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Una empresa y el Ministerio de Defensa británico sobornaron a un diplomático saudí por un contrato de armas

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El fabricante de armas y aviones británico BAE Systems pagó al menos 1.800 millones de euros en presuntos sobornos secretos a un alto miembro de la familia real de Arabia Saudí y durante 20 años embajador en Washington, el príncipe Bandar. Los pagos se hacían de forma trimestral a través de una cuenta confidencial del Banco de Inglaterra y con la aprobación del Ministerio de Defensa británico. Esta acusación, lanzada ayer por The Guardian y la BBC, está en el corazón de la investigación paralizada en diciembre pasado por el Gobierno británico, encabezado por Tony Blair, alegando "razones de seguridad nacional".

La suspensión de la investigación, tras las amenazas saudíes de cancelar un gran contrato de compra del avión de combate el Eurofighter, provocó entonces un enorme escándalo político en el Reino Unido y acusaciones a Blair de "ceder ante el chantaje saudí" y renunciar a la lucha contra la corrupción internacional para defender intereses nacionales.

Las acusaciones de corrupción y pago de sobornos cristalizaron en 2004 en una investigación de la Oficina de Grandes Fraudes, frenada luego por Blair. Lo que no se conocía hasta hace poco son algunas cifras concretas, los modos de pago y la aparente implicación del príncipe Bandar bin Sultán, hombre clave en las relaciones entre Arabia Saudí y Occidente y que, ahora, es consejero de seguridad nacional del rey Abdalá.

Según The Guardian y una investigación del programa Panorama de la BBC, que parecen haber bebido en las mismas fuentes dada la coincidencia de datos y de la fecha de difusión de la información, los pagos se realizaron por montantes de 30 millones de libras cada trimestre (45 millones de euros) "durante por lo menos 10 años", aunque sostienen también que los pagos empezaron hace 20 años, cuando el Gobierno de Margaret Thatcher firmó con Arabia Saudí el llamado contrato Al Yamamah (paloma, en árabe) por el que los saudíes se comprometían a comprar 120 aviones Tornado, aviones de guerra Hawk y otro equipamiento militar.

Uno de los puntos clave de la investigación es delimitar si los pagos se prolongaron hasta 2002, como afirma el diario londinense que ocurrió, porque eso significaría que se siguieron pagando comisiones una vez entrada en vigor en 2001 la ley británica que prohibía expresamente ese tipo de pagos corruptos a funcionarios extranjeros.

Los pagos se canalizaron a través de una cuenta confidencial puesta en marcha por el Banco de Inglaterra especialmente para el programa Al Yamamah. Además de los otros pagos, cada tres meses se enviaban al Banco Riggs de Washington 30 millones de libras adicionales, autorizados previamente por el Ministerio de Defensa y que no iban adscritos como comisión, sino como "pagos casi oficiales por servicios de marketing".

La BBC cita a David Caruso, un investigador que trabajó para el banco estadounidense, afirmando que el príncipe Bandar cogía dinero de las cuentas saudíes para uso personal: "No había distinción entre el dinero de la Embajada, o las cuentas oficiales del Gobierno, como las llamábamos, y las cuentas de la familia real". Eso ocurrió "durante años y años" y afectaba a "cientos de miles y millones de dólares".

Los implicados lo niegan

 El príncipe Bandar hizo público un comunicado en el que negaba que haya cobrado comisiones ilegales. BAE Systems asegura que siempre operó dentro de la legalidad. Sir Raymond Lygo, consejero delegado de la compañía cuando se firmaron los acuerdos Al Yamamah, aseguraba ayer en declaraciones a la BBC que no ha habido "nada inconveniente" en el acuerdo. "Yo soy el que ganó el contrato. Y no sé nada en absoluto acerca de él. Me acordaría del nombre", afirmaba. "Por lo que yo sé, no hubo pagos secretos. Todo se hizo de acuerdo con la ley de entonces, no hubo absolutamente nada irregular", insistía.

En una nota hecha pública, la compañía británica insiste en que no hubo nada ilegal. "Al Yamamah es un programa de Gobierno a Gobierno y todos los pagos hechos bajo ese acuerdo se hicieron con la aprobación expresa de los Gobiernos de Arabia Saudí y del Reino Unido", dice la nota. Las acciones de la compañía cayeron ayer un 2,6% en el mercado de Londres.

