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"Una
solución final sharoniana
Ahmed Hijazy. Hablando
de cifras, son cambiables y en alza en cada momento, las correspondientes al 29
de marzo indican los siguientes datos: Desde septiembre de 2001 hasta el 29 de
marzo de 2002, los palestinos han sufrido 1.438 bajas – fíjese casi la mitad
de las víctimas del desastroso 11 de septiembre- de estas bajas palestinas 263
eran niños, también ha habido 33.849 heridos entre ellos 8.319 niños, aparte
de las 3.032 personas que han quedado inválidas de por vida. Otros datos
interesantes son aquellos relacionados con la enseñanza en los territorios
ocupados en 1967; desde el inicio de esta Intifada más de 90.000 niños no han
podido ir a sus colegios, y un 82% del profesorado no ha podido acudir a su
trabajo a consecuencia de los controles militares y el estado de sitio impuesto
a las ciudades y pueblos palestinos, además 449 colegios fueron cerrados – 33
de ellos en Hebrón - otros 99
colegios fueron bombardeados por helicópteros o atacados por tanques de guerra,
mientras 33 colegios fueron ocupados por el Ejército israelí y convertidos en
cuarteles de mando militar o centros de detención. Con
tan significativos números, Alguien tendría que pensar cuál es la cantidad
necesaria de víctimas para llamar a esta situación un genocidio sistemático.
Digo esto pensando en lo que los de la izquierda gris consideran una palabra
exagerada. Asimismo, de derechas no hay que hablar, su silencio en la
presidencia de la UE es muy significativo, y ni siquiera son capaces de
plantarle cara a EE.UU. en Oriente Próximo. Ellos mismos, los de la Europa del
capital, tienen sus territorios repletos de bases militares estadounidenses. Los
socialburócratas –compañeros de Israel en la demagógica Internacional
Socialista- algo peor que Judas, pues los de Alemania donaron tres submarinos
nucleares (Delfín III) a Israel a finales de septiembre de 2000 y, desde luego,
si alguien quiera entender: “Además de que la decisión fuera tomada en la época
de Kohl, es una medida para garantizar la seguridad regional”, según el verde
Fischer. Y éste es quien no quería ser satélite de EE.UU. en su nueva edición
de la guerra contra el eje del mal. ¿ Alguien duda que el verdadero Eje del Mal
son Bush, Sharon y Tony Blair? Éste último socialburócrata, dócil y sumiso
ante su jefe Bush. En
esta Intifada las diferencias y los desacuerdos, entre todas las fracciones políticas
palestinas, desaparecieron ante el reto de la lucha por la liberación y la
independencia, dando una lección inmejorable a Sharon que, como todos los
observadores internacionales han visto, llegó al poder con un programa
electoral peor que el del neonazi Haider, un programa de guerra y provocación.
Mas, de nuevo, la población palestina ha demostrado que el tren de su lucha no
ha llegado a su última estación y que, desde luego, las negociaciones son una
vía, pero no es la única para lograr su independencia sobre un 23% de la
tierra de la Palestina histórica. Con esta cifra mínima, para construir un
Estado independiente y soberano, fue demostrado el deseo palestino para alcanzar
la paz y poner las bases de la convivencia al lado del Estado israelí, sabiendo
de antemano que una solución de este tipo será injusta. Así
y aunque estuvieran bien claras las pretensiones de la comunidad internacional,
los palestinos aceptaron entrar en el juego del Nuevo Orden Mundial, ¿existe
este Nuevo Orden? . Y a pesar de todo, la OLP participó en el proceso de paz
iniciado en Madrid tras la Guerra del Golfo contra Irak –¿alguien se acuerda
del pueblo iraquí?-. A lo largo de once años de negociaciones, se han firmado
innumerables acuerdos, ninguno llegó a ser aplicado, y cada uno fue llamado
acuerdo marco, es decir vademécum - para acumular los papeles mojados, claro-
que guiaría a los negociadores sobre qué iban a hablar en el próximo
encuentro – ¿malas memorias? -. Así fue la marcha del proceso, reuniones y más
reuniones, mientras el Estado israelí maniobraba y apostaba esperando una
guerra civil entre los palestinos, una apuesta frustrada como demuestra la lucha
cotidiana de la población palestina por la autodeterminación. Los
límites del “pacifismo” israelí. El
tema de los refugiados deja a “los pacifistas” al descubierto –con el culo
al aire como dice la gente aquí- A finales de 1999 intelectuales israelíes y
personas consideradas líderes del “pacifismo” israelí, como Amos Oz y
