 1961 y 1963, cuando el movimiento separatista liberal volvió a hacerse con el poder). En primer lugar, se arrebató el poder a la clase empresarial y a sus aliados hacendados mediante las reformas territoriales y nacionalizaciones llevadas a cabo en la década de 1950 y, de forma más significativa, en la década de 1960, quedándose muy cerca de dañar los intereses de los campesinos medios (a quienes al-Asad consideraba sus aliados) y de la pequeña burguesía que aparentemente no poseía un capital significativo.

Incluso los intereses de la pequeña burguesía se vieron perjudicados durante la espectacular expansión del sector público que se produjo a partir de 1973. Esta expansión coincidió con el intento de acercamiento de al-Asad hacia los sectores más selectos de la vieja burguesía, a quienes concedió derechos económicos adicionales como parte de las irregulares medidas de liberalización que fueron adoptadas en aquel momento. Ambos procesos arrebataron un gran potencial empresarial y productivo a la pequeña burguesía, entre cuyos representantes se encontraban personas con buenos contactos con los Hermanos Musulmanes o bien personas radicalizadas o islamizadas por las ofensivas que habían sido previamente lanzadas contra los barrios populares del zoco o mercado, especialmente en Hama, Aleppo y Homs. La agitación civil y la posterior masacre de los Hermanos Musulmanes en 1982 recrudecieron el conflicto entre el partido Baaz y los islamistas.

De esta forma, el régimen sirio marginó a los tres grupos o sectores más representativos de la sociedad, convirtiendo a la recién estrenada burguesía adinerada, o los nuevos capitalistas, en sus únicos aliados a mediados de la década de 1990. Actualmente, los nuevos sectores empresariales carecen de legitimidad social y todavía no han logrado escapar de la sombra del Estado. Estos nuevos actores empresariales están vinculados al régimen a través de redes económicas y no constituyen una base social estable para el régimen, sino que se limitan a contribuir al mismo mediante la aportación de divisas y la creación de puestos de trabajo.

Sin embargo, la burguesía adinerada estaba dividida entre quienes apoyaban el liderazgo existente y quienes apoyaban a los partidarios de la línea dura del partido Baaz. Para el año 2001, la escisión había conducido a una concentración adicional de los beneficios económicos, así como de los niveles más altos de la economía que no se enmarcaban dentro del sector público (por ejemplo, el sector de las comunicaciones). Esta concentración ha impedido que la economía siria registre tasas más elevadas de crecimiento durante los últimos cinco años, un periodo que sucede a otros cinco años de estancamiento económico en el país.

Los impasses institucionales se derivan fundamentalmente de los impasses sociales y económicos. En términos económicos, el régimen baazista trató de reformar las instituciones existentes a finales de la década de 1980, e intentó, sin éxito, crear nuevas instituciones. Un ejemplo de este esfuerzo de modernización puede apreciarse en las Cámaras de Comercio e Industria, que se convirtieron en los principales centros de negociación de las redes económicas que tenían una buena relación con el régimen. Por otra parte, los planes para la creación de nuevas instituciones, como una Bolsa o instituciones fiscales y monetarias que funcionaran adecuadamente, han quedado aparcados en los cajones de los despachos de varios ministerios (con la excepción, poco significativa eso sí, de un número reducido de bancos privados que siguen sin operar eficazmente, debido a un clima marcadamente inhóspito para la inversión). En términos políticos, el desafío es aún mayor. Desde la llegada al poder de al-Asad en 1974, los esfuerzos por llevar a cabo una reestructuración institucional desde el punto de vista político han sido mínimos o inexistentes (con la excepción del traspaso del centro de poder y autoridad de manos del partido al ejército y, por último, a los servicios de seguridad a mediados de la década de 1970). Es poco probable que dicha reestructuración, incluida la reestructuración institucional, sea adoptada de forma voluntaria, a no ser que se produzca una grave crisis en el régimen que lleve a percibir las reformas como el mal menor.

Volver a los fundamentos: el Baaz seguirá siendo el partido gobernante en Siria[3]

En un momento en el que arrecia la presión sobre el régimen sirio tanto desde dentro como desde fuera, es necesario replantearse la cuestión desde la base: el X Congreso Regional del Partido Baaz, celebrado a principios de junio de 2005, representa una reorganización interna y una preparación para un mayor afianzamiento de sus posiciones. Constituye la aparente consolidación del régimen de Bashar en un momento en el que las hostilidades tanto externas como internas han coincidido por primera vez desde los años sesenta. De hecho, se ha hablado muy poco sobre política exterior[4], puesto que el presidente Bashar al-Asad[5] ha insistido en que “cualquier decisión o recomendación formulada durante el congreso debería expresar únicamente nuestras necesidades internas, al margen de cualquier otra consideración destinada a llevarnos en direcciones que se opongan a nuestros intereses nacionales o que supongan una amenaza para nuestra seguridad”[6].

El congreso se ha traducido en algunas medidas positivas, aunque insuficientes. Ampliar el espacio público y fomentar la participación política han sido dos de los temas recurrentes durante el congreso. Por primera vez se han formulado recomendaciones serias en las que se solicita una revisión de “la Ley de Emergencia, vigente desde 1963, con miras a limitar el alcance de las cuestiones de seguridad nacional”[7]. Es probable que entre en vigor una nueva “ley de partidos políticos” en un futuro próximo[8], si bien el Artículo 8 de la Constitución, que proclama al partido Baaz como “líder del Estado y de la sociedad”, permanecerá intacto. Cuando se preguntó a un alto cargo del Gobierno el motivo por el que se decidió conservar el polémico Artículo 8 en su estado actual, éste se dedicó a ofrecer una respuesta de sobre conocida, reiterando que se trata de una “petición externa” que responde a intereses no sirios[9]. En torno a la especulación sobre el Artículo 8 se encuentran varios mensajes emitidos por el partido durante el congreso que apuntan a la necesidad de “revelar” las intenciones de la oposición expatriada y, más concretamente, de los Hermanos Musulmanes, quienes, según asegura el partido, no son verdaderos “nacionalistas” y están siendo respaldados por actores que se oponen a Siria[10].

En varias intervenciones, tanto formales como informales, el presidente Bashar ha hecho hincapié en la distinción existente entre la autoridad del Gobierno y el partido, “considerando que el partido no es propietario del Estado”[11]; y en la necesidad de “redefinir la relación del partido con el poder político, no inmiscuirse en las cuestiones políticas del día a día, alejarse del trabajo administrativo y concentrarse en interactuar con las masas”[12]. La participación del partido Baaz en el próximo gabinete será limitada a diez carteras[13]. Sin embargo, hacia el final del congreso se estableció que el primer ministro y el portavoz del Parlamento han de ser miembros del órgano de gobierno del Baaz: el Mando Regional (MR), lo cual supone una clara contradicción entre las proclamas y la práctica real y descarta la posibilidad de que un líder de alto nivel, como el primer ministro, pueda ser independiente.

También se sugirió que el Mando Regional del partido Baaz fuera disuelto y remplazado por el “Mando del Partido”. De esta forma, el presidente al-Asad se convertiría en el secretario general del Baaz en lugar del secretario regional. Esto sin duda facilitaría la disolución del Mando Nacional del partido en un futuro próximo[14]. Aunque esta propuesta no se ha materializado hasta la fecha, es probable que suceda en el futuro. En cualquier caso, el número de miembros del Mando Regional ha sido reducido de 21 a 15. Tampoco se han traducido en hechos los rumores que circulaban antes del congreso sobre un posible cambio de lema del partido Baaz, o incluso de nombre. Es significativo el hecho de que hubiera fuerzas que pidieran que se cambiara el lema “unidad, libertad y socialismo” por “democracia y justicia social” y que propusieran que se cambiara el nombre del partido de “Partido Árabe Socialista Baaz” a “Partido Baaz”, atenuando así la identidad socialista del partido e introduciendo la palabra mágica: “democracia”[15].

