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El irresoluble dilema del régimen sirio
Ignacio Gutiérrez de Terán

MUNDO ARABE.ORG 30/05/2011

 

El r√©gimen de Damasco se est√° quedando sin tiempo: la lucha desenfrenada para convencer a buena parte de la poblaci√≥n de que est√° dispuesta a cambiar su estrategia tradicional basada en la represi√≥n y el control absolutos se est√° resintiendo de la necedad de la opci√≥n militar a ultanza, la chabacana estrategia informativa y la contumacia de pensar que los sirios son imb√©ciles. Aun hoy, dos meses y pico despu√©s del inicio de las primeras protestas, el gobierno y la prensa de Damasco, con sus aliados regionales libaneses e iran√≠es repitiendo la se√Īal, insisten en imputar la autor√≠a de los "des√≥rdenes" a una constelaci√≥n de individuos, colectivos y oscuros intereses ‚Äďla inevitable conspiraci√≥n, vaya- que no tienen ning√ļn inter√©s en que se verifiquen las reformas propuestas por el presidente Bashar al-Asad. Todo para obviar y soslayar que, con independencia de que pudiera haber intereses extra√Īos tratando de sacar tajada de las protestas, cosa que no negamos, una parte considerable de la poblaci√≥n exige hoy lo que han callado durante d√©cadas: dignidad, respeto y libertad. Pero, como no pod√≠a ser de otra manera conociendo la corrupci√≥n moral e institucional de este r√©gimen mentiroso, criminal y c√≠nico, la familia de los Asad ha elegido la amalgama de confusi√≥n, tremendismo y mano dura que vimos ya plenamente desarrollada en las otras grandes revueltas √°rabes, las que consiguieron deponer a sus d√©spotas como la tunecina y la egipcia ‚Äďotro cantar ser√° cu√°ndo lograr√°n depurar sus reg√≠menes-.

Hay un elemento de gran importancia, ausente por desgracia en los c√°lculos de numerosos sectores regionales e internacionales propensos a evaluar la crisis siria desde presupuestos geoestrat√©gicos e imperativos ideol√≥gicos te√≥ricos: la percepci√≥n particular de una porci√≥n considerable de ciudadanos sirios. A √©stos, al igual que a los egipcios, los tunecinos, los libios, los saud√≠es, los jordanos, los oman√≠es y as√≠ con todos los √°rabes, les importa mucho la relaci√≥n de estrategias de sus pa√≠ses con el entorno regional y sobre todo su encaje en el contexto de la perspectiva internacional de Estados Unidos, la √ļnica gran potencia en la actualidad. Y a los sirios, por supuesto, les interesa mucho c√≥mo y cu√°nto haya de influir la naturaleza de sus sistema pol√≠tico en el √°mbito de la lucha contra el proyecto predador del r√©gimen de Tel Aviv. Pero ahora y por encima de todo cuenta derribar o al menos reformar de forma sustantiva un poder absolutista y venal basado en la humillaci√≥n diaria del individuo, la arbitrariedad y el control absoulto de cuanto se dice, hace o piensa. Y, desde luego, hablar con ligereza de conspiraciones y manipulaciones desde el exterior sin dignarse en destacar la impronta retr√≥grada y convicta de este r√©gimen ‚Äďel origen primero del problema- supone un nuevo insulto para el pueblo de Siria.