David Grossman, enviaron una carta a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en la
que afirman su rechazo total al retorno de los refugiados palestinos a sus
hogares. Se trata de unos cuatro millones de refugiados que siguen viviendo en
la diáspora desde hace más de cincuenta y cuatro años. En aquella carta los
firmantes dicen: “Nunca aceptaremos el retorno de los refugiados al interior
de nuestras fronteras”. Bueno son “sus” fronteras, ¿pero los refugiados
palestinos cayeron del cielo o llegaron a Palestina en barcos ingleses desde
Europa, EE.UU. , y otros lugares como Argentina? ¿Estos refugiados qué estaban
haciendo ahí antes de que los convirtiesen en refugiados tras las represiones
militares de las bandas terrorista judías como el Irgun y la Hagana que
produjeron la mayoría de los presidentes del Gobierno de Israel?. Esas bandas
fueron la base fundacional del actual Ejército de Israel y en éste mismo
sirvieron los de la generación sionista llamada “pacifista”. Basta con leer
lo que dijo, en EL PAÍS, hace un año, el historiador “pacifista”, Zeev
Sternhell: “ No he tenido problema en disparar cuando ha sido necesario”, ¿Contra
quién tuvo la necesidad de disparar?. Aún
hay mucho que decir sobre el “pacifismo” y la democracia israelíes. Ningún
país fue gobernado por tantos militares como en el caso de Israel. En escasas
excepciones hubo quienes vinieron desde fuera del Ejército para gobernar, éstos
tampoco fueron menos perniciosos que los militares. Simon Perés, Nobel de la
paz, fue el responsable del proyecto nuclear, que Israel alcanzó construir con
ayuda francesa a mediados del siglo XX. El mismo Perés no dudó en bombardear
Beirut y cometer la matanza de Qana, en el sur de El Líbano, para ganar las
elecciones de 1996. Lo hizo para demostrar, ante una sociedad mayoritariamente
de derechas y ortodoxos judíos, que no era menos firme que los militares que
gobiernan Israel. Este no es el único pecado mayúsculo que cometa el Estado
israelí. El verdadero pecado es aquel que hace que la sociedad judía en
Palestina crea en que puede seguir dominando a un pueblo con su fuerza colonial.
Y aunque crean en la fuerza militar, la historia nos enseña que no se puede
lograr la paz con los mitos establecidos en leyendas religiosas y sobre el
sufrimiento del otro. Hablando
de leyendas religiosas es hablar de los mitos que fundaron el Estado de Israel
sobre la tragedia palestina. Los mismo “pacifistas” y militares israelíes
siguen viviendo dentro de la leyenda de “la tierra prometida”, y la cínica
frase: “Esta tierra nos fue dada por Dios” –Al parecer, Dios era Gran
Bretaña -. Y aún hay quienes creen en esa frase, e incluso en la Europa de hoy
–Antiguo Testamento -. Es un chiste decir que Dios regalaba tierras hace
siglos, pero en la realidad política existe entre las potencias y los líderes
de la cabecilla del Eje del Mal quienes creen, religiosamente, y defienden a
Israel convencidos de este chiste. Mientras la regla dice que la religión no es
una identidad nacional. Hoy día, inconvenientemente, los judíos siguen
considerándose un pueblo unido por la religión y nada más que ella, por lo
cual un judío norteamericano puede asentarse en casa de un palestino después
de expulsarle a éste de su casa. Así, el “pacifismo” sionista defiende la
llamada Ley del Retorno Judío, y ve en ella el derecho de cada judío en
colonizar Palestina y establecerse en ella, sin pensar en que esta tierra fue
robada a sus habitantes que viven, ahora y desde hace más de medio siglo, en
campos de refugiados y en condiciones infrahumanas. Los
llamados pacifistas israelíes justifican su rechazo al retorno de los
refugiados palestinos, considerándolo un peligro demográfico a largo plazo, es
la misma idea que no dejan de repetir los militares, hablando de la alta tasa de
natalidad entre los palestinos. De este modo, podemos descubrir el paralelismo
en la mentalidad estratégica entre militares y “pacifistas”. Y con esto
podemos revelar su esquizofrenia astuta cuando niegan que la permanente llegada
de colonos judíos a Palestina – desde 1990 más de un millón y medio - no
hace más que extender el gueto judío en Oriente Próximo, dejando muy claro
que no hay una intención verdadera para lograr una paz equilibrada – mentiría
yo si dijera paz justa -. Cabe añadir
que ninguno de los llamados pacifistas, ni siquiera el movimiento israelí Paz
Ahora, han reconocido la resolución 194 de
la ONU que, con otras resoluciones, exige a Israel aceptar y facilitar el