El portavoz de Finanzas de los liberales-demócratas, Vincent Cable, pidió una investigación parlamentaria sobre el caso. A juicio del diputado laborista Roger Berry, que encabeza la comisión parlamentaria que examina las exportaciones británicas, "es perjudicial para los negocios británicos y las acusaciones de sobornos han de ser debidamente investigadas". Los conservadores suelen guardar un prudente silencio en torno a este caso.

El fiscal general del Reino Unido, lord Goldsmith, ordenó a sus funcionarios que ocultaran el pago de sobornos a un príncipe saudí ante los inspectores de la OCDE que investigaban por qué Londres renunció a llevar el caso ante los tribunales, según publicaba ayer el diario The Guardian. Lord Goldsmith calificó de "absolutamente falsa" esa información, pero se negó a entrar en detalles alegando que el asunto es responsabilidad del Ministerio de Defensa y que éste ya ha dejado claro que no piensa hacer comentarios por razones de confidencialidad.

 En la casa de Saud y en la Casa Blanca

En vaqueros, sentado sobre el brazo de un sofá en el rancho de Crawford, el príncipe Bandar Bin Sultán sonríe a su anfitrión, el presidente de EE UU. La imagen, captada durante una de las habituales visitas del saudí a su amigo George W. Bush, refleja la estrecha relación que Bandar forjó con la familia tejana durante sus 22 años como embajador en Washington. A pesar de su regreso a Riad tras la ascensión al trono de Abdalá, ha seguido ejerciendo de intermediario de altos vuelos y su nombre figura en las quinielas sucesorias.

Bandar (Taif, 1949) es hijo de Sultán, ministro de Defensa y príncipe heredero tras la ascensión al trono de Abdalá, a la muerte de Fahd en agosto de 2005. Tenía apenas 34 años cuando el rey Fahd, su tío y mentor, le nombró embajador en EE UU en 1983.

Su pasión por los aviones le llevó a formarse como piloto militar y fundar el primer equipo acrobático de la Fuerza Aérea saudí. De ahí pasó a agregado militar en Washington, un puesto clave a la hora de negociar los multimillonarios contratos con los que el Reino ha comprado la protección de Estados Unidos desde la alianza no escrita que forjaron en 1945 el fundador de la dinastía, Abdelaziz, y el presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt.

El acuerdo de Al Yamamah ha sido uno de los muchos que ha gestionado Bandar desde que aún como agregado militar tuvo que hacer lobby para que el Congreso de Estados Unidos autorizara la entrega a su país de 60 F-15, la primera gran venta de armas de Washington a Arabia Saudí.

Capaz de citar a Thomas Jefferson y apasionado del fútbol americano, enseguida logró acceso a las más altas instancias oficiales. Durante la guerra contra Irak de 1991, se decía que el embajador saudí vivía en la Casa Blanca. En la guerra contra Irak en 2003, Bob Woodward asegura en su libro Plan of attack que el príncipe vio detalles clave del ataque antes que el propio Colin Powell. Anécdotas aparte, Bandar no fue un simple enviado de altísimo nivel, sino que se involucró en la política internacional.

Su influencia se fundaba en el especial vínculo que tenía con su tío el rey Fahd. El creciente poder de Abdalá (a partir de la embolia que Fahd tuvo en 1995) y el golpe a las relaciones bilaterales que supuso el 11-S hicieron mella en su ascendiente. Finalmente, dimitió "por razones personales" en julio de 2005, pocas semanas antes de la muerte de Fahd. Le remplazó el embajador en Londres y ex jefe de los servicios secretos, el príncipe Turki al Faisal. Aunque su nuevo cometido al frente del Consejo de Seguridad Nacional se centraba en acabar con radicales islamistas, ha mantenido su presencia en la arena internacional. En los últimos meses se le ha atribuido el acuerdo de la Meca entre Hamás y Al Fatah, y una reunión secreta con el primer ministro israelí, Ehud Olmert, para tratar el plan de paz saudí.

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