Pero ni los dirigentes de Damasco ni sus voceros medi√°ticos atienden a razones: saben que el futuro de una concepci√≥n cl√°nica del poder est√° en juego. Lo que empez√≥, a principios de marzo, como un goteo intermitente de concentraciones aqu√≠ y marchas furtivas all√≠, ha terminado derivando en un estado de convulsi√≥n permanente en numerosos pueblos y ciudades del pa√≠s, desde la por desgracia, hoy, celeb√©rrima Deraa en el sur hasta al-Qamishle en el norte. S√≥lo la intrascendencia de los movimientos de protesta en las dos urbes principales, Damasco y Alepo, ha impedido la eclosi√≥n de una aut√©ntica revuelta nacional. Falta saber por cu√°nto tiempo: la ciudad universitaria de Alepo ha registrado ya varias marchas estudiantiles y en la capital hemos visto algaradas en algunos barrios c√©ntricos o de gran relevancia por su composici√≥n confesional y √©tnica como Rukn al-Din, con un porcentaje alto de residentes de origen kurdo. No son significativas, a√ļn, pero en comparaci√≥n con lo que hab√≠a hace dos meses, o uno, comienzan a ser preocupantes para los servicios de seguridad sirios, los cuales, desde el principio hasta el final, son quienes rigen los destinos del pa√≠s. Sin duda, la propaganda infantil de los medios de comunicaci√≥n oficiales, los √ļnicos acreditados para informar desde el interior debido al apag√≥n medi√°tico impuesto por Damasco, ha contribuido a encender los √°nimos de los manifestantes. Recuerdo, en un debate televisivo muy a principios de marzo, o√≠r a uno de los responsables de la televisi√≥n siria "semiprivada" ‚Äďla √ļnica del pa√≠s junto con la p√ļblica-, que la gente en Siria, a diferencia de T√ļnez, Egipto, Libia, Bahr√©in o Yemen, no hab√≠a salido a la calle porque no ten√≠a motivo para protestar". Esto es, los ciudadanos estaban contentos con su l√≠der, el cual hab√≠a hablado ya de un paquete amplio y exhaustivo de reformas. Este optimismo oficial, reforzado por las famosas declaraciones de Bashar al-Asad al Wall Street Journal (31-01-2011), se resum√≠a en el siguiente axioma: cierto, tenemos un "d√©ficit" de libertades individuales y colectivas, pero a diferencia de otros reg√≠menes √°rabes no democr√°ticos nuestra pol√≠tica exterior es consecuente con los sentimientos de una poblaci√≥n opuesta a la agresiva pol√≠tica exterior de EE.UU. y el expansionismo sionista. Pero lleg√≥ la segunda semana de marzo y comenzaron los problemas: manifestaciones de cientos de personas y sentadas en espacios p√ļblicos, una minor√≠a seg√ļn la versi√≥n oficial. Despu√©s vino Deraa y la detenci√≥n y tortura de unos chiquillos que hab√≠an escrito por ah√≠ "Que caiga el r√©gimen" (ay, si te vuelvo a ver pintando un coraz√≥n de tiza en la pared‚Ķ) y se desat√≥ el nerviosismo y las im√°genes de la televisi√≥n oficial con manifestaciones "espont√°neas" de partidarios del presidente, diciendo, sin mostrar im√°genes, que hab√≠a "alguien" ‚Äďse refer√≠an pues a los famosos infiltrados saboteadores-, poniendo en peligro la unidad del pa√≠s. C√≥mo se parecen todas estas dictaduras √°rabes de post√≠n, las que se dicen socialistas y las prooccidentales: d√≠as despu√©s de iniciadas las marchas masivas de protesta en Bengazi ‚Äďs√≠, mucho antes tambi√©n de la barrabasada de la Otan en Libia- la televisi√≥n de los Gadafi, asimismo la √ļnica del pa√≠s, mostraba im√°genes de seguidores del l√≠der‚Ķ en Tr√≠poli. Sin menci√≥n ni filmaci√≥n de suceso alguno en los sitios delicados, dando a entender que la reacci√≥n se produce ante un est√≠mulo inapreciable e inmensurable. El mal sin forma ni identidad, imposible de retratar pero existente.

