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El Ejército sirio entró a sangre y fuego en la ciudad de Hama, uno de los símbolos de la resistencia al régimen de Bachar el Asad. Grupos de Derechos Humanos y de la oposición cifran en más de un centenar los civiles muertos ayer por disparos de los militares que, según los testigos, cortaron la luz y el agua al amanecer para entrar con tanques y disparar indiscriminadamente sobre la población. El régimen pretende así machacar cualquier intento de protesta durante el Ramadán, que este año se celebra en agosto.
La versión sobre lo ocurrido que ofreció el régimen se hizo saber a través de la agencia estatal de noticias, Sana, que publicó que grupos de “hombres armados” se habían colocado en los tejados de la ciudad y estaban "disparando intensamente para aterrorizar a los ciudadanos". En su página web, la agencia informó de que esos "grupos armados" habían "prendido fuego comisarías, destrozado el mobiliario público y privado" y habían colocado "barricadas y ruedas quemadas a la entrada de la ciudad y en las calles". Esta es la causa y no las protestas, según Sana, de que el Ejército tuviera que entrar a poner orden.
Hama, de unos 700.000 habitantes, es uno de los principales focos de oposición al régimen, y ha sido duramente reprimida, ahora y en el pasado. En la memoria de la ciudad está la brutal matanza que llevó a cabo en 1982 Hafez el Asad, padre del actual presidente.
La represión alcanzó también a la capital, Damasco. El régimen lanzó allí explosivos con metralla que hirieron a 42 personas en una manifestación en el barrio de Harasta. Dos testigos dijeron a Reuters que en ese suburbio se había desplegado la Cuarta División del Ejército sirio, liderada por el hermano del dictador, para aplastar la protesta. Las organizaciones de Derechos Humanos aseguraron que había un centenar de detenidos.
El régimen arrestó en Damasco al líder de la tribu de los Baqqara, Nawaf al Bashir. Más de un millón de personas pertenece a esta tribu, y la mayoría viven en la provincia de Deir al Zor, uno de los bastiones de la oposición. Poco antes de su detención, Al Bashir había dado una rueda de prensa para explicar que había pedido a los habitantes de Deir al Zor que emplearan métodos pacíficos en su protesta contra el régimen sirio.
Varios testigos afirman que entre el sábado y el domingo habían muerto en Deir al Zor 11 civiles. "Hay tanques del Ejército en las calles, pero la mayor parte de las muertes se han producido por la actuación de los servicios secretos", explicó un vecino.
Los llamados Comités Locales de Coordinación informaron de que en esta misma ciudad 57 soldados habían desertado para pasarse a la oposición, incluidos dos lugartenientes y un capitán. Los ciudadanos levantaron barricadas y colocaron obstáculos en las calles para impedir el avance de los tanques. En otras ciudades, como Latakia e Idlib, también hubo protestas, según estos comités.
Las manifestaciones para acabar con el régimen de Asad duran ya cuatro meses y han dejado 1.583 muertos civiles, según el Observatorio sirio de Derechos Humanos, que cifra en 12.600 el número de detenidos y en 3.000 los desaparecidos.
Los embajadores de Estados Unidos y Francia en Siria también escogieron Hama para inmiscuirse en la revolución siria que pide la caída del régimen. El pasado 10 de julio, se unieron a la manifestación de protesta, lo que provocó la indignación de las autoridades sirias y dio pie a que, por primera vez, Estados Unidos contemplara la posibilidad de una Siria sin El Asad: "No es indispensable", afirmó en su momento la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton. Cabe añadir que Estado Unidos y Francia mantuvieron silencio ante las protestas que meses antes sacudieron a países aliados como Bahrein y Túnez, y actualmente Yemen. En el caso de Egipto no se pronunciaron hasta los últimos días que precedieron la caída del régimen. La postura de EE.UU., Francia y demás países de la Alianza Atlántica hacia las revoluciones prodemocráticas árabes parece seguir la línea política de siempre adoptada hacia el Mundo Árabe: un doble rasero en función de sus intereses y la cercanía de cada régimen a sus políticas.
Cuatro meses de revolución pacífica
- Marzo. Prende la ola de las protestas árabes en la ciudad sureña de Deraa. El día 23, el Ejército mata a seis manifestantes y dispara contra los manifestantes. El Asad destituye al gobernador de la provincia. Un día después, el Ejecutivo promete subir el sueldo a los funcionarios y revisar la Ley de Emergencia tras la muerte de 37 personas por disparos de la policía. El 25 es el primer Viernes de la Dignidad, que se ha repetido cada semana.
- Abril. El Gobierno deroga la Ley de Emergencia, vigente desde 1963, pero las protestas, la represión y los muertos se extienden por todo el país. El día 22 de abril 88 personas mueren en protestas en distintas ciudades. El 25 de abril el Ejército cerca Deraa con tanques. El 29, viernes, fallecen otras 60 personas en manifestaciones, y en Deraa, sitiada, el niño de 13 años Hamza al Jatib fallece torturado por el régimen. Su imagen será uno de los iconos de la protesta.
- Mayo. El Ejército aplasta las revueltas en Banias y en Homs. La UE incluye en su lista negra de sanciones a 13 miembros del régimen. Días después incluye a El Asad.
- Junio. La oposición siria se reúne en Antalya (Turquía) y pide a El Asad que deje el poder. En Hama mueren 54 personas. El día 6 el régimen anuncia que 80 policías han muerto en Jisr al Shughur y culpa “a terroristas” de ello. La versión de los opositores es que esos soldados se negaron a disparar a civiles y que por eso fueron asesinados por sus compañeros. Miles de refugiados cruzan a Turquía.
- Julio. Las manifestaciones se extienden a más ciudades, las protestas de los viernes son las más numerosas desde que empezó la revolución contra el régimen.
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