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Blair nos ha puesto a todos
en plena línea de fuego
FAISAL BODI
Mundoarabe.org, 09/07/2005
Entre todas las razones que los expertos puedan aportar a la hora de establecer
si la organización terrorista Al Qaeda tiene o no alguna relación con los
atentados contra los trenes del metro ocurridos el pasado jueves, no se debe
olvidar que el sangriento rastro de la culpa de este atentado conduce,
directamente, hasta el número 10 de Downing Street. La rápida vuelta a
Westminster del primer ministro fue la respuesta adecuada a la terrible
carnicería que se había desencadenado en la capital británica. Y fue, también,
su única muestra de responsabilidad personal por haber involucrado al país en
una guerra que tan sólo ha servido para convertir a británicos inocentes en
objetivo de los terroristas.
La furia generada por aquella decisión tomada por Tony Blair de seguir
dócilmente los pasos de George W. Bush y entrar en lo que nadie que no esté
completamente ciego puede aún seguir calificando de guerra justificada, nos ha
situado a todos los británicos en plena línea de fuego. Quienes logran
profundizar en la cadena causal normalmente se ven obligados a escapar de la
censura que se produce por la ola de reacciones resultante.
Así pues, no es ninguna sorpresa para nadie contemplar a Blair sacar a relucir,
nuevamente, la misma y oxidada yuxtaposición existente entre nuestra
civilización y su barbarismo. Quienes quiera que sean los responsables de los
atentados no sienten el menor respeto por las vidas humanas, ha dicho Blair.
En unos momentos como éstos, en que la
emoción es tan intensa, acaso podríamos perdonarle por haber perdido el sentido
de la perspectiva.A Blair le podría ser muy útil recordar nuestra propia
conducta en el curso de un conflicto armado iniciado y continuado sin prestar la
menor atención a las reglas ni al sentido de la piedad.
Las protestas contra la Guerra de Irak se han visto detenidas ante ese cul de
sac que es Downing Street. La de Irak es ya una guerra olvidada para todos los
medios de comunicación nacionales. Además, dicha guerra ya ha adquirido su
propia dinámica y se ha derramado demasiada sangre por ambas partes como
para que se pueda llegar a concertar una tregua clara.
Quizás las bombas del jueves no fueran sino un intento de recordarnos que, por
muchos esfuerzos que hagamos para intentar apartar el dato de nuestras mentes,
la guerra de Bush y Blair continúa.
Tampoco deberíamos olvidar que quienes perpetraron los atentados son
lugartenientes de Bin Laden, a pesar de las reivindicaciones aparecidas en
Internet en las que grupos vinculados a Al Qaeda se atribuían la autoría de los
atentados. En 1995, París sufrió, también, una serie de atentados con bombas en
estaciones de metro que se supuso que habían llevado a cabo islamistas
argelinos, como castigo a los franceses por su apoyo al Gobierno de Argelia.
Pero evidencias posteriores, obtenidas tras los testimonios bajo solemne
juramento de antiguos miembros del Ejército argelino que habían estado
infiltrados en las filas del GIA, señalaron a los servicios secretos argelinos
como los autores.
Independientemente de quiénes puedan haber sido los autores de la abominación
del pasado jueves, es muy probable que sus consecuencias vayan a suponer un
serio impacto sobre todos los musulmanes británicos.
Organizaciones pertenecientes a la comunidad musulmana ya han recibido informes
en los que se les comunica que se están produciendo ataques verbales contra
todos los musulmanes y que éstos se sienten seriamente atemorizados por tener
que salir a la calle.
En esta falsa guerra contra el terror, las víctimas somos todos, aunque algunos
de nosotros lo somos más que otros.
Faisal Bodi
es editor del servicio de noticias del Islam Channel
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