Aun hoy, a finales de mayo, se sigue diciendo a los sirios que todo es obra de milicias armadas; y que si hay manifestaciones, acaso, se trata de concentraciones muy reducidas. Hay tal desfase entre lo que se cuenta en estos medios patri√≥ticos y lo que exponen las cadenas llamadas pan√°rabes, nutridas de las im√°genes colgadas por manifestantes en internet, que las acusaciones de manipulaci√≥n y propaganda entre unas y otras se han convertido en norma. No hay duda de la tendencia manipuladora y populista de las grandes cadenas √°rabes. Pero el hecho de que seg√ļn pasan los d√≠as el n√ļmero de personas y localidades que se suman a la revuelta vaya en aumento muestra la indignaci√≥n popular ante la brutalidad del r√©gimen y las mentiras de su prensa. Las noticias vuelan como se dice, la gente transmite los datos y las evidencias y, como todos conocen el car√°cter violento de sus servicios de seguridad, no hay mucho de qu√© dudar. Y la teor√≠a de las bandas armadas y el contrabando de material b√©lico desde L√≠bano, la financiaci√≥n saud√≠ y las acciones subersivas de la CIA puede ser asumible si tenemos en cuenta la repugnante actitud del r√©gimen de Washington y sus aliados √°rabes en la zona. Pero adem√°s de la inconcreci√≥n de las acusaciones y la falta de pruebas, numerosos sirios ponen en duda que la llamada conspiraci√≥n alcance tama√Īa magnitud por tres razones principales: 1) Los testigos, cientos de miles, cuentan que las fuerzas de seguridad, tropas paramilitares y el ej√©rcito abren fuego contra la poblaci√≥n sin pre√°mbulo alguno, muchas veces de forma indiscriminada, con detenciones y palizas en plena calle incluidas 2) Curiosamente, las bandas armadas s√≥lo act√ļan donde hay manifestaciones y la poblaci√≥n ha osado pedir el cambio de r√©gimen, con la irrupci√≥n consiguiente del ej√©rcito y el asedio (Deraa, Banias, Yebla, etc.). Dentro de lo curioso lo curios√≠simo es que la lucha contra los saboteadores se adereza con detenciones de manifestantes, activistas y opositores a los cuales no se les acusa con posterioridad de actos de violencia ni sabotaje, si es que, adem√°s de golpearlos a conciencia, se les llega a acusar de algo. Mientras, el r√©gimen insiste en defender su bater√≠a de reformas y medidas supuestamente democratizadoras ‚Äďsi la cuesti√≥n es luchar contra una conspiraci√≥n externa, ¬Ņpara qu√© las reformas pol√≠ticas internas?. 3) Todos conocen la eficacia represiva de las fuerzas de seguridad y la inteligencia, que no han permitido nunca que pase nada salvo las incursiones espor√°dicas de la aviaci√≥n y los agentes israel√≠es, que igual han asesinado al dirigente militar de Hezbol√°, Imad Magniye, que han volado un supuesto reactor nuclear en la zona del √Čufrates‚Ķ ¬ŅC√≥mo se les ha podido escapar la infiltraci√≥n de decenas de c√©lulas bien pertrechadas y entrenadas en casi todas las regiones del pa√≠s? No, algo no encaja.

El sistema pol√≠tico sirio, forjado en torno a la extensa familia de los Asad, la c√ļpula empresarial y mercantil de Damasco y Alepo y los militares y responsables de la inteligencia se basa en el miedo y la fuerza. A pesar de su pretendida armadura laica, el r√©gimen ha jugado tambi√©n la baza de la legitimidad religiosa apoyando a las jerarqu√≠as de ulemas y doctores musulmanes sunn√≠es y fomentando, de rechazo, la aparici√≥n de tendencias salafistas que son, seg√ļn la ret√≥rica oficial, quienes est√°n dirigiendo los sabotajes. Ya en tiempos del fundador de la dinast√≠a, Hafez al-Asad, hubo que poner coto a los afanes laicistas de su hermano, Rifaat al-Asad, hoy reconvertido con su parte del clan en opositor pat√©tico y absurdo, empe√Īado en quitar el velo a las mujeres que transitaban por Damasco. M√°s recientemente, la zanahoria a los alfaqu√≠es oficiales, estamento pseudoeclesi√°stico por lo com√ļn consignado a defender y legitimar a los gobiernos dictatoriales desde el Egipto de Mubarak a la Arabia de los Sa√ļd, se ha traducido en la anulaci√≥n de la prohibici√≥n que imped√≠a a las profesoras veladas impartir clase en las escuelas.