La dura realidad

No es ningún secreto que los pesos pesados de Siria sean aquellos que controlan los servicios de seguridad (los servicios de Seguridad General y Seguridad Militar, cada uno con sus propias divisiones y sus propios líderes) y están al mando de la Guardia Republicana. Los cambios y las “sustituciones” que se producen en las altas esferas constituyen un relato más directo de las luchas de poder y el cambio de los centros de poder que los cientos de páginas de los manifiestos y memorándums del partido Baaz. Una semana después de la clausura del congreso y de que se expulsara a la “vieja guardia” del Mando Regional, se confirmó la designación de Asef Shawkat (el cuñado de Bashar) como jefe de la Inteligencia Militar[16], probablemente uno de los cargos más poderosos y delicados que existen en Siria hoy. Manaf Tlas, hijo del que fuera ministro de Defensa Mustafa Tlas, y el hermano de Bashar, Mahir, se encuentran al mando de la Guardia Republicana, una de las fuerzas de combate más poderosas de Siria. Las implicaciones en este caso pueden parecer más claras de lo que en realidad son, puesto que las relaciones de parentesco de estos individuos con Bashar no constituyen una garantía de lealtad, tal y como puede inferirse de las luchas de poder que han existido siempre en el país. Por el momento, lo más significativo es la clara tendencia a “quitar del medio” a ciertas personas que ha existido en las principales instituciones coactivas del país desde la muerte de al-Asad padre[17].

Quizás el acontecimiento más visible de los producidos en el último Congreso Regional del Partido Baaz ha sido la sustitución en el seno del MR de lo que queda de la “vieja guardia”[18] por un equipo “nuevo”[19]. Khaddam “dimitió” como vicepresidente y miembro de los Consejos del Mando Regional y Nacional tras percatarse del aislamiento de los baazistas “más veteranos”[20]. Estos cambios han servido sin duda para allanarle el camino a Bashar, un proceso que comenzó en junio del año 2000. El nuevo equipo está integrado por baazistas veteranos y jóvenes que están más próximos al líder actual y que no han sido designados necesariamente por sus facultades, competencia o experiencia. Se dice que dicho equipo es significativo, no tanto por lo que hará por Siria como por lo que no hará: a diferencia de los miembros salientes del MR, los nuevos miembros no se opondrán a las decisiones tomadas por el principal líder del país. Nos encontramos claramente ante un arma de doble filo. Por una parte, esto se traduce en una política nacional, económica y exterior menos errática y, por otra, los nuevos miembros del MR carecen de visión y, según muchos, de competencia. La dirección en la que se enfile el arma está todavía por decidir. Si se pretende que dicha estrategia constituya una solución a corto plazo frente a los antiguos “alborotadores” o la oposición interna, es probable que contribuya a un proceso de toma de decisiones más consistente y eficaz en el futuro. Sin embargo, si lo que busca esta estrategia es el tipo de complacencia en el seno del partido Baaz a la que probablemente asistiremos en un futuro próximo, es probable que Siria vuelva al punto de partida, en el que el liderazgo del régimen ejerza un absolutismo sofocante. En cualquier caso, las condiciones que rodean a este liderazgo, tanto a nivel local y regional como internacional, dejan poco espacio para la supervivencia de esta fórmula, lo cual vuelve a destacar el principal dilema al que se enfrenta Siria hoy.

Institucionalmente, Bashar y sus aliados más cercanos han tratado de consolidar el nuevo régimen embarcándose en un juego muy complejo: por una parte, necesitaban controlar firmemente la estructura de la autoridad ejecutiva mediante el refuerzo del partido y de las instituciones gubernamentales y, por otra parte, tenían que manipular dicha estructura e instituciones a corto plazo con el fin de limitar el poder “personal” de sus posibles adversarios a largo plazo. No se trata de una decisión estratégica cualquiera: Bashar necesitaba, y aún necesita, al partido Baaz. Por consiguiente, el refuerzo selectivo de algunos de los roles del partido ha sido la única decisión racional que podía tomarse ante la ausencia del tipo de carisma y quizás culto que caracterizaba y rodeada a la figura de al-Asad padre. El resurgir paulatino del partido en 1998 tras años de declive relativo[21] ha contribuido al objetivo fijado durante el X Congreso Regional del Partido Baaz.

Otro cambio es la creciente dependencia institucional en los servicios de seguridad, tal y como reflejan las sustituciones realizadas en la cúpula del Mando Regional. Tradicionalmente, el MR solía incluir al jefe del Estado Mayor y el ministro de Defensa. Después del último congreso, estos cargos fueron sustituidos por puestos para dos miembros de los servicios de seguridad. Se podría especular sobre la relevancia de este cambio, aunque no cabe ninguna duda de que, institucionalmente, los servicios de seguridad continúan ganando autoridad desde que empezaron a infiltrarse firmemente en el poder a principios de la década de 1970. Por otra parte, el peso institucional del ejército, especialmente después de la retirada de Líbano, ha sido reducido.

Haciendo balance: culmina el proceso de transición, ¿pero hacia dónde?

A riesgo de afirmar lo obvio, podemos concluir que la transición del poder de manos de al-Asad padre a al-Asad hijo, que comenzó en el año 2000 –y quizás antes–, ha sido completada. Esto no quiere decir que sea impermeable. Sin embargo, es poco probable que las tensiones internas y la naturaleza errática de la toma de decisiones que han caracterizado al partido Baaz durante los últimos cinco años vuelvan a aparecer en un futuro próximo. Los ganadores “políticos” son claramente Bashar y su equipo, que incluye a la familia al-Asad y a su círculo más íntimo. Los claros perdedores “políticos”[22] son los miembros de la “vieja guardia”, o quienes se oponen al liderazgo de Bashar, entre los que se incluyen el que fuera jefe del Estado Mayor, el poderoso Hikmat Shihabi, que se “jubiló” en 1998 después de hacer público su desagrado ante la perspectiva de que Bashar gobernara Siria, el vicepresidente Halim Khaddam, y un puñado de destacados altos cargos militares y del servicio de seguridad, que han sido cesados de sus cargos.

El salto decisivo no sólo se ha producido con respecto a la “vieja guardia”, sino también con el régimen de Hafiz al-Asad, un acontecimiento empírico que no puede traducirse en palabras públicamente en el clima político actual de Siria. Bashar era sin duda el candidato que había elegido al-Asad padre para sucederle, pero cabe preguntarse si al-Asad padre hubiera querido que Bashar cambiara el régimen propiamente dicho. Llama la atención el hecho de que los cambios producidos durante los últimos cinco años se hayan traducido en un cambio de planteamiento, estilo y contenido de la toma de decisiones a nivel político, económico y de política exterior, un cambio que todavía no se ha perfilado con precisión.

La gestión del régimen sirio actual de la invasión estadounidense de Iraq y el periodo posbélico, el dossier libanés después de la retirada de Israel del sur del país o la “guerra contra el terrorismo” liderada por Estados Unidos, que vinculó a Siria con grupos “terroristas” en Líbano, ha contribuido a su propio aislamiento, propiciado, eso sí, por la campaña sin precedentes que Estados Unidos ha emprendido contra el país. Esto no quiere decir que el régimen de al-Asad padre no contribuyera a su propio aislamiento a nivel nacional, pero lo cierto es que el frente regional siempre había sido un ámbito en el que se podía compensar por lo que muchos percibían como la inevitable centralización del país. Podría decirse que el régimen sirio actual perdió la autonomía frente a algunas de sus herramientas de política exterior al convertir dichas herramientas en una parte integrante del régimen: por ejemplo, en el pasado, los movimientos de la resistencia palestina y libanesa fueron utilizados desde la distancia para respaldar la legitimidad del régimen sirio. Hoy en día, dichas herramientas han sido absorbidas por el régimen como parte de su propia legitimidad, perdiendo así su propia independencia frente a estos grupos y asumiendo una mayor responsabilidad en su toma de decisiones y en sus posibles errores de cálculo. En un contexto en el que Estados Unidos, Europa e Israel no necesitan pruebas concluyentes para condenar a Siria por un gran número de infracciones y acusaciones (por motivos que van más allá de Líbano), dicha pérdida de autonomía puede provocar multitud de crisis innecesarias en Siria. En definitiva, no conviene extrapolar de lo anteriormente descrito la opinión generalizada que existe en muchos círculos sirios, que sostienen que al-Asad padre nunca habría llevado al país a la situación de aislamiento y de estancamiento político en la que se encuentra. Estructuralmente, el régimen ha estado, y sigue estando, dispuesto a pagar casi cualquier precio para garantizar su propia seguridad, aun sabiendo que podría adentrarse en un callejón sin salida. Es probable que al-Asad padre se hubiera limitado, simplemente, a retrasar un poco más lo inevitable.

