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______________________________ Tragedia
en Sudán Charlie Kimber La
tragedia de Sudán es producto del colonialismo, un sistema mundial que sujeta a
cientos de millones de africanos a la casi hambruna, y las maniobras de los
grandes poderes y las multinacionales. Los poderes imperiales que presiden este
sistema no resolverán los problemas de Sudán. El
pasado mes junio el informe de desarrollo humano de las Naciones Unidas mostró
que la expectativa de vida en África está cayendo. En siete países, está
ahora por debajo de los cuarenta años. La malnutrición y la pobreza están
subiendo. Este
es el mundo que Blair y Bush defienden: uno en donde la gente todavía
hambrienta, con falta de protección básica y sin acceso a agua potable,
mientras que los EEUU gastan 400 billones de dólares al año en armamento. Esta
supuesta preocupación para África es una cortina de humo sobre sus motivos
reales. División
artificial
La
crisis en Darfur está rodeada de mitos. Muchos acontecimientos de la lucha
sugieren que es entre “árabes” y “africanos”. Algunos incluso dicen que
es entre musulmanes y cristianos. De hecho, toda la gente en Darfur es
musulmana. Hay
están las distinciones tradicionales entre diferentes grupos. Pero, como en
otras partes de África, éstas están basadas más en funciones económicas que
en la raza. Existen dos clases de grupos en la sociedad de Darfur. Los primeros
son granjeros, quienes se dedican al cultivo. Los segundos son pastores nómadas
que cuidan de camellos y ganado. El primer grupo es al que los medios de
comunicación llaman los africanos. Al segundo, lo llaman los árabes. De hecho,
los dos grupos se parecen el uno al otro, hablan el mismo lenguaje, dependen el
uno del otro para los medios de vida y, en muchos casos, comparten vínculos
familiares. Como
Alex de Wall escribió en el “Observer” el domingo, “Los árabes de Darfur
son negros, indígenas, africanos y musulmanes –justo como los no-árabes de
Darfur, quienes son originarios de Fur, Masalit, Zaghawa y una docena de tribus
más pequeñas.” Durante
siglos estos grupos han tenidos enfrentamientos en diversas ocasiones, pero
también se han casado entre sí y cooperado entre ellos. En la mayoría de los
casos, las disputas sobre el agua y los derechos sobre la tierra fueron
resueltos por negociaciones y compromisos. Cuando
los medios de comunicación y los gobiernos del mundo hablan de guerra entre árabes
y africanos, ellos están haciéndole el juego a los gobernantes de Sudán. Lo
que ahora llamamos Sudán, es una creación del colonialismo, por el que
lucharon Francia y Gran Bretaña hace un siglo. Es
en este país en donde el héroe británico imperialista, el General Gordon, fue
asesinado en Khartoum en 1885 por los indígenas que se habían alzado contra
las leyes extranjeras. El
colonialismo británico dividió Sudán entre norte y sur, (las raíces de otra
guerra civil moderna en Sudán, separadas una de otra por Darfur), y atizó las
divisiones étnicas para hacer su dominio más fácil. Trabajo
barato
Desde
su independencia en 1956, el Gobierno sudanés ha suprimido violentamente
cualquier movimiento hacia la autonomía regional, porque esto puede amenazar su
control sobre las reservas de petróleo. En
la última década, la pobreza de Darfur ha empeorado. El Gobierno central también
ha presionado para abaratar el trabajo en la zona. Todo esto condujo a la
revuelta, que se ha incrementado exponencialmente desde hace un año. Para
romper la rebelión, el gobierno ha acentuado las diferencias étnicas, animando
a algunos grupos a verse así mismos como los únicos “árabes”. Esto
es la trastienda de la presente guerra, con el gobierno usando helicópteros,
armas y jet para respaldar a las milicias que crecen para destrozar poblados y
asesinar a sus oponentes. Occidente
ya ha intervenido desastrosamente
Conflictos
como Darfur no tienen una explicación sencilla en lo referente a lo que ocurre
en la zona. Los EEUU hace mucho que están interesados en Sudán. Sonará
“sorprendente” que los motivos han girado siempre sobre el poder y el petróleo.
En
1970 Sudán era un aliado preciadísimo de la Guerra Fría, en ese sentido
Jaafar Numeiri movió Sudán desde las alianzas con el Bloque Soviético a
abrazar a Occidente. Llegó a ser el mayor beneficiario de asistencia extranjera
de los EEUU en toda la África subsahariana. En los años ochenta,
la firma estadounidense Chevron invirtió un billón de dólares en
prospecciones de petróleo en el sur de Sudán. Hasta después de la caída de
Numeiri en 1985, los EEUU respaldaron al Gobierno sudanés para promocionar su
petróleo y sus intereses estratégicos. Los
EEUU mantuvieron la asistencia y aliviaron la deuda a Sudán, a la vez que
estaban llevando a cabo una cada vez más destructiva guerra en el sur, más que
la actual en Darfur. Pero en 1989 la Guerra Fría terminó, y a la vez, el
movimiento islamista de Omar al-Bashir tomó el poder en Sudán. Chocaron con
los EEUU porque rehusaron apoyar en 1991 la guerra contra Irak. Los EEUU
respondieron deteniendo la ayuda con alimentos en una época de hambre
desesperada. Sudán
era ahora señalado como país “terrorista”. Pero el dinero de nuevo habló,
y la Administración de Bill Clinton comenzó a hacer tratos con el gobierno
para explotar sus reservas de petróleo. La política cambió otra vez después
de las bombas en las embajadas de EEUU en Kenya y Tanzania. En
1998, Clinton anunció que Sudán estaba ayudando a los terroristas y lanzó una
ráfaga de misiles cruceros, destruyendo la única planta farmacéutica del país.
Ésta producía el 50% de las medicinas y vacunas veterinarias del país. La
destrucción de la planta de Al-Shifa condenó a muchos miles de personas a la
muerte, y los EEUU han rehusado a día de hoy a indemnizar al Gobierno sudanés
o a los propietarios de la planta. Ahora
Bush ha girado de nuevo otra vez para mantener relaciones más amistosas con el
gobierno para limpiar el camino para más acuerdos petrolíferos. Hasta
muy recientemente EEUU evitaba toda mención a los disturbios en Darfur en caso
de poner en peligro los acuerdos de paz entre norte y sur. Estos acuerdos podrían
permitir mayor estabilidad para las multinacionales del petróleo. Hace
una década, EEUU fue a Somalia en la misma región, dio marcha atrás por las
imágenes de hambre y guerra entre brutales señores de la guerra. En unos pocos
meses, los EEUU fueron odiados por los somalíes, quienes les habían dado la
bienvenida. Las tropas de EEUU no hicieron nada por parar el hambre y finalizó
entregando el poder a los señores de la guerra que se suponía que habían
desarmado. Es improbable que sea muy diferente de las tropas británicas en Sudán.
(Artículo
aparecido en el Socialist Worker, nº 1912, de 31 de Julio de 2004. Traducción
libre de la Liga Marxista, Islas
Canarias) |
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Editor Ahmed
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