Junto a esta peculiar legitimaci√≥n religiosa, el r√©gimen convive con la ret√≥rica de la lucha contra Israel y el imperialismo; pero aqu√≠, de nuevo, muchos sirios tienen sus reservas, confirmadas por las recientes declaraciones de Rami Majluf, el prim√≠simo de Bashar al-Asad, a The New York Times, en abril  (qu√© man√≠a de realizar las declaraciones trascendentes a peri√≥dicos estadounidenses). Majluf, el genuino monsieur 5% nacional, el due√Īo de la esfera econ√≥mica privada siria y pivote empresarial del sistema, vino a decir algo as√≠ como "atenci√≥n, si algo pasa en Siria ‚Äďsi el r√©gimen cae- la seguridad de Israel se ver√° en peligro". Declaraciones muy sensibles que el opaco estamento oficial se apresur√≥ a desmentir haciendo una ex√©gesis sui generis de la literalidad del texto y hablando de Majluf como de un ciudadano normal que tiene derecho a opinar ‚Äďuna normalidad peculiar: √©l mismo afirma que las medidas para aplacar esta crisis las est√°n tomando entre los miembros de la familia y la c√ļpula de la inteligencia militar-. Eso por no hablar de sus innumerables negocios, incluidas las dos empresas de telefon√≠a m√≥vil, las √ļnicas autorizadas en Siria. Pero lo peor es que reflejan una realidad: durante cuarenta a√Īos Damasco se ha encargado de velar por las fronteras orientales del r√©gimen de Tel Aviv, las m√°s tranquilas seg√ļn los dirigentes de √©ste, y no ha hecho nada para revertir la situaci√≥n del Gol√°n, anexionado por el estado sionista en los ochenta. En aqu√©l, por cierto, las intifadas y rebeliones populares han brillado por su ausencia, en contraste con el resto de territorios ocupados (como apunte digamos que ya ha habido manifestaciones en demanda de mayor libertad en localidades habitadas por refugiados del Gol√°n cerca de Damasco). Por esta raz√≥n, uno de los lemas m√°s irritantes para los dirigentes militares ha sido el de "Maher (al-Asad, comandante de la Guardia Republicana), cobarde, vete a liberar el Gol√°n y no nos dispares a nosotros" y similares.

Asimismo, la implicaci√≥n de la familia de los Asad en la pol√≠tica exterior de EE.UU. revela las contradicciones tradicionales del sistema. Algunos parecen olvidar hoy que la intervenci√≥n siria en L√≠bano en 1976 se hizo contra la resistencia palestina y la izquierda libanesa y con el visto bueno, sino instigaci√≥n, de Washington; que las matanzas del campamento de refugiados de Tell al-Zaatar de ese mismo a√Īo, efectuadas por las milicias derechistas, se cometieron bajo cobertura del ej√©rcito sirio; y que Damasco particip√≥ de forma efectiva en la guerra contra Iraq en 1991 dentro del bloque de estados √°rabes moderados proestadounidenses. Gracias a esta alianza siria-egipcia-saud√≠, Israel alcanz√≥ en los noventa el mayor grado de desarrollo econ√≥mico y pol√≠tico de su historia, a costa de los palestinos, mermados por las concesiones de sus l√≠deres. Desde c√≠rculos de la oposici√≥n se apunta siempre que Henry Kissinger, ex secretario del Departamento de Estado, lleg√≥ a reconocer en alguna ocasi√≥n que Hafez al-Asad era el principal agente "clandestino" de EE.UU. en Oriente Medio, "quemado" tras la invasi√≥n iraqu√≠ de Kuwait en 1990. No hemos podido acceder al supuesto programa de Larry King en el que el propio Kissinger alud√≠a a la funci√≥n secreta de los Asad ni sabemos hasta qu√© punto nos hallamos ante un cap√≠tulo m√°s de la teor√≠a de las conspiraciones, pero los datos objetivos invitan a la reflexi√≥n. Como, por ejemplo, los numerosos intereses, inversiones, empresas, acciones, participaciones y terrenos de los Asad (incluidos los Majluf, los Shalish y el resto de clanes) en Europa y Estados Unidos.