El margen que se ha dado el régimen para garantizar un proceso de toma de decisiones menos conflictivo representa una buena oportunidad para embarcarse en un proceso irreversible de descentralización nacional que podría anunciar una nueva era en la que el desarrollo primara sobre la seguridad del régimen y las exigencias externas. La alternativa más probable en el contexto actual, marcado por una política exterior estadounidense aventurista y agresiva, es ceder de forma informal a los poderes externos y satisfacer de forma gradual pero segura las peticiones que probablemente afectarán al bienestar del pueblo sirio, a la vez que se vela por la seguridad del régimen. Las voces independientes de Siria y los observadores (tanto hostiles como amistosos) no creen que dicha situación vaya a alcanzarse. Lo mismo puede decirse en el caso de la economía política del país.

Estado de la economía

El estado de la economía siria permanece sombrío y parece poco probable que las deliberaciones del último Congreso del Mando Regional del Partido Baaz reflejen el nivel de seriedad y sutileza necesario para abordar las múltiples crisis a las que se enfrenta el régimen[23]. Los optimistas siguen debatiendo si tal o cual medida liberalizadora puede mejorar el estado de la economía siria, como si fuera la pieza que falta para completar el puzzle. El anuncio emitido por el Jefe de la Comisión de Planificación Pública el año pasado, que establecía que Siria adoptaría los principios de la economía de mercado antes del año 2010, también tranquilizó a los optimistas[24]. Asimismo, el comunicado recientemente realizado durante el Congreso Regional del Baaz, en el que se anunció que Siria adoptaría una “economía social de mercado”[25], recibió una buena acogida entre quienes percibían la economía semisocialista que rige el Gobierno sirio como el principal obstáculo al crecimiento del país. Pero, ¿y el resto de obstáculos? La economía siria debe cargar con el peso de una serie de problemas a corto y largo plazo. Dichos problemas se enmarcan en el ámbito del desarrollo, la economía y, sobre todo, la política, sin duda el ámbito más complejo.

La economía siria se estancó entre 1996 y 2004, con una tasa de crecimiento medio del 2,4%[26]. Actualmente, el crecimiento demográfico es del 2,7%, mientras que el crecimiento económico ronda el 2,4%[27], augurando un auténtico desastre para Siria en términos de desarrollo. El crecimiento económico alcanzó el 3,4% en el año 2003, pero dicho porcentaje fue un acontecimiento aislado –no un crecimiento estructural– derivado de la venta de petróleo iraquí a través de Siria y de la posterior subida de los precios del petróleo como resultado de la Guerra de Iraq. En el año 2004, la tasa de crecimiento económico cayó hasta alcanzar el 1,7%, reflejando el peligro que implica depender de distintas formas de ingresos petroleros[28]. La producción del petróleo alcanzó los 591.000 barriles diarios en 1995 pero descendió a 450.000 en el año 2005. En el año 2012, por primera vez en treinta años, Siria se convertirá en un importador neto de petróleo[29]. La buena noticia para el régimen sirio es que el aumento de la producción de gas natural probablemente servirá para compensar por un porcentaje elevado de las pérdidas derivadas del descenso de la producción de petróleo. Se estima que las reservas de gas se sitúan en torno a los 240.000 millones de metros cúbicos[30]. El país depende en gran medida de los ingresos de tránsito que recibirá del gasoducto árabe que conecta Egipto con Turquía y Europa del Este[31]. En última instancia, los ingresos obtenidos del petróleo y el gas sólo servirán para comprar tiempo. Las cuestiones que verdaderamente requieren una atención inmediata son el desempleo, la pobreza, la inversión y la situación de las empresas ruinosas del sector público.

La decreciente calidad de vida de la población siria es alarmante, con índices de pobreza cada vez más elevados, que alcanzan dimensiones inquietantes. En el periodo 2003–2004, el 30,1% de los sirios (5,1 millones) vivían por debajo del umbral de la pobreza, con dos millones de personas incapaces de satisfacer sus necesidades más básicas[32]. Según la mayoría de estudios, la tasa de desempleo alcanza hoy el 20%, con al menos 300.000 nuevos trabajadores incorporándose al mercado laboral cada año[33]. Según el antiguo responsable de la Comisión de Planificación Pública y actual primer ministro adjunto para Asuntos Económicos, Abdallah al-Dardari, será necesario alcanzar una tasa de crecimiento anual medio del 7% para proporcionar un empleo a los jóvenes que se incorporan al mercado laboral[34]. La cuestión que se plantea, evidentemente, es cómo lograrlo.

Teniendo en cuenta el descenso de los ingresos petroleros, corresponde a los sectores público y privado de Siria sacar la economía a flote. En un contexto de hostilidad internacional hacia Siria, en el que el acuerdo de asociación de la UE presiona al país para que emprenda una transición rápida desde una economía orientada al sector público hacia una economía orientada al sector privado, el régimen sirio se ha encontrado con que está avanzando más deprisa y comprometiendo más de lo que le gustaría. Según al-Zaim, Siria cedió más de lo necesario hacia finales del año 2004 para cumplir con dichos acuerdos, probablemente debido al potencial económico que éstos representaban[35]. En este contexto, al-Dardari ha confirmado la inminente transición del país hacia una economía de mercado en un momento en el que Siria carece incluso de las condiciones institucionales, legales y laborales mínimamente necesarias para satisfacer las exigencias de la UE[36]. Por lo tanto, sería necesario reformar el sector público, lo cual supone una pesadilla política para un régimen como el sirio, en el que dicho sector asume una serie de funciones políticas y sociales sistemáticamente necesarias. Es posible que la estrategia de privatización que prevé eliminar las empresas ruinosas del sector público y lavar la cara a las que luchan por seguir en pie sólo funcione si el régimen está dispuesto a renunciar a las funciones no económicas del sector. Es más, el plan se vendría abajo si el sector privado no fuera capaz de contratar al menos la mitad de los trabajadores que tratan de incorporarse al mercado laboral cada año (entre 150.000 y 200.000), una cifra que va más allá de la capacidad actual del sector privado, que sigue caracterizado por una abrumadora mayoría de pequeñas empresas[37].

La primacía de la seguridad del régimen: las relaciones entre el Estado y el sector privado

El crecimiento del sector privado sirio fue irregular durante la década de 1990 debido a varios factores ya mencionados en el presente documento[38]. Desde el año 2000, la inversión privada ha crecido ligeramente, una subida que responde exclusivamente a la caída dramática que se registró en la inversión privada entre 1996 y 2000. Las cifras más recientes sitúan la contribución del sector privado a la acumulación de capital en sólo un 34%, después de años supuestamente apoyando y estimulando el crecimiento del sector privado[39]. Los obstáculos al crecimiento del sector privado siguen siendo tanto políticos como estructurales, y están relacionados con el papel político que desempeña el sector público al servicio del poder económico y la legitimidad social del régimen. Cabe destacar que parte del problema se deriva del fracaso de los bancos públicos y de los bancos privados recientemente creados para financiar el crecimiento del sector privado[40]. Como resultado, el número de nuevas incorporaciones en el sector privado sigue siendo limitado. En cambio, las empresas privadas existentes y las redes públicas y privadas a las que pertenecen están registrando un crecimiento firme, puesto que apenas deben hacer frente a la competencia, escasa o inexistente, de nuevos participantes, que carecen de financiación.

A estas alturas, estos grandes grupos empresariales no se preocupan por la liberalización o la ausencia de la misma: lo que les preocupa, básicamente, es garantizar la vigencia de la fórmula actual, pues es la fórmula con la que están acostumbrados a trabajar. Para alcanzar una economía más pujante y posiblemente garantizar cierto grado de responsabilidad judicial, quizás debamos esperar a que los empresarios y sus redes encuentren una contradicción entre la acumulación adicional de capital y la fórmula vigente. Por el momento, esto completa el círculo al hacer que los planes económicos futuros que prevé el acuerdo de asociación con la UE se conviertan en una respuesta a las penurias económicas y políticas del país que no sea capaz de satisfacer los requisitos políticos e institucionales establecidos. Llegado este punto, se plantean varias preguntas: ¿cómo ha logrado el régimen controlar al sector privado a la vez que se beneficiaba de él?; ¿cuáles son los límites de dicha estrategia y qué coste ha representado para la economía siria? Tradicionalmente, las relaciones del régimen con el sector privado, sobre todo en los años noventa, han proporcionado oportunidades muy valiosas, a pesar de los cambios anteriormente descritos en relación al sistema de gobierno.