retorno de los refugiados palestinos a sus hogares. Rechazar
la aplicación de las resoluciones de la UN es el punto de encuentro de todas
las fracciones políticas israelíes. La izquierda y "los pacifistas",
igual que la derecha con todos sus “colores”, hablan de una paz diseñada
por el vencedor, una paz a la medida israelí. Y a la hora de hablar de derechos
palestinos según las resoluciones de la UN, llega la frase del pacifista Amos
Oz: "Hemos ganado la guerra, y vosotros habéis rechazado nuestras
ofertas” – fíjense en la palabra “ofertas”-. En
cuanto se llegue a hablar de los sentidos de la paz - ¡qué corta es la
palabra! – y qué solución se quiere alcanzar, podremos descubrir la
prostitución de las palabras - bien en el proceso político que rodea el
conflicto o en las astutas y demagógicas interpretaciones israelíes. El
principio del que dependen las negociaciones en la estrategia política israelí
es seguridad a cambio de paz - les quiere decir a los palestinos: "
os dejaremos en paz si no intentáis contra nuestra seguridad - ¿ Y los
derechos? Nada. ¡Mucho ojo aquí! Los militares, los políticos y los
“pacifistas” israelíes llevan este mismo principio en sus discursos. Los métodos
son variables – el fin no -. Los palestinos tienen, por su parte, otro
principio, el cual es paz a cambio de territorios. Es un principio que habla en
sí y que, por supuesto, tiene una sola interpretación; hacer la paz es
reconocer los derechos nacionales palestinos. La
solución de Sharon. ¡Qué
bien le ha venido a Sharon el 11 de septiembre! Nadie puede dudar de la relación
entre la ofensiva del General y aquel acontecimiento. Pero no nos confundamos,
pues, Sharon llegó al poder con un programa de guerra, y los israelíes votaron
por este programa. Lo que hizo el jefe del Gobierno - democrático israelí,
claro- es aprovechar el momento y la situación internacional para acabar con
las aspiraciones palestinas, utilizando los mismos términos políticos de la
guerra yanqui en su propia estrategia destructiva - su propia Operación
Triunfo, se puede decir -. Los
términos utilizados en la operación triunfo de Sharon son: la lucha contra el
terrorismo, el derecho a defender la vida y la libertad... etc. Véase cuerdo, y
como había dicho anteriormente; las palabras son prostituidas hoy día. Es una
cosa el terrorismo y otra muy distinta la resistencia como un derecho legítimo
de cada pueblo para luchar con todos los medios disponibles, con el fin de
recuperar sus derechos y libertades. A pesar de ello, hay que aclarar de qué
libertades hablan los sharonianos y los bushinos, si lo que hace Sharon es un
valor liberal y democrático, seríamos todos extraterrestres o analfabetos. Si
el pensamiento y lo que nos dicen en los medios de comunicación está basado en
la libertad y la democracia, tendremos que ser ajenos al campo político. Con
esto me refiero a la palabra más repetida en los medios de comunicación; el
uso desmesurado - sinónimo inmoderado- de la violencia por parte del Gobierno
israelí. La misma expresión podría significar: mátales a los palestinos,
pero silenciosamente. Ahora
bien, ¿tiene Sharon un plan de paz? ¿Lo tienen los laboristas - de Barak y
compañía- atrincherados en los Ministerios de Defensa y Exteriores en el
Gobierno del General? O el Gobierno de los Generales, porque hay varios
generales del Ejército en este gobierno. ¿ Lo tienen los llamados pacifistas?
No creo que lo tenga ninguno de ellos. La única paz que pueden aceptar es
aquella que usurpa la parte más importante del 23% de territorio que reclaman
los palestinos, además de vaciarlo de todo sentido de soberanía. Si los
palestinos no aceptan la versión israelí de la paz, son y serían los
responsables de todo, e incluso, de su deportación. La
deportación no es una expresión exagerada, los principales aliados de Sharon,
empezando por él mismo, son partidarios, históricamente, de esta solución;
por lo tanto deportar a los palestinos que quedan en Palestina, a los países
vecinos, ha sido y es una idea presente y importante
en los programas de los partidos políticos de este Estado. Lo mismo ofreció
Sharon a Arafat el día dos de abril. Lo que está muy claro, sin duda, es
desterrar, primero, a Arafat y paso seguido al resto de los que están. Siendo
esto imposible de aceptar por parte de los palestinos que llevan décadas
resistiendo, tendrán que seguir sometidos a la limpieza étnica inacabadamente.
Y esta es la solución final sharoniana.
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