Israel contempla con pavor el desarrollo de los acontecimientos en Siria: bastante tiene ya con la ca√≠da de Mubarak, la reconciliaci√≥n entre Ham√°s y Fatah y las corrientes reformistas en Jordania. Los Asad han sido durante d√©cadas un enemigo m√°s folcl√≥rico y radiof√≥nico que otra cosa, f√°cilmente dome√Īable cuando as√≠ lo ha requerido la ocasi√≥n. El r√©gimen de Tel Aviv sabe muy bien que el triunfo de la resistencia libanesa, tantas veces atribuido a Damasco, se debe m√°s a la cohesi√≥n interna de la poblaci√≥n libanesa resistente y la efectividad de Hezbol√° y el resto de grupos, con el apoyo log√≠stico y militar de Ir√°n, que a una implicaci√≥n directa de Siria. Una nueva conciencia pol√≠tica en Siria, m√°s libre y popular, respetuosa con la conciencia antisionista de la inmensa mayor√≠a de la poblaci√≥n, esta s√≠ genuina y sincera, junto con una verdadera transformaci√≥n democr√°tica en Egipto y Jordania, constituir√≠a el principio del fin del despreciable proyecto sionista, racista y contrario a los valores de la humanidad. Con miles de muertos, desaparecidos, heridos y detenidos encima de la mesa, con ciudades y localidades asediadas, con una represi√≥n feroz en todos los √≥rdenes, los pa√≠ses occidentales "conspiradores" siguen hablando de la posibilidad de reformas ‚Äďmenos tiempo tardaron en decidir que Gadafi ten√≠a que irse en Libia y eso que el individuo en cuesti√≥n s√≠ que era, si bien no tanto como Ben Ali o Mubarak, amigo suyo-, esperando, tras la ret√≥rica de las amenazas, que la cosa se calme. Quieren, si acaso, a unos Asad d√©biles y m√°s solicitos a quienes arrancar mayores concesiones y prebendas. Pero no su ca√≠da; no mientras carezcan de un repuesto fiable ‚Äďy para su desgracia, los prooccidentales dentro de la oposici√≥n siria no tienen demasiada fuerza-. Los sirios y su derecho a ser libres y vivir en paz, como siempre, no cuentan nada, ni para los Asad, ni para los estadounidenses, los europeos y los iran√≠es ni para parte de nuestra izquierda, entusiasta de las tesis conspiratorias, que parece incapaz de sentir y percibir. Pensar que este r√©gimen, podrido de sangre y dinero hasta la m√©dula, puede reformarse es una audacia. En consecuencia, para la mayor√≠a de los sirios, excluidos del limitado pesebre hegem√≥nico, el dilema no radica en definir la identidad real de un sistema sin otra ideolog√≠a ni principios que la permanencia en el poder; el quid es saber si, como dan a entender los dirigentes sirios ya como √ļnica baza discursiva de peso, la ca√≠da del r√©gimen dar√° lugar a un conflicto confesional feroz, la intervenci√≥n mercenaria de Occidente o un nuevo orden igualmente dictatorial. S√≥lo eso est√° impidiendo que cientos de miles de sirios se unan a sus compatriotas en un grito un√°nime de hartazgo e indignaci√≥n.

 

 

 

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