Relaciones estratégicas del régimen con el sector privado[41]

Aunque su estrategia cambió ligeramente en 1970, el régimen del partido Baaz en Siria se ha relacionado con el sector privado a través del prisma de la seguridad desde que asumiera el poder en 1963. Desde entonces, el régimen sólo ha hecho concesiones al sector privado de forma moderada y repartido privilegios “magnánimos” a representantes selectos del sector con el fin de conservar su autonomía a nivel macroeconómico. Dichas tácticas se han aplicado, y siguen aplicando, a expensas de la salud de la economía. Otra consecuencia notable aunque menos visible es que el precio económico que debe pagar el régimen para garantizar su autonomía en la toma de ediciones y, en última instancia, su seguridad, implica un coste administrativo adicional: una capacidad limitada para regir la economía y la imposibilidad de hacer uso de su poder punitivo. Aunque los costes administrativos pueden ser evitados a corto y medio plazo aumentando las medidas opresoras y la dependencia en las fuentes externas de ingresos, al final siempre acaban volviendo cuando el volumen de ingresos disminuye, una perspectiva que deberá afrontar el régimen sirio en menos de una década[42]. Hasta entonces, es poco probable que el régimen cambie de forma voluntaria la estrategia que ha elegido para relacionarse con el sector privado, una estrategia que tiene hoy tres décadas de antigüedad.

Inmediatamente después del “Movimiento Correctivo” de 1970, el nuevo régimen del partido Baaz bajo Hafiz al-Asad tenía una menor inclinación ideológica, era más pragmático en términos políticos, infinitamente más ambicioso y, lo que es aún más importante, estaba más orientado hacia el exterior. El régimen reconoció sus vulnerabilidades sociales y políticas: se trataba de un régimen radical, que contaba con escaso apoyo en las zonas rurales, estaba prácticamente aislado del resto de la sociedad siria en virtud de su propio radicalismo y había polarizado al país durante media docena de años; estaba al mando de un país asediado que había sufrido una grave derrota tres años atrás a manos de Israel; tenía una economía renqueante con pocas opciones de recibir el apoyo de los estados árabes conservadores; y, lo que resulta aún más significativo, el régimen sirio de 1970 llegó al poder a expensas del partido[43] y, en gran medida, del ejército, respaldado sobre todo por los aparatos de seguridad y las “fuerzas especiales” que los pesos pesados del régimen habían creado a finales de la década de 1960. Al recurrir a los estados árabes conservadores para obtener apoyo externo y a los vestigios de la burguesía tradicional del país, que seguían representando una amenaza, el régimen sirio trató de evitar nuevas dependencias, en un esfuerzo por ser plenamente independiente de todas las fuerzas sociales. Poco después del golpe de 1970, el régimen redujo su dependencia de la mano de obra nacional, remplazando dicha dependencia por un acercamiento hacia distintos ámbitos del sector privado; apartó al partido de su posición dominante en el sector público y lo reemplazó –de forma no oficial– por un aparato de seguridad modernizado; moderó su postura regional, claramente radical, reestableciendo relaciones con los Estados árabes del Golfo, especialmente Arabia Saudí y el régimen egipcio postnaserista (menos radical que el anterior), al mismo tiempo que enviaba señales a la Unión Soviética y a Estados Unidos con el fin de transmitir el mensaje de que estaba abierto a nuevas oportunidades y alianzas.

Al recurrir a los estados árabes ricos en petróleo no se pretendía cicatrizar las heridas recientemente infligidas por la encendida retórica del antiguo régimen de Salah Jadid hacia los estados árabes conservadores. Dicha medida estaba destinada más bien a capitalizar la ayuda –tan urgentemente necesitada– en forma de asistencia económica directa, acuerdos petroleros e inversiones[44]. Como evidencian las estadísticas disponibles y la historia contemporánea siria, tanto la ayuda como la inversión se convirtieron pronto en la herramienta que necesitaba Siria para desarrollar su sector público, con su marcada carga política, y, por consiguiente, su autonomía económica. La combinación de las fuentes externas de ingresos del régimen con el legado de desconfianza de cara a la clase empresarial determinó en gran medida la naturaleza de su relación con el sector privado.

Dada la prolongada animadversión y la preocupación del régimen por su seguridad y la autonomía en la toma de decisiones, el régimen se mostró poco abierto a ofrecer al sector privado una representación legítima o a permitirle que erigiera instituciones independientes del control y el escrutinio del Estado. Hasta 1973, momento en que Siria recibió una avalancha de ayuda exterior después de la guerra árabe–israelí librada contra Israel, el Estado prefirió mantener al sector privado, que en su día fue próspero, bajo control. Junto a esta estrategia, el régimen trato de crear una nueva burguesía a su imagen y semejanza, pero pronto se vio obligado a cargar con el peso de los turbulentos acontecimientos producidos en la década de los setenta y principios de los ochenta[45]. Los primeros doce años tras el “Movimiento Correctivo” estuvieron prácticamente consumidos por la guerra –en 1973 contra Israel, entre 1976 y 1982 contra los islamistas, en 1976 contra varias facciones en Líbano, en 1982 contra Israel– y, por lo tanto, las alianzas sociales internas fueron fluidas y ad hoc. Las fuerzas sociales no empezaron a agruparse hasta el final de aquel periodo, cuando, irónicamente, la sociedad civil siria tuvo que hacer frente a un golpe decisivo[46]. Mientras tanto, el régimen seguía barajando la posibilidad de crear alianzas “verdaderas” con el sector privado. Los partidarios de esta estrategia procedían de círculos cercanos al hermano del ex presidente, Rifat, en lugar de al propio Hafiz al-Asad, que estaba entonces preocupado por Líbano, Israel y multitud de problemas regionales[47]. El régimen se embarcó en lo que Volker Perthes denominó la “primera infitah” (primera apertura)[48], que consistía, por una parte, en liberalizar de forma moderada las importaciones y, por otra, en conceder privilegios especiales a un grupo selecto de personas cuya lealtad era o bien comprada o garantizada a través de acuerdos recíprocos que les vinculaban al Estado. Dichos acuerdos eran suscritos en el marco de empresas mixtas que repartían el capital y la gestión entre el Estado y empresarios privados, o bien a través de acuerdos no oficiales que, retrospectivamente, cargaban la responsabilidad sobre los empresarios privados.

En términos estratégicos, la situación persistió a lo largo de los años setenta y principios de los ochenta, pero la afluencia de capital en 1973, combinada con la falta de conocimiento económico y experiencia empresarial tanto del personal del régimen como de sus aliados históricos en las zonas rurales y entre la clase trabajadora, requería un mayor acercamiento al sector privado. En cualquier caso, las relaciones entre el Estado y la clase empresarial entre 1970 y finales de los años ochenta siguieron siendo fundamentalmente informales, con la excepción de algunos casos notorios que han sido excesivamente citados por los analistas al ser los únicos visibles y accesibles (otros o bien no son conocidos para los “investigadores” que no hacen trabajo de campo o bien se enmarcan en ámbitos que son demasiado delicados para ser abordados por un investigador)[49]. Aunque estos casos existieron, la mayoría de los empresarios que trabajaban para el Estado y su personal, de forma oficial o no, permanecieron en el anonimato durante más de una década. Hubo que esperar hasta finales de los ochenta para que se produjeran unas relaciones algo más visibles entre el régimen y representantes del sector privado, normalmente a través de relaciones de patrocinio asociadas a las Cámaras de Comercio e Industria y a las elecciones parlamentarias que empezaron a celebrarse en 1991. Incluso entonces, era difícil establecer lazos entre los funcionarios del Estado y los empresarios, especialmente para los “forasteros”, es decir, las personas que han de aceptar que las cosas son lo que aparentan ser desde lejos. Los protegidos de los altos cargos del servicio de seguridad en las Cámaras, por ejemplo, se apresuraban en condenar el control del Estado sobre la economía[50], lo cual llevaba a los “no iniciados” a la conclusión de que eran rivales.

Creciente ambivalencia hacia el sector privado a finales de los años noventa

En los años noventa, la situación estratégica era ligeramente diferente debido a las crecientes alianzas entre el Estado y la clase empresarial. Mientras que en los años setenta, por ejemplo, el único “representante” visible del sector privado era un hombre llamado Tahsin al-Safadi que tuvo el valor de reclamar una reducción de las campañas de inspección realizadas por el Ministerio de Abastecimiento, hoy en día los representantes empresariales son miembros del Parlamento y del Consejo de Administración de varias Cámaras, están secundados por el poder político y son capaces de formular recomendaciones políticas a instituciones de alto nivel que vinculan al Estado con la comunidad empresarial[51]. Aunque esta imagen coincide en mayor medida con individuos relacionados con los hombres fuertes del régimen a través de redes económicas establecidas, no se aplica a las interacciones y relaciones estratégicas entre el Estado y el sector privado en su conjunto. Lo importante en este sentido es el hecho de que, a pesar de los recelos del régimen hacia el sector privado, el Estado ya no está en posición de invertir el crecimiento del sector privado y depende mucho más de él como fuente de inversiones, puestos de trabajo y divisas de lo que lo había hecho desde 1963. Sin embargo, el régimen sí tiene capacidad para impedir que el poder económico recién estrenado del sector privado se convierta en poder político. Aparte de entablar relaciones con empresarios destacados a través de redes que debilitan la acción colectiva de los empresarios del sector privado, el régimen ha sido capaz de crear una estructura de incentivos que hace que no tenga sentido para los miembros del sector privado asociarse en grupos grandes para hacer negocios u organizarse contra el Estado. Además de la escasa y a veces inexistente tolerancia del régimen hacia las organizaciones independientes, el Estado puede hacer uso de la ley para incriminar a prácticamente todo aquel que se dedique a hacer negocios en Siria con un capital significativo. El hecho de que se lleve más de medio siglo acumulado leyes, decretos, normas y reglamentos –y que sólo unos pocos hayan sido anulados– ha hecho que hasta las prácticas empresariales más mundanas puedan ser objeto de una acción judicial.

El impacto general de la estrategia elegida por el Estado desde 1970 para relacionarse con las fuerzas sociales ha provocado el tipo de atomización que conduce rara vez a acciones subversivas, incluso cuando existe la voluntad y los medios para emprenderlas. Esta imagen sombría estaba cambiando lentamente a finales de los años noventa, especialmente después de la muerte del anterior presidente en el año 2000; los empresarios privados que manejaban un capital significativo preferían “trabajar solos” siempre y cuando el Estado “les dejara un margen de libertad para hacer negocios”, algo que hace cada vez más[52]. Sin embargo, según las personas que conocen la filosofía del régimen, los hombres fuertes del régimen cada vez se muestran más ambivalentes hacia el sector privado.

La actitud ambivalente que el régimen ha mostrado tradicionalmente hacia el sector privado, y su creciente prosperidad, puede apreciarse en la lentitud pasmosa del Gobierno para formular y poner en práctica políticas económicas liberalizadoras, independientemente de su naturaleza y alcance. En términos generales, la política que se aplica en Siria podría describirse de la siguiente forma: cuando un régimen no quiere ceder o compartir su control político, sus preferencias se reducen dramáticamente, sobre todo cuando cunde la paranoia como consecuencia de condiciones económicas adversas y de una inminente sucesión. El régimen se encuentra atrapado en un dilema que se deriva de tres hechos difíciles de digerir: necesita al sector privado para generar divisas y puestos de trabajo, se muestra reacio o incapaz de compartir el poder de forma segura, mientras que el poder económico del sector privado –porcentaje del PIB, inversiones, generación de empleo, exportaciones, contactos internacionales y know-how– está creciendo, por muy imprecisos que sean los datos disponibles, como resultado directo de la retirada racional (por interés propio) aunque lenta del Estado de la esfera económica. Por lo tanto, la situación idónea para el régimen dadas sus preferencias en materia de seguridad es permitir que el sector privado crezca lo suficiente para salvar la economía pero no tanto como para amenazar el equilibrio de poder entre el Estado y la clase empresarial.

Oficialmente, el Estado empezó a movilizar a miembros del sector privado a finales de los años ochenta para llevar a cabo un proceso político oficial a través de la participación en el desaparecido Consejo del Pueblo (Parlamento), y mediante su elección en los consejos de las Cámaras de Comercio e Industria y su representación en el Comité de Asesoramiento que vincula al sector privado con el Estado. Básicamente, el dinero privado queda en manos privadas siempre y cuando no le robe terreno al régimen, es decir, no se inmiscuya en el ámbito político. De lo contrario, se convierte en dinero “público” y pasa a manos del régimen a través de la invocación selectiva de leyes y reglamentos que “deben” haber sido transgredidos por las prácticas de las grandes empresas en un contexto de legislación deliberadamente contradictoria. De ahí que el régimen se empeñe en mantener vigentes una serie de leyes y reglamentos desfasados cuyo contenido se opone al espíritu de las políticas de liberalización económica y a la nueva legislación. La mayoría de las leyes y decretos recientemente aprobados en Siria en el ámbito económico no cancelan o anulan las leyes anteriores, dejando sin escudo legal a los “transgresores” que operan inadvertidamente con arreglo a la nueva legislación[53].

Los miembros del sector privado no son ajenos a las estrategias adoptadas por el régimen y no tienen intención alguna de dar muestras que puedan provocar la sorpresa de los altos cargos del régimen. Actúan y hablan con timidez. La conducta de los candidatos empresariales durante las campañas para el Consejo del Pueblo refleja dicha cautela. Lo mismo puede decirse de su actitud deliberadamente sumisa a la hora de relacionarse con los funcionarios del Gobierno y los medios de comunicación. En su interior –como puede inferirse de las largas conversaciones mantenidas con importantes empresarios– muchos empresarios sirios menosprecian la inteligencia del régimen y algunos dan por hecho que las declaraciones que hacen para alabar sus posturas y políticas triunfantes son percibidas por el régimen como auténticas o como fines propiamente dichos en lugar de medios que conducen a fines no compartidos, como por ejemplo, tratar de ganarse el apoyo del régimen. De hecho, ambas partes están al tanto del juego político que se traen entre manos, por mucho que no sean conscientes de que su propio oportunismo resulta transparente. El régimen, sin embargo, presenta una desventaja estratégica cada vez mayor, puesto que está jugando un juego de suma positiva con el sector privado en un momento en el que el coste de oportunidad del sector privado es muy bajo.

La clave para el régimen es beneficiarse de iniciativas económicas privadas sin pagar un coste político. Cuando el Estado triunfa, ambos se benefician económicamente y el Estado, además, se beneficia a corto plazo en términos políticos. A largo plazo, es muy probable que la situación cambie. Para las grandes empresas, es probable que aumente el coste de oportunidad de la cooperación a largo plazo cuando el coste de oportunidad del régimen se acerque a cero, otorgando poder y capacidad de influencia a las grandes empresas siempre que exista un nivel mínimo de organización tácita o incluso de comprensión. Por el momento, lo que importa es lo que ocurre a corto plazo, donde las ganancias visibles se siguen enmarcando en la órbita estatal.

Ideología frente a seguridad

Dado el estancamiento económico prolongado del país, la solución a este dilema se convierte en un indicador eficaz para evaluar la resistencia de los vestigios ideológicos del régimen. Ideológicamente, el régimen muestra con firmeza su oposición al dominio del capital extranjero en el mercado nacional (esta visión está muy arraigada entre los gerentes, burócratas y líderes militares del sector publico, así como entre la mayoría de los funcionarios del Estado, incluidos los que no forman parte del núcleo del régimen). En términos políticos, el régimen quiere mantener el statu quo –es decir, el control del Estado sobre la clase empresarial– contra el desarrollo y el crecimiento del sector privado (esta visión representa el planteamiento básico de los integrantes del núcleo del régimen, incluidos los ex presidentes y el presidente actual y sus familiares cercanos, y las personas que han demostrado una mayor lealtad hacia ellos desde el gobierno o el ejército).

Hay momentos en los que las preferencias ideológicas y políticas coinciden, como en los años setenta y gran parte de la década de los ochenta. Hoy en día, lo cierto es que estas preferencias no siempre coinciden, lo cual no sólo ejerce presión sobre el discurso y las políticas tradicionalistas del régimen, sino que también los somete al escrutinio tanto de las personas del régimen como de la opinión pública. Las inversiones y los inversores extranjeros no amenazan la soberanía de forma real y directa, ni tampoco aspiran a ostentar poder político (aunque la elite política preferiría regímenes donantes complacientes, como en el caso de los países del Golfo).

Por otra parte, los sectores privados incluyen individuos que tienen aspiraciones políticas subversivas, y todo apunta a que una porción significativa de la opinión pública estaría más que dispuesta a ofrecerles su apoyo en un momento dado. En el análisis final, es probable que el régimen comprometa (en mayor medida) su ideología a favor de la realpolitik. Al hacerlo es probable que disminuya la legitimidad precisamente cuando los miembros destacados del sector privado con aspiraciones políticas ganen popularidad. El régimen se embarcaría entonces en una negociación política privada o pactaría con las fuerzas sociales hasta alcanzar un compromiso institucional en el que el poder económico sería compartido de forma eficaz en función de la naturaleza de las partes implicadas. Dicha situación impide un proceso de democratización y está supeditada a la caída de los ingresos petroleros y demás ingresos externos. Aunque esta situación se está desarrollando de forma gradual, silenciosa y a veces invisible, por varios motivos anteriormente expuestos, es poco probable que el componente “privado” de lo que se conoce como el sector privado se convierta en una fuerza independiente que deba tenerse en cuenta en un futuro próximo. Mientras tanto, el régimen también ha perdido la oportunidad de construir una alianza fuerte y socialmente legítima con el sector privado en su conjunto, encajonándose aún más en su propio sistema.

La clave: acabar con la lucha de eslóganes

Según Nabil Sukkar, un veterano economista y consultor empresarial, “es necesario dar un ‘gran salto adelante’, no una progresión gradual”[54]. La economía siria continúa atrapada por una política centralizada. Ejercer la racionalidad económica sigue siendo extremadamente difícil debido a una lógica política que se opone a la noción de un plan exhaustivo de reforma, sin el cual la mayoría de medidas periódicas resultarán, en el peor de los casos, ineficaces, y, en el mejor de los casos, reversibles. Los problemas que plantea una inversión reducida, un clima inhóspito, un sistema judicial debilitado y una intervención estatal idiosincrásica no son económicos, sino políticos. Según Issam Al-Zaim, ex ministro de Industria, estos problemas han existido desde 1991, momento en que Siria se embarcó en el denominado “pluralismo económico”. A la ausencia de una voluntad política firme dispuesta a reparar la economía siria, se suman tres obstáculos igualmente complejos: la arraigada red de beneficiarios del sistema actual (que incluye a cargos públicos y militares presentes y pasados, a sus respectivos hijos y familiares y a empresarios poderosos), un sistema administrativo y burocrático decrépito y la escasez de mano de obra cualificada[55]. A estas alturas es prácticamente imposible abordar estos problemas de forma aislada; se requiere, una vez más, una voluntad política capaz de dar prioridad al desarrollo sirio por encima de la seguridad del régimen.

La postura oficial que sostiene que Siria se encuentra actualmente bajo una presión externa que le impide adoptar ciertas medidas puesto que representan exigencias externas es falsa. En primer lugar, es cierto que Siria está sometida a una campaña externa hostil, pero esto es algo que ha ocurrido desde principios del siglo XX, y es poco probable que esta tendencia remita en un futuro próximo, con o sin Estados Unidos. El desarrollo del Estado y de la sociedad en Siria, incluso desde el punto de vista de los sectores nacionalistas, no está reñido con la lucha contra la hostilidad externa; se trata, por el contrario, del antídoto más eficaz. Está reñido, eso sí, con la seguridad del régimen sirio tal y como existe a día de hoy. El régimen sirio está acercándose rápidamente al punto en el que deberá o bien llegar a un acuerdo con las fuerzas externas, conservando así su forma actual, o bien llegar a un acuerdo con su propio pueblo, lo cual derivará en la creación de centros alternativos de poder al margen del régimen y de las fuerzas que lo respaldan. En realidad, no nos encontramos ante un puzzle de grandes dimensiones, y todos los indicadores señalan que tarde o temprano se producirá un movimiento irreversible en alguna de las dos direcciones, a pesar de las proclamas del nacionalismo árabe, el antiimperialismo, el antisionismo y el movimiento antiglobalización. Estas preocupaciones son comprensibles en el mundo unipolar en el que vivimos, que está dominado por una superpotencia aventurista y a menudo carente de reparos y por sus amigos. Sin embargo, ha llegado el momento de que estas preocupaciones dejen de ser una excusa para dar rienda suelta al potencial de desarrollo de una sociedad siria libre del interés particularista del régimen. Para lo bueno y para lo malo, el régimen sirio sólo puede recurrir a sus frentes internos para determinar el siguiente paso a adoptar ante la ausencia de oposición en el seno del partido baazista.

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[1] Bassam Haddad es profesor de ciencias políticas de la Universidad de St. Joseph de Filadelfia y fundador y editor del Arab Studies Journal

[2] Varios pasajes del presente artículo han sido incluidos en el Middle East Report, nº 236, otoño de 2005.

[3] Según Ibrahim Hamidi, probablemente el periodista mejor informado y más incisivo que existe hoy en Siria, “el mensaje que el Congreso Regional del Partido Baaz quería enviar a la opinión pública, la oposición y los actores extranjeros, especialmente Estados Unidos, al final del congreso es que el partido Baaz seguiría siendo el partido gobernante en Siria”. Ver “The Exit of the ‘Old Guard’ from the Regional Command and the Central Committee”, Al-Hayat, 19 de junio de 2005.

[4] Sin embargo, la paz sigue siendo la “opción estratégica” de Siria, y el régimen sigue trabajando para reforzar su posición en las negociaciones. Ver Al-Hayat, 7 de junio de 2005.

[5] En lo sucesivo, Bashar (frente a al-Asad o Bashar al-Asad), que es como se le suele denominar en la prensa local, regional e internacional.

[6] Ver “al-Asad Calls on Baathists for Recommendations Emanating from Domestic Needs”, Al-Hayat, 7 de junio de 2005.

[7] Ver “Clearing the Way”, de Ibrahim Hamidi, en: Syria Today, junio de 2005, pág. 19.

[8] Ver “al-Asad Draws the General Lines for the Ruling Party’s Conference Decisions”, Al-Hayat, 7 de junio de 2005. Para más información sobre la nueva ley de partidos, ver “Syria's Baathists Loosen the Reins”, de Sami Moubayed.

[9] Ver “The Syrian Baath Recommends Uncovering the Ex-Patriot Opposition and the Muslim Brotherhood”, Al-Hayat, 10 de junio de 2005.

[10] El partido más destacado de la oposición en el extranjero es el Partido de la Reforma, con sede en Washington DC y liderado por Farid Al-Ghadri, a quien se suele comparar con el iraquí Ahmad Al-Chalabi por el papel que puede desempeñar en el futuro en relación a las medidas promovidas por Estados Unidos y por sus contactos con varios centros de estudios y representantes neoconservadores, incluida la Foundation for the Defense of Democracies (Washington DC), que lidera Clifford May. Para más información, consultar la literatura relacionada con Oriente Medio y el folleto oficial de la Fundación. Para conocer las declaraciones de los representantes del partido Baaz, ver Al-Hayat, 10 de junio 2005.

[11] Ver “The Baath Conference: Exit the Symbols of the Old Guard… Enters Bashar al-Asad’s Team”, Al-Hayat, 10 de junio de 2005.

[12] “Al-Asad Calls on the new Baath Command to Redefine the Relationship of the Party to Political Power”, Al-Hayat, 13 de junio de 2005.

[13] Ver “Damascus: Al-Utri’s Government to be Changed after Less than a Month”, Al-Hayat, 8 de junio de 2005.

[14] Ver “al-Asad Calls on the New Baathist Leadership to Redefine the Relationship of the Party to Political Power”, Al-Hayat, 7 de junio de 2005.

[15] Entrevista con un funcionario de nivel medio del Partido Baaz que participa en los “debates nocionales” en varias sedes del partido, Damasco, 2 de agosto de 2005.

[16] Shawkat fue designado en el cargo en febrero de 2005 cuando se jubiló su predecesor, Hassan Khalil. A pesar del poco tiempo trascurrido desde su nombramiento, puede decirse que Shawkat ha tomado eficazmente las riendas de la institución.

[17] Durante los últimos cinco años, los pesos pesados del régimen que se oponían a Bashar o bien que no formaban parte de su “equipo” han sido gradualmente remplazados o “jubilados”. Entre ellos se encuentran el antiguo jefe del Estado Mayor, Ali Aslan, sus ayudantes, Abdul Rahman al-Sayyad, Farouq Ibrahim Issa, Ibrahim al-Safi, Shafiq Fayyad, Ahmad Abdul-Nabi, el responsable de la división de Seguridad Política del servicio de Inteligencia, Adnan Badr Hassan, y el Jefe de la Inteligencia Militar, Hassan al-Khalil.

[18] Las figuras más significativas y visibles son los vicepresidentes, Abdul-Halim Khaddam y Muhammad Zuheir Masharqa, el ex ministro de Defensa Mustafa Tlas (que no está enfrentado con Bashar), el secretario general adjunto del partido Baaz, Abdallah al-Ahmar, el secretario regional adjunto del partido Baaz, Sulaiman Qaddah, el que fuera jefe del Parlamento, Abdul Qader Qaddura, y el conocido ex primer ministro, Muhammad Mustafa Miro. Resulta llamativo el hecho de que incluso los miembros que se incorporaron durante el IX Congreso del Mando Regional celebrado en el año 2000 hayan sido retirados de sus cargos, lo cual explica el descenso de 21 a 15 miembros y/o su sustitución por un Mando más compacto. Entre los presuntos partidarios de Bashar se encuentran Majid Shadoud, Ghiyab Barakat y Walid al-Bouz. Los miembros del Mando Regional sólo pueden desempeñar su cargo durante un máximo de dos mandatos, una medida que pretende evitar que ciertas personas vuelvan a incorporarse al Mando transcurrido este periodo.

[19] El nuevo equipo incluye nuevas caras que no tienen un arto perfil público, así como algunos actores veteranos como el que fuera responsable del Consejo de Seguridad Nacional del Baaz, Mohammad Said Bkhitan, que ostenta actualmente el cargo de secretario general adjunto del Partido Baaz, y el antiguo responsable de Seguridad General, Hisham Ikhtiar, que está hoy al mando del Consejo de Seguridad Nacional del Partido Baaz. Un cambio llamativo fue la destitución de Bahgat Sulaiman, el confidente y mentor de Bashar, de su cargo como responsable de la división interna del servicio de Seguridad General. Suleiman no forma parte de la “vieja guardia” y su cese apunta a algún tipo de roce o tensión con el nuevo equipo de Bashar.

[20] La “salida” de Khaddam resulta significativa. El cese –sin duda poco “honroso”– del que probablemente era el segundo icono visible del régimen baazista después de Hafiz al-Asad, representa el fin de una era. Las circunstancias que rodean a este incidente apuntan a una historia de la que se ha hablado poco, que sostiene que Khaddam y otros miembros de la “vieja guardia” habían formado una alianza informal con el fin de “salvar” al régimen de los errores garrafales que está cometiendo en Iraq y Líbano. Entrevista, anónima, Damasco, 28 de Julio de 2005. Para más información sobre el relato oficial, ver Al-Hayat, 8 de junio de 2005.

[21] El último Congreso Regional del Partido Baaz se celebró en 1985. Representó, entre otras cosas, un alejamiento del partido y un acercamiento a la autoridad personal de Hafiz al-Asad. Dicha tendencia tuvo que ser invertida para legitimar la llegada al poder de Bashar a través de las filas de la estructura real del poder. El Partido Baaz fue el vehículo natural para ello.

[22] El adjetivo “político” pretende hacer una distinción clara entre perdedores “políticos” y ganadores “económicos”, pues un porcentaje elevado de la vieja guardia está disfrutando de fortunas considerables en y fuera de Siria. No es ninguna coincidencia el hecho de que el régimen actual haga la vista gorda a sus fortunas, al menos en la mayoría de los casos. Se trata de una decisión racional.

[23] Según varias fuentes independientes, incluido Michel Kilo, que ha criticado abiertamente al régimen, los debates celebrados con motivo del Congreso del Partido Baaz reflejaron actitudes fundamentalmente falsas y anquilosadas, que apuntan a que el partido no es suficientemente consciente de los peligros reales de la historia moderna de Siria. Entrevista con Michel Kilo, Damasco, 26 de julio de 2005.

[24] Ver “The Chief of State Planning Commission Announces a Detailed Vision to Transfer Syria to a Market Economy in 2010”, Al-Hayat, 16 de abril de 2004.

[25] La elección del término “economía de mercado” como la designación de la nueva economía siria ha provocado debates encendidos antes del congreso y durante la celebración del mismo. El término que ha sido finalmente adoptado es “economía social de mercado”, que refleja la voluntad y el poder de quienes no desean una transformación inmediata (ni tampoco muy exhaustiva) y quienes no quieren que peligren los derechos de los trabajadores. El debate no sólo ha sido político, sino también ideológico, como demuestran las reuniones de la Economic Sciences Association durante los meses previos a la celebración del congreso regional. Para más información sobre los debates, ver Economic Sciences Association serie nº 18, documentos y respuestas de Ghassan Yousef, Ilyas Nijmeh, Jihad Muhammad, Issam al-Zaim, Mikhail Awad, Thamer Qarqoot y Burhan Ghalioun. Gran parte del debate gira en torno a la importancia de la economía nacional, el papel del Estado, la importancia de la competencia y los peligros de dejarse absorber por el capitalismo mundial.

[26] Entrevista con el ex ministro de Industria y actual presidente de la Tuesday Economic Sciences Association, Issam al-Zaim, Damasco, 26 de julio de 2005.

[27] Ver “Troubling Numbers in Syria Require Immediate and Substantive Treatment”, entrevista realizada por Ibrahim Hamidi al antiguo Jefe de la Comisión de Planificación Estatal, Abdallah al-Dardari, Al-Hayat, 1 de diciembre de 2004.

[28] Ibid. Según al-Zaim, las estadísticas del gobierno reflejan un nivel de crecimiento más elevado para el año 2004.

[29] No existe consenso sobre el número restante de años de los que dispone Siria para beneficiarse de sus reservas de crudo. Ver Nabil Sukkar, “Threats and Opportunities”, Syria Today, pág. 20. Para obtener más información sobre cálculos más optimistas que apuntan al año 2015 o 2020 como años críticos, ver “Another Perspective on the Drying up of Oil and Contracting with International Companies”, Al-Iqtisadiyya, nº 205, 24 de julio de 2005, pág. 21.

[30] Ver entrevista con al-Zaim.

[31] Ver “Threats and Opportunities”, Sukkar, pág. 20.

[32] Para un estudio más pormenorizado sobre la pobreza siria, ver Poverty in Syria: 1996-2004, Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, junio de 2005, “Executive Summary”, págs. 1-6.

[33] Entrevista con al-Zaim. Ver también Sukkar, “Threats and opportunities”, pág. 20.

[34] Ver “Troubling Numbers in Syria Require Immediate and Substantive Treatment”.

[35] Ver entrevista con al-Zaim. El Presidente Bashar logró crear un nuevo equipo, no sin dificultades, para agilizar la firma del acuerdo con la UE en 2004, teóricamente para combatir el aislamiento impuesto por Estados Unidos. En ese momento, la UE había incorporado nuevos requisitos, como la destrucción de las armas de destrucción masiva, empezando por Siria (medida apoyada por el Reino Unido, Holanda, Alemania y Francia). El equipo sirio incluyó el sector “servicios” en la lista de sectores que serían liberalizados a un ritmo más acelerado como medida para agilizar la firma. Esto último no se hizo público. Al final, la UE retiró sus promesas después de la muerte del ex primer ministro libanés Rafiq al-Hariri. Este episodio refleja el dilema en el que se encuentra Siria y apunta a una posible dinámica de comportamiento en el futuro.

[36] Ver “The Chief of State Planning Commission Announces a Detailed Vision to Transfer Syria to a Market Economy in 2010”, Al-Hayat, 16 de abril de 2004.

[37] Más del 90% de las empresas del sector privado tienen menos de cinco trabajadores. Ver Amer Kharbutly, “The Role of Organisations Promoting Private Sector Growth in Syria”, en la publicación por el 40 aniversario de la Economic Sciences Association, Damasco, 30 de julio de 2005, págs. 7-9.

[38] Ver “Syria’s “Private” Sector: The Politics of Stunted Development”, en: The Economic Price of Regime Security: Mistrust, State-Business Networks, and Economic Stagnation in Syria, 1986-2000, tesis doctoral presentada por el autor ante el Department of Government de la Universidad de Georgetown, Washington DC, mayo de 2002.

[39] Ver “The Role of Organizations Promoting Private Sector Growth in Syria”, pág. 7.

[40] Ver Muhammad Ghassan Qalla, “The Private Sector, Cooperation Challenges, and Free Trade Zones”, en: 18th Economic Sciences Association Series, Damasco, 15 de febrero de 2005, Documento nº 6, pág. 4. Para un estudio más pormenorizado sobre los bajos niveles de los préstamos de los bancos del sector privado, ver Issam al-Zaim, “Arab Economies: Obligations, Modes, Goals, and Particularities”, estudio inédito presentado a la Algerian Economic Studies Association, Argel, 11-12 de mayo de 2005, pág. 77.

[41] Algunas partes de este apartado han sido extraídas de la tesis doctoral del autor, concretamente delcapítulo 2, “The Politics of Stunted Private Sector Development”.

[42] Los ingresos petroleros, que constituyen más del 60% de las divisas del país y promueven la mayoría de las inversiones del sector público, probablemente se agotarán a medida que se agotan las reservas de petróleo (para el año 2010). Ver la publicación semanal siria al-Iqtisadiyyah, artículo de Izz al-Din Juni, “Oil, the Lifeblood of Development and Industrialization in Syria: World Prices Substantially Influence Oil Exports”, vol. 27, 30 de diciembre de 2001.

[43] Entrevistas con trabajadores del sector público que decidieron abandonar sus puestos en el sector para trabajar en el sector privado o en el extranjero a finales de los años setenta, principios de los ochenta. Estos antiguos “empleados” eran baazistas radicales durante su juventud a principios de la década de los sesenta que sintieron una gran decepción cuando el régimen apartó al partido antes, durante y después del “Movimiento Correctivo” de 1970. Tenían acceso a los círculos internos de nivel intermedio del régimen que estaban a cargo de las operaciones financieras destinadas a proporcionar una mayor influencia a los aparatos de seguridad y más fondos a expensas del partido Baaz que, para entonces, era una “mera herramienta de movilización en las zonas rurales”. Aunque se trata de relatos de personas que sufrieron enormemente, y que a menudo caen en la exageración, resulta significativo que prácticamente todos los miembros de las generaciones más mayores de baazistas coincidan al compartir su historia. Este grupo incluye a personas que dimitieron de sus cargos en el sector público, fueron despedidos o siguen trabajando para el Estado para cubrir sus necesidades básicas, negándose a subir de nivel para que no les impliquen en el tipo de operaciones a las que se oponen. Estas personas, incluidas las que son citadas directamente en el artículo, permanecen en el anonimato.

[44] Entrevista con un antiguo funcionario del Banco Comercial de Siria, Damasco, 8 de marzo de 1999. Por aquel entonces Siria estaba buscando desesperadamente soluciones económicas y estabilidad social. El régimen sabía, según este ex funcionario y otras personas entrevistadas en relación al golpe de 1970, que no podría sobrevivir sin una mejora de la economía y una reducción de la polarización social, ambos factores necesarios para traer el tipo de paz social que “un régimen como el de 1970” no podía permitirse perder.

[45] Entrevista con un profesor de economía que trabaja como editor de una publicación palestina con sede en Siria y patrocinada por el sector público, Damasco, 20 de abril de 1999.

[46] Ver Raymond Hinnebusch, “State and Civil Society in Syria”, en: Augustus Richard Norton (ed.), Civil Society in the Middle East, Brill, Leiden, 1995.

[47] Llama la atención el hecho de que en los años setenta no sólo fuera el régimen el que tuviera la vista puesta en el extranjero, sino también un porcentaje elevado de la sociedad siria, con la excepción de los Hermanos Musulmanes. Entrevista con el profesor/editor de economía anteriormente mencionado, Damasco, 20 de abril de 1999. Ver también Anoushirivan Ehteshami y Raymond A. Hinnebusch, Syria and Iran: Middle Powers in a Penetrated Regional System, Routledge, Keegan and Paul, Londres, 1997.

[48] Ver Volker Perthes, The Political Economy of Syria, I.B. Tauris, Londres, 1995, pág. 50.

[49] Ver artículos sobre el sector privado y la clase empresarial de Siria en: Eberhard Kienle (ed.), Contemporary Syria: Liberalization between Cold War and Cold Peace, British Academic Press, Londres, 1994.

[50] Entrevistas con empresarios de las Cámaras de Comercio que están en deuda con funcionarios del régimen a través de negocios conjuntos emprendidos al amparo de la Ley nº 10 de 1991. Esto no quiere decir que estos empresarios estén en deuda con el régimen o con sus socios de la misma manera: algunos sienten un sincero desprecio hacia sus socios, aunque valoran mucho más su prosperidad –y no digamos su reputación, que deben proteger alabando la independencia del sector privado–.

[51] Entrevista con Mahmoud Salameh, un burócrata de alto nivel del Gobierno que coordina las relaciones entre el sector industrial público, el sector privado y la mano de obra. Salameh ha impulsado el proyecto de reforma del sector público que comenzó en 1998, al-Idara bil-Ahdaf (Gestión Orientada a los Objetivos), que proporcionó a los gerentes de la industria textil del sector público (como un periodo de prueba) una mayor influencia en la toma de decisiones así como una mayor autonomía de cara a las agencias gubernamentales que se dedican a evaluar las empresas del sector público. Ver “Goals-Oriented Management: Where To?” [al-Idara bil-Ahdaf: ila Ayn?], Documento nº 3, 2000 Conference Series, Economic Sciences Association, Damasco, 1 de febrero de 2000.

[52] Entrevista realizada a un empresario que trabaja en el sector de la alimentación y procesamiento de alimentos, un sector que estuvo bajo el monopolio del Estado hasta principios de los años noventa y que ha sido recientemente creado. 16 de agosto de 2001.

[53] Los ejemplos abundan. Por ejemplo, la Ley nº 10, cuya finalidad era aumentar las inversiones, especialmente las que requieren un volumen elevado de mano de obra, como la industria manufacturera; sin embargo, Siria no ha anunciado oficialmente ninguna zona industrial, lo cual hace que prácticamente todas las industrias privadas puedan ser confiscadas por el Estado. La mayoría de los empresarios registran sus fábricas bajo distintas categorías, como mustawda` zira`i (almacén agrícola). Para obtener más información sobre leyes y obstáculos que hacen a los empresarios vulnerables ante posibles acciones judiciales, ver Riad Saif “Exports: Between Dream and Reality” [al-Tasdir bayna il-Hilm wa-l-waqi`], Documento nº 13, 1999 Conference Series, Economic Sciences Association, Damasco, 13 de mayo de 1999, y Khalid Abdul Nour, “Improving the Industrial Sector” [Ta’hil al-Qita` al-Sina`i], Documento nº 6, 1999 Conference Series, Economic Sciences Association, Damasco, 23 de marzo de 1999.

[54] Nabil Sukkar, “Threats and Opportunities”, Syria Today, pág. 21.

[55] Sólo el 10% de la mano de obra siria posee un título universitario; ver la entrevista realizada a Nabil Sukkar. Para más información sobre los problemas relativos a la mano de obra siria, ver el 2005 National Human Development Report, publicado conjuntamente por el PNUD y la Agencia de Planificación Pública del Primer Ministro, Damasco, 2005.

 

* Título original en castellano: ABANDONADO A SU PROPIA SUERTE: CÓMO EL RÉGIMEN SIRIO SE HA ENCAJONADO A SÍ MISMO
Título original en inglés: LEFT TO ITS DOMESTIC DEVICES: HOW THE SYRIAN REGIME BOXED ITSELF.
Traducción del inglés: Real Instituto El cano - ARI Nº 43